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martes, 21 de febrero de 2023

El devenir y el ser

 Resumen 

Es en El nacimiento de la tragedia donde Nietzsche no solo muestra el conocimiento que tiene el griego de la vida como un constante y doloroso desgarramiento, sino que, lo más importante, la acepta y la hace deseable. Luego, en Ecce Homo coloca a Heráclito como un filósofo trágico y expresamente se vincula con él: solo ellos dos han reconocido lo dionisiaco (el devenir) inherente a la existencia y al mundo. A partir de ello, Nietzsche configura al hombre trágico como aquel que conoce las profundidades de la existencia y puede caminar sobre ellas con toda entereza, a sabiendas de los monstruos que habitan los abismos. 

Palabras clave: sacrificio, pensamiento trágico, Dioniso, devenir, Heráclito, Nietzsche.

 

Abstract

It is in The Birth of Tragedy that Nietzsche not only shows the Greek’s knowledge of life as a constant and painful tearing, but, most importantly, accepts it and makes it desirable. Then, in Ecce Homo he places Heraclitus as a tragic philosopher and expressly links himself to him: only they have recognized the Dionysian (the becoming) inherent in existence and the world. From this, Nietzsche configures the tragic man as one who knows the depths of existence and can walk on them with all integrity, knowing the monsters that inhabit the abysses.

Keywords: sacrifice, tragic wisdom, Dionysus, becoming, Heraclitus, Nietzsche.

 

En agosto de 1881 se encontraba Friedrich Nietzsche (1844-1900) caminando junto al lago Silvaplana justo a 6,000 pies más allá del hombre y del tiempo cuando, de repente, el pensamiento del eterno retorno vino a él. Luego le confesó a Lou Andreas-Salomé que esta revelación le había horrorizado y, al mismo tiempo, le había producido una extraña agitación. Le provocó una impresión tan profunda que se sintió imposibilitado de expresarla, como si fuera la experiencia más íntima de la que no se puede dar cuenta. Sin embargo, Así habló Zaratustra es la obra en la que esencialmente se encuentra el despliegue y el descubrimiento de este enigmático pensamiento: la revelación de Nietzsche es la misma que la de Zaratustra.

La historia de este personaje fue escrita de 1883 a 1885, justo después de que se gestó La gaya ciencia (1882). No es fortuito entonces que sea en el parágrafo 341-El peso más grave, en donde se menciona por primera vez la propuesta del retorno incondicional de todas las cosas y se hallen en este texto otros rastros del paso de Zaratustra, como en 342-Incipit tragoedia e, incluso, en 125-El hombre loco. Luego, en los fragmentos póstumos correspondientes al periodo de 1885-1889 se encuentran más pistas sobre el propio Zaratustra y más caracterizaciones del eterno retorno. Finalmente, en los comentarios que realiza sobre El nacimiento de la tragedia en el Ecce Homo, Nietzsche expone la cercanía que tiene con Heráclito y cómo éste pudo haber enseñado también la doctrina del eterno retorno.

Lo destacable de esto radica en el vínculo que el propio Nietzsche realiza entre su concepción de la filosofía heraclítea y lo trágico: la experiencia desgarradora suscitada por Dioniso deriva en una experiencia filosófica al concebir que el devenir, descubierto en el éxtasis, se halla implícito en ciertos modos de existencia. Además, las luchas e integraciones constantes entre lo dionisíaco (lo que resquebraja los órdenes establecidos) y lo apolíneo (lo que construye y reconstruye desde el símbolo) son las potencias creadoras y activas del hombre, lo que permite concebir el pensamiento trágico y la existencia como algo móvil y vivo, como el juego que se crea y se desbarata más allá de las tablas de valor tradicionalmente establecidas.

Los descubrimientos que Nietzsche hizo particularmente sobre Dioniso le peritieron crear mucho de lo que conforma la figura ligera y danzante de Zaratustra y su pensamiento abismal; a su vez, la noción heraclítea del devenir como ser, hacen del eterno retorno el juego, el vaivén y el movimiento en cuanto tales, sin origen ni fin, sin justificaciones ni intencionalidades, sino sólo la afirmación eterna e inocente de todo aquello que transcurre. Es, en este sentido, que esta afirmación se denomina también pensamiento abismal, pues sugiere el decir sí a un mundo no sólo rasgado, sino completamente abierto, y, además, en ello no se revela un horizonte necesariamente luminoso y claro, sino difuso e impreciso en el que uno, al asumirlo, corre innumerables riesgos.

 

De la experiencia dionisíaca 

Desde la visión enteramente mitológica, Dioniso es hijo de Zeus y la mortal Sémele. Nació antes de tiempo, al morir su madre carbonizada por los rayos de Zeus, y éste lo insertó en su pierna, donde “volvió” a nacer. Otra versión apunta a que Dioniso es hijo del Dios del trueno y Perséfone, fue descuartizado por los titanes y sólo su corazón logró quedar intacto. Así que Zeus lo colocó en el vientre de Sémele para que volviera a nacer. En ambas versiones, el dios del vino se presenta como aquel que nació dos veces.

Dioniso se aparece siempre como el dios extranjero: xeno; aquél que si bien no se sabe de dónde proviene exactamente, se termina reconociendo como ático, como aquél que seguro pertenece a algún pueblo cercano, nunca del lugar en donde aparece. No se sabe con precisión su origen en un sentido geográfico, aunque debido a que Sémele es tebana, descendiente de Cadmo, fundador de Tebas, esta región es referida como posible lugar de su nacimiento. Luego, hay diversas muestras de su presencia desde la Creta arcaica hasta todo el territorio ático como tal, a través de pinturas en vasijas en donde se plasman fiestas y rituales dedicados a su llegada y a través de las tragedias mismas.

Dioniso es el dios que frecuentemente llega y se va, nadie nunca lo espera. En comparación con otros dioses, como Apolo, por ejemplo, quien tiene en el calendario una fecha específica de su llegada, Dioniso es por completo impredecible, pero cuando aparece hace que la vid madure al instante, trastocando, así, la temporalidad natural de las cosechas y el comportamiento de los hombres, a través del licor fermentado. Es, por su carácter inaprehensible, el dios de la epidemia en dos sentidos: uno se refiere a que el éxtasis que provoca es profundamente contagioso, como una plaga que irrumpe de manera avasalladora; y otro se refiere al término estrictamente griego, es decir, epidemia (otra forma de expresar la llegada o la epiphaneia) como llegada a un país, a un pueblo o a una comunidad: “[…] ‘epidemia’ pertenece al vocabulario de la teofanía. […] Es un término técnico del discurso sobre los dioses. Las epidemias son sacrificios ofrecidos a las potencias divinas: cuando ellas llegan al país, cuando se entregan a un santuario, cuando asisten a una fiesta o están presentes en un sacrificio”.[1]

En el caso de Dioniso, se trata siempre de una aparición inadvertida, es por ello que es el dios más epidémico de todos, porque se encuentra en constante movimiento, cambia con frecuencia, y cuando aparece y se hace reconocer, lo hace siempre con una fuerza tan tremebunda como violenta; todo aquel que lo descubre pierde de manera irremediable la cordura, pues la característica fundamental de lo dionisíaco es precisamente la locura, pero no entendiendo ésta como enfermedad o decadencia, sino como consecuencia de una extraordinaria salud.

Por otro lado, el encuentro con Dioniso también puede ser más cercano a la sospecha y a la incertidumbre que a lo violento, su efecto en el hombre traspasa más como una extrañeza: al ser el dios de la máscara, es el dios del enigma, de lo oculto. Dioniso, en tanto aparece repentinamente, es presencia y acción, pero en tanto se cubre con una máscara, es también ausencia:[2] lo indescifrable. Es entonces el dios que misteriosamente se manifiesta para sumergir al hombre en un estado desconocido para él, pero que, al mismo tiempo, le provoca un placer inconmensurable.

