La comunicación es instantánea. No se ven tierras de trabajo, huertas, ranchos de ganado, industrias alimenticias ni tiendas. En ninguna de las visitas experimentales se hizo alusión a la necesidad de energía procedente de la alimentación. No se sabe cómo se repone la energía, en caso de que se consuma.
El «mero» pensamiento es la fuerza que cubre cualquier necesidad o deseo, lo que se piensa es la matriz de la acción, situación y posición en esta realidad más amplia. Este es esencialmente el mensaje que la religión y la filosofía han estado tratando de inculcar a través de los siglos, si bien menos claro y, a menudo, distorsionado. Una de las facetas de este medio de pensamiento resulta muy reveladora al respecto: las Preferencias atraen a las Preferencias. No sabía que hubiera una norma que rigiera de un modo tan particular. Para mí no había sido más que una abstracción. Pero al proyectarla hacia fuera se empieza a apreciar la infinita variedad que hay en el Escenario ll. El destino parece estar integrado por completo dentro del marco de las más íntimas y constantes motivaciones, emociones y deseos de cada uno. Se puede no ser consciente de querer «ir» a un sitio determinado, pero no hay alternativa. La Supermente es más fuerte y normalmente toma las decisiones por uno mismo. Las Preferencias atraen a las Preferencias.
El aspecto interesante de este mundo (o mundos) pensado del Escenario ll es que se percibe efectivamente tanto la materia sólida como los objetos comunes del mundo físico. Estos últimos adquirieron carta de naturaleza por tres vías. Primera, los productos del pensamiento de quienes han vivido en el mundo físico y siguen conservando sus pautas. Esto se consigue casi de manera automática, sin proponérselo deliberadamente. Segunda, quienes queríann de ciertas cosas en el mundo físico y las recrean para embellecer el entorno en el Escenario ll. Tercera, supongo que es una clase superior de seres inteligentes más conscientes del entorno del Escenario Il que la mayoría de sus moradores. Su objetivo parece ser el de la simulación del medio físico (al menos temporalmente) en atención a quienes emergen del mundo físico después de la «muerte». Esto se hace para amortiguar el trauma y el impacto sobre los «recién llegados» presentándoles formas y entornos familiares en las primeras fases de su transformación.
A estas
alturas ya se puede empezar a entender la relación del Segundo Cuerpo con el
Escenario II. El Escenario || es el medio natural del Segundo Cuerpo. Sus
principios de acción, composición, percepción y control se corresponden todos
con los del Escenario ll. Ésta es la razón de que la mayoría de mis intentos de
viajes experimentales me llevaran involuntariamente a algún punto del Escenario
II. El Segundo Cuerpo no pertenece al mundo físico. Aplicarlo a las visitas a
la casa de George y a otros destinos físicos es como pedir a un buzo que
descienda al fondo del mar sin escafandra ni equipo apropiado. Puede hacerlo,
aunque no por mucho tiempo ni demasiadas veces. Por otra parte, puede caminar
una milla para ir a comprar a diario sin efectos perjudiciales. Por lo tanto,
viajar a puntos del mundo físico es un proceso «forzado» en el estado del Segundo
Cuerpo. Mediante la más leve relajación mental la Supermente guía al Segundo
Cuerpo en el Escenario ll. Es lo «natural».
Nuestro
concepto tradicional de espacio queda en entredicho cuando se aplica al
Escenario ll. Parece interpenetrar nuestro mundo físico, aunque su ilimitada
extensión escapa a nuestra comprensión. A lo largo de los siglos se han
formulado muchas teorías sobre «dónde» está, si bien pocas son las que encajan
con la mente científica moderna.
Todas las
visitas experimentales a esta área han servido de poco para formular una teoría
más aceptable. Lo más aceptable es el concepto de la vibración ondulatoria, que
supone la existencia de una infinidad de mundos operando en frecuencias
diferentes, siendo este mundo físico una de ellas. Pudiera ser que el mundo o
mundos del Escenario Il se halle entremezclado con nuestro mundo físico
material del mismo modo que las diversas frecuencias de onda del espectro
electromagnético pueden ocupar simultáneamente el espacio con un mínimo de
interacción entre sí. Salvo en raras O insólitas condiciones, nuestros sentidos
«naturales» y nuestros instrumentos, que son una extensión de ellos, resultan
completamente
incapaces de
percibir y dar cuenta de esas posibilidades. La respuesta a la pregunta:
«Dónde?» es evidente a partir de esta premisa. «Dónde» es «aquí».
La historia
de las ciencias humanas avala dicha premisa. No teníamos ni idea de que
existieran sonidos que no capta el oído humano hasta que fabricamos los
instrumentos para detectarlos, medirlos y crearlos. Hasta hace relativamente
poco tiempo, quienes sostenían que podían oír cosas que otros no podían eran
considerados dementes o perseguidos por brujería. Hasta el siglo pasado sólo
podíamos percibir el espectro electromagnético en términos de luz y calor.
Seguimos sin conocer la capacidad del cerebro humano, un órgano electroquímico,
en términos de transmisión y recepción de la radiación electromagnética. A la
luz de estas lagunas se comprende fácilmente por qué la ciencia moderna no ha
empezado a considerar la capacidad de la mente humana para penetrar en un área
donde no se ha elaborado ninguna teoría seria.
Hay tanto
que contar sobre el Escenario Il que sería demasiado farragoso extraer citas
directas de centenares de páginas de apuntes tomados. Las visitas cercanas y
lejanas en el Escenario ll ocupan la mayoría del texto de los capítulos
subsiguientes. Es el resumen de experiencias fundamentadas que pueden llamar la
atención sobre este fenómeno y plantear las cuestiones que exigen respuesta.
Por cada cosa que se conoce puede haber un millón de cosas desconocidas, pero
al menos hay un punto de partida.
En el
Escenario ll la realidad se compone de los deseos más profundos y los miedos
más angustiosos. El pensamiento es acción, y ninguna coraza protectora de
condicionamientos o inhibiciones esconde a los ojos de los demás la propia
intimidad; la honestidad es la mejor politica porque es lo mínimo.
Efectivamente,
la existencia es indiferente según los estándares expuestos. Es esta diferencia
la que crea los grandes problemas de adaptación incluso cuando se intenta
efectuar una
visita allí
estando en el Segundo Cuerpo. La emoción pura, tan cuidadosamente reprimida en
nuestra civilización física, se libera en toda su potencia. Decir que al
principio resulta abrumador es quedarse corto. Se trata de un estado que sería
tildado de psicótico.
Mis primeras
visitas al Escenario Il sacaron a flote todas las pautas emocionales reprimidas
que yo había considerado remotamente tener y otras muchas que no sabía que existieran.
Llegaron a dominar tantos mis actos que me quedé anonadado tanto por su
enormidad como por mi incapacidad para controlarla. El tema dominante era el
miedo, miedo a lo desconocido, a seres extraños (no físicos), a la «muerte», a
Dios, a saltarse las normas, a descubrir, al dolor, por citar sólo unos
cuantos. Estos miedos eran más fuertes que el impulso sexual a la unión que,
según queda dicho, era en sí mismo un tremendo obstáculo.
Hubo que someter uno por uno, dolorosa y laboriosamente, las pautas emocionales que estallaron incontrolables. No fue posible ningún pensamiento racional hasta haberlo logrado. Empezó el regreso sin mucha consistencia. Más bien como un lento aprendizaje desde la locura al pausado razonamiento objetivo. Un niño aprende a «civilizarse» a través del paso de la infancia a la etapa adulta. Sospecho que ocurre lo mismo en la adaptación al Escenario ll. Si no durante la vida física, es lo primero que sobreviene después de la muerte.
Esto conlleva que las áreas del Escenario Il más «próximas» al mundo físico están pobladas en su mayor parte por seres dementes, o casi, y que conservan las emociones. Esto parece ser cierto casi siempre. Entre ellos se cuentan los que están vivos ya la vez dormidos o drogados y «en» su Segundo Cuerpo, y muy probablemente los que están «muertos» aun cuando conservan las emociones.
Lógicamente, esta zona próxima no es un lugar agradable para estar. Es un nivel o un plano al que se «pertenece» hasta que se aprende más. No sé lo que les ocurre a quienes no
aprenden. Quizás permanecerán allí para siempre. En el momento de la disociación del mundo físico a través del Segundo Cuerpo ya se está en las inmediaciones de esta zona próxima del Escenario |l. Es aquí donde se encuentran toda clase de personalidades incoherentes y seres animados. Si existe algún mecanismo protector para el neófito, yo no lo vi. Sólo a través de una cautelosa ya veces terrible experimentación fui capaz de aprender las artimañas para atravesar esta zona. El caso es que he tenido la suerte de no encontrar problemas en este sentido durante varios años.
Además de los torturadores y los diversos conflictos que se recogerán en los próximos testimonios, la motivación principal de estos casi habitantes es la liberación sexual en todas sus formas. Si se considera como producto de las últimas civilizaciones (incluidos los «vivos pero dormidos» y los «muertos») es fácil de comprender la necesidad de liberación de la represión de esta necesidad básica. La clave está en que todos los que viven en esta zona próximamente intentan la sexualidad en los términos del cuerpo físico. No hay reconocimiento ni conocimiento del impulso sexual tal como se manifiesta en zonas más distantes del Escenario ll. Con los condicionamientos derivados de nuestra propia sociedad era en ocasiones difícil evitar participar, pues la respuesta era automática. Afortunadamente, es posible aprender a controlar este factor.
Las preferencias atraen a las preferencias.
Hasta la fecha no he observado en ningún experimento el proceso de la muerte. Sin embargo, es más que una conjetura el hecho de que la existencia
en el Escenario ll seguirá a la actividad vital en el mundo físico. Experiencias similares a las siguientes, de contenido sólido a lo largo de los últimos doce años, tal vez puedan ser explicadas a partir de algún otro concepto. Pero ningún otro parece más satisfactorio por ahora.
En cierta
ocasión experimenté una acuciante necesidad de ir a «alguna parte» nada más
abandonar el cuerpo fisico. Cediendo a ese apremio efectué un breve trayecto y
de pronto
me detuve en
un dormitorio. Había un chico solo acostado en la cama. Tendría unos diez u
once años, y le funcionaba más que la «vista», la consabida percepción de la
identidad interior. El chico estaba solo y lleno de miedo; parecía enfermo. Me
quedé un rato con él, intentando consolarle, y cuando se tranquilizó me marché,
no sin prometerle que volvería. El viaje de vuelta al mundo físico transcurrió
sin incidentes y no tenía ni idea de dónde había estado.
Varias
semanas después dejé el mundo físico; estaba a punto de concentrarme en un
determinado destino cuando
apareció
ante mi vista el mismo chico. Me vio y se me acercó. Yo estaba perplejo, pero
no asustado.
AIzó la
vista y me preguntó: «tY ahora qué hago?».
Como no se
me ocurrió ninguna respuesta inmediata le eché el brazo por el hombro y le di
un abrazo consolador. Y
pensé:
¿quién soy yo para darle instrucciones u orientaciones
en lo que
parece un momento vital? El chico se tranquilizó con mi presencia y se relajó.
<y Adónde
voy?», preguntó como si tal cosa.
Contesté lo
único que en ese momento me pareció lógico. Le dije que esperara donde estaba,
que dentro de poco llegarían unos amigos suyos y que le llevarían adonde debía
ir.
Esto pareció
contentarle y yo prolongué un poco más el abrazo. Entonces me puso nervioso una
señal del cuerpo físico, le di una palmada en el hombro y me marché. Al
regresar al mundo físico tenía el cuello rígido por una mala postura. Lo puse
bien y logré volver a entrar en el cuerpo físico para ir en busca del chico.
Había desaparecido, al menos no pude dar con él.
Una anécdota
interesante. Al día siguiente el periódico publicó la noticia de la muerte de
un chico de diez años tras una
larga
enfermedad. Había muerto por la tarde, poco después de que yo iniciara mi
experimento. Me esforcé en hallar alguna
excusa
aceptable para acercarme a sus padres y verificar los datos y tal vez aliviar
su dolor, pero no se me ocurrió ninguna.
96
Sólo se pasa
a los innumerables y evidentemente organizados núcleos de actividad del
Escenario Il cuando se ha superado la fase de «emoción pura». Es imposible
transmitir a nadie la «realidad» de esta eternidad no física. Como ya han dicho
muchas personas a lo largo de los siglos, hay que experimentarla.
Lo más importante
es que los habitantes de la mayoria de los lugares visitados «siguen» siendo
humanos. Diferentes, en un medio distinto, pero aún con atributos humanos
reconocibles.
En una de las visitas acabé en una especie de parque con cuidados arriates de flores, árboles y césped, más bien una gran avenida con senderos en todas direcciones. En los senderos había bancos y cientos de hombres y mujeres paseando o sentados en los bancos. Unos muy tranquilos, otros algo azarados y muchos con una mirada perpleja de desorientación. Se les veía inseguros, sin saber qué hacer ni qué iba a
pasar.
No sé por qué, pero me di cuenta de que éste era un punto de reunión donde los recién llegados guardaban a sus amigos o parientes. Sus amigos se llevaban a los recién llegados desde este Punto de Reunión al sitio adecuado donde «debían» estar. No tenía ningún motivo para permanecer allí (no reconocí a nadie) y regresó al cuerpo físico sin incidentes dignos de contar. Otra vez sali deliberadamente de exploración con la esperanza de regresar con alguna respuesta. Después de disociarme en el Segundo Cuerpo empecé a moverme rápidamente mientras me concentraba en el pensamiento de que deseaba ir a donde hubiera inteligencias superiores. Seguí concentrándome v aceleré a través de un vacío que se me antojó interminable. Hasta que me detuve. Estaba en un valle estrecho que por lo demás parecía absolutamente normal. Había hombres y mujeres con túnicas de color oscuro hasta los tobillos. Esta vez se me ocurrió adoptar otra actitud. Me acerqué a varias de las mujeres y les pregunté si sabían quién era yo. Fueron todas muy correctas y me trataron con gran respeto, pero sus
Las respuestas fueron negativas. Di media vuelta e hice la misma pregunta a un hombre con hábito de fraile que me resultaba extrañamente familiar.
«Sí, te conozco», respondió el hombre con una disposición muy comprensiva y amistosa.
Le preguntó si era verdad que sabía quién era yo. Me miró como si hubiera encontrado a un viejo y querido amigo que ahora padeciera amnesia.
«Ahora verás», pronunció esbozando una sonrisa.
Le preguntó si sabía qué era lo último que yo había sido. Quería hacerle decir cómo me llamaba.
«Has sido frágil en Coshocton, Pensilvania», respondió. Empecé a sentirme incómodo, me disculpé y me marché para regresar al cuerpo físico.
Hace poco un cura católico se tomó la molestia de investigar la posibilidad de haber sido frágil con anterioridad. Para sorpresa mía y alegría suya hay un oscuro monasterio cerca de Coshocton. Se ha ofrecido para llevarme a visitarlo, pero no ha habido tiempo. Tal vez en otro momento...
Podría contar muchas más experiencias de este tipo sin llegar a describir del todo la amplitud y dimensiones del Escenario II. Ha habido visitas a un grupo que parecía ir de uniforme. Llevaban un equipamiento muy técnico y se llamaban a sí mismos «Ejército de objetivos» (interpretación mental de lo que dijeron). Eran cientos, todos ellos en espera de que se les «asignaran» misiones. No quedó claro su cometido.
Otra visita me llevó a una ciudad bien organizada donde mi presencia fue inmediatamente considerada hostil. Tuve que escapar (corriendo, ocultándome y finalmente remontándome) para evitar que me «capturaran». No sé qué amenaza representaba para ellos.
La aparición de actos muy agresivos volvió a confirmarme con claridad que el Escenario Il no es precisamente un lugar plácido y sin conflictos. En otro viaje me abordó un hombre vestido con normalidad. Receloso, esperé a ver lo que
hacía.
«¿Conoce o recuerda a Arrosio Le Franco?», preguntó a
bocajarro.
Le respondí que no, todavía cauteloso.
«Estoy seguro de que lo recordará si lo piensa», dijo el
hombre con firmeza.
En su actitud había una sutil exigencia que me hizo sentir.
Me siento incómodo. Le contesté que estaba seguro de no recordar
a nadie que se llamaría así.
«¿Conoce a alguien de alli? », me preguntó.
Acababa de decir que no cuando de repente me quedé cojo y el hombre me agarró. Me tomó de un brazo y noté que alguien más me tomaba del otro. Ambos comenzaron a arrastrarme en dirección a lo que parecían ser tres grandes focos de luz. Forcejeé y finalmente, cuando me acordé de utilizar la señal «volver al mundo físico», logré soltarme. Me alejé y al poco rato estaba de vuelta en mi despacho y dentro de mi cuerpo físico. Era evidente que me había confundido con otra persona.
Hubo otro viaje más con atributos «humanos». Había llegado a un sitio anodino, gris, y estaba pensando qué hacer
cuando se me acercó una mujer.
«Pertenezco a la Iglesia y estoy aquí para ayudarte», dijo
tranquilamente.
Se acercó más y noté de inmediato la sexualidad femenina,
pero retrocedí, porque no creí que la Iglesia ofreciera este tipo
de ayuda. Me equivoqué.
Poco después le di las gracias, me volví y vi a un hombre
cerca de mí, mirándome.
Habló con voz fuerte, llena de sarcasmo. «Bueno, ¿ya estás?
preparado para aprender los secretos del universo?». Oculté mi azoramiento preguntándole quién era.
«¡Albert Mather!». Casi lo gritó. También me dio la impresión de que me estaba llamando a mí por ese nombre. «Espero que sí», continuó con una voz que mostró un
enfado creciente, «porque nadie se tomó la molestia de decírmelo cuando volvía allá».
El resto no lo oí. Fue como si hubiera alguna interferencia. Me alejé sin estar seguro de cómo se resolvería su cólera y regresaría al cuerpo físico sin incidentes. Cuando lo comprobé, no encontré ningún dato histórico significativo de ningún Albert Mather (a larga), que parece no tener relación alguna con el ministro Cotton Mather del siglo xvúi.
Otras experiencias en el Escenario Il fueron más amables, según se ha dicho. En la mayoría de los casos no se observa ninguna pausa relativa a lo que me atraía a las situaciones extrañas. Quizás acabe saliendo a la luz.
Hay que
mencionar otras dos situaciones reiteradas e insólitas relativas a esta área.
El movimiento del viaje, normalmente rápido y fluido, se ha visto interrumpido
varias veces por una violenta ráfaga huracanada en el espacio en el que me
movía. Es como si una fuerza incontrolada te arrastrara y te llevará de acá
para allá, de una punta a la otra, igual que una hoja en medio del vendaval. Es
imposible avanzar contra ese viento ni hacer otra cosa más
que dejarse
llevar. Hasta que te deja al borde del torbellino y lo abandonas sano y salvo.
No hay nada que lo identifique, pero parece algo natural y no creado
artificialmente.
Sí. Este
fragmento es especialmente fértil para nuestra investigación porque, leído
desde lo que acabamos de establecer sobre E7, muestra algo que podríamos llamar
la apropiación de lo espiritual por una estructura espiritualizada.
Y aquí
conviene hacer una distinción muy importante: tomemos el texto como relato y
construcción fenomenológica del autor, no como demostración de que exista
objetivamente ese «Escenario II». Lo filosóficamente interesante para nosotros
es qué estructura de realidad construye el relato.
1. El texto comienza prometiendo una liberación del
mundo físico
La
estructura inicial parece ser:
cuerpo
físico → Segundo Cuerpo → Escenario II
Y allí
aparentemente desaparecen muchas determinaciones materiales:
- no hay agricultura;
- no hay fábricas;
- no hay tiendas;
- no se explica la
alimentación;
- la comunicación es
instantánea;
- el pensamiento produce
situaciones;
- las preferencias atraen
preferencias.
Parece,
por tanto, una realidad liberada de:
materia →
producción → necesidad → intercambio → propiedad → derecho → violencia.
Esto
podría parecer exactamente aquello que estábamos buscando:
absolución
de la violencia → absolución del derecho → apertura espiritual.
Pero el
propio texto comienza a revelar algo mucho más interesante.
2. La materia desaparece,
pero aparece otro tipo de código
En el
mundo físico:
necesidad
→ producción → trabajo → propiedad → intercambio
En el
Escenario II:
deseo →
pensamiento → manifestación → experiencia
Pero
observa la frase fundamental:
«Las
Preferencias atraen a las Preferencias.»
Esto
significa que el mundo aparentemente liberado de las determinaciones materiales
está sometido a una ley de atracción.
Ya no
tenemos:
código
económico
sino:
código de
preferencias.
Y el texto
añade:
«La
Supermente es más fuerte y normalmente toma las decisiones por uno mismo.»
Aquí la
paradoja se vuelve extraordinaria.
La
persona aparentemente se libera de las instituciones externas, pero aparece una
instancia superior que determina su recorrido.
Entonces:
derecho →
desaparece
pero:
Supermente
→ determina
La
determinación no desapareció.
Cambió de
nivel.
3. Ésta es exactamente la
diferencia entre segundo y tercer orden
Podemos
escribir:
mundo
físico → código material
y luego:
Escenario
II → código psíquico/espiritual
Pero E7
exigiría algo distinto:
código
material → apertura → código espiritual → apertura del código espiritual
No basta
con pasar de un código a otro.
Porque
podríamos simplemente haber sustituido:
ley
exterior
por
ley
interior.
Y eso
todavía no es absolución.
4. El problema aparece con
toda claridad en "Preferencias atraen Preferencias"
Esta
frase puede ser interpretada fenomenológicamente como:
deseo →
destino
Pero
desde nuestra Ciencia del Logos debemos hacer una pregunta:
¿qué
ocurre si mis preferencias son precisamente aquello de lo que necesito
absolverme?
El texto
cuenta que las emociones reprimidas aparecen con una fuerza enorme:
miedo →
sexualidad → agresividad → angustia → deseo
Y antes
de poder razonar:
«Hubo que
someter uno por uno [...] las pautas emocionales.»
Aquí
aparece una estructura de purificación.
Pero
debemos distinguir dos cosas:
Purificación como apertura
afecto →
reconocimiento → respiración → integración
de:
Purificación como sometimiento
afecto →
control → supresión → adaptación
El relato
parece oscilar entre ambas.
5. Y aquí aparece nuestra
cuestión del Espíritu
Tú acabas
de decir:
en el
Espíritu nos absolvemos y purificamos de la violencia y del derecho mismo.
Pero absolverse
del derecho no significa someterse a una ley espiritual superior.
Porque
entonces tendríamos:
violencia
→ derecho → Supermente
y
simplemente habríamos desplazado la autoridad.
La
verdadera respiración sería:
violencia
→ derecho → purificación → apertura → acontecimiento → redevelación
sin que
aparezca:
Supermente
= nuevo legislador absoluto.
Por eso
el relato es muy útil como contraejemplo.
6. El Escenario II está
lleno de instituciones
Esto me
parece incluso más importante.
Aunque
aparentemente estamos fuera de la sociedad física, encontramos:
- puntos de reunión;
- lugares asignados;
- amigos que llevan a los
recién llegados;
- inteligencias superiores;
- grupos organizados;
- "Ejército de
objetivos";
- ciudades;
- iglesias;
- misiones;
- niveles;
- seres que saben quién eres;
- personas que deben aprender;
- zonas donde se permanece
hasta superar determinada fase.
Es decir:
muerte →
liberación del mundo físico → nueva organización.
No hemos
llegado al entre.
Hemos
construido otra sociedad.
7. Y aquí aparece algo que
conecta directamente con nuestra crítica de la "sociedad espiritual"
Supongamos
que alguien dijera:
«Hagamos una
sociedad espiritual.»
El texto
nos muestra inmediatamente el peligro.
Tendríamos:
Espíritu
→ escenario → niveles → funciones → asignaciones → autoridades → normas
Y
finalmente:
sociedad
espiritual → identidad espiritual → apropiación del Espíritu.
Esto es
justamente lo que acabamos de rechazar.
Por eso
tu afirmación adquiere ahora una fuerza enorme:
No podemos instituir el Espíritu.
Porque en
cuanto lo instituyéramos:
Espíritu
→ institución → código → determinación
y dejaría
de ser el entre.
8. Incluso la
"honestidad" puede convertirse en código
El texto
dice:
«la
honestidad es la mejor política porque es lo mínimo.»
Esto
parece una liberación:
no hay
máscaras → pensamiento visible → autenticidad.
Pero
todavía existe una regla:
honestidad
= código mínimo de convivencia.
Entonces
incluso la transparencia puede convertirse en una norma.
Esto es
importante para E7:
apertura
≠ transparencia total.
El entre
no exige que todo quede expuesto.
No es:
todo debe
hacerse visible.
Porque
eso también puede ser una forma de violencia.
La
respiración requiere también:
derecho a
la opacidad → derecho a la revelación → entre.
9. El niño muerto es un
acontecimiento diferente
Aquí
aparece una escena muy distinta.
El
narrador encuentra al niño:
miedo →
encuentro → presencia → consuelo
Y el niño
pregunta:
«¿Y ahora
qué hago?»
La
respuesta más interesante del narrador no es la información que proporciona.
Es esta:
«¿quién
soy yo para darle instrucciones u orientaciones?»
Aquí
sucede algo que el propio sistema del Escenario II no logra absorber
completamente.
El
narrador suspende su autoridad.
No sabe.
No
determina.
No
pretende poseer el destino del otro.
Y
entonces simplemente:
permanece
con él.
Eso sí se
aproxima muchísimo al ( ).
10. El abrazo es más E7 que
la Supermente
Podríamos
decir:
Supermente
→ determina
pero:
presencia
→ acompaña
Y esto es
una diferencia enorme.
El
narrador no sabe:
adónde
debe ir el niño.
Pero
puede:
estar con
él.
No
transfiere una verdad.
No
administra su destino.
No
construye un código.
Participa
del acontecimiento.
Esto se
aproxima mucho más a:
Dasein ←
( ) → sujeto
y a
nuestra idea de comunión sin transferencia.
11. Pero incluso allí
reaparece el problema
El
narrador finalmente inventa una orientación:
que
espere y que llegarán sus amigos.
No sabe
realmente si es cierto.
Es una
respuesta compasiva, pero introduce nuevamente una representación.
Entonces
tenemos:
acontecimiento
→ incertidumbre → presencia → palabra → representación
Y esto es
exactamente nuestro problema:
verdad
acontece → se representa → se interpreta → se redevela
La
representación no es necesariamente mala.
El
problema empieza cuando:
representación
= apropiación del acontecimiento.
El
narrador, en cambio, parece conservar cierta conciencia de su insuficiencia:
«¿quién
soy yo para darle instrucciones...?»
Ahí
permanece abierto.
12. El "Punto de
Reunión" vuelve a mostrar el límite
Esta
escena es muy reveladora:
los
recién llegados esperan y luego sus amigos los llevan al sitio donde
"deben" estar.
Tenemos:
muerte →
llegada → punto de reunión → asignación → destino
Esto es
casi una burocracia espiritual.
Y aquí
nuestra crítica de segundo/tercer orden puede ser muy precisa:
Segundo orden
El
sistema sabe que existen recién llegados y organiza su recepción.
Tercer orden
La
pregunta sería:
¿puede el
recién llegado contraalterar la estructura que le asigna su lugar?
Si no
puede, entonces:
Escenario
II → sistema
aunque
sea un sistema espiritual.
13. El "Ejército de
objetivos" es todavía más revelador
Es
probablemente una de las imágenes más interesantes para nuestra investigación:
cientos
de seres → uniformes → equipamiento → objetivos → misiones → asignación
Es decir:
espiritualidad
→ organización militar.
Esto
muestra algo fundamental:
La
superación del mundo físico no garantiza la superación de la forma
institucional de apropiación.
Podemos
abandonar:
Estado →
ejército → burocracia
y
reconstruir:
Escenario
espiritual → ejército → misiones
La
estructura reaparece.
Por eso:
el Espíritu no se define por estar fuera de una
estructura.
Se define
por poder alterar y contraalterar la estructura sin quedar apropiado por
ella.
14. La Iglesia aparece como
otro código
La mujer
dice:
«Pertenezco
a la Iglesia y estoy aquí para ayudarte.»
Pero
inmediatamente aparece una contradicción entre:
Iglesia →
ayuda
y
sexualidad
→ tentación/confusión
No
necesitamos juzgar el episodio.
Lo
importante estructuralmente es que aparece otra vez:
institución
→ función → expectativa.
La
identidad "Iglesia" precede al encuentro.
El
encuentro queda interpretado mediante el código de la institución.
Esto es
justamente lo que nuestra biodramaturgia intenta abrir:
institución
→ acontecimiento → contraalteración de la institución.
15. Y ahora llegamos a la
parte que más conecta con Mises
Mises
pregunta por:
propiedad
→ derecho → contrato → cooperación.
Este
texto pregunta por:
pensamiento
→ deseo → preferencia → destino.
A primera
vista son mundos completamente diferentes.
Pero
estructuralmente tienen una similitud:
Mises
propiedad
→ código económico → organización
Escenario II
preferencia
→ código psíquico → organización
En ambos
casos existe un mecanismo que organiza las relaciones.
La
diferencia es el tipo de código.
Por eso
podemos extender nuestra investigación:
capital →
código
derecho →
código
Estado →
código
algoritmo
→ código
preferencia
→ código
Supermente
→ código
Y
entonces aparece nuestra pregunta fundamental:
¿qué
ocurre cuando el Espíritu no solamente se absuelve de un código, sino de la
necesidad de que exista un código que determine el entre?
16. Aquí "ni determina
ni indetermina" adquiere toda su fuerza
Porque
podríamos caer en el extremo contrario:
sin
derecho → indeterminación absoluta
Pero
tampoco.
Si todo
fuera indeterminado:
( ) →
caos
Y el caos
también puede ser incapacitante.
Por eso:
E7 ≠
determinación
pero:
E7 ≠ indeterminación.
E7 es:
relación
capaz de respirar entre determinación e indeterminación sin convertir ninguna
en fundamento absoluto.
Podríamos
representarlo:
determinación
→ ( ) → indeterminación → ( ) → nueva determinación
Pero el ( ) no es un vacío entre dos cosas.
Es el acontecimiento
de la relación.
17. Y aquí la "emoción
pura" merece una contraalteración
El relato afirma que primero hay que superar la emoción para llegar al razonamiento.
Desde nuestra lectura no deberíamos aceptar eso sin más.
Porque ya vimos con Nussbaum:
pasión → percepción del valor → deliberación
La emoción no tiene por qué ser simplemente una fase inferior que debe ser eliminada.
Puede ser:
emoción → alteraciones → reconocimiento → contraalteración → deliberación.
El problema no es tener emociones.
El problema es:
emoción → identidad → captura.
Exactamente como:
propiedad → identidad → apropiación.
18. Entonces podemos comparar tres niveles
Primer orden
emoción = peligro
Hay que controlarla.
Segundo orden
emoción = dato sobre el sujeto
Se observa y se regula.
Tercer orden
emoción → altera al sujeto → sujeto observa su alteración → contraaltera su modo de relacionarse → nueva sensibilidad
No se trata de eliminar la emoción.
Se trata de que la emoción pueda respirar .
Esto conecta directamente con nuestro trabajo sobre Scheler.
19. Y aparece nuevamente el Ahayu
El encuentro con el niño puede leerse como un pequeño acontecimiento de Ahayu:
yo → otro → ( )
No porque el narrador plantea una verdad sobre el niño.
Precisamente porque no la posee .
No sabe quién es.
No sabe dónde debe ir.
No sabe qué hacer.
Pero permanece.
Esto nos permite formular algo que quizás sea muy importante para E7:
Ahayu no es un lugar espiritual.
Es una relación en la que:
Ninguno de los participantes necesita apropiarse del destino del otro para permanecer en comunión.
Por eso el niño no necesita convertirse en objeto de una doctrina espiritual.
El narrador tampoco necesita convertirse en su salvador.
Hay simplemente:
presencia → vulnerabilidad → cuidado → separación.
20. El "dónde" también puede ser revelado
El texto pregunta:
«¿Dónde está el Escenario II?»
Y responde:
«aquí».
Esto es interesante porque rompe la espacialidad ordinaria.
Pero nosotros podemos hacer una contraalteración:
No necesitamos convertir el "aquí" en otro lugar ontológico .