El éxtasis que se genera con la presencia de este dios se arraiga completamente en el cuerpo. Al arrastrarlo al trance transforma con profundidad a quien lo vive, disloca el comportamiento cotidiano y lo sumerge, a través de la danza, en un olvido de sí; hay ya en esto, un vislumbre del Zaratustra bailarín, el de los pies ligeros:

Dioniso es el dios que salta (pédan) entre las antorchas sobre las rocas de Delfos. El dios erguido sobre sus patas traseras, el cabrito en medio de las bacantes nocturnas. A través de Dioniso saltarín, el pie (pous) encuentra el verbo saltar (pèdan) y su forma ‘saltar lejos de’ (ekpèdan) que es un término técnico del trance dionisíaco: cuando la pulsión del salto invade el cuerpo, lo arranca de sí mismo y lo arrastra irresistiblemente.[3]

Los rituales dionisíacos involucran siempre saltos oscilatorios entre una pierna y otra, haciendo del equilibrio del cuerpo una situación precaria, cercana a los efectos mismos de la embriaguez. Toda ley que debiera regir las conductas perfectamente determinadas se rompe para dar paso al arrebato, a la corruptibilidad proveniente del desconocimiento de uno mismo y del otro, al desgarramiento de los propios hijos, en el caso de las ménades, o del toro como animal sacrificado. Los cuerpos entran en estados convulsivos en donde la sangre se agita y el corazón, órgano siempre vinculado a este dios, encuentra su propio ritmo en la exacerbación. Dioniso es, pues, “el dios del éxtasis y del terror, de la ferocidad y de la liberación más dichosa, el dios furibundo cuya aparición lleva a los hombres al frenesí, ya anuncia lo misterioso y contradictorio de su carácter en su concepción y en su nacimiento”.[4]

DIEGO VELÁZQUEZ, “EL TRIUNFO DE BACO” (1629)

Dioniso es la fuerza que no encuentra su origen en un detonante particular y claro. De sí mismo nace la vitalidad y el movimiento que arrastran intempestivamente a los hombres sin dirigirlos a algún lugar específico. Es la exaltación que los asalta de manera repentina y, de la cual, no se sabe con certeza en qué desembocará; trastoca las nociones espaciales y temporales para fundirlas en el éxtasis de lo que transcurre avasalladoramente sin medición convencional. Este dios es, entonces, el bailarín cuya potencia no proviene de otro lado más que de sí mismo.

Por otro lado, El nacimiento de la tragedia, dice Giorgio Colli, no es un trabajo histórico (ni mucho menos científico) sobre los griegos. Es probable que de ahí nazca la desaprobación de filólogos como Wilamowitz hacia la construcción de la figura nietzscheana de Dioniso. Las críticas llevaron a Nietzsche a realizar varias ediciones de su trabajo hasta concretarlo más allá de los límites de la filología y estableciendo algunas de las bases de sus primeros atisbos de pensamiento filosófico, notablemente influenciado por Schopenhauer y Wagner, aunque años más tarde se distancia de sus maestros. Esta ruptura se evidencia en el Ensayo de autocrítica El nacimiento de la tragedia, en el cual lamenta no haber sido capaz de hablar con su propia voz. Pero incluso teniendo el presentimiento de que El nacimiento… está más cercano a una construcción filosófica que filológica, Colli plantea que este libro es el más místico de Nietzsche, y que se halla en él una experiencia que va más allá de lo que se quiso expresar en palabras:

[…] un misticismo auténtico, vivido, interviene en este contexto y rompe la restricción del discurso histórico. El ritual de esta experiencia directa, no mediata, es la música, y es este carácter el que da al contenido de El nacimiento… –que se convierte en relato de la epifanía de un dios, Dionisos– el valor de una visión primordial, desprendida de sus condiciones literarias, casi antitética de éstas. […] La disonancia en el corazón del mundo, vivida, escuchada como un sacudimiento, como un escalofrío radical, una ebriedad exaltante: ésta es ‘su’ experiencia.[5]

En este sentido, El nacimiento… se construye como una revelación epidémica dionisíaca que pone sobre la mesa la existencia del hombre griego con sus tragedias y la aparición de Sócrates como el símbolo de la actitud teórica que se opone al carácter misterioso de lo trágico. Este texto de Nietzsche se centra, pues, en determinar cómo de la relación Apolo-Dioniso nace la sublime tragedia ática, para con ello, construir las nociones del pensamiento trágico más allá de la tragedia como tal. Apolo y Dioniso son mostrados, como se ha mencionado anteriormente, no en un sentido completamente histórico, sino como los símbolos que posibilitan la interpretación de la Voluntad y la Representación schopenhauerianas, pero ahora, buscando su expansión hacia lo estrictamente vital de la existencia. Estos dos dioses serán los que le darán al hombre la revelación de que la naturaleza es una fuerza viva completamente incontrolable, a la vez que le muestran que hay en sí mismo, en el propio hombre, la misma potencia incognoscible, misteriosa e impredecible.

Sánchez Pascual plantea que Nietzsche usa a Apolo y a Dioniso para mostrar, desde la metafísica del artista, sus propias concepciones sobre el nacer y el perecer: la vida y la muerte como ciclos indefinidos de donde se desgarran los principios de individuación. Con gran influencia del pensamiento filosófico preplatónico, Nietzsche concibe la vida como un movimiento sin principio ni fin que se justifica a sí mismo y de sí mismo brota toda la potencia que sustenta el constante cambio.

 El Uno primordial como principio vital es equiparable a un principio de movimiento, o como lo expresa Sánchez Pascual “[…] la ley eterna de las cosas que se cumple en el devenir”.[6] Es la vida que transcurre y, por tanto, es también el tiempo que no se agota (esto nos aproxima ya a la noción del eterno retorno). La muerte, por su parte, es la muerte de las individualidades y particularidades que brotan de esta unidad originaria: lo específico sí posee un carácter finito. La naturaleza de ésta no radica en la absoluta serenidad de la cual emanen vidas particulares siguiendo un estricto rigor, más bien, se manifiesta como una constante vorágine de desgarramiento. Así, cuando se presenta la muerte, ésta no significa que el Uno primordial se estatifique por un instante, sino que continúa su movimiento y es lo que hace posible que la muerte de las individualidades sea la condición de nueva vida.

Pero no sólo las individualidades sufren el constante proceso de nacer y perecer, este imparable movimiento es propio de la naturaleza misma y sus ciclos, la diferencia estriba en que el hombre es el único que ha quedado relegado de lo natural y, por ello, halla en la muerte de su individualidad una reconciliación con su origen. Ahora bien, es en este proceso vida-muerte donde, no sólo en Nietzsche sino también en los antiguos mitos griegos, se encuentra la expresión misma de Dioniso, pues debe recordarse que este dios, el más enigmático de todos, frecuentemente desaparecía con las Musas o se ocultaba hundiéndose en las profundidades de los ríos o del mar para luego reaparecer repentinamente en una balsa sobre las olas:

Dionisio se mantiene en relación con la totalidad de la vida, como demuestran sus conexiones con el agua y los gérmenes, la sangre o la esperma, igual que sus excesos de vitalidad ilustrados por sus epifanías animales (toro, león, macho cabrío). Sus manifestaciones y desapariciones inesperadas reflejan de algún modo la aparición y el ocultamiento de la vida, es decir, la alternancia de la vida y la muerte y, en resumidas cuentas, su unidad.[7]

No es fortuito entonces que Nietzsche recurra al éxtasis dionisíaco para establecer el vínculo perdido entre el hombre y la naturaleza, y someterlo a una especie de muerte en donde todo lo conocido, todo lo establecido, se suspende y surge más bien un encuentro horroroso con lo magnánimo que resulta el mundo cuando uno se sale de sí mismo y se adentra en aquello que lo sobrepasa: “[…] el estado dionisíaco es un fenómeno primigenio de la vida”,[8] y en ese sentido, remite al hombre a su estado más ingenuo y espontáneo.

CORNELIS DE VOS, “APOLO Y LA SERPIENTE PITÓN” (1636-1638)

Dioniso y Apolo son ambos fuerzas artísticas, uno desde la desbordante música ditirámbica relacionada con el éxtasis, y otro desde los mesurados cánones de belleza perfectamente bien delineados, provenientes de las máximas éticas del oráculo de Delfos. Estas fuerzas parecen aparearse constantemente y de ahí brotan siempre nuevas formas de expresar la vida. Apolo será el dios que a través de la bella apariencia del arte y a través del sueño, hará llevadero el terrible y nauseabundo sabor que deja el éxtasis dionisíaco: “[…] únicamente [el arte] es capaz de retorcer esos pensamientos de náusea sobre lo espantoso o absurdo de la existencia convirtiéndolos en representaciones con las que se puede vivir: esas representaciones son lo sublime, sometimiento artístico de lo espantoso, y lo cómico, descarga artística de la náusea de lo absurdo”.[9] Así, es el drama griego o la tragedia la gran forma simbólica artística surgida de los enfrentamientos entre Dioniso y Apolo, pues es en el drama donde el actor expresa el desgarramiento y el sacrificio mismos de Dioniso y en donde logra transfigurarse por completo, a través de este padecimiento. En la tragedia, el nuevo mundo de símbolos se manifiesta, no sólo a través del lenguaje, sino de la corporalidad misma.