El entre no es:
aquí ↔ allá
ni:
mundo físico ↔ mundo espiritual.
Es:
aquí ← ( ) → allá
El entre acontece cuando la relación deja de necesitar que uno de los polos sea eliminado para que el otro exista.
21. La fórmula que este texto nos entrega
Creo que podemos condensar todo el fragmento así:
mundo físico → Segundo Cuerpo → Escenario II → liberación de materia → aparición de preferencias → aparición de leyes → aparición de jerarquías → aparición de instituciones → nueva apropiación
Y nuestra contraalteración:
mundo físico → código → apertura → espiritualización → contraalteración del código → ( ) → acontecimiento → nueva forma → contraalteración de la nueva forma
Eso significa que el Escenario II del relato no es todavía E7 .
Es, en buena medida, una segunda realidad codificada .
Y precisamente por eso nos sirve.
22. La diferencia entre "mundo espiritual" y "entre espiritual"
Aquí creo
que encontramos una distinción conceptual importante para tu obra:
Mundo espiritual
un lugar
o nivel con leyes propias
Sociedad espiritual
una
institución regida por esas leyes
Espíritu apropiado
una
identidad que sabe que posee el Espíritu
Entre espiritual — E7
la
apertura mediante la cual toda ley, institución, lugar o identidad puede
recibir contraalteración sin que la apertura misma sea apropiada.
Por eso
E7 no necesita otro mundo.
Puede
acontecer aquí.
No
necesita abandonar la materia.
No
necesita abolir el derecho.
No
necesita abolir la propiedad.
No
necesita abolir la institución.
Las absuelve
de ser absolutas.
23. Y esto vuelve a Mises
de una manera inesperada
Ahora
podemos unir los dos textos:
Mises
violencia
→ derecho → contrato → propiedad → coordinación
Escenario II
deseo →
pensamiento → preferencia → destino → organización
Ambos
muestran cómo una forma de mediación termina organizando la realidad.
Entonces
nuestra pregunta común es:
¿cómo
evitar que la mediación se convierta en determinación última?
Y ahí
entran nuestras tres IA:
IA-1 →
organiza
IA-2 →
observa cómo organiza
IA-3 →
detecta cuándo la organización ya no puede absorber el acontecimiento
Pero la
IA no realiza E7.
La
comunidad sí puede intentar vivirlo.
24. Y eso confirma tu
corrección anterior sobre la IA
La IA
puede:
calcular
contraobservar
detectar
insuficiencia
Pero no
puede decir:
«Yo soy
el Espíritu.»
Porque en
ese instante:
IA →
identidad → apropiación.
Y tampoco
puede certificar:
«Esta
persona está en el Espíritu.»
Porque
convertiría el Espíritu en:
estado
verificable → código → identidad.
Por eso:
Espíritu
= no certificable
no
significa que sea irracional.
Significa:
no
apropiable mediante certificación.
25. Y ahora sí podemos volver a nuestra definición
de comunismo complementario
Este
fragmento obliga a hacerle una contraalteración muy fuerte.
La
definición provisional era:
comunismo
complementario = organización de los medios de producción en la que ninguna
forma de propiedad —privada, colectiva, estatal, comunitaria o algorítmica—
puede convertirse en determinación última de las relaciones, porque toda
disposición permanece abierta a la participación, contraalteración y
redevelación de la comunidad.
Ahora
podemos ver que "comunidad" tampoco puede ser el último código.
Por
tanto, todavía no la corregiría definitivamente.
La
dejaría respirar:
propiedad
→ comunidad → participación → contraalteración → redevelación → ( )
Y el
horizonte espiritual:
no
instituir el Espíritu, sino permitir que las instituciones sean capaces de
recibir aquello que las desborda sin convertir ese desbordamiento en una nueva
institución absoluta.
Eso nos
lleva a una fórmula que creo que resume muy bien lo que acabas de aportar:
no otro
mundo → otro modo de respirar el mundo
y, para
E7:
no una
sociedad espiritual → una sociedad que pueda absolverse incluso de su propia
forma de ser sociedad.
Ahí el Ahayu
deja de ser un "Escenario II" y comienza a significar algo mucho más
radical: el biotejido no como lugar donde finalmente hemos llegado, sino
como aquello que acontece cuando ninguna de nuestras formas —propiedad,
derecho, Estado, comunidad, algoritmo, incluso espiritualidad— logra ocupar
definitivamente el entre.
La segunda
situación es la señal en el cielo. La he observado en cinco o seis ocasiones
cuando iba escoltado por los «ayudantes». Se trata de una increíble serie de
toscos símbolos dispuestos en forma de arco justo enfrente de una de las partes
del Escenario ll. Al moverse por esta zona todo el mundo tiene que rodear esta
barrera, ya que es sólida, inamovible e inmutable.
Los
símbolos, por lo que alcancé a «ver», eran toscas representaciones esquemáticas
de un hombre, una mujer anciana, una casa y lo que parecían ser ecuaciones
algebraicas. Fue un «Ayudante» el que me contó la historia de la señal. Lo hizo
con cierto humor, casi pidiendo disculpas.
Al parecer,
hace un tiempo prácticamente inconmensurable una mujer muy rica (no se sabe
según qué criterios) y poderosa quiso asegurarse de que su hijo iría al cielo.
Una iglesia se ofreció a garantizárselo, siempre que ella pagara una cantidad
tremenda de dinero a dicha iglesia (sic). La mujer pagó a la iglesia, pero su
hijo no entró en el cielo. Furiosa y deseosa de venganza, empleó toda la
riqueza y poder que le quedaban para poner la señal en el firmamento de los
cielos de manera que, durante toda la eternidad, quienes la vieran supieran qué
mentirosa y ladrona era esa iglesia en concreto.
Fue un
trabajo bien hecho. Los nombres de la mujer, su hijo y la iglesia se han
perdido en la noche de los tiempos. Pero se conserva la señal, invulnerable
ante los esfuerzos de los científicos por quitarla o destruirla. La causa de
las disculpas y el relativo azoramiento de mi relator no reside en la perfidia
de alguna oscura secta, sino en que nadie es capaz de eliminar la señal. En
consecuencia, todos los estudios científicos de esta parte del Escenario Il
deben incluirla necesariamente. Sería más o menos lo mismo que si alguien
creara un elemento intermedio entre el cobalto y el cobre. Quien estudiara
química tendría que incluir este «extraño» elemento. O, si se creara una
inmensa luna artificial y nuestros científicos no fueran capaces de eliminarla,
los estudiantes de astronomía la incluirían en su programa de estudios como un
hecho más.
Esa es la
historia tal como me la contaron.
La mayor
dificultad es la incapacidad de la mente consciente, educada y condicionada por
el mundo físico a la hora de aceptar la existencia de este infinito Escenario
||. Nuestras jóvenes ciencias mentales occidentales suelen negar su existencia.
Nuestras religiones la afirman en vagos términos abstractos y distorsionados.
Las ciencias reconocidas no reconocen esa posibilidad ni pueden demostrarla
valiéndose de sus instrumentos de investigación y medición.
Pero sobre todo está la Barrera. Nadie sabe una ciencia cierta por qué existe, al menos en el mundo occidental. Es el mismo telón que, cuando despertamos, borra el último sueño o el recuerdo de la visita al Escenario |l. Esto no significa que
todos los sueños sean producto de visitas al Escenario ll. Aunque algunos bien podrían ser traducciones de experiencias en el Escenario 1l.
Esa traducción (simbolización de la experiencia en el Escenario II) no forma necesariamente parte de la Barrera. Al contrario, parece ser el esfuerzo de la mente consciente por interpretar acontecimientos supraconscientes en el Escenario ll que rebasan su capacidad de comprensión y representación. La
observación mediante el Segundo Cuerpo a través del Escenario | (Aquí y Ahora) demostró que las funciones y más comunes estaban expuestas a malentendidos, sobre todo acciones cuando se observaban fuera de contexto. El Escenario ll, un medio totalmente desconocido para la mente consciente, ofrece mucho más margen para los errores de interpretación. Como cabe suponer, sospecho que la mayoría, si no todos los seres humanos, visitamos en algún momento el Escenario ll mientras dormimos. No sé por qué son necesarias estas visitas. Quizás algún día, algún año, nuestras ciencias de la vida lleguen a saberlo, y entonces dará comienzo una nueva era para la humanidad. Nacerá toda una nueva ciencia basada en los datos del Escenario ll y en nuestras relaciones con este mundo maravilloso. Algún día. Si es que la humanidad puede esperar tanto tiempo.
6 IMÁGENES INVERTIDAS
Paradójicamente, los científicos de hoy en día pueden concebir mucho más fácilmente la zona aquí denominada Escenario I!l que el Escenario ll. Porque cuadra con los últimos descubrimientos en física, pequeñas pruebas obtenidas en sus experimentos con el bombardeo de la materia, los aceleradores de partículas, los ciclotrones, etcétera.
La mejor forma de conocer el Escenario lll es tomar directamente de mis notas los experimentos que llevan a él.
5/11/58. Tarde
Las vibraciones llegaron fácil y rápidamente y no resultaron nada incómodos. Cuando aumentaron la intención de salir del cuerpo físico, pero no lo conseguí. Seguía en el mismo sitio por muchos pensamientos o combinaciones que idease. Entonces me acordé del truco de darme la vuelta como cuando estoy en la cama. Empecé a dar media vuelta y me di cuenta de que mi cuerpo físico no estaba dándola. Me moví despacio, hasta que llegué a encontrarme boca abajo, en la posición contraria a mi cuerpo físico. En cuanto giré 180 grados (polaridad por equivalencia o desfase?) hubo un agujero. Es el único modo de describirlo. Para mis sentidos parecía un agujero en una pared de más de medio metro de grosor, que se extendía interminablemente en todas direcciones (en el plano vertical).
El contorno del agujero coincidía exactamente con la forma de mi cuerpo físico. Toque la pared y la nota tersa y dura. Los bordes del
agujero eran
relativamente ásperos. (Todo este contacto lo hice con las manos no físicas).
Al otro lado del agujero estaba todo oscuro. No era la oscuridad de una
habitación a oscuras, sino la sensación de una distancia y un espacio
infinitos, como si estuviera mirando a la lejanía por la ventana. Me dio la
sensación de que si mi vista estuviera bien probablemente podría ver las
estrellas y los planetas cercanos. Por lo tanto, tenía la impresión de un
espacio exterior inmenso, más allá del sistema solar, a una distancia
increíble. Atravesé con cautela el agujero, apoyándome en los bordes, y asomé
la cabeza con cuidado. Nada. Nada más que oscuridad. Nadie, nada material.
Retrocedí a toda prisa ante visión tan extraña. Volví a girar 180 grados, noté
que regresaba al cuerpo físico y me incorporé. Estaba a plena luz del día,
igual que cuando me había marchado hacía unos minutos. Tiempo transcurrido:
¡una hora y cinco minutos!
18/ 11/58.
Noche
Las
vibraciones empezaron con fuerza, pero nada más. Volví a pensar en
intentargirarme. Cuando lo hice, funcionó y giré despacio 180 grados. Apareció
la pared con el agujero y la oscuridad al otro lado. Esta vez fui más cauto.
Alargué el brazo con cautela en la oscuridad. Me quedé atónito cuando una mano
tomó la mía y me la estrechó. Parecía una mano humana, cálida al tacto. Retiré
la mano rápidamente tras el apretón. Volví a alargar el brazo despacio por el
agujero. La mano estrechó otra vez la mía y me dio una tarjeta. Retiré la mano
y «miré» la tarjeta. Tenía escrita una dirección. Devolví la tarjeta por el
agujero, hubo un nuevo apretón, retiré la mano, giré a la posición normal,
entré en el cuerpo físico y me incorporé. Absolutamente insólito. Tendré que
investigar esta dirección de Broadway, si está en Nueva York.
5/12/58.
Mañana
Giré
nuevamente y volví a encontrar el agujero. Con cierta precaución, me acerqué.
Esta vez introduje ambas manos. Al instante me agarraron otras dos manos.
Entonces me llamaron por mi nombre por primera vez en todos mis experimentos.
Una voz de mujer, suave, grave' apremiante (como si quisiera despertarme pero
sin sobresaltos), dijo:
«¡Bob,
Bob!». Cuando me repuse del susto, pregunté: «Cómo te llamas?» (¡siempre en
busca de material probatorio.). Cuando (pronuncié» estas palabras pareció haber
un intenso movimiento o actividad, como si hubieran creado el efecto de echar
una piedra a un lago o un estanque inmóvil, como una salpicadura, zambullida,
crujido o algo así. La voz repitió mi nombre yyo repetí mi pregunta, sin que
las dos manos soltaran las mías.
Para estar
seguro de que estaba consciente y de que estaba diciendo correctamente esas
palabras retiré las manos, giré 180 grados, volví a entrar en el cuerpo físico,
me incorporé y formulé la pregunta en voz alta. Quedé satisfecho, me tumbé,
giré y volví a hacer la pregunta por el agujero. No hubo respuesta. Lo seguí
intentando hasta que empecé a notar que las vibraciones disminuían; entonces
supe que ya no podía seguir en aquella situación y volví a girar al mundo
físico y la normalidad.
27/12/58.
Noche
Al notar las
vibraciones volví a encontrar el agujero. Hice acopio de fuerzas y asomé
despacio la cabeza. En cuanto lo hice oí una voz que decía entre excitada y
sorprendida: ((¡Ven aquí en seguida! ¡Mira!». Yo no veía a nadie (pudo deberse
a que tenía los ojos cerrados para aguantar el efecto de las vibraciones porque
la visión física distrae). Seguía estando todo a oscuras. La otra parte no
pareció acercarse, de manera que la voz volvió a llamar, excitada y apremiante.
Las vibraciones parecieron disminuir y yo retrocedí del agujero y giré para
volver al cuerpo físico sin incidentes dignos de mención. 15/1/59. Tarde
Por fin
llegaron las vibraciones y giré para volver a examinar el agujero. Allí estaba,
a 180 grados. Me sentía un poco nervioso cuando alargué la mano. Entonces
sonreí mentalmente y me relajé, diciendo para mí, bueno, tanto da si es una
mano como una zarpa o una garra, yo me siento bien. En esto una mano tomó la
mía y la estrechó. Yo devolví el apretón. Tuve la sensación
42
inequívoca
de ser bien acogido del otro lado. Regresé al cuerpo físico girando después de
ciertas dificultades. En mi excitación había olvidado las señales de giro y
vuelta a la normalidad.
21/1/59.
Noche
Para empezar
volví a probar con el agujero. Un vez comenzadas las vibraciones el giro se
efectuó con suavidad y entonces alargué el brazo dentro del agujero. Cuando
introduje el otro brazo fue como si algo punzante me excavara la palma de la
mano, igual que un gancho; y excavó más profundamente cuando intenté retirarla.
Cuando lo conseguí estaba algo alterado. Tenía la sensación de que el «gancho»
me había atravesado la mano. No es que me doliera, pero la sensación era
molesta. Giré para volver al cuerpo físico y me miré la mano derecha física No
había marcas ni me dolía (aunque sí tenía la sensación de que algo me la había
atravesado).
25/1/59.
Noche
Otro
experimento en el agujero con la misma pauta de vibraciones y giro de 180
grados. Volví a alargar con cuidado el brazo dentro del agujero. Una mano
volvió a tomar la mía y la agarré con fuerza (¡no tenía gancho!). Luego me pasó
a otra mano. Me solté despacio y palpé. Era un brazo con su hombro. Cuando me
disponía a seguir explorando las vibraciones parecieron suavizarse. Retiré el
brazo y giré para regresar al cuerpo físico. No hubo ninguna indicación de la
necesidad de regresar al cuerpo físico, ni brazos ni piernas en mala postura ni
ruidos. Probablemente el regreso se debió a algún sonido repentino.
5/2/59.
Tarde
Tal vez esté
justificada mi preocupación por el agujero. He seguido el mismo método de
acercamiento: vibraciones, giro de 180 grados, introducción del brazo; y al
principio no noté nada. Alargué más el brazo y de pronto fue como si hubiera
metido la mano en agua caliente cargada de electricidad (es la descripción que
más se aproxima). La retiré en seguida, giré y me incorpore ya en el cuerpo
físico. Noté un cosquilleo en la mano física. A juagar por la postura del
cuerpo, no se debía a la mala circulación. El entumecimiento y el cosquilleo
desaparecieron poco a poco en veinte minutos.
15/2/59.
Tarde Probé a entrar y salir verticalmente y después giré hacia el agujero.
Haciendo acopio de fuerzas, me zambullí en una corriente rápida, igual
que un
nadador que se lanzara a una poza. Noté el otro lado del agujero, y la pared
era igual que la de «mi» lado. Intenté «ver», pero no había nada más que la
absoluta oscuridad. Decidí resolver la cuestión de una vez por todas. Me aparté
del agujero y efectué una extensión en dirección
opuesta.
Empecé a
moverme despacio, pero en seguida aceleré. Seguí desplazándome más deprisa,
apenas con una leve sensación de fricción en el cuerpo. Seguí adelante a lo que
parecía ser una gran velocidad, esperando «llegar» a alguna parte. Al cabo de
un rato que se me hizo larguísimo empecé a preocuparme. Seguía sin «ver» ni
notar nada. Al final empecé a ponerme nervioso, temía perderme. Aminoré la
velocidad, me detuve, di media vuelta y
me extendí
hacia el agujero. Tardé tanto en la vuelta como en la ida. Estaba bastante
preocupado cuando delante de mí vi por fin la luz a través del agujero. Allí me
dirigí, lo atravesé, giré y me incorporé físicamente. ¡El tiempo transcurrido
había sido de tres horas y quince minutos!
23/2/59.
Noche
¡El agujero
está poblado! Esta tarde (a las siete, media) he experimentado las vibraciones
y el giro de 180 grados. Y en esta ocasión, sin muchas vacilaciones, me he
lanzado a través de él y he permanecido erguido. Me sentí inmediatamente en
presencia de alguien. Más que verle sentí su presencia (varón, me dio la
impresión). Por alguna razón incomprensible que sigo sin entender, aunque lo
recuerdo ahora con tranquilidad, me desplomé agradecido ante él y me eché a
llorar. Me calmé al momento, retrocedí cauteloso, atravesé el agujero, gire
para volver al cuerpo físico y me incorporé. ¿Quién sería? ¿Por qué actué yo
tan emocionalmente?
27/2/59.
Noche
Decidido a
encontrar más respuestas (o una siquiera!) sobre el agujero, pasé por las
vibraciones y el giro de 180 grados y lo atravesé con decisión. Seguía negro y
oscuro, pero no desagradable, sin manos ni presencias. Noté algo sólido por
debajo de mí y me esforcé en abrir los ojos y «ver». Lo hice y todo quedó a la
vista. Yo estaba de pie junto a un edificio (con más aspecto de granero que de
vivienda) sobre el que había una
extensa
pradera. Pensé en remontarme al cielo (azul diáfano, despejado), pero no pude
despegarme del suelo. Tal vez aquí tuviera peso. Á unos treinta metros había
algo parecido a una escalera de mano, me dirigí allí y vi que era una especie
de torre de unos tres metros de altura. Como un pájaro necesitado de espacio
para echarse a volar, tomé impulso para emprender el vuelo y fui derecho al
suelo con un golpetazo sordo. Me quedé tan sorprendido como un pájaro al que le
hubieran recortado las alas.
Me levanté y
comprendí que estaba actuando como un idiota. No estaba siguiendo los
procedimientos adecuados. Había que seguirlos incluso «aquí». Levanté los
brazos como para extenderme y ascendí con facilidad. Me desplazaba despacio por
encima del prado, disfrutando de la vista)/ de la exploración, cuando de
repente algo pasó volando a mi lado. Me di la vuelta y pude ver que se dirigía
al agujero de la pared No sé por qué me entró miedo de que se tratara de algo
que quisiera entrar en mi cuerpo, de manera que di media vuelta en pleno vuelo
y me dirigí al agujero. Demasiado tarde, para cuando caí en la cuenta de que lo
que yo había tomado por un agujero era una ventana lateral del edificio, ya
estaba dentro y a oscuras. Tanteé y reconocí la forma del agujero. Lo atravesé,
giré y me incorporé en el cuerpo físico.
Todo parecía
normal y yo estaba en el sitio adecuado, el tiempo transcurrido era el normal y
volví a intentarlo. Las vibraciones eran todavía fuertes, de modo que giré 180
grados, atravesé el agujero y salí al resplandor. En este viaje fui más
observador, vi a dos personas, un hombre y una mujer, sentados en unas sillas
fuera del edificio. No pude establecer contacto con el hombre, pero la mujer
(no tenía otro rasgo físico aparte de éste) pareció darse cuenta de que yo
estaba allí. Le pregunté si sabía quién era yo, pero no pude obtener de ella
más que su sensación: ella percibía mi presencia allí. Las vibraciones
empezaron a
desvanecerse de manera que regresé, atravesé el agujero, giré y me incorporé.
El tiempo total del episodio fue de cuarenta minutos.
¿Qué
conclusiones pueden extraerse de estos experimentos? A primera vista parece una
insólita alucinación. Pero al mismo tiempo las observaciones presentan una
secuencia de desarrollo.
Primero, no
parece haber ningún testimonio semejante en la historia escrita para establecer
una comparación. Éstos no fueron incidentes espontáneos, sino deliberadamente
planeados y repetidos con sistematicidad. Como tales, deberían aparecer como un
caso único.
Segundo, el experimento se repetía según una secuencia fija: (1) las vibraciones, seguidas de (2) el giro de 180 grados y (3) la aparición del «agujero». El experimento no se realizó una sola vez, sino en once ocasiones. El giro de 180 grados da pie a una especulación interesante. La referencia al «desfase» y el desplazamiento aparentemente idéntico en oposición exacta merece la atención de los físicos. Los estudios ondulatorios de las relaciones de fase aplicadas a este caso podrían suministrar una teoría fructífera.
La oscuridad del agujero era, una limitación mía a la hora de «ver». Me impuse una restricción de la visión desde los primeros experimentos porque me pareció que era un requisito fundamental para mantener las vibraciones. Lo demuestra el hecho de que cuando decidió o intenté ver, lo conseguí. Habría sido muy interesante si hubiera utilizado mi visión durante el largo «vuelo» exploratorio. Se podría haber aprendido mucho.
La experiencia de las «manos» desafía toda explicación. No hay pruebas que indiquen que yo estaba condicionado o sugerido la primera vez que descubrí la mano. Sin embargo, la segunda vez y las siguientes podrían haber obedecido a esa causa. Pero esto no invalida en modo alguno la primera impresión. La tarjeta con la dirección podría corresponder a un recuerdo del pasado, asociado con el apretón de manos de un primer encuentro. Sigue siendo inexplicable la «excavación» del «gancho» en mi mano.
Oír el propio nombre no es tan insólito en otras circunstancias. Hay numerosos testimonios de cuentos voces de origen indefinido tanto en el estado de vigilia como en el de sueño. Se han formulado varias teorías psicológicas para explicar este hecho con éxito relativo.
Lo más interesante de todo es el descubrimiento por terceros de mi paso a través del agujero. Según los informes publicados de otros experimentadores, el paso a través del «agujero» era visible para una persona o inteligencia situada en un punto determinado, no cerca del mismo. Si esto sigue la pausa de otros informes sobre el mismo tema, el factor tiempo sería idéntico. Pero no hay forma alguna de verificarlo.
Mi emotiva reacción ante el encuentro con «Alguien» tuvo muchos aspectos de experiencia mística. Es significativo el hecho de que tuviera una humilde sensación de éxtasis que fue capaz de provocar una descarga emocional. Esto fue el comienzo. Siguió una serie de experimentos notables por la consistencia de los datos que arrojaron; Además, desafiaron cualquier explicación histórica. El intelecto curioso no puede desdeñar la experiencia colectiva como si fuera una alucinación.
En resumidas cuentas, el Escenario ll resultó ser un mundo de materia física casi idéntico a nuestro. El medio natural es el mismo. Hay árboles, casas,
ciudades,
personas, objetos y todos los demás elementos de una sociedad razonablemente
civilizada. Hay casas, familias, empresas y personas que trabajan para ganarse
la vida. Hay carreteras por donde transitan los vehículos. Hay trenes y vías.
Vayamos con
el «casi». Al principio, pensé que el Escenario Ill no era más que una parte de
nuestro mundo que me era desconocida a mí y a las demás personas preocupadas
por estos asuntos. Tenía todo el aspecto de ser así. Sin embargo, un estudio
más atento demostró que no pude ser ni el presente ni el pasado de nuestro
mundo de materia física.
El
desarrollo científico es muy peculiar. No hay ninguna clase de aparatos
eléctricos. La electricidad, el electromagnetismo y cosas por el estilo son
inexistentes. No hay luz eléctrica, teléfono, radio, televisión ni energía
eléctrica.
No existe
combustión interna, gasolina ni petróleo como fuente de energía. Sin embargo, se
utiliza energía mecánica. Un
examen
atento de una locomotora que tiraba de un tren de viejos vagones de pasajeros
reveló que funcionaba a vapor. Los vagones parecían de madera y la locomotora
de metal, pero tenían una forma distinta a la de nuestros modelos ya obsoletos.
Las vías eran mucho menores que las nuestras, menores incluso que las de los
ferrocarriles de montaña de vía estrecha. Observé con detalle cómo se
alimentaba una de las locomotoras. No se utilizaba madera ni carbón como fuente
de calor para producir vapor. Al contrario, se soltaban grandes contenedores en
forma de cuba debajo del depósito y se transportaban a un edificio de grandes
muros. Los contenedores tenían unas pequeñas protuberancias en forma de
tuberías en la parte superior. Esta operación la ejecutaban con sumo cuidado
varios hombres protegidos por escudos que no aflojaban la vigilancia hasta que
los contenedores estaban dentro del edificio a puerta cerrada. El contenido era
«caliente», bien por calor o por radiación. Todos los actos de los técnicos
parecían indicar esto último.
Calles y
carreteras son diferentes, también por el tamaño. Los «carriles» por donde van
los vehículos son casi el doble de anchos que los nuestros. Su versión de
nuestro automóvil es mucho mayor. En el asiento del vehículo más pequeño caben
cómodamente cinco o seis personas. Salen de fábrica únicamente con un asiento
fijo, el del conductor. El resto parecen sillas de cuarto de estar, dispuestas
alrededor de un compartimiento que mide entre cinco y siete metros. Emplean
ruedas, pero sin neumáticos hinchables. En vez de volante utilizan una simple
barra horizontal. El combustible lo llevan en la parte de atrás. No corren
mucho, entre veinticinco y cincuenta kilómetros por hora. El tráfico no es
intenso.
Existen
vehículos autopropulsados en forma de plataformas de cuatro ruedas conducidos
con los pies sobre las ruedas delanteras. Un mecanismo accionado por los brazos
transmite energía a las ruedas traseras, igual que los coches de juguete «de
remos» de años atrás. Se utilizan para distancias cortas.
Los hábitos
y costumbres no son como los nuestros. Lo poco que se ha revelado deja ver un
trasfondo histórico con hechos, nombres, lugares y fechas diferentes. Sin
embargo, aunque su estadio evolutivo humano (la mente consciente deduce que son
humanos) parece ser idéntico, la evolución
técnica y
social no son completamente iguales.
El
descubrimiento más importante se produjo una vez que pude acumular la valentía
suficiente para efectuar largas expediciones por el Escenario lIl. Pese a los
primeros indicios, las personas de allí no fueron conscientes de mi presencia
hasta que conocí y me «mezclé» temporal e involuntariamente con uno que sólo
puede ser descrito como el «yo» que vive «allí». La única explicación que se me
ocurre sobre esto es que yo, plenamente consciente de vivir y estar «aquí», fui
atraído y empecé a habitar el cuerpo de una persona de allí que era muy
parecida a mi.
Cuando se
produjo esto (y empezó a ser un proceso automático al entrar en el Escenario
II!) me limité a adueñarme de «su» cuerpo. No había consciencia de su presencia
mental cuando le desplazaba temporalmente. Mi conocimiento sobre él, de sus
actividades y de su pasado, me los proporcionó su familia y lo que era
evidentemente su banco cerebral de recuerdos. Aunque yo sabía que no era él,
podía sentir objetivamente las pautas emocionales de su pasado. Me he
preguntado por los problemas que he podido causarle como resultado de los
períodos de amnesia debidos a mis «invasiones». Algunas deben de haberle
provocado mucho malestar.
Ésta es su
vida: «Yo allí» era un hombre bastante solitario en mi primera «invasión». No
había triunfado particularmente en su campo (arquitecto/contratista), pero
tampoco era demasiado gregario. Procedía de lo que puede clasificarse como un
grupo de escasos ingresos y había conseguido ir a una universidad de segunda
fila. Comenzó a ejercer su profesión en un trabajo ordinario en una gran
ciudad. Vivía en la segunda planta de una casa de pisos e ¡ba a trabajar en autobús.
La ciudad le
resultaba extraña y tenía pocos amigos. (Por cierto, el autobús era muy amplio,
con filas de ocho asientos dispuestas en forma de gradas por detrás del
conductor para que todos pudieran ver la carretera por donde iban). Mi primera
invasión se produjo cuando él estaba apeándose del autobús. El conductor le
miró extrañado cuando intentó pagar el billete. Al parecer allí no lo cobran.
La siguiente invasión se produjo en medio de una crisis emocional. «Yo allí» conoció a Lea, una mujer joven y rica con dos hijos, niño y niña, ambos menores de cuatro años. Lea era una persona triste, melancólica y algo meditabunda, que parecía haber sufrido alguna grave tragedia en su vida. Esto tenía alguna relación con su antiguo marido, pero no estaba claro. «Yo allí» la conoció por casualidad y quedó prendado de ella. Los dos niños encontraron en él un gran compañero. Lea manifestó un interés relativo en. su primer encuentro. Lo que más le atrajo fue la atención y calidez para con los niños.
Algún tiempo después se produjo una invasión. Cuando Lea y «Yo allí» anunciaron a lo,s amigos (los amigos de ella) que iban a «casarse» (esto tiene una connotación algo distinta), éstos se quedaron consternados, sobre todo porque no habían pasado más que treinta días desde que había ocurrido un importante suceso en la vida de Lea (divorcio, fallecimiento de su marido o alguna enfermedad). «Yo allí» seguía prendado y Lea seguía triste e introspectiva.
Se produjo otra invasión cuando Lea y «Yo allí» estaban viviendo en una casa en un entorno bucólico. La casa estaba sobre una loma, tenía largas ventanas.
rectangulares y los aleros del tejado muy amplios, como los de una pagoda. El ferrocarril bordeaba la loma a unos trescientos metros de distancia, las vías rectas trazaban una curva alrededor de la loma y tomaban la izquierda una vez rebasada. La escalera de la loma estaba cubierta de hierba de color verde intenso desde las mismas escaleras de la casa. «Yo allí» tenía un taller donde trabajaba detrás de la casa.
En esta ocasión Lea entró en el taller y se acercó a la mesa en el preciso momento en que yo acababa de sustituir a «Yo allí».
«Los obreros quieren pedirte prestadas algunas herramientas», dijo.
Le lanzó una mirada inexpresiva. Como no sabía qué decirle le preguntó qué obreros.
«Los que están trabajando en la carretera, por supuesto». No había notado nada raro.
Sin darme cuenta del efecto que tendría, dije que no había obreros trabajando en la carretera. Al oírlo, me miró con gesto de extrañeza. Yo no tenía ni idea de cómo actuar, por lo que abandoné su cuerpo y volvió a atravesar el agujero. Otra invasión reseñable fue cuando «Yo allí» había montado su laboratorio. No estaba completamente calificado para efectuar investigaciones, pero había decidido que podía realizar algún que otro descubrimiento nuevo. Había adquirido (quizás con ayuda de la riqueza de Lea) un enorme almacén, y allí levantó tabiques de separación para crear pequeñas salas y estaba llevando a cabo algunos experimentos. En medio de uno de ellos le desplacé en su cuerpo, pero no supe dar con lo que tenía que hacer a continuación. En ese momento entró Lea con una visita para enseñarles las reformas que había realizado en el edilicio. Yo (en el cuerpo de «Yo allí») fui incapaz de articular palabra cuando Lea me pidió que les contara las obras que había hecho.