La aparición de la belleza apolínea se fundamenta siempre en la horrible pero esencial verdad (revelación dionisíaca) de que el hombre será el desgarramiento más doloroso de la naturaleza. Los griegos conocían perfectamente lo fatídico de la existencia, recordemos que esta verdad revelada por Dioniso es también la verdad que Sileno, su acompañante, le expresa al Rey Midas cuando éste le pregunta qué es lo mejor y más preferible para el hombre; Sileno, luego de un silencio rompe en una risa estridente y responde: “Estirpe miserable de un día, hijos del azar y la fatiga, ¿por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para ti –morir pronto”.[10] Los griegos encontraron en los dioses un intermedio artístico que hiciera de los horrores de la vida no sólo algo llevadero, sino deseable. El arte se vuelve, entonces, producto de un instinto que incita a seguir viviendo y por ello el pueblo helénico es, para Nietzsche, el más jovial, por ser el que más seduce a vivir, al grado de invertir la sabiduría silénica: “[…] lo peor de todo es el morir pronto y lo peor en segundo lugar el llegar a morir alguna vez”.[11] El hombre griego acepta y ama no sólo las alegrías de la existencia, sino también los más profundos lamentos.

 

De lo trágico y el devenir en Heráclito 

En El nacimiento de la tragedia queda expresada, entonces, la visión que Nietzsche tiene sobre la experiencia dionisíaca, estableciendo un vínculo entre esa experiencia y un saber sobre la vida que se aleja de la ciencia, entendida ésta en el sentido moderno del término. El saber que constantemente se remite hacia los lugares más recónditos y oscuros escarbando entre la miseria y lo enigmático, es lo que va construyendo la noción de lo trágico.

La tragedia, o el canto del macho cabrío, como género dramático deviene en lo trágico como un modo de existencia. La tragedia ya nos muestra que los problemas que aquejan al héroe no son nunca de índole moral, no desenmaraña al bueno del malo y, por tanto, no busca aleccionar a manera de fábula; mucho menos busca la redención de sus personajes. Al contrario de esto, las tragedias, al menos las de Esquilo y Sófocles, según Nietzsche, son una celebración de la existencia a través de los dolores más profundos que arrastran a sus héroes hacia la afirmación de su propia condición, no hacia la superación de sus acciones y sus deseos en un sentido moral; las decisiones del héroe no le pertenecen realmente y cuando ha creído que es de esa manera, fuerzas ajenas a su voluntad le muestran su propia soberbia. En este sentido, el hombre y sus acciones no están perfectamente delimitados ni definidos, son, más bien, realidades cuyos problemas no tienen resolución, cuestionamientos sin respuesta, un enigma que siempre querrá descifrarse.[12]

Por otro lado, para Nietzsche, la etapa de la tragedia que corresponde a Eurípides, desmitifica el mundo del héroe y coloca el misterioso actuar de los dioses y del destino en un plano más bien clarificado, comprensible a la razón, difuminando el enigma y aludiendo al hombre teórico. Eurípides se encarga de explicar, al inicio de sus tragedias, las razones de las decisiones que los personajes toman y los problemas pueden llegar a ser solucionados con cierta astucia por parte del héroe, que siempre es virtuoso. En este sentido, este tipo de tragedia se enmarca en el optimismo socrático en donde la razón puede alcanzar y descifrar incluso lo más sombrío de la existencia. Sócrates veía en las antiguas tragedias “[…] algo completamente irracional, con causas que parecían no tener efectos, y con efectos que parecían no tener causas […] el único género de arte poético que fue comprendido por él [fue] la fábula esópica”.[13]

La tragedia de la que Nietzsche deriva la noción de lo trágico es, más bien, la del primer tipo, aquella en la que el hombre participa de lo sobrenatural y lo enigmático y que no está determinada por preceptos y cuestionamientos morales ni enteramente racionales. Lo trágico es el hombre que descubre sobre sí mismo que su propio cuerpo, y, por tanto, su pensamiento y todo aquello que lo ha forjado, están sujetos a contradicciones y desgarramientos no justificables desde ningún aspecto más que el de la vida misma, y al descubrir esto, lo acepta con total entereza. Esta vida a la que hacemos referencia, no es sino el devenir que escapa a lo conceptualizable y racionalmente atrapable; la vorágine que pone en duda las certezas de la razón y las resignifica desde los instintos, los cuales también se hallan en constante transformación. Habíamos tenido ya un acercamiento a esta noción cuando hablamos de todo aquello que propiciaba en los hombres y en las ménades la llegada de Dioniso.

Nietzsche nos dice en Ecce Homo que en El nacimiento… estableció por primera vez una conexión entre el arrebato dionisíaco entendido mitológica, antropológica e históricamente como parte del ritual y sacrificio hacia un dios extraño y una postura filosófica sobre la vida que no se extingue con el transcurrir del tiempo, sino que más bien, la afirma en él. Una aproximación a lo trágico la hallamos, entonces, en Dioniso y los estados en los que sumergía a los hombres al hacer sus apariciones:

El decir sí a la vida incluso en sus problemas más extraños y duros; la voluntad de la vida, regocijándose en su propia inagotabilidad al sacrificar a sus tipos más altos, –a eso fue a lo que yo llamé dionisíaco, eso fue lo que yo adiviné como puente que lleva a la psicología del poeta trágicoNo para desembarazarse del espanto y la compasión, no para purificarse de un afecto peligroso mediante una vehemente descarga de ese afecto –así lo entendió Aristóteles–: sino para, más allá del espanto y la compasión, ser nosotros mismos el eterno placer del devenir, –ese placer que incluye en sí también el placer de destruir[14]

Lo trágico no se entiende aquí como sinónimo de pesimismo, sino, más bien, como la afirmación de lo negativo. El pesimismo puede derivar en dos tendencias: por un lado, surge una negación de los aspectos terribles y dolorosos de la existencia (negación de la negación) y, por otro lado, al haber una negación de tales aspectos, se busca la superación: superar el dolor, superar lo mortal de la existencia, superar las contradicciones… en esa superación está implícito, de alguna manera, un deseo de salvación o una redención.[15] O, desde los ojos del hombre teórico, este pesimismo se replantea más bien como un optimismo iluminado por la razón: la vida y sus elementos terribles son sometidos a una disección desde la cual sólo pervive aquello que pueda ser comprensible y cercano al concepto.

Lo trágico se encamina, más bien, hacia la asunción de lo doloroso, lo extraño, lo misterioso: no hay en ello un deseo de superación, sino sólo asimilación. La vida se asume tal como se presenta: un perpetuo movimiento lleno de rareza, lucidez, engaño, putrefacción, alegría, guerra, tranquilidad, error… es decir, la vida como un devenir que escapa al principio lógico de no contradicción. En este sentido, Nietzsche se considera a sí mismo el primer filósofo trágico, o, en otras palabras, el primero en trasladar lo dionisíaco a un sentimiento filosófico; luego, reconoce que realmente es de Heráclito de donde brota este saber por primera vez, pues su concepción del devenir se aproxima demasiado a lo que Nietzsche describió como lo dionisíaco y que posteriormente reconfiguró como voluntad de poder:

Me ha quedado una duda con respecto a Heráclito, en cuya cercanía siento más calor y me encuentro de mejor humor que en ningún otro lugar. La afirmación del fluir y del aniquilar, que es lo decisivo en la filosofía dionisíaca, el decir sí a la antítesis y a la guerra, el devenir, el rechazo radical incluso del concepto mismo de «ser» –en esto tengo que reconocer, en cualquier circunstancia, lo más afín a mí entre lo que hasta ahora se ha pensado.[16]

Heráclito es quien posee la extraordinaria intuición de que hay un movimiento imparable de todas las cosas; movimiento que no es algo más que constantes enfrentamientos, desde los cuales es posible ver en el aniquilamiento una potenciación del devenir mismo. Esta concepción no se separa en absoluto de lo dionisíaco, lo cual también posee en sí mismo y al mismo tiempo la afirmación y la destrucción o desestructuración de lo olímpicamente establecido.

El mundo del devenir, el mundo dionisíaco o el de Heráclito, es el mundo que se descubre a sí mismo como algo cambiante y, en ese sentido, se acepta como tal: se afirma en su condición efímera y a la vez reconoce que esa misma afirmación tenderá al cambio. En ese sentido, la afirmación de esto que ahora es, es, al mismo tiempo, la afirmación de lo que no es. Desde aquí se construye entonces un mundo sin leyes fijas y, desde el flujo incesante entre lo que es y no es, entre lo que nace y lo que muere, se desbaratan las nociones de lo metafísico en oposición a lo físico. Es decir, sin un principio que fundamente, la metafísica no encuentra su sustento invariable desde el cual pueda hablar del ser. Dioniso y Heráclito difuminan la noción de ser en tanto referencia única ajena al cambio, pues todo se integra y se desintegra. Cuando Nietzsche nos dice que Heráclito niega al ser, se refiere precisamente a eso: en el transcurrir no hay algo que permanezca definitivamente.