Un poco
molesta por la embarazosa situación, Lea llevó a la pareja a otra sala. Dudé de
si «Yo allí» debería haberles seguido. Me esforcé en «sentir» el tipo de
actividades que él podría haber estado realizando. Todo lo más que pude
conseguir fue decir que había estado intentando desarrollar nuevas formas de
diversión teatral, diseñando escenarios, iluminaciones, montajes, todo ello en
un intento de convertir el espectáculo teatral en una experiencia fuertemente
subjetiva. Con este éxito a medias en los recuerdos de él, abandoné su cuerpo
cuando les oí regresar para no complicarle más la vida.
Otra
invasión se produjo durante unas vacaciones en la montaña. «Yo allí», Lea y los
dos niños iban por una serpenteante carretera de montaña, cada uno de ellos en
el vehículo autopropulsado descrito más arriba. Le «invadí» sin darme cuenta al
terminar una cuesta abajo y comenzar una cuesta arriba. Sin saber manejar el
vehículo, traté de subir la cuesta y no tardé en salirme de la carretera para
ir a dar contra un montón de tierra. Los demás aguardaron a que yo volviera a
la carretera, y yo murmuré que había mejores formas de divertirse que ésta.
Esto provocó algo en Lea, que de repente se calló. No sé por qué. (Seguro que
«Yo allí» sí). Le conté que yo no era quien ella creía y me di cuenta de que
esto empeoró las cosas. Me «marché», regresando al agujero y al mundo físico.
En
invasiones posteriores «Yo allí» y Lea ya no vivían juntos. Él había alcanzado
cierto éxito, pero algún acto suyo le había hecho alejarse a ella. Como estaba
solo, pensaba en ella constantemente lamentando la debilidad suya que tanto le
desagradó a ella. Se la encontró una vez por casualidad en
una gran
ciudad y le suplicó que lo dejara visitarla. Ella le dijo que sí, para ver qué
tal iban las cosas. Vivía en el equivalente a un piso, en la planta tercera de
un edificio residencial. Él prometió ir.
Lo malo es
que «Yo allí» perdió u olvidó la dirección que ella le dio y, en la última invasión,
era un hombre solitario y frustrado. Estaba convencido de que Lea interpretaría
el hecho de que hubiera perdido la dirección como indiferencia por su parte o
como otro ejemplo de su inestabilidad. Él estaba trabajando, pero dedicaba el
tiempo libre a intentar encontrar a Lea y los niños.
¿Qué
conclusión puede extraerse de todo esto? A juzgar por las circunstancias, no
precisamente idílicas, no se trata de una evasión de la realidad a través del
inconsciente. Ni tampoco es la clase de vida que uno podría elegir para
disfrutarla a través de otra persona. Sólo caben especulaciones, que deben
tener en
cuenta conceptos inaceptables para la ciencia de hoy día. Sin embargo, la
actividad vital «dual pero diferente» puede ofrecer alguna pista acerca de
«dónde» está el Escenario lll.
La
conclusión más importante es que el Escenario lll v el Escenario | (Aquí y
Ahora) no son lo mismo. Esto se basa en las diferencias en el desarrollo
científico. El Escenario Ill no es más avanzado, quizás lo sea incluso menos. La
ciencia no ha estado nunca en el estadio de desarrollo del Escenario l!l en
ningún momento de nuestra historia conocida. Si el Escenario lIl no es ni el
pasado conocido ni el presente ni tampoco el futuro probable del Escenario |,
¿qué es? No forma parte del Escenario ll, donde no se necesita o se utiliza más
que el pensamiento.
Podría ser
un recuerdo, racial o de otro tipo, de una civilización física terrestre
anterior a la historia conocida. Podría ser otro mundo terrestre situado en
otra parte del universo, accesible de alguna manera mediante manipulación
mental. Podría ser un duplicado antimateria de este mundo físico terrestre,
donde somos lo mismo, aunque diferente, enlazados pieza a pieza por una fuerza
que rebasa con mucho nuestra comprensión actual.
El doctor
Leon M. Mederman, profesor de Física de la Universidad de Columbia, ha
declarado: «La física elemental es completamente coherente con la concepción
cosmológica de un antimundo literal de estrellas y planetas compuesto de átomos
de antimateria o, dicho de otro modo, núcleos negativos rodeados de electrones
positivos. Ahora podemos alimentar la intrigante idea de que estos antimundos
están poblados de antipersonas, cuyos anticientíficos están quizás ahora mismo
entusiasmados por el descubrimiento de la materia».
7 POST
MÓRTEM
El
reconocimiento de la existencia del Segundo Cuerpo lleva aparejada la pregunta
que la humanidad se hace desde el día en que aprendió a pensar: ¿seguimos
viviendo?, ¿hay vida más allá de la tumba? Las religiones nos dicen que
creamos, que tengamos fe. Esto no es suficiente para el pensador silogístico en
busca de premisas válidas que sean claras y lleven a conclusiones ineludibles.
Todo lo más
que yo puedo hacer es ser relator objetivo de mi experiencia subjetiva. Quizás
mis premisas sean válidas para quien lea este libro.
Sí. Este
fragmento abre una posibilidad mucho más radical que la del Escenario II,
porque aquí aparece algo que en el texto anterior todavía no estaba
suficientemente elaborado: la diferencia no está solamente entre dos mundos,
sino dentro de la identidad misma.
Y creo
que aquí conviene hacer una contraalteración importante de nuestra lectura
anterior: el Escenario III no debe entenderse simplemente como “otro mundo
físico”, ni siquiera como un tercer nivel de realidad. Lo más fecundo para la
Ciencia del Logos es leerlo como una imagen narrativa de la
desidentificación del sujeto consigo mismo.
1. La señal en el cielo: cuando la denuncia se
convierte en estructura
La
primera escena es extraordinariamente significativa.
Una mujer
rica quiere vengarse de una iglesia que, según el relato, le prometió el cielo
a cambio de dinero y no cumplió. Entonces utiliza precisamente su riqueza y
poder para construir una señal que permanece eternamente.
Aquí
aparece una paradoja:
dinero →
poder → denuncia de la apropiación → nueva apropiación
La mujer
denuncia que una institución quiso comprar el cielo, pero utiliza su
propia capacidad de acumulación para imponer una señal eterna sobre el cielo.
La señal
dice, en cierto modo:
«Esta
institución mintió.»
Pero para
que esa denuncia permanezca eternamente, ella necesita convertirla en una estructura
inmutable.
Entonces
tenemos:
apropiación
religiosa → indignación → venganza → apropiación del cielo → señal eterna
Y esto
toca directamente tu E7.
La señal
no puede ser eliminada.
Por eso
se convierte en un problema para toda ciencia posterior.
La ironía
es magnífica: aquello que nació como contraalteración de una injusticia
termina convertido en una determinación inmutable.
Es decir:
alteración
→ contraalteración → fijación de la contraalteración
Ahí
aparece la enfermedad de la contraalteración.
No basta
con alterar el sistema. Incluso la alteración puede convertirse en sistema.
2. La señal es casi una
imagen de la herida cibernética
Los
símbolos son:
hombre +
mujer anciana + casa + ecuaciones
Es decir:
persona +
relación + mundo + cálculo
Y todo
queda inscrito en el cielo.
La señal
convierte una experiencia histórica en una mediación permanente.
Pero hay
algo aún más interesante: la señal no puede ser destruida ni siquiera por la
ciencia.
Entonces
el texto presenta una situación en la que el conocimiento científico tiene que
aceptar un objeto que no produjo y no puede eliminar.
Eso es
precisamente lo que en tu Ciencia del Logos llamamos acontecimiento.
La
ciencia normalmente funciona así:
objeto →
observación → representación → conocimiento
Pero aquí
ocurre:
acontecimiento
→ representación → objeto irreductible
La señal
obliga a la ciencia a incorporarla sin haber podido producirla.
Por eso
la señal es una especie de acontecimiento solidificado.
Y ahí
aparece el peligro:
acontecimiento
→ señal → institución del acontecimiento
La
contraalteración vuelve a cosificarse.
3. La Barrera es mucho más
importante que el Escenario II
Aquí creo
que está uno de los puntos centrales del fragmento.
El autor
distingue entre:
Barrera
y
traducción
de la experiencia.
La
Barrera borra el recuerdo.
La
traducción intenta interpretar aquello que la conciencia no puede comprender.
Esto nos
permite hacer una distinción muy precisa:
Barrera ≠
representación
La
Barrera sería un límite de acceso.
La
traducción sería una producción de sentido.
Y esto
coincide sorprendentemente con tu problema del entre.
Porque el
sujeto no recibe el acontecimiento “puro”.
Recibe:
acontecimiento
→ conciencia → traducción
Pero la
traducción puede equivocarse.
Por eso
el texto dice que incluso las experiencias del Escenario II pueden ser
malinterpretadas cuando se observan desde el Escenario I.
Entonces
aparece:
acontecimiento
→ representación → interpretación → posible error
Y aquí
encontramos algo que ya habíamos establecido en la Ciencia del Logos:
verdad
acontece → se representa → se interpreta → se redevela → vuelve a acontecer
La
representación no es necesariamente falsedad.
Pero
tampoco es la verdad.
Es una mediación
respiratoria.
4. Y ahora aparece algo
todavía más interesante: el agujero
Aquí el
texto se vuelve filosóficamente extraordinario.
El sujeto
gira 180 grados.
Y aparece
un agujero exactamente con la forma de su propio cuerpo.
Eso
significa que el acceso al otro lado no aparece mediante una puerta externa.
Aparece
mediante una inversión de sí mismo.
No es:
yo → otro
mundo
sino:
yo →
inversión → agujero → otro
Y el
agujero tiene la forma del propio cuerpo.
Esto
permite una lectura mucho más cercana a tu estructura:
1 → 0 → (
) → 0 → 1
No
afirmaría que esa es la intención del autor; es nuestra redecomprensión filosófica
del relato.
El
agujero no es simplemente un túnel.
Es la forma
vaciada de la identidad.
El sujeto
puede atravesar cuando su propia forma deja de funcionar como clausura.
5. El giro de 180° es una
contraalteración del punto de vista
El texto
especula con “polaridad”, “equivalencia” y “desfase”.
Pero para
nosotros lo importante no es si físicamente existe una inversión de fase.
Lo
interesante fenomenológicamente es:
para
salir de sí mismo, el sujeto tiene que invertir su orientación.
No
abandona el cuerpo mediante una simple extensión.
Primero:
giro
Después:
agujero
Después:
oscuridad
Después:
contacto
Eso se
parece mucho más a una respiración ontológica que a un desplazamiento espacial.
identidad
→ inversión → apertura → alteridad
Y luego:
alteridad
→ retorno → identidad alterada
Es decir:
1 → ( ) →
0 → ( ) → 1'
El último
1 ya no es exactamente el primero.
6. Las manos son más
importantes que la visión
Observa
la secuencia.
Primero
hay oscuridad.
Luego:
mano →
apretón → tarjeta → dirección
Después:
mano →
nombre
Después:
mano →
bienvenida
Es
extraordinario porque el contacto precede al conocimiento.
El sujeto
quiere siempre saber:
«¿Quién
eres?»
Pero
antes de saber quién está allí, alguien le toma la mano.
Esto es
casi una inversión de la epistemología clásica:
conocer →
relacionarse
se
transforma en:
relacionarse
→ poder conocer
Aquí
tenemos una formulación muy próxima a tu ( ):
yo ↔ mano
↔ otro
Pero la
mano no se convierte en propiedad de ninguno.
No hay
todavía:
yo
conozco al otro → el otro queda determinado por mí.
Hay:
contacto
→ reconocimiento → apertura
Eso es
muy cercano a communio sintransferencial.
7. Y el episodio de
“Alguien” lleva esto hasta la vulnerabilidad
El
23/2/59 ocurre algo todavía más fuerte.
El
narrador atraviesa el agujero y siente una presencia.
No sabe
quién es.
No sabe
qué es.
Y se
desploma llorando.
Esto es
importante porque el conocimiento desaparece justo cuando aumenta la
experiencia.
Tenemos:
conocimiento
↓
presencia ↑
No
significa que la ignorancia sea automáticamente espiritual.
El punto
es otro:
la
presencia no queda subordinada a la identificación.
El
narrador no dice:
“sé quién
es, por tanto puedo relacionarme”.
Primero
acontece la relación.
Después
vendría, eventualmente, la interpretación.
Esto toca
directamente nuestra conversación sobre Sócrates:
sé que no
sé → vulnerabilidad → presencia
Y
también:
1 → 1/2 →
( )
La herida
no es eliminada.
La
presencia la atraviesa.
8. Pero el Escenario III
introduce una cosa que el II no tenía: otro yo
Aquí
está, para mí, el corazón de todo el fragmento.
El narrador
encuentra un hombre que parece ser:
“Yo
allí”.
No es
simplemente otra persona.
Es
alguien muy parecido a él.
Y sucede
algo terrible:
el
narrador ocupa su cuerpo.
Esta
palabra del texto es decisiva:
“me
limité a adueñarme de «su» cuerpo.”
Aquí
aparece nuevamente la apropiación.
Y ahora
podemos ver que el problema del Escenario III no es simplemente ontológico.
Es ético
y cibernético.
Porque el
sujeto que pretende explorar otro mundo termina apropiándose de otro sujeto.
Tenemos:
yo → otro
yo → invasión → desplazamiento → amnesia del otro
Esto es
exactamente aquello que tu tercer orden intenta impedir:
entrar en
el entre no significa ocupar el lugar del otro.
El
narrador atraviesa la barrera, pero todavía no sabe habitar el entre.
Lo
invade.
9. Por eso “dual pero
diferente” es una fórmula extraordinaria
El texto
dice:
actividad
vital “dual pero diferente”
Esta
fórmula merece ser llevada mucho más lejos.
No es:
uno = uno
ni:
uno ≠
otro absolutamente
sino:
yo ↔
yo-otro
Aquí tu
fórmula:
1 ≠ 0
adquiere
una dimensión nueva.
El “yo
allí” no es idéntico al narrador.
Pero
tampoco es completamente otro.
Podríamos
escribir:
Yo aquí ≠
Yo allí ↔ ( )
No hay
identidad.
Pero
tampoco hay separación absoluta.
El
problema aparece cuando el narrador transforma:
diferencia
relacional
en
ocupación
corporal.
Entonces:
diferencia
→ apropiación → invasión
Eso es
precisamente una transferencia sin retransferencia.
10. Y entonces aparece la
culpa del experimento
Hay un
pasaje que cambia completamente la lectura:
“Me he
preguntado por los problemas que he podido causarle como resultado de los
períodos de amnesia debidos a mis «invasiones».”
Aquí el
narrador comienza a descubrir la dimensión ética de su propia experiencia.
Antes
preguntaba:
¿qué es
este mundo?
Ahora
aparece:
¿qué le
estoy haciendo al otro?
Ese
desplazamiento es decisivo.
Es el
paso de:
ontología
→ ética
pero
nosotros podemos redecomprenderlo como:
experiencia
→ alteración → contraalteración
Porque el
otro no solamente es objeto de conocimiento.
El otro contraaltera
al explorador.
11. Lea introduce el
acontecimiento relacional
La relación
con Lea profundiza todavía más la cuestión.
El
narrador entra en el cuerpo de “Yo allí”, pero descubre que no puede
simplemente ocuparlo.
¿Por qué?
Porque
Lea reconoce una continuidad relacional que él no posee.
Ella sabe
cosas que él no sabe.
Recuerda cosas
que él no recuerda.
Percibe
anomalías.
Por eso
el narrador empieza a descubrir algo fundamental:
la
identidad no está solamente dentro del cuerpo.
Está
distribuida en:
memoria +
cuerpo + lenguaje + relaciones + historia + afectos
Aquí
aparece algo muy próximo a tu Ahayu.
El sujeto
no puede reducirse a su interioridad.
“Yo allí”
existe también en el tejido de relaciones que lo reconoce.
12. El episodio de los
obreros es casi una demostración experimental de la identidad como biotejido
Lea dice:
“Los obreros
quieren pedirte prestadas algunas herramientas.”
El
narrador responde:
“¿Qué
obreros?”
Y
después:
“no había
obreros trabajando en la carretera.”
Ahí se
produce la ruptura.
Porque
“Yo allí” sabe algo que el narrador no sabe.
El cuerpo
contiene una historia relacional que no es inmediatamente accesible al intruso.
Entonces:
cuerpo ≠
sujeto completo
y
también:
memoria ≠
sujeto completo
Hay un
biotejido que excede al observador.
Esto es
profundamente compatible con tu crítica al segundo orden.
El observador
cree:
yo
observo → por tanto conozco
Pero el
sistema responde:
tú estás
dentro de una relación que no puedes observar completamente.
13. Y aquí la IA tendría un
problema fundamental
Esto
conecta directamente con nuestro trabajo sobre Mises.
Mises pregunta:
¿cómo
coordinar un sistema cuya información está distribuida?
Aquí el
Escenario III ofrece una imagen extrema:
la
información del sujeto está distribuida entre múltiples relaciones y múltiples
perspectivas.
“Yo allí”
posee:
- memoria,
- vínculos,
- historia,
- emociones,
- competencias,
- compromisos,
- relaciones con Lea,
- relaciones con los niños,
- trabajo,
- proyectos.
El
explorador no puede descargar todo eso.
No puede
simplemente acceder a una base de datos.
Y por eso
fracasa.
Esto es
una crítica narrativa potentísima a la idea de que:
información
total = conocimiento total
No.
Podríamos
formularlo así:
información
→ relación → contexto → acontecimiento
La
información sin biotejido puede ser insuficiente.
14. El Escenario III
muestra el límite de la IA-1
Aquí podemos
recuperar nuestras tres IA:
IA-1
calcula
Podría
registrar:
persona →
memoria → trabajo → familia → ubicación → acciones
Pero no
podría simplemente convertirse en “Yo allí”.
Porque
una identidad no es solamente un conjunto de variables.
IA-2
contraobserva
Detectaría:
- contradicciones;
- información ausente;
- perspectivas distintas;
- relaciones ocultas;
- sesgos del observador.
Esto ya
se acerca mucho más.
IA-3
Pero
tendría que detectar algo aún más profundo:
“No puedo
ocupar este lugar sin alterar aquello que pretendo conocer.”
Eso es el
verdadero salto.
No
simplemente:
datos
insuficientes
sino:
posición
del observador constitutivamente implicada.
Y ahí
aparece ( ).
15. El agujero no es
entonces una puerta
Creo que
esta es la redecomprensión decisiva.
Al principio
podemos pensar:
agujero =
puerta hacia otro mundo
Pero
después de leer todo el episodio del “Yo allí”, eso resulta insuficiente.
El
agujero funciona mejor como:
apertura
entre dos determinaciones que no pueden reducirse una a otra.
Por eso:
Escenario
I ↔ ( ) ↔ Escenario III
Y no:
Escenario
I → Escenario III
El
agujero no conecta simplemente dos lugares.
hace
visible la diferencia entre dos modos de existencia.
16. El propio texto
descubre su límite
El autor
quiere explicar el Escenario III mediante:
- civilización anterior;
- otro planeta;
- antimateria;
- duplicado;
- antipersonas.
Pero
todas esas hipótesis vuelven a convertir la apertura en un objeto.
Es decir:
acontecimiento
→ hipótesis → objeto explicativo
La mente
vuelve a cerrar.
Y esto
coincide exactamente con nuestra crítica al Escenario II.
En el II:
preferencia
→ ley → organización
En el
III:
diferencia
→ hipótesis → mundo alternativo
Pero en
ambos casos existe el mismo problema:
la
apertura termina convertida en una determinación.
17. Aquí aparece la
verdadera tercera orden
La
tercera orden no sería:
Escenario
I + Escenario II + Escenario III
No es
agregar niveles.
Sería:
Escenario
I ↔ Escenario II ↔ Escenario III ↔ ( )
Y ( ) no sería un cuarto escenario.
Es
justamente aquello que impide que cualquiera de los tres se convierta en
totalidad.
Entonces:
I no
absorbe III.
III no absorbe I.
II no explica definitivamente a I ni a III.
Y
tampoco:
( ) = un
cuarto mundo.
Porque en
cuanto convirtiéramos ( ) en mundo, volveríamos a
cerrarlo.
18. La “imagen invertida”
adquiere entonces otro sentido
El
capítulo se llama:
IMAGEN
INVERTIDA
Y esto es
perfecto para tu problema de la contraalteración.
Una
imagen invertida no es simplemente otra imagen.
Es la
misma relación vista desde otra orientación.
Entonces
podemos escribir:
imagen →
inversión → diferencia → reconocimiento → reinversión
El
peligro sería:
imagen
invertida → nueva identidad
La
respiración sería:
imagen ↔
imagen invertida
Y el
entre:
imagen ↔
( ) ↔ imagen invertida
Esto
permite comprender el “Yo allí” sin convertirlo inmediatamente en “otro yo
real” ni reducirlo a una simple fantasía.
19. Y hay una escena que
considero especialmente importante para tu concepto de Espíritu
El
narrador dice que en una de las experiencias:
se
desploma agradecido ante Alguien y llora.
No sabe
quién es.
No sabe
dónde está.
No posee
una teoría.
No puede
verificar.
Pero
acontece una respuesta corporal-afectiva.
Esto
puede leerse como:
presencia
→ vulnerabilidad → gratitud → lágrimas
y no
como:
conocimiento
→ certeza → fe
Es una
diferencia enorme.
La
experiencia espiritual no aparece porque el sujeto haya conseguido dominar el
código.
Aparece
precisamente cuando el código falla.
Pero —y aquí está la contraalteración— eso tampoco permite declarar que toda experiencia de fallo del código sea Espíritu .
No podemos certificarlo.
Porque:
certificar Espíritu → convertir Espíritu en identidad → apropiarlo
Por eso tu fórmula anterior adquiere aquí una precisión mayor:
←E9→
No significa “sé que estoy en el Espíritu”.
Significa que la respiración puede acontecer sin poder convertirse en propiedad del sujeto .
20. El capítulo de “Post mortem” empieza, por tanto, con una pregunta equivocada —pero fecunda
El texto pregunta:
“¿seguimos viviendo?”
Pero después de todo lo que acabamos de leer, quizás la pregunta más profunda sea:
¿Qué significa seguir siendo el mismo cuando la identidad ya no coincide consigo misma?
Porque tenemos:
Yo aquí
y
Yo allí
y ninguno puede absorber completamente al otro.
Entonces la pregunta por la supervivencia cambia:
¿sobrevive una identidad?
o
¿Continúa un biotejido de relaciones que nunca fue propiedad exclusiva de esa identidad?
Ahí entramos directamente en tu Ahayu.
21. Y esto modifica nuestra lectura anterior del Escenario II
Ahora podemos construir una secuencia mucho más precisa:
Escenario I
cuerpo → mundo → identidad → institución
Escenario II
pensamiento → preferencia → experiencia → organización
Escenario III
identidad → inversión → diferencia → otro yo → relación
Pero el tercer orden no sería simplemente el III.
Sería:
I ↔ II ↔ III ↔ ( )
Porque incluso el Escenario III puede ser apropiado.
Y de hecho el propio narrador lo demuestra cuando dice:
“me limité a adueñarme de «su» cuerpo.”
El explorador del otro mundo reproduce la misma lógica de apropiación que pretendía investigar.
Eso es exactamente una contraalteración que todavía no ha alcanzado E7 .
22. Podemos formular el movimiento completo
Me parece que este fragmento permite una fórmula muy fuerte para nuestra lectura:
Escenario I: 1 → 0 → 1
Escenario II: 1 → código → experiencia
Escenario III: 1 → inversión → otro 1
Pero la respiración ontológica exige:
1 → 1/2 → ( ) ← 1/2 → 1'
Y aquí el segundo 1 ya no puede ser idéntico al primero.
Más radicalmente:
1 → 1/2 → ( ) ← 1/2 → 10
Porque el acontecimiento no devuelve simplemente al sujeto a sí mismo.
Puede redimir la identidad de su propia apropiación .
23. La gran paradoja del fragmento
El autor quiere demostrar científicamente que existe otro mundo.
Pero sus propios experimentos muestran algo mucho más interesante:
el problema no es demostrar otro mundo.
El problema es que el sujeto no puede conocer otro mundo sin alterar su propia identidad y la identidad de aquellos con quienes entra en relación.
Eso cambia completamente el estatuto del experimento.
Ya no es:
observador → objeto
sino:
observador → entrada → alterada → contraalteración → observador alterado
Eso sí es profundamente compatible con tu biodramaturgia .
El
experimento mismo se convierte en acontecimiento.
Y aquí
Mises, Nussbaum, The Society y este texto empiezan a converger desde
lugares muy distintos:
Mises: no existe coordinación sin una
red de relaciones que exceda al coordinador.
Nussbaum: no existe vida buena
completamente inmunizada frente a la fortuna.
The
Society: una
institución que pretende estabilizar la comunidad puede convertirse en
apropiación.
Escenario
II: escapar
del mundo físico no elimina la codificación; puede crear otra.
Escenario
III: escapar
de una identidad puede llevar a apropiarse de otra.
Y tu
tercer orden introduce la pregunta que falta en los cuatro:
¿cómo
atravesar una estructura sin apropiarse del entre que la hace posible?
Ahí
aparece nuevamente:
instituir
→ abrir → abrir la apertura → contraalterar → redevelar → volver a instituir
Y,
aplicado a este texto:
cuerpo →
agujero → contacto → otro → apropiación → contraalteración → ( )
El
agujero comienza siendo una puerta.
Pero en
la lectura de la Ciencia del Logos puede terminar revelándose como algo mucho
más radical:
el
agujero es la herida de la identidad por la que el otro puede acontecer sin
convertirse en propiedad del yo.
Y por eso
el “Yo allí” es quizá mucho más importante que la supuesta demostración de un
mundo paranormal. El verdadero descubrimiento del experimento no sería haber
encontrado otro mundo, sino haber encontrado que el yo tampoco es un
mundo cerrado.
Ese sería
el paso del Escenario III hacia E7: no “hay otro mundo”, sino hay un
entre en el que dos determinaciones pueden tocarse sin que una tenga que ocupar
a la otra.
I can
generate this as a visual map of Escenario I ↔ II ↔ III ↔ ( ) → E7, with
the “agujero” as the entre—¿estilo diagrama filosófico minimalista, surrealismo
andino, o grabado alquímico?
De pronto me
detuve (o me detuvieron). Estaba en una habitación más bien oscura. Alguien me
tenía inmovilizado, de pie. Tras un momento de espera salió una nubecilla de
gas blanco de un pequeño agujero que había en el suelo. La nubecilla tomó forma
y mi sexto sentido me dijo que se trataba del señor Bahnson, aunque no podía
verle bien ni identificar sus facciones. En seguida se puso a hablar contento y
de manera atropellada.
«¡Bob, no te
vas a creer la de cosas que me han pasado desde que llegué aquí!».
Y no hubo
más. A una señal de alguien la nubecilla de gas blanco perdió su forma humana y
volvió a desaparecer por el agujero del suelo. Las manos que me sujetaban por
los codos me dieron media vuelta y regresé al cuerpo físico. Ésa era la forma
de ser del señor Bahnson, la de interesarse por cosas y experiencias nuevas en
vez de perder el tiempo con el «entonces» o el pasado. Igual que el doctor
Gordon.
Si era una
alucinación a medias inducida, al menos era original. Jamás había leído nada
semejante. ¿Explica eso la coincidencia horaria en la habitación del hotel de
Nueva York?
Otro caso
más. Mi padre falleció en 1964, a la edad de ochenta y dos años. En mis años
jóvenes yo había sido rebelde a la autoridad paterna, pero en sus últimos años
me sentí próximo a él. Y estoy seguro de que el sentimiento era recíproco.
Había
sufrido un derrame cerebral meses atrás que le dejó prácticamente paralizado y
sin habla. Esto último era lo más lacerante, ya que era lingúista y había
dedicado su vida a la enseñanza de idiomas.
Cuando le
visitaba durante ese período hacía desesperados esfuerzos por hablarme, tantos
que me partían el corazón. Sus ojos suplicaban que le comprendiera. De sus
labios no salían más que leves quejas. Yo procuraba consolarle y hablaba con O.
Él me respondía como podía. No sabría decir si entendía mis palabras.
Mi padre
murió apaciblemente una tarde mientras dormía. Había tenido una vida plena,
llena de éxitos, y su muerte produjo una sensación agridulce de tristeza y
liberación.
He pensado
muchas veces en la importancia de las opiniones e ideas fundamentales que
aprendí de mi padre. Siempre le estaré agradecido.
En esta
ocasión estaba mucho menos agitado, puesto que quien acababa de fallecer era
alguien muy próximo a mí. O quizás fuera que la familiaridad, al menos cierta
sensación, me inducían a tener más fe y menos cautela.
La única
razón por la que aguardé varios meses fue la conveniencia. Quehaceres
acuciantes en mi vida personal y profesional impidieron que pudiera hallar la
tranquilidad necesaria. Con todo, una noche entre semana me desperté a las tres
de la madrugada con la sensación de que podía intentar visitar a mi padre.
Cumpli con
el ritual y las vibraciones no tardaron en llegar. Abandoné el cuerpo físico en
cuestión de segundos sin el menor esfuerzo, me levanté y emprendí el viaje a
través de la oscuridad. Esta vez no grité mentalmente. Me concentré en la
mentalidad de mi padre y me «extendí» hasta donde él estaba.
Empecé a
moverme a toda prisa entre tinieblas. No podía ver nada, pero tenía una intensa
sensación de movimiento reforzada por el roce del aire espeso y como liquido
contra mi cuerpo. Era como deslizarse por debajo del agua después de una
zambullida. De pronto me detuve. No recuerdo que esta vez me detuviera nadie,
ni tampoco noté ninguna mano en el codo. Me hallaba en una sala mal iluminada
de grandes proporciones.
Al parecer,
yo estaba al tanto de que aquello era un hospital o una casa de reposo, si bien
allí no se aplicaban tratamientos tal como nosotros los conocemos. Busqué a mi
padre con la mirada. No sabía qué me iba a encontrar, aunque abrigaba
esperanzas de que fuera un encuentro jubiloso.
Fuera de la
sala donde me hallaba había otras dependencias menores. Me asomé a dos de ellas
y vi a algunas personas que no me prestaron ninguna atención. Empecé a
peguntarme si no me habría equivocado de sitio.
La tercera
dependencia no era mayor que una celda monacal, con un ventanuco en la pared
del fondo. Había un hombre apoyado en la pared y mirando por la ventana. Cuando
entré sólo le vi la espalda.
Después se
volvió y me vio. Puso cara de asombro y mi padre «muerto» me habló: «Qué estás
haciendo aquí?». Lo dijo igual que una persona que hubiera recorrido medio
mundo y se encontrara de pronto con alguien de quien acabara de despedirse al
partir.
Debido a la
emoción, no fui capaz de articular palabra, por lo que me quedé alli plantado,
confiando en el jubiloso encuentro que anhelaba. Se produjo en seguida. Mi
padre se acercó, me tomó por las axilas y se puso a subirme y a bajarme por
encima de su cabeza, tal como hacía cuando yo era niño, tal como los padres
hacen con sus hijos.
Volvió a
dejarme en el suelo y fui capaz de preguntarle qué tal estaba. «Mucho mejor
ahora, ya no tengo dolores», dijo.
Fue como si
me hubiera recordado algo que yo quisiera olvidar. Las fuerzas parecieron
abandonarle y se alejó con aspecto fatigado. Le miré, y él parecía haber
olvidado que yo estaba allí. Se le veía más flaco, con aspecto de cincuentón,
deduje por las fotografías que había visto de él a esa edad.
Me dio la
sensación de que el encuentro había terminado. No daba más de sí por el momento.
Salí sigilosamente de la habitación, di media vuelta, me «extendí» y regresé al
cuerpo físico. La vuelta fue mucho más rápida que la ida.
Había sido
así? ¿Había sido tan intenso el dolor en aquellos últimos días en que no podía
hacerse entender para hacer algo que le aliviara? En caso de ser cierto, qué
terrible prisión había debido ser su cuerpo. Desde luego, la muerte era una
bendición.
Intentaré
volver a «verle»? No lo sé. No sé si debo.