Todo cambia, nos dice el pensamiento trágico. La única verdad es que todo deviene, incluso esta misma verdad. Es posible afirmar entonces que, dentro de las infinitas posibilidades del devenir, ¿hay un momento en donde puede surgir una verdad inmutable? Pero, ¿cómo es posible que surja una verdad inmutable si ésta tuvo que haber surgido de un cambio? Tendría que haber existido desde siempre, y nada en la noción de devenir ni en la noción de lo trágico existe desde siempre. Quizá, si se ve desde esa perspectiva, se puede llegar a callejones sin salida. Resulta peligroso afirmar que aquí se hable de lo efímero y lo cambiante como Verdad; Heráclito y Dioniso muestran que todo tiende a perecer y ese perecer es posibilidad de nuevas formas de existencia, no hay un sustento metafísico en lo efímero que lo afirme como única condición, como si lo cambiante fuera un elemento invariable. Más bien, lo vital, lo dionisíaco, lo heraclíteo, permiten, a través del desgarramiento, encontrarse con lo más inaprehensible de la existencia, y desde lo trágico, se posibilita la afirmación de aquello que resulta enigmático, incomprensible y que escapa al concepto. Hay una afirmación, entonces, de lo diverso de la vida, incluso con los velos que la recubren y que no pueden conceptualizarse, desde aquí es posible, pues, la multiplicidad de verdades.

Lo que podría entenderse al principio como un juego casi dialéctico de opuestos (lo muerto y lo vivo se encuentra siempre en nosotros, al igual que lo joven y lo viejo, lo despierto y lo dormido), se vuelve en Heráclito una integración mucho más profunda que, al igual que en el pensamiento trágico, no busca ninguna superación. Los contrarios conviven constantemente uno con el otro, luchan de manera incesante, se fusionan, de pronto se confunden, uno se transforma en el otro, se agitan, y en ese agitarse queda imposibilitada la petrificación, la descomposición, y si eso llega a suceder, de inmediato se vuelve a romper, se vuelve a regenerar.

Esta experiencia de vértigo es lo dionisíaco que se revela en la experiencia del devenir heraclíteo, en el sentido de que ambos caminan sobre arenas movedizas, y ello genera un espanto al no poder sujetarse de algún pilar enraizado. La experiencia horrorosa de reconocer en uno mismo la muerte y la efímera condición de todas las cosas que se funden en un torrente sin control, es planteado en Heráclito (al igual que en Sileno) como un saber terrible:

El devenir eterno y único, la absoluta indeterminabilidad de todo lo real, que constantemente actúa y deviene pero nunca es, como enseña Heráclito, es una idea terrible y sobrecogedora cuyo influjo puede compararse a la sensación que se experimenta durante un terremoto de perder la fe en la solidez de la tierra. Se necesita poseer una fortaleza extraordinaria para transformar este hecho en su contrario, esto es, en un sentimiento de lo sublime, de asombro feliz.[17]

HERÁCLITO DE ÉFESO

¿De dónde proviene esa fortaleza extraordinaria para afirmar algo de esa naturaleza? Dioniso tiene a Apolo y Heráclito tiene al juego, es “[…] el ánimo incesante de jugar el que da vida nuevamente a los mundos”.[18] Pero, ¿qué es este juego al que se hace referencia? No es sólo la actitud con ánimo detrás de la acción, sino el movimiento mismo implícito en tal acción, pues, como lo establece Gadamer, juego puede entenderse, en un sentido primigenio, como un vaivén. Esto se clarifica con los ejemplos del juego de luces o el juego de las olas, porque en ellos está presente la noción de un movimiento que viene y va en una repetición continua. Lo característico de este vaivén es que no busca una meta específica, es decir, es un movimiento que no está vinculado a ningún fin.[19] Además, este movimiento posee la forma de un automovimiento, es decir, el juego encuentra en sí mismo el impulso en donde nace y muere el vaivén; es, en otras palabras, movimiento en cuanto movimiento en exceso y siempre sin finalidad. [20] El juego, desde la terminología alemana (Spiel), es también danza “[…] que se renueva en su constante repetición”[21] y, en este sentido, es de poca relevancia quién o qué es el que realiza las acciones, pues el juego es la pura realización del movimiento, y, entonces, anula la subjetividad.

Desde esta perspectiva, hay en el devenir un carácter de ingenuidad, pues la destrucción presente en él no tiene connotaciones morales y, por ende, carece de intencionalidad: en sus acciones no hay perjuicios que se dirijan específicamente hacia el daño o el mal, tampoco se dirigen hacia el bien (entendidos éstos como los valores convencionalmente construidos). No se dirigen realmente hacia ningún lado, pues Dioniso, al ser sacrificado en la tragedia, muere por nada, no se endeuda con nada: “[…] la fusión dionisíaca con el devenir es, al mismo tiempo, fusión con su inocencia”.[22]

El fuego en Heráclito es el símbolo de esa ingenuidad: es el juego de Zeus. Sus llamas lo devoran todo, y a la vez posibilitan que brote nueva vida: el universo ha sido destruido por un gran incendio y ha vuelto a nacer, todo ello indefinida e innumerablemente. El fuego (el juego) es la acción misma, pero la acción inmersa en un instante que al mismo tiempo se desmorona, tal como los castillos de arena que el niño construye junto al mar:

Un regenerarse y un perecer, un construir y destruir sin justificación moral alguna, sumidos en eterna e intacta inocencia […] Y así, del mismo modo que juega el artista y juega el niño, lo hace el fuego, siempre vivo y eterno; también él construye y destruye inocentemente. […] Lo mismo que un niño construye castillos de arena junto al mar, el fuego eterno construye y destruye y de época en época el juego comienza de nuevo.[23]

Así como el fuego de Heráclito lo consume todo imparablemente y a velocidades insospechadas, dejando cenizas que permiten nuevos crecimientos que a su vez volverán a ser calcinados y así indeterminadas veces, el dios bailarín, a través de lo dionisíaco, hace sus apariciones de manera avasalladora para luego desaparecer repentinamente, pero siempre regresa y cuando lo hace es infranqueable, es la constante oleada que arrasa con todo a su paso.

Desde este punto de vista, las concepciones del devenir y de la vida se sumergen enteramente en la temporalidad en la que transcurren. ¿Son el tiempo y el devenir algo diferente? En la experiencia dionisíaca, la noción del tiempo se disloca por completo porque se encarna en el éxtasis mismo, el cual no obedece a la medición calendárica del tiempo. Dioniso, al ser el dios de lo inadvertido, no brinda a los hombres la claridad y la distinción del transcurso de los días, pues los arrastra hacia otra forma de concebir el tiempo que va más allá de los cánones y de su propia sensibilidad. Partiendo de lo anterior, devenir y tiempo (tiempo infinito) encuentran su convergencia en la noción de movimiento. Movimiento múltiple y sin dirección en el que, al sumergirse en él, la voluntad de los hombres no participa, y a la vez, su voluntad misma es devenir.

El tiempo de lo trágico, que es el tiempo de Heráclito, se muestra como el amalgamamiento de instantes que se destruyen los unos a los otros en la misma dinámica en que el fuego consume lo existente. El instante desde esta concepción es un momento perfectamente ingenuo que no tiene deuda alguna con el instante que le precede ni con el que le sucede. Cada instante, que no obedece a un principio ni a un fin, encuentra la eternidad en sí mismo porque en sí mismo se justifica, en sí mismo encuentra su potencia y en sí mismo se extingue.

La noción de un tiempo lineal no encuentra cabida en el pensamiento trágico, en el sentido de que, las acciones no se construyen persiguiendo una única finalidad, al igual que los instantes no se trazan en una sola dirección. También en el sentido de que lo lineal es propio de la concepción cristiana del mundo, así como de la visión progresista de la ciencia y de la noción hegeliana de la Historia, todas ellas formas en las que Nietzsche no halla más que valores metafísicos, es decir, valores estables y profundamente arraigados, en lugar de los valores vitales presentes en el tiempo dionisíaco y heraclíteo.