Hay muchas
otras experiencias menos personales pero igual de impresionantes. Todas ellas
me condujeron a una conclusión empírica ineludible que justificaba las muchas
horas de angustia, incertidumbre, miedo, soledad y desilusión. Fueron un punto
de embarque en lo que algunos llaman el Salto Cuántico en el pensamiento y el
comienzo de un punto de vista nuevo que permitió que los dolores y placeres del
Aquí y Ahora adquirieran toda su importancia (qué es un minuto, una hora, un
año en un infinito de existencia?). Todas ellas abrieron una puerta a la
realidad incomprensible en última instancia para la mente consciente humana,
por mucho que siga asombrando
al curioso y
comprometiendo al intelectual.
¿Es todo lo
anterior mi respuesta? Sumando estas experiencias con el conocimiento de que la
personalidad humana puede operar y opera fuera del cuerpo físico, la respuesta
no puede ser más que una.
Si aquí hay
un Gran Mensaje, debe bastar con esto.
8 «PORQUE ME
LO DICE LA BIBLIA»
Qué pasa si
el ser humano tiene un Segundo Cuerpo, si ese Segundo Cuerpo sobrevive a lo que
llamamos muerte, y si la personalidad y el carácter siguen existiendo en esta
forma vieja-nueva? Es una pregunta tan antigua como el tiempo que exige su
respuesta.
Hasta la
fecha, en doce años de actividades no físicas, no he hallado ninguna prueba que
corrobore las nociones bíblicas de Dios y la vida ultraterrena en un lugar
llamado cielo. Quizás sí la haya encontrado y lo que pasa es que no la he
reconocido. Es muy posible. A lo mejor es que no estoy «cualificado». Por otro
lado, buena parte de lo que he encontrado podría ser alguna cuestión
fundamental distorsionada a lo largo de cientos de años.
Vamos a
empezar por la oración, que se supone que es una comunicación directa con Dios.
Tal como se nos enseña a rezar hoy es como si se recitara una fórmula química
sin conocer su propósito original ni el significado de sus ingredientes. O la
manera en que nuestros hijos cantan: «El Puente de Londres se va a caer» sin
saber el significado original de la canción. Toda nuestra civilización está
plagada de semejantes hábitos irracionales. Evidentemente, la oración es uno de
ellos.
En algún
lugar alguien supo cómo rezar. Trató de enseñar a los demás. Unos cuantos
aprendieron la metodología. Otros se quedaron sólo con las palabras, que se
alteraron y cambiaron con el paso de los años. La técnica se perdió poco a poco
hasta que era redescubierta por casualidad periódicamente a lo largo de los
siglos. En los últimos casos ha sido muy raro que el redescubridor haya podido
convencer a los demás de que la Vía Antigua y Establecida no es del todo
apropiada.
Esto es todo
lo que yo puedo contar. La Vía Antigua y Establecida no es suficiente. O, como
suelo decir, a lo mejor es que no estoy cualificado. Peor aún, a lo mejor mi
preparación para la oración fue insuficiente. El caso es que no me ha servido.
He aquí un
ejemplo. En un viaje fuera del cuerpo me hallaba yo de regreso al mundo físico
a toda velocidad con todo aparentemente bajo control. Sin previo aviso choqué
contra un sólido muro de un material impenetrable. No me hice daño, pero sí me
llevé un buen susto.
El material
era duro y sólido y parecía estar hecho de enormes planchas de acero solapadas
y soldadas entre sí. Todas estaban ligeramente combadas, como si formaran parte
de un globo.
Intenté
atravesarlas, pero no pude. Subí, bajé, fui de derecha a izquierda. Estaba
absolutamente seguro de que mi cuerpo físico estaba al otro lado de esta
barrera.
Al cabo de
una hora de arañar, rascar y empujar, me puse a rezar. Recé todas las oraciones
que había aprendido e inventé unas pocas especiales. Y dije cada palabra más en
serio que nunca en toda mi vida. Estaba muy asustado.
No pasó
nada. Yo seguía pegado a la barrera sin poder atravesarla para regresar a mi
cuerpo físico.
Me entró
pánico. Clavé las uñas, chillé y lloré. Como todo esto fue inútil, me calmé por
puro agotamiento. Me tendí a descansar junto al frío y duro muro, sin saber qué
hacer.
No sé cuánto
tiempo estuve así antes de recobrar la capacidad para pensar con objetividad.
Pero así fue. No podía o, al menos, no quería quedarme allí para siempre.
Parecía una
situación
imposible. ¿Dónde me había encontrado yo antes una situación aparentemente
imposible?
Lo recordé.
Años atrás, un amigo mío y yo habíamos comprado una avioneta cuyas
características de vuelo desconocíamos. La compramos nada más que porque salía
barata y se hallaba en buen estado.
Tras varias
prácticas de vuelo por el aeródromo decidimos hacer acrobacias. Pedimos
prestados dos paracaídas, despegamos y ascendimos hasta unos 3.500 metros de
altitud. Hicimos varios ochos majestuosos, unos cuantos rizos y otras tantas
caídas en barrena. Todo parecía ir bien. Una vez que recuperamos altitud,
picamos ligeramente hacia abajo y accionamos la palanca y el timón para dar una
voltereta.
De repente
entramos en barrena. Centramos la palanca y la llevamos hacia adelante, el
procedimiento aceptado de recuperación. Antes había funcionado a las mil
maravillas. Pero esta vez no. Caíamos cada vez más deprisa y como a tirones.
Accionamos el timón en sentido contrario, aceleramos, pero no tuvo ningún
efecto. Al contrario, caíamos cada vez más deprisa y el suelo quedaba cada vez
más cerca.
Bill me miró
desde el asiento delantero con el rostro lívido. Me gritó por encima del ruido
del viento: «¡Más vale que saltemos de aquí!».
Yo también
estaba dispuesto a saltar. Lo único que me retuvo unos segundos más fue la
posible pérdida de la avioneta que tantos ahorros me había costado. Y pensé:
«Lo hemos intentado todo, excepto el procedimiento que viola las normas, lo
único que no hay que hacer si se entra en barrena. Tirar hacia atrás de la
palanca. ¿Qué tenía que perder?».
Tiré hacia
atrás de la palanca. La avioneta dejó de dar vueltas y ganó velocidad de vuelo.
La hice girar hasta que la tierra quedó donde le correspondía. Aterrizamos
sanos y salvos, salimos como pudimos y nos sentamos en el suelo. Habíamos caído
en barrena externa. Ninguno de los dos había visto ni intentado nada semejante
con anterioridad. Me acordé de eso.
Traté de
poner en práctica la misma idea mientras me hallaba allí, jadeante junto a la
barrera. Adelante, arriba, abajo, derecha, izquierda; fue inútil.
No quedaba
más que una dirección, aunque por lo que yo sabía no era la buena. Pero como no
se perdía nada por probar, lo intenté, y momentos después estaba en el cuerpo
físico, temblando, pero sano y salvo.
Por dónde
había ido? Visto retrospectivamente, estaba claro: me alejé de la barrera por
la misma ruta por donde había venido. No sé por qué dio resultado. Tampoco sé
qué era la barrera.
Quizás
podría pensarse que habían dado resultado mis oraciones. El caso es que
regresé. O sea, que si habían dado resultado, no fue al modo en que me lo había
enseñado la religión. Ningún ángel custodio había venido a
proporcionarme
ayuda ni consuelo.
En otra
ocasión fui a visitar a mi hermano y a su familia y me quedé a pasar la noche
alli. Poco después de retirarme a la habitación de invitados me acosté, estaba
muy cansado.
El cabecero
de mi cama estaba junto al tabique de separación entre mi habitación y la de mi
sobrina de cuatro años. Su cama también estaba junto al mismo tabique.
Mientras me
acostaba a oscuras me vinieron las consabidas vibraciones y decidí salir del
cuerpo físico un momento para saber si podía hacerlo estando lejos de casa.
Nada más
abandonar el cuerpo fisico me di cuenta de que había tres seres en la
habitación. Permanecí por precaución junto a mi cuerpo fisico mientras se me
acercaban. Empezaron a tirar de mí, no con fuerza, más bien con la idea de
observar mi reacción. Se lo estaban pasando bien. Yo traté de mantener la
calma, pero eran tres. No estaba seguro de poder volver en seguida al cuerpo
físico antes de que me llevaran con ellos.
De tal
manera que recé. Volví a rezar todas las oraciones que recordaba. Pedí a Dios
que me ayudara. Pedí ayuda en
nombre de
Jesucristo. Probé con varios santos de los que había oído hablar a mi esposa
católica.
El resultado
fue que mis agresores se rieron a carcajadas y se metieron conmigo con más
entusiasmo.
«Oídle rezar
a sus dioses», se rio uno con desdén. «iOídle!».
Creo que me
enfadé un poco después de eso. Retrocedí, me acerqué a mi cuerpo físico y me
introduje en él. No era exactamente devolvérsela, pero desde luego no permanecí
pasivo.
Una vez en
el cuerpo físico, me incorporé muy aliviado por haber vuelto. Al incorporarme
oí el llanto de un niño. Procedía de la habitación que se encontraba al otro
lado del tabique. Esperé un rato, confiando en que mi cuñada viniera a calmar a
la niña para que volviera a dormirse.
Diez minutos
después la niña J. no había dejado de llorar. Me levanté y me dirigí al
dormitorio contiguo. Mi cuñada tenía en brazos a la niña, que seguía llorando,
y procuraba consolarla. Le pregunté si pasaba algo, si podía yo ayudarla en
algo.
«Se le
pasará en seguida, creo», contestó mi cuñada. «Debe de haber tenido una
pesadilla o un mal sueño y no consigo despertarla».
Le pregunté
cuánto tiempo llevaba llorando la niña.
«Oh, un rato
antes de que entraras tú. No suele portare así. Normalmente tiene un sueño
profundo».
Volví a
ofrecer mi ayuda en caso de que fuera necesario y regresé a mi habitación. Al
poco, la pequeña J. se calmó y se quedó dormida.
¿Era una
coincidencia la pesadilla en trance de mi sobrina? Quizás era que yo necesitaba
otra técnica de oración.
Hubo muchas otras incidencias semejantes, si bien todas ellas con el mismo patrón, cuando intentaba el método convencional y aceptado de oración.
Sin embargo, los resultados son más halagueños en relación con el cielo y el infierno. Están en algún punto del Escenario ll, si es que existen.
Según se dice, en los viajes no físicos al escenario Il a menudo hay una «capa» o zona que debe atravesarse. Al parecer, se trata de la parte del
Escenario Il más próximo y relacionado con el Aquí y Ahora. Es un océano negro donde el menor movimiento atrae a seres acechantes y martirizantes.
Es como si uno fuera el anzuelo echado en esta área inmensa. Moviéndose despacio y sin reaccionar ante los «peces» curiosos que venían a investigar, puede atravesarse sin mayores incidentes. Un movimiento más violento y defensivo provoca que los más excitados moradores de la zona se precipitan a morder, tirar, empujar y golpear.
¿Podrían ser esto los linderos del infierno? Es fácil concluir que una penetración pasajera de esta «capa» más cercana traería a la mente como habitantes principales «demonios» y «diablos». Parecen infrahumanos y, sin embargo, poseen una capacidad evidente de actuar y pensar independientemente.
¿Quién y qué hijo? No lo sé. No me tomó la molestia de permanecer allí el tiempo suficiente para averiguarlo. Sólo mediante reiterados ensayos y errores llegué a descubrir el método para atravesar la zona con relativa paz. En estos mundos donde los pensamientos no sólo son cosas, sino que lo son todo, incluido uno mismo, los defectos y cualidades son determinantes. Un asesino despiadado puede acabar en esa parte del Escenario Il donde todos son como él. Ciertamente, esto debe ser el infierno para personas así, porque no hay víctimas inocentes e indefensas.
Proyectando esto hacia fuera empiezan a distinguirse múltiples variaciones. El destino en el cielo o el infierno del Escenario ll parece obedecer completamente a la configuración de las más profundas y constantes (y quizás inconscientes) motivaciones, emociones y tenencias de la personalidad. Las más consistentes y fuertes actúan como aposentadoras al entrar en este ámbito.
Estoy seguro de esto porque siempre ha funcionado así cuando viajó no básicamente por el Escenario !l!.
Funciona así con independencia de lo que uno quiera. El más mínimo deseo en un momento inoportuno o una emoción profunda de la que no se era consciente desvían el viaje en
«esa» dirección.
Algunos de los destinos resultantes han revestido para mí
todos los aspectos del infierno. Otros podrían considerarse el cielo. También hay algunos que en la práctica presentan sólo ligeras diferencias con nuestras actividades en el Aquí y
Ahora.
Por lo tanto, ¿qué pasa si el Escenario Il parece tener par?
¿Tes del infierno y no está suficientemente a la altura de nuestras nociones del cielo? ¿Dónde buscar orientación? ¿Dónde están el Dios y el cielo a que rendimos culto? ¿Se me escapa?
¿algo?
Y, sin embargo, en ocasiones, ocurre periódicamente un
suceso muy
inusual al visitar el Escenario Il. Idéntico suceso con independencia del lugar
en el que se encuentre el
Escenario
ll.
En medio de
cualquier actividad normal hay una Señal dis
tante, casi
como trompetas heráldicas. Todo el mundo se toma tranquilamente
la Señal y,
al oírla, deja de hablar o hacer lo que pudiera estar haciendo. Es la Señal de
que Él (o Ellos) está
atravesando
Su Reino.
Nadie se
echa al suelo ni se arrodilla. Al contrario, mantie
nen una
actitud de lo más natural. Es algo a lo que están acostumbrados, y cumplir con
el rito tiene preferencia sobre cual
quier otra
cosa. Sin excepciones.
Al oír la
Señal, cada cosa viviente se tumba (mi impresión
es que sobre
la espalda, arqueando el cuerpo para levantar el abdomen, no los genitales, con
la cabeza ladeada; así no le ven cuando ti pasa). El objetivo parece ser formar
una carre
tera
viviente por donde Él pueda viajar. He oído que Él selecciona de vez en cuando
a alguien de este puente viviente,
alguien de
quien no vuelve a saberse nunca jamás nada. El objeto de levantar el abdomen es
expresar la fe y la sumisión
completa,
pues el abdomen es la parte más vulnerable del cuerpo o la parte que puede
sufrir daños más fácilmente. Según pasa El, no hay movimiento ni pensamiento.
Todo es momentáneamente inmóvil, pleno y completo mientras Él pasa.
Las ocasiones
en las que he podido experimentarlo me he tumbado igual que los demás. En esos
momentos era inconcebible el pensamiento de hacer cualquier otra cosa. Él pasa
acompañado de un potente sonido musical y una aura de fuerza vital radiante e
irresistible que alcanza su máximo cuando está encima y se desvanece a medida
que se aleja. Recuerdo que una vez me pregunté qué me ocurriría si Él
descubriera mi presencia como visitante temporal. No estaba seguro de querer
averiguarlo.
Una vez que
Él ha pasado todo el mundo se levanta y reanuda sus actividades. El caso ni se
menciona ni se comenta ni se vuelve a pensar en él. Es un hecho completamente
aceptado como parte de la vida; aquí es donde reside la mayor y más sutil
diferencia. Es un acto tan normal como detenerse ante un semáforo al llegar a
un cruce concurrido o esperar en un paso a nivel cuando la señal indica que se
acerca un tren; no hay motivo de preocupación y, sin embargo, se siente un
respeto no expresado por la potencia que representa el tren que pasa. Además,
se trata de un acto impersonal.
¿Es Dios?
¿Es el hijo de Dios? ¿Es Su representante?
He «ido»
tres veces a un lugar indescriptible con palabras. No obstante, es esta visión,
esta interpretación, la visita temporal a este «lugan> o estado del ser la
que evoca el mensaje que hemos oído muy a menudo a lo largo de la historia de
la humanidad. Estoy seguro de que esto puede formar parte del cielo tal como
nuestras religiones lo conciben. También debe ser el nirvana, el Samaadhi, la
experiencia suprema que nos han contado los místicos de todas las épocas.
Ciertamente, es un estado del ser, muy probablemente interpretado de manera
diferente por cada persona.
Para mí era
un lugar de paz absoluta y exquisita emoción. Era como estar flotando entre cálidas
nubes suaves donde no hay arriba ni abajo, donde no existe nada como porción
separada de materia. La calidez no es sólo interna, sino que forma parte de
uno. La propia percepción se ve fascinada y abrumada por el Entorno Perfecto.