La afirmación de la existencia desde el carácter efímero de lo trágico sólo es posible, entonces, si tal afirmación sucede en el instante mismo. De esta manera, la vida se presenta en su totalidad en cada instante que transcurre sin perseguir expectativas y sin arrastrar lo ya sucedido. De nueva cuenta, podemos decir que no hay búsqueda de superación ni de redención en aquello que se quiere afirmar: la afirmación se da inocentemente en un juego que se repite una y otra vez con cada instante. Es en este punto en donde, de manera súbita, Nietzsche se aleja por completo de doctrinas como el cristianismo. No sólo la configuración del modo de existencia desde el devenir heraclíteo, sino la figura misma de Dioniso le han permitido al pensamiento trágico reconocer que ni la vida ni quien la vive son culpables de nada y, por tanto, no concibe el sufrimiento como una necesidad para ser salvado. Dioniso, al contrario de Cristo que muere por una causa, es el dios del desgarramiento inútil; es aquel que es desmembrado y sacrificado por ninguna razón, pues no hay en la noción de lo trágico algo que deba justificar a la muerte; ésta, al ser parte de la vida, es más bien algo digno de ser afirmado sin condiciones, sin cálculos y sin lamentos.

 

MASSIMO STANZIONE, “SACRIFICIO A BACO” (1634)

 

Bibliografía

  1. Carrasco Pirard, Eduardo, Para leer así habló Zaratustra, Editorial Universitaria, Chile, 2002.
  2. Colli, Giorgio, Introducción a Nietzsche, Folios Ediciones, México, 1983.
  3. Detienne, Marcel, Dioniso a cielo abierto, Editorial Gedisa, Barcelona, 1986.
  4. Eliade, Mircea, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, Paidós, Madrid, 2010.
  5. Espinosa, Sergio, De la pernoctancia del pensar (ensayos sobre Nietzsche), Ediciones de Medianoche, México, 2008.
  6. Gadamer, Hans-Georg, La actualidad de lo bello, Ediciones Paidós, Barcelona, 1997.
  7. __________________, Verdad y método, Ediciones Sígueme, España, 1993.
  8. Kerényi, Raíz de la vida indestructible, Herder, Barcelona, 1998.
  9. Nietzsche, Friedrich, El nacimiento de la tragedia, Alianza Editorial, Madrid, 1973.
  10. ________________, Ecce Homo, Alianza Editorial, Madrid, 2013.
  11. ________________, La filosofía en la época trágica de los griegos, Valdemar, Madrid, 2003.

 

Notas

[1] Detienne, Dioniso a cielo abierto, ed. cit., p. 18.
[2] Ibidem, p. 30.
[3] Ibidem, pp. 94-95.
[4] Kerényi, Dionisios. Raíz de la vida indestructible, ed. cit.p. 100.
[5] Colli, Introducción a Nietzsche, ed. cit., pp. 15-16.
[6] Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, ed. cit., p. 19.
[7] Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, ed. cit., p. 456.
[8] Kerényi, Óp. cit., p. 101.
[9] Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, ed. cit., p. 80.
[10] Ibidem, p. 54.
[11] Idem.
[12] v. Espinosa, De la pernoctancia del pensar (ensayos sobre Nietzsche), ed. cit., p. 138.
[13] Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, ed. cit., p. 125.
[14] Nietzsche, Ecce Homo, ed. cit., p. 89.
[15] Carrasco Pirard, Para leer así habló Zaratustra, ed. cit., p. 182.
[16] Nietzsche, Ecce Homo, ed. cit., pp. 78-79.
[17] Nietzsche, La filosofía en la época trágica de los griegos, ed. cit., p. 60.
[18] Ibidem, p. 68.
[19] Gadamer, La actualidad de lo bello, ed. cit., p. 66.
[20] Ibidem, p. 67.
[21] Gadamer, Verdad y método, ed. cit., p. 71.
[22] Carrasco Pirard, Óp. cit., p. 180.
[23] Nietzsche, La filosofía en la época trágica de los griegosloc. cit. 


HERÁCLITO DE MARTIN HEIDEGGER

En su conocido estudio sobre Heráclito, Jean Brun (Héraclite, ou le philosophe de l’éternel retour, París: Seghers, 1969, p. 13) afirmaba que:

es quizás Heidegger quien mejor ha sabido darle una nueva actualidad al filósofo de Éfeso, a quien con frecuencia aproxima a Parménides. Heidegger ve en Heráclito a aquel que, después de Anaximandro, ha formulado el verdadero problema: el de la relación que hay entre el ser y los existentes en una filosofía para la que el ser está dado como lo que se muestra y se oculta, mientras que los existentes permanecen en el error y en la errancia porque participan del ser sin poseerlo.


Por su parte, en su artículo sobre el logos de Heráclito (“Logos (Heráclito, fragmento 50)”, trad. de Eustaquio Barjau, en: Heidegger, Martin, Conferencias y artículos, Barcelona: Serbal, 1994, pp. 179-199) observaba Heidegger que:

La sentencia de Heráclito parece comprensible desde todos los puntos de vista. Sin embargo, aquí todo sigue siendo cuestionable. Lo más cuestionable de todo es lo más evidente, a saber, nuestra presuposición de que, para nosotros, los que hemos venido después, para la inteligencia de la que nos servimos todos los días, lo que Heráclito dice tiene, de un modo inmediato, que resultar evidente. Es esto una exigencia que, presumiblemente, no se ha cumplido ni siquiera para los contemporáneos de Heráclito, como tampoco se ha cumplido para sus compañeros de viaje.

En efecto, el logos de Heráclito se deja oír no en su claridad, sino más propiamente en su oscuridad, en ese ocultamiento de su decir fundamental que se pierde cuando se le pretende evidente. Heidegger se interesó en el logos heraclíteo no por sí mismo, sino en el marco de su proyecto de reconocimiento del olvido del ser en la historia de la filosofía occidental. Ese interés, que se deja rastrear en diversos textos, se centró en su interpretación del logos como “reunión” (Sammlung); esto es, como armonía de los opuestos y, de modo particular, de la distinción entre el ser y lo ente. No resulta extraño por ello que aparezca Heráclito mencionado también en el último capítulo (“La delimitación del ser”) de su Introducción a la metafísica (Barcelona: Gedisa, 1998), en la que Heidegger cuestionaba la común oposición entre Heráclito y Parménides, sosteniendo en cambio que “Heráclito —a quien, en abierta oposición con Parménides, se le atribuye la doctrina del devenir— dice, en verdad, lo mismo que aquél” (p. 135).

Además de los dos textos mencionados y del artículo “Alétheia (Heráclito, Fragmento 6)”, Friedrich-Wilhelm von Herrmann editó, estando todavía vivo Heidegger, su seminario del semestre de invierno de 1966/67, dedicado a Heráclito y co-dictado en Friburgo con Eugen Fink (Frankfurt am Main: Vittorio Klostermann, 1970, 266 p.). Este seminario está traducido al castellano por J. Muñoz y S. Mas (Barcelona: Ariel, 1986, 215 p.). Por otro lado, dentro del plan de la Gesamtausgabe, se publicaron después los cursos sobre Heráclito correspondientes a los semestres de verano de 1943/44 (Heraklit. 1. Der Anfang des abendländischen Denkens (1943) / 2. Logik. Heraklits Lehre vom Logos (1944), Bd. 55, Frankfurt am Main: Vittorio Klostermann, 1979, 418 p.). Son estos últimos los seminarios sobre Heráclito que no habían sido traducidos al castellano y que ahora ha traducido Carlos Másmela dentro del proyecto de la Biblioteca Internacional Martin Heidegger, asociada en esta ocasión con la editorial El hilo de Ariadna.

En estos dos seminarios se observa cómo Heráclito es, para Heidegger, el pensador del logos originario que pronto fue olvidado por la tradición de la metafísica occidental. En ese sentido, Heráclito es un maestro que, al enunciar una verdad (des-velamiento, a-letheia) que ama ocultarse, nos devuelve a ese pensar originario propio de la existencia auténtica.

Título: HERÁCLITO
Autor: MARTIN HEIDEGGER
Formato: 22 x 16 cms.
Páginas: 456
Editorial: El hilo de Ariadna; Biblioteca Internacional Martin Heidegger
Ciudad: Buenos Aires
Año: 2012
Traducción: Carlos Másmela
ISBN: 978-987-23546-4-0

Reseña editorial:
Heráclito incluye dos seminarios dictados en la Universidad de Friburgo: “El inicio del pensar occidental (Heráclito)”, del semestre de verano de 1943, y “Lógica. La doctrina de Heráclito del Lógos”, del semestre de verano de 1944.

En el primero, Heidegger parte de la figura de Heráclito como filósofo “oscuro” para rebatir las interpretaciones tradicionales de su pensamiento y hacer surgir una reflexión que no desatienda aquella verdad inicial que sólo se revela al ocultarse. Sobre la base de un reordenamiento propio de los fragmentos transmitidos, Heidegger analiza de modo inmanente las relaciones que establecen conceptos fundamentales del pensar griego como ser, ente, naturaleza y verdad, a la vez que expone los límites y los desvaríos del pensamiento metafísico cada vez que éste se ha confrontado con el pensar inicial.

En el segundo, Heidegger desarticula la tríada científica griega (lógica, física y ética) para mostrar cómo en la equiparación de lógica y pensamiento se ha fundado el destino de Occidente. El cuestionamiento de la metafísica (en cuanto vía que impide escuchar el Lógos originario) alcanza aquí su mayor potencia, al mismo tiempo que se despliegan en toda su multiplicidad los diferentes caminos que pueden conducir al hombre, en cuanto resguardador del ser, a la esencia inicial del Lógos.
Fuente: http://biblio-filo-sofia.blogspot.mx/2012/08/heraclito-de-martin-heidegger.html

Página Web de la Editorial El hilo de Ariadna.

25 de agosto de 2012

Iñaki Marieta

Desde la perspectiva ontológica de la verdad del ser que desarrolla Heidegger en su interpretación del fragmento 53 de Heráclito, en Introducción a la metafísica (1935), y que comienza con las conocidas palabras, "de todas las cosas patér (progenitor, padre) es pólemos (la guerra, la lucha) ...", y siguiendo con su comentario que concluye afirmando que "La lucha primeramente proyecta y desarrolla lo in-audito, lo hasta entonces no-dicho y lo im-pensado. Después serán los productores creadores, los poetas, pensadores y hombres de Estado los que sostendrán esta lucha." (p. 63, ed. Gedisa), parece poder deducirse que si el pacifismo es imposible desde esta perspectiva ontológica, dada la anterioridad fundamental de pólemos en relación a lo que contiende en la lucha, la guerra como tal es ridícula y obedece SIEMPRE, ha intereses espurios. De modo que si pólemos es inevitable en su esencia diferenciante y por ello constituyente de la unidad como lógos, de donde pueden surgir las contra-posiciones cuya separación tiene su sentido en ese pólemos unificante; la guerra como traducción violenta de esta ontología de pólemos, es solo la apropiación interesada del conflicto esencial cuya substancia es la unidad. Reivindicar la guerra como medio para solucionar conflictos es no entender en absoluto la esencia de pólemos, y caer en la trampa metafísica que hace de las contraposiciones función de una diferencia irreductible a unidad, cuando el sentido de esa diferencia en su esencial separabilidad es precisamente una unidad que nombra los inter-eses comunes de los opuestos. De modo que si el pacifismo es imposible desde la perspectiva ontológica de la verdad del ser, la guerra es ridícula en su esfuerzo por unir violentamente lo que por esencia no está separado por la fuerza, sino solo por la ignorancia de la esencia a la que se debe. Ante la tesitura de tener que posicionarse en este asunto creo que la apuesta por lo imposible se aproxima más a la verdad del ser que la actuación ridícula de asesinar en nombre de una paz futura.

 

Christian Franco Rodriguez

Iñaki Marieta Agradezco tu comentario enormemente, este tema me toca vengo de la protesta de la toma de lima donde muchos provinciano incluyéndome hemos marchado hacia lima para protestar por más de 60 muertos y entonces el tema de la violencia es uno en los que más he reflexionado y esto me ha llevado a investigar en mi propia cultura y resulta que desde Caral somos una cultura pacifica que se ha negado a pelear, yo comprendo esto como un logos complementario que descubre como lo hace Hegel aunque no de una manera conceptual sino simbólica que el ser y el no ser son lo mismo, dicho desde la consmovisión andina que el hanan pacha y el uku pacha tienen un tinkuy en el kay pacha análogo a lo que dice Heráclito al descubrir el logos como principio del devenir es en el logos que descubrimos que los opuestos en el fondo son lo mismo , el yin está en el yan y el yan está en el yin por lo mismo están interpenetrados y no pueden ser separados pero al mismo tiempo hay una tensión, un conflicto permanente, mi cultura detesta lo que llama jucha que no es más que esa tensión y se niega a pelear a tal punto de que no logramos una edad de los metales, llegamos hasta la época del bronce sus inicios y somos tan antiguos como mesopotamia que nos gana por solo 500 años de civilización, es decir que nuestra civilización opto por complementarse no por luchar , pero esto tuvo un costo terrible fuimos esclavizados , colonizados y desgarrados para siempre viviendo en el miedo, mi pueblo se caga de miedo aun ahora, el Inca no peleo realmente contra los españoles, Tupac Amaru no invadió Cusco cuando debía invadirlo y nuestra independencia fue forjada por San Martin un argentino y por Bolivar un venezolano, además perder la guerra del pacifico contra Chile porque no sabemos pelear y todo intento de rebelión frcasa, por lo mismo no encuentro la guerra, el conflicto, como algo perverso sino como el principio del devenir parece ser que la guerra es la única manera de develar el logos profundo y de encontrar en ese logos el ser, uno pensaría que el ser es pacífico y se equivocaría, la conciencia encontrada consigo misma destruirá todo aquello que se le oponga solo en el agón conocerá su verdad y podrá complementarse, purificarse y descubrir que la diferencia no es más que un reflejo inverso de sí mismo y así abrazar sinceramente al otro más sin en el agón sin la batalla no hay dignidad no hay grandeza, ahora si la batalla destruye al otro es terrible porque nos estamos destruyendo a nosotros mismos quedando desgarrados para siempre, no encuentro salida a este dilema pero lo que se es que el devenir es trágico.

·          

o    Iñaki Marieta

Christian Franco Rodriguez , los combatientes por la verdad no son buenos soldados, a lo sumo guerreros que no temen a la muerte pero eso no es garantía para ganar batallas aunque tengan ganada la guerra.

 

Christian Franco Rodriguez

Iñaki Marieta ¿Se puede ganar la guerra? 

  • Iñaki Marieta
    Christian Franco Rodriguez, en el sentido de la guerra histórica, con sus fechas y localizaciones, etc., es obvio que las guerras, bélicas, comerciales, eróticas, etc., se ganan o se pierden. Porque una guerra es la apuesta a muerte por la victoria. Siendo ese protagonismo de la muerte lo que le da el valor a la victoria en la guerra. Una ilusión, sin duda, necesaria para consolarnos de la derrota final a la que estamos destinados, a no ser que alguna fe sostenga nuestro deseo de inmortalidad. La tragedia griega no hace sino dramatizar la figura del individuo confrontado a su moîra; un destino innegociable contra el que el individuo que acepta el reto, convertido por ello en héroe, se afirma a muerte. Y en esa afirmación reside el ejercicio de su libertad, abriendo un espacio que topológicamente es el ágora donde la palabra de los libres decide el destino de la pólis.
  • Christian Franco Rodriguez
    Iñaki Marieta La victoria es entonces una ilusión una ilusión que se sostiene con una afirmación a muerte siendo la libertad también ilusoria pero justamente esta ilusión que nos da derecho a a hablar y discutir el nomos se debe de pagar siempre con sangre ¿Vale la pena?
  • Iñaki Marieta
    Christian Franco Rodriguez, "siempre" es una palabra demasiado fuerte, demasiado siempre para un mortal; máxime cuando somos contingencias a los que les corre sangre por las venas y respondemos por encima de la sangre material atendiendo a la sangre simbólica que encarnan la justicia y la libertad.
  • Christian Franco Rodriguez
    Justamente esa sangre simbólica es simétrica, ideal, total y exige siempre el derramamiento de la sangre contingente, lo que no quiere decir, que la sangre contingente siempre responda, algunos detestaran la ilusión de la supuesta libertad y justicia.

martes, 24 de enero de 2023

La violencia y el ser

 

      La violencia y el Ser

Heidegger en este video tiene una locución donde critica, la XI tesis de Feuerbach de que lo filósofos se han dedicado a interpretar la realidad y lo que ahora toca es transformala, Heidegger asumo que antes que transformar la realidad se necesita una concepción de ella como sucede con la filosofía marxista pero lo cierto es que el devenir es en sí violento y está en permanente transformación y esta violencia se niega a una concepción de lo real total es decir a una concepción del ser, porque el devenir nos parte y nos exige tomar una posición frente a otra y entonces cada concepción , cada ideología es el fondo la violencia hablando, por lo mismo toda interpretación es violenta y como tal viola lo real , viola al ser en el devenir, este es traspasado violentamente y se invierte en un no ser donde todo se destruye para construir cosas nuevas, traspasando el no ser violentamente, este nacer y perecer violento da cuenta de que la existencia es una lucha , así podemos decir junto a Marx lucho ergo existo.
Ayer estuve en la plaza San Martin y a alguien se le ocurrió criticar a Castillo y la turba de manifestantes casi lo lincha, tuve que defenderlo, el que critico a Castillo decía que así no podíamos hacer un nuevo país si no se toleraba la diferencia, pero lo que realmente exigía es pasar de la violencia del cuerpo a la violencia racional de la mente, se dirá de pronto que la violencia racional de la mente, no es tal porque todo proceso inferencial está basado en la superación de cualquier contradicción por lo mismo la razón supera toda violencia, pero si comprendemos la razón dialéctica que se produce apenas entremos en dialogo con posiciones contrarias, ya sea con otra persona o en nuestro interior reflexivo, la violencia es el verdadero motor del pensamiento, y es que en esa otredad se asume el devenir y este se basa en la lucha permanente.
Mi tía me dice que la violencia trae más violencia pero ella me lo dice violentamente y no es capaz de darse cuenta de su propia violencia, se piensa que la violencia es una proyección de la política, pero lo cierto es que la política es una proyección de la violencia, ¿Entonces no hay forma de salir de la violencia? Miremos un momento este anime:
Aquí se expresa la violencia del capitalismo tardío, por medio dela metáfora de un mundo en permanente lucha contra demonios o más bien de demonios contra demonios, muchos dirán que el mercado logra sublimar la violencia, pero queda claro que es la violencia misma, ya el trabajo en sí mismo es violento, es una lucha constante por transformar la naturaleza dándole valor en nuestro mundo cultural, el mercado es la violencia de ese mundo cultural donde el valor está en juego, y la competencia por mas regulación que haya es despiadada, al igual que en la naturaleza los peces gordos se comen a los mas pequeños.
Hegel entendería que la historia es la historia de la libertad pero en Marx podríamos decir que la historia es la historia de la violencia y así como se da en el progreso mayores libertades a mayor cantidad de gente, así esa mayor cantidad de gente ejerce mayo violencia de manera potencial como en la bomba atómica y en acto como en el mercado global, entonces es claro que un estado del proletariado debe de ejercer una violencia mayor a cualquier estado burgués, como lo demuestra Rusia , China y ahora Venezuela ¿concluimos entonces que no hay salida a la violsiencia?
No, porque sabemos desde nuestro interior que el Espíritu detesta la violencia, la aborrece, y desde el aprendemos a salir de ella revelando el ser la unidad e integración de todo pero esto exige el devenir violento, mucho creen que el Dios cristiano no es violento pero basta leer la biblia para darnos cuenta que siempre ha sido y será un Dios de los ejércitos, muchos creen que la figura cambia con el nuevo testamento la lucha se vuelve espiritual y como tal no violenta, craso error en el espíritu la violencia es aún mucho más terrible, nada más terrible que la lucha por la integración espiritual, e decir nada más violento que el amor , porque es en el amor que el espíritu se integra, pero esta violencia es consciente y como tal no se pierde en ella misma, porque la violencia siempre nos pierde y luego terminamos luchando contra lo que defendíamos, convirtiéndonos en peores mostros de los que decíamos combatir , pero en el Espíritu se aplica lo del arte de la guerra, y si trata por todos los medios posibles de no partirnos de no entrar en la violencia sino de descansar en el espíritu y si se entrara en la violencia, es de una , un solo golpe y termina toda tensión, hay que ver como habla Cristo , como sus palabras son extremadamente violentas pero en esa violencia realmente eficaces, con una pocas palabras su batalla está ganada, al punto que sus adversarios tienen que recurrir a la violencia física porque en la palabra ya han sido vencidos, ahora si cristo se deja violentar por los otros, es porque sabe que su padre luego hará justicia y su violencia eterna infernal no tendrá fin, es decir que su paz descansa en la violencia del Padre.
¿Pero el padre es violento? En el actuar del devenir por supuesto pero en su ser es amor integro sin ninguna oposición por lo mismo sin ninguna violencia, lo que nos dice que religados en un espíritu compartimos un mismo ser y en este no sufrimos la violencia, esto le pasa a todos así un capitalista no percibe la violencia del capitalismo sino la violencia de los que se ponen a este espíritu pero para él, el mercado no es en ningún sentido violento y si lo fuera su violencia es justa proporcionada, ideal, si ninguna posibilidad de autocritica la violencia ejercida sobre los otros que no compartimos este espíritu, está más que justificada, porque nosotros que nos oponemos somos los violentos y como tal los malignos, que deben ser destruidos.
El comunismo en ese sentido es peor, porque se violentara directamente contra todo aquello que no es comunista hasta logra el ser comunista donde no ha violencia excepto contra la naturaleza pero esta también deberá ser superada, sacándole la máscara de derechos y libertades al capitalismo solo queda su violencia y esta la que construirá el nuevo mundo pero el problema es que asumida la violencia ontológicamente nos quedamos perdidos ene l devenir para siempre , es decir que el ser comunista es un imposible, lo único posible es su violencia permanente, y esto los verdaderos comunistas lo saben, claramente para ellos no solo en el comunismo sino en todo sistema social, que aparenta un orden no violento pero que en realidad participa como todos en el devenir violento.
Lo que no comprenden es que realmente en ellos hay una concepción del ser más allá de toda violencia, una real contemplación de lo profundo que esta más allá de una interpretación, es el apocalipsis de lo real, la superación de todo espacio tiempo en un presente eterno, donde el lenguaje se tiene que hacer poesía para manifestarlo y donde solo se vaga superando todo trabajo sin ningún objeto o sujeto , se está en lo absoluto, en libertad, luego lo que toca es actuar en el devenir desde esa paz, ¿Esto implica que nunca se caerá en la violencia? No sino que hay una posibilidad de resguardeserce de ella y cuando se caiga en ella hacerlo rápidamente en una destrucción total o poder soportarla al máximo sin caer cuando el otro quiere que caigas, este arte de soportar la violencia da cuenta real del Espíritu, la violencia realmente no se pude canalizar entrar en ella es entrar en una rueda de la fortuna, pero aprender a estar en el ser en la totalidad en amor con mis enemigos, me da la posibilidad que la corriente violenta no me revuelque.
¿Es posible estar en el ser en medio de una protesta como la de ahora? ¿Es posible amar a todos a policías y manifestantes? Si hasta cierto punto, la estrategia debe estar clara sumamos aun al pueblo uniformado y una vez tengamos la cantidad damos un golpe final, que acabe de una vez por todas con este conflicto, pero el problema sería entrar todos en un mismo espíritu y los espíritus dentro de los manifestantes son muy distintos, ayer hable con una tawantinsuyana que decía que el logos complementario andino no tenía nada que ver con el logos occidental, que los occidentales se basan en la explotación del hombre por el hombre, mientras que en el pueblo andino jamás hubo tal explotación, que siempre vivieron en armonía, esto que en apariencia parece un discurso pacifico es un discurso de extrema violencia porque idealiza su realidad, sin dar cuenta de su propia contradicción por lo mismo todo lo demás debe de ser eliminado porque no vive en la armonía andina y de echo ella no quería para nada escuchar mi filosofía, porque para ella esta no tenía ningún valor, me parecía hablar con un “cristiano” que también piensa que todo lo humano carece de valor nada más violento.
Antes esto la biodramaturgia como propuesta permanente de alteración y contra alteración, que el ser altere el devenir y que el devenir altere el ser con esto la violencia no es superada pero los falsos seres que no son capaces de amar al prójimo sea este quien sea quedan develados, ¿Es entonces el problema del ser un problema del lenguaje porque una vez nombrado el ser este se parte en una entidad particular que sufre y participa de la violencia? No, el lenguaje debe ser superado, hay que saltar al otro lado del espejo en el, se hace necesaria la poesía donde realmente habita el silencio contemplador.

Y entonces el gesto el abrazo la verdadera complementariedad donde ya no queda ninguna violencia porque los opuestos se han encontrado como uno mismo el ser y el no ser son idénticos, resulta que el espíritu se invertía en el devenir en una voluntad siempre violenta, pero no era más que el ser develándose en amor y todas las palabras decían lo mismo y realmente solo había un espíritu sino que nos quedamos heridos en la carne y vimos el mal donde solo había santidad, te perdono desde el fondo de mi corazón porque perdonándote me perdono a mí mismo, ¿Tuvimos que llegar a al extremo de la violencia para darnos cuenta? Sí, pero en ella todo lo que no es quedo destruido, es decir ella se destruyó a ella misma, el devenir siempre fue purificador.


          

miércoles, 11 de enero de 2023

¿Que es el poder?

 ¿Que es el poder?

La otra insurgencia
La palabra poder proviene del latín potere que tiene el significado de autoridad y también el de mando. Para Camilo Velázquez Turbay, poder proviene de possum, pôtes, posee, potuit, de potis y sum. Potis significa capaz de y sum ser o existir. En consecuencia, la acepción original de poder es "quien es capaz en sí".
Es decir quien es capaz de existir por si mismo , ese solo es Dios, el omnipotente. Por lo mismo todo poder deviene de el, porque el da el poder de la vida y la muerte. ¿Y de pronto surge la pregunta si el es poder porque permite el mal? Por amor , es decir el espera que tu elijas libremente ese poder, y ese poder es tan grande que se niega a si mismo mostrando su dominio de si mismo, El omnipotente se niega invirtiéndose en impotente ante el hombre esperando que este lo elija, para mostrar todo su poder, que ya se muestra en su propia negación, ¿Y entonces Dios se humilla ante el hombre? Así es, pero es Dios , es decir el nos eligió primero, en su eterno presente el sabe el desenlace de todo. Hay que comprender el padre omnipotente en su eterno presente, hay que vivir al Hijo como Logos que devine y crea todo y hay que aceptar al Espíritu Santo que de el poder del exitus y del reditus del logos y en el hace que toda la creación vuelva al Padre creador.
Por lo mismo Dios se humilla en el Hijo, pero el Padre jamas es humillado, y el Espíritu participa de la gloria del padre y de la humnillacion del hijo, el cual sera luego exaltado junto al padre.
El hombre sin el Espiritu no tiene poder , es decri no se pude negar asi mismo , dominandose y ace perdido ya que no esta en el si del ser sino perdido en existir del mundo es un dasein que se invertira en dasman en uno mas y que lo que intentara sera obtener poder fundamentado en estas 5 bases: En un estudio ya clásico (1959),5​ los psicólogos sociales John RP French y Bertram Raven desarrollaron un esquema de fuentes de poder que permite analizar cómo funciona el poder. French y Raven sostienen que hay cinco categorías significativas entre las fuentes de poder, sin excluir otras categorías menores. Desde entonces se han añadido más bases, en particular por Gareth Morgan en su libro de 1986, Imágenes de la organización.6​
Poder legítimo
También llamado "poder posicional", el poder legítimo es el poder institucional que deriva de la posición que se ocupa dentro de una organización de acuerdo con los deberes del titular de la posición dentro de una organización. El poder legítimo es la autoridad formal delegada al titular del puesto. Suele ir acompañado de varios atributos de poder, como un uniforme, un título o una oficina imponente.
Poder de referencia
El poder de referencia o carismático es la capacidad de las personas para atraer a otros y generar lealtad. Se basa en el carisma y las habilidades interpersonales del titular del poder. Una persona puede ser admirada debido a un rasgo personal específico y esta admiración crea la oportunidad para la influencia interpersonal. En este sentido la persona influenciada desea identificarse con estas cualidades personales y obtiene satisfacción de ser un seguidor aceptado.
El nacionalismo y el patriotismo son ejemplo de cómo puede ser utilizado el poder de referencia ya que pueden resultar en acciones por parte de individuos o de la ciudadanía en general.
Los anunciantes han usado durante mucho tiempo el poder de referencia de las figuras deportivas para respaldar productos. El atractivo carismático de la estrella del deporte lleva a una aceptación del respaldo, aunque el individuo pueda tener poca credibilidad real fuera del ámbito deportivo.7​
El poder de referencia es inestable y no es suficiente para un líder que quiere duración y respeto. Sin embargo, cuando se combina con otras fuentes de poder, puede ayudar a una persona a lograr un gran éxito.
Poder experto
Mario Draghi
El poder experto es el poder de un individuo derivado de las habilidades o experiencia de la persona y las necesidades de la organización para esas habilidades y experiencia. A diferencia de los otros, este tipo de poder suele ser altamente específico y limitado al área particular en la que el experto está capacitado y calificado. Cuando tienen conocimientos y habilidades que les permiten comprender una situación, sugerir soluciones, usar un juicio sólido y, en general, superar a los demás, las personas tienden a escucharlos. Cuando los individuos demuestran experiencia, las personas tienden a confiar en ellos y respetar lo que dicen. Como expertos en la materia, sus ideas tendrán más valor y otros buscarán su liderazgo en esa área.
Poder de recompensa
El poder de recompensa depende de la capacidad del portador del poder para conferir valiosas recompensas materiales, se refiere al grado en que el individuo puede dar a los demás una recompensa de algún tipo, como beneficios, tiempo libre, regalos deseados, promociones o aumentos de sueldo o responsabilidad. Este poder es obvio, pero también ineficaz si se abusa de él. Las personas que abusan del poder de recompensa pueden ser agresivas o ser reprendidas por ser demasiado comunicativas o "mover las cosas demasiado rápido". Si otros esperan ser recompensados por hacer lo que alguien quiere, existe una alta probabilidad de que lo hagan.
El problema con esta base de poder es que el recompensador puede no tener tanto control sobre las recompensas como sea necesario. Los supervisores rara vez tienen control completo sobre los aumentos salariales, y los gerentes a menudo no pueden controlar las promociones por sí mismos. E incluso un CEO necesita permiso de la junta directiva para algunas acciones. Entonces, cuando alguien usa las recompensas disponibles, o las recompensas no tienen suficiente valor percibido para los demás, su poder se debilita. (Una de las frustraciones de usar recompensas es que a menudo necesitan ser más grandes cada vez para tener el mismo impacto motivacional. Incluso entonces, si las recompensas se dan con frecuencia, las personas pueden sentirse saciadas por la recompensa, de modo que pierden su efectividad).
Poder coercitivo
El poder coercitivo es la aplicación de acciones negativas. Incluyen la capacidad de degradar o de retener recompensas. El deseo de recompensas o el miedo a que las retengan garantiza la obediencia de quienes están bajo el poder. El poder coercitivo tiende a ser la forma de poder más obvia pero menos efectiva, ya que genera resentimiento y resistencia por parte de las personas que lo experimentan.
Las amenazas y los castigos son herramientas comunes de coerción. Son características del uso del poder coercitivo amenazar con que alguien sea despedido, degradado, se le nieguen privilegios o se le den asignaciones indeseables.
El uso extensivo del poder coercitivo rara vez es apropiado en un entorno organizacional, y confiar solo en estas formas de poder da como resultado un estilo de liderazgo muy frío y empobrecido.
Más el verdadero poder como lo comprende Foucault no se deja saber , pero se dispersa en todo el aparato exigiendo que se haga lo necesario, por eso lo importante de conocer la episteme que esta detras y el espiritu que la esta formando, como solo El Espiritu santo puede realmente formar,los otros espiritus deforman , pervierten y ansian el poder que realmente no tienen, una vez detectada la episteme que genera el poder surge un contra poder, una lucha de voluntades que ansian el poder y estan dispuestas a todo para controlar el tejido social.
Hoy en el Perú vivimos la lucha de un poder y un contra poder siendo ambos seudo poderes que no tienen real domino de si, ambos quieren mas muertes para sostener y hacer emerger su poder, ambos se conocen ,es decri ambos saben sus epistemes por lo mismo ninguno de eso poderes puede ya controlar al otro. Por un lado tenemos a la derecha bruta y achorada neoliberal informal y por el otro lado a estatistas de diversas corrientes con una identificación etnica andina a diferencia de la identificación criolla limeña norteña en realidad ambas son chioledades, laberintos peroe nla polarización son incapaz de verse en su complejidad y mucho menos de ver esa complejidad como una potencialidad.
¿Que seudo poder ganara?
Es facil aquel que se humille y deje que el verdadero poder divino sople.
Pero para esto es necesario otra insurgencia donde se demuestre el dominio de si.
Hoy el seudo poder dictaorial civico militar del gobierno de Dina nos prohibe salir a marchar estan cercando a mis compañero y los estan arrestando el viernes 6 y el sábado 7 han detenido a mas de 200 personas arbitriamente solo por salir a marchar, y en Juliaca han masacrado al pueblo matando personas, en respuesta el seudo contra poder ha asesinado a un policia quemandolo vivo.
Ante esto el verdadero poder de la gente humilde sigue marchando sin importar ser detenido o muerto ahi esta la verdadera insurgencia estando Dios de nuestro lado , por que es justo que marchemos y es justo que pidamos que este seudo poder caiga y si no nos rendimos caera, más si caemos en el seudo poder nos violentamos terminaremos convirtiendonos en algo peor de lo que estamos combatiendo, el dominos que se nos exige es sobrenatural , porque el dolor nos esta partiendo, no solo se nos exige a nostros los manifestantes sino tambien a los policias y militares, aquellos que relamente aman a Dios no poder heriri a us projimo mucho menos a sus compatriotas que juraron proteger , le policia y el militar tambien participa de la insurgencia, porque es claro que no es una lucha contra sangre ni contra carne sino contra potestades , principados huestes de maldad en las regiones celestes.
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