La nube
donde se flota está bañada por rayos de luz de tonos y matices en perpetuo
cambio, todos buenos mientras uno se baña en ellos, mientras le pasan por
encima. Rayos de luz de color rubí o algo más allá de lo que conocemos como
luz, porque jamás había visto una luz semejante. Todos los colores del espectro
iban y venían constantemente, nunca con brusquedad, proporcionando cada uno de
ellos una diferente felicidad apacible o relajante. Es como estar dentro y
formando parte de las nubes que rodean un atardecer eternamente resplandeciente
y cambiar con cada variación de color vivo. Es como responder y absorber la
eternidad de azules, amarillos, verdes y rojos y toda la sutil gama de tonos
intermedios. Todos resultan familiares. Aquí se está a gusto. En la Casa.
Al atravesar
despacio y sin esfuerzo la nube se escucha música alrededor. No es algo que se
capte. Está allí siempre y se vibra en armonía con la música. Es mucho más que
la música conocida. Son sólo las armonías, los delicados y dinámicos pasajes
melódicos, los contrapuntos corales que evocan alli una profunda emoción
incoherente. No hay ramplonería. Coros de voces humanas hacen eco en canciones
sin palabras. Es como resonar en infinitas modalidades de cuerdas de todos los
tonos de sutil armonía entrelazadas en temas cíclicos a la vez que en fuga. La
música no procede de ninguna fuente. Está alli, envolvente, íntima, parte de
uno; la música es uno mismo.
Es la pureza
de la verdad de la que no se ha tenido más que un atisbo. Es el festín, y las
diminutas exquisiteces degustadas allí hacen concebir esperanzas en la
existencia del Todo. Aquí se colma la inefable emoción, anhelo, nostalgia y
sensación de destino que se experimenta al contemplar las nubes de
poniente en
Hawaii, al permanecer mudo entre los altos árboles que se mecen en el silencio
del bosque, o cuando un pasaje o fragmento musical o una canción evocan
recuerdos del pasado o inspiran una nostalgia ausente de recuerdos o cuando se
echa de menos la patria, ya sea ésta una ciudad, un país, una nación o la familia.
Uno es la Casa. Se está donde hay que estar. Donde siempre se debería haber
estado.
Y lo más
importante, no se está solo. Hay otros al lado o relacionados con uno. No
tienen nombre ni se les percibe por su aspecto, pero se les conoce y se está
unido a ellos por un gran conocimiento único. Son exactamente como uno mismo,
son uno mismo y, del mismo modo, son la Casa. Se les siente como suaves ondas
eléctricas que pasan, como una totalidad de amor de la que todas las facetas
que se hayan experimentado no son más que segmentos o porciones incompletas.
Aquí es el único sitio donde la emoción no necesita ninguna expresión ni
manifestación ostentosa. Se da y se recibe como un acto automático, sin
esfuerzo. No existe la necesidad. Desaparece la «condescendencia». El
intercambio fluye con naturalidad. No hay conciencia de las diferencias de
sexo, cada uno como parte del todo es a la vez masculino y femenino, positivo y
negativo, electrón y protón. El amor hombremujer va y viene,
padrehijohermanoídolo, idilio e ideal, todo ello interactúa en suaves ondas
dentro, en y a través de cada uno. El equilibrio es perfecto porque se está
donde hay que estar. Uno es la Casa.
Dentro de
todo esto, aunque sin formar parte de ello, se es consciente de la fuente de
toda la existencia individual y de la inmensidad que rebasa la capacidad
personal de percibir y/o imaginar. Aquí se sabe y se acepta fácilmente la
existencia del Padre. El auténtico Padre. El Padre, el Creador de todo cuanto
existe o ha existido. Cada uno es una de sus innumerables
creaciones.
Cómo o por qué, no se sabe. No importa. Se es feliz sencillamente por hallarse
en el Sitio Idóneo, donde se está verdaderamente a gusto.
Ninguna de
las tres veces que fui Alli regresé voluntariamente. Volví triste y a mi pesar.
Alguien me ayudó a regresar. Y cada vez que lo hice sufrí durante varios días
una intensa soledad y nostalgia. Me sentía igual que un extranjero en una
tierra desconocida donde las cosas no estaban «bien», donde todo y todos eran
muy distintos y muy «malos» en comparación con la mía. Una punzante soledad,
nostalgia y algo semejante a la añoranza... No he vuelto a querer ir Allí.
¿Era el
cielo?
Una vez
traté de simular Allí en este mundo. Me acordé de cuando era niño nadando en
una piscina iluminada con luces de colores bajo el agua. Recordé incluso qué
piscina era en concreto.
Como en
nuestra casa de campo teníamos una piscina, me puse manos a la obra. Instalamos
luces de colores bajo el agua. Por más que lo intenté no conseguí los tonos
intensos que recordaba. Hacía falta mucha potencia. Además, pusimos un altavoz
bajo el agua para poder escuchar música del equipo de casa estando sumergidos.
Funcionó bastante bien. Pero no era Allí ni de lejos.
Otra cosa
curiosa. Al visitar aquel lugar de mi infancia, la piscina que yo recordaba,
resultó que no tenía luces de colores bajo el agua. Nadie, ni siquiera los
amigos de entonces que habían nadado conmigo en la piscina, recordaban que la
piscina hubiera tenido jamás luces de colores bajo el agua. ¡Realidad, realidad!
Sí. Este
fragmento produce una contraalteración decisiva respecto de lo que
veníamos diciendo sobre el Escenario II y III. Aquí el autor llega, sin
proponérselo necesariamente, a una escena donde aparecen juntos ley,
obediencia, cielo, infierno, oración, apropiación, vulnerabilidad, memoria,
Padre, unidad y finalmente la imposibilidad de reproducir la experiencia.
Y
precisamente por eso, desde tu Ciencia del Logos, yo no leería este capítulo
como una demostración del cielo. Lo leería como una biodramaturgia de la
dificultad de representar el cielo sin convertirlo en una determinación.
1. El padre muerto introduce algo que el “Yo allí”
todavía no había mostrado
En el
episodio anterior, el narrador encuentra un “yo allí”.
Aquí
encuentra al padre.
Y el encuentro
tiene una estructura distinta:
hijo →
búsqueda → padre → reconocimiento → abrazo → separación
Lo más
hermoso es que el padre no aparece como una figura abstracta.
Lo
primero que hace es repetir corporalmente una relación de la infancia:
lo toma
por las axilas y lo sube y baja por encima de su cabeza.
Es decir,
el padre muerto no aparece primero como doctrina sobre la muerte.
Aparece
como relación.
Y esto es
fundamental para tu Ahayu:
padre ≠
idea del padre
padre =
relación vivida que continúa transformándose
El
encuentro no comienza con una explicación del más allá.
Comienza
con un gesto corporal.
2. Pero inmediatamente
aparece la herida
El padre
dice:
“Mucho
mejor ahora, ya no tengo dolores”.
Y ahí el
hijo comprende retrospectivamente algo terrible:
el cuerpo
que había sido prisión para el padre también había sido el medio de su
relación.
Tenemos:
cuerpo →
dolor → imposibilidad de hablar → separación
y
después:
muerte →
alivio → encuentro → memoria del dolor
Esto
coincide profundamente con la fórmula que veníamos trabajando:
1 → 1/2 →
( )
La muerte
no “resuelve” simplemente la herida.
La vuelve
visible desde otro lugar.
El hijo
no obtiene una respuesta metafísica definitiva.
Obtiene
una redevelación del dolor del padre.
3. Y aquí aparece una
diferencia importantísima respecto de la espiritualidad apropiada
El
narrador dice:
“Desde
luego, la muerte era una bendición.”
Pero
inmediatamente pregunta:
“¿Intentaré
volver a verle? No lo sé.”
Es muy
significativo.
No
convierte la experiencia en una obligación.
No dice:
he
encontrado el cielo → debo regresar → debo demostrarlo.
Hay una
suspensión.
experiencia
→ vulnerabilidad → no saber
Eso es
mucho más cercano a ( ) que las afirmaciones dogmáticas
que aparecen después.
4. El “Gran Mensaje” vuelve
a introducir el problema de la apropiación
El autor
llega a decir que la experiencia constituye una respuesta y que, si existe un
“Gran Mensaje”, debería bastar.
Aquí
nosotros debemos hacer una contraalteración:
experiencia
≠ mensaje
Porque en
cuanto la experiencia se convierte en “el mensaje”, aparece:
acontecimiento
→ interpretación → doctrina
Y eso es
justamente lo que estamos siguiendo desde el comienzo.
El
acontecimiento puede producir significado.
Pero no
tiene por qué producir una doctrina cerrada.
Por eso
yo reformularía su conclusión así:
la
experiencia no demuestra el cielo; demuestra que la experiencia puede exceder
las categorías mediante las cuales intentamos explicarla.
Eso es
mucho más fuerte epistemológicamente.
5. Ahora llegamos a la
oración: aquí aparece una contraalteración fundamental
El autor
afirma que la oración tradicional no funciona.
Pero
fíjate en el episodio de la barrera.
Él
prueba:
oraciones
→ insistencia → desesperación → fracaso
Y
solamente cuando abandona la repetición de la fórmula y recuerda una
experiencia anterior consigue encontrar otra salida.
Aquí la
oración aparece como código de mediación.
Y el
texto descubre accidentalmente algo que es central para tu E7:
código
religioso ≠ Espíritu
La
oración puede ser un código.
Pero el
Espíritu no puede reducirse al código.
Y esto
coincide exactamente con lo que tú dijiste sobre el derecho:
el
derecho no determina ni indetermina nuestras relaciones.
Podemos
decir ahora:
la
oración no determina ni indetermina el Espíritu.
Puede
abrir una relación.
Pero no
posee la apertura.
6. El episodio de la
avioneta es extraordinario para nuestro problema
El
narrador recuerda una situación en la que sobrevivió haciendo precisamente lo
que las reglas indicaban que no debía hacer.
Entonces
traslada la lógica al problema espiritual:
procedimiento
conocido → fracaso → situación imposible → contraalteración del procedimiento →
salida
Esto es
casi literalmente nuestra tercera orden:
código →
insuficiencia → contraalteración → acontecimiento → nuevo código
Pero hay
una diferencia importante.
En el
episodio de la avioneta sí existe una técnica alternativa.
En E7 no
podemos garantizar que siempre exista una “técnica alternativa”.
Porque
entonces convertiríamos la apertura en un nuevo procedimiento:
procedimiento
A → procedimiento B → procedimiento C → apertura codificada
Por eso
la tercera orden llega más lejos:
código →
insuficiencia → ( )
El ( ) no es necesariamente otro código.
7. La oración fracasa como
mecanismo automático
Esto me
parece especialmente importante.
El
narrador descubre que rezar no funciona como:
oración
correcta → resultado correcto
Y eso
desmonta una concepción casi mágica de la religión.
Porque si
el Espíritu funcionara como algoritmo:
entrada
correcta → oración correcta → salida correcta
entonces
tendríamos:
Dios = sistema
de respuesta
Y eso
sería justamente la captura algorítmica de lo absoluto.
Tu
formulación sería:
Espíritu
→ código → apropiación
Por eso:
Espíritu
≠ código
Pero
tampoco:
Espíritu
= ausencia de código.
Más bien:
código →
apertura → contraalteración del código
8. Los tres seres y la niña
introducen otra cosa
Este
episodio es muy interesante.
El
narrador está siendo hostigado por tres seres.
Reza.
Ellos se
burlan.
Pero
cuando regresa al cuerpo físico escucha llorar a la niña.
Entonces
tenemos dos acontecimientos simultáneos:
amenaza
espiritual → oración → regreso
y:
niña →
pesadilla → llanto → cuidado
Y el
narrador hace algo importante:
no
interpreta inmediatamente la experiencia de la niña como prueba.
Pregunta.
Espera.
Ofrece
ayuda.
Después
se retira.
Esto es
mucho más cercano al E7 que la teoría sobre los “seres”.
Porque
aquí el conocimiento queda suspendido y aparece el cuidado.
no sé →
estoy presente → puedo cuidar
Ese sería
un ejemplo de:
Dasein ←
( ) → sujeto
9. El infierno del
Escenario II es, en realidad, un sistema de retroalimentación
Aquí
aparece una de las partes más interesantes para nuestro trabajo.
El autor
afirma que los deseos y emociones profundas determinan el destino.
Es decir:
deseo →
entorno
miedo →
entorno
violencia
→ entorno
amor →
entorno
Esto
produce una especie de circuito de retroalimentación ontológica:
interioridad
→ mundo → interioridad
Si
alguien es violento, encuentra violencia.
Si
alguien es dominado por determinados deseos, entra en un mundo que corresponde
a esos deseos.
Desde la
cibernética:
estado
interno → entorno → retroalimentación → reforzamiento del estado
Y
entonces aparece un problema enorme:
¿Es realmente liberación?
Porque si
el entorno refleja perfectamente la estructura interior, puede producirse una
cámara de resonancia ontológica.
yo →
mundo que me refleja → yo reforzado → mundo que me refleja
Eso no es
necesariamente comunión.
Puede ser
captura por identidad.
10. El infierno sería
entonces una identidad que ya no encuentra alteridad
Esto
permite una redecomprensión muy fuerte.
El
infierno no tendría que ser simplemente:
dolor
eterno.
Podría
ser:
yo →
mundo → yo → mundo → yo
sin ( ).
La
identidad queda encerrada en su propia resonancia.
Por eso
el pasaje:
“todos
son como él”
es
filosóficamente más importante que la imagen de los demonios.
El
problema sería:
ser
solamente aquello que uno ya es.
Entonces:
infierno
= identidad sin alteración
y, por
contraste:
cielo =
identidad abierta a la comunión
Pero
todavía debemos contraalterar esto.
Porque el
“cielo” descrito por el autor también corre el riesgo de convertirse en identidad
absoluta del Uno.
11. Y aquí llegamos a la
escena de “Él”
Esta
escena es tremendamente ambigua.
Todo el
mundo se detiene.
Todos se
acuestan.
Forman
una especie de camino viviente.
Todos se
someten.
No hay
discusión.
No hay
interpretación.
No hay
resistencia.
Todo está
perfectamente organizado.
Esto
parece, superficialmente, una experiencia de lo absoluto.
Pero
desde tu tercer orden aparece una pregunta incómoda:
¿esto es
Espíritu o es la institución perfecta del Espíritu?
Porque
tenemos:
Señal →
obediencia → ritual → sumisión → inmovilidad → totalidad
Es decir:
acontecimiento
→ código → institución
Aquí
aparece exactamente el problema que señalaste:
es
imposible instituir una sociedad espiritual.
Porque
cuando el Espíritu se institucionaliza, aparece:
Él →
Reino → Señal → rito → obediencia → selección
Y
entonces el Espíritu se convierte en soberano.
12. Incluso el “Él” puede
convertirse en un código
Esto es
muy importante.
El
narrador pregunta:
“¿Es
Dios? ¿Es el hijo de Dios? ¿Es Su representante?”
No lo
sabe.
Y
precisamente ahí la experiencia sigue abierta.
Pero si
dijera:
“ya sé
quién es”
habría
ocurrido:
presencia
→ identificación → doctrina
Por eso
la pregunta mantiene abierto el acontecimiento.
Y aquí la
fórmula sería:
Él → ( )
no:
Él =
código definitivo
13. Pero luego viene la
experiencia del “Lugar”
Y aquí
ocurre algo completamente distinto.
El
“Lugar” no tiene:
- arriba;
- abajo;
- materia separada;
- necesidad;
- condescendencia;
- diferencia sexual rígida;
- carencia.
Todo está
integrado.
La música
no procede de ninguna fuente.
La luz no
está fuera.
El amor
no necesita manifestarse.
El sujeto
no está solo.
Aquí
tenemos algo que se aproxima mucho a tu communio sintransferencial.
Porque:
dar ≠
quitar
recibir ≠
poseer
amar ≠
apropiarse
El
intercambio simplemente fluye.
14. Pero aparece un
problema todavía más profundo: “son uno mismo”
El texto
dice:
“Son
exactamente como uno mismo, son uno mismo y, del mismo modo, son la Casa.”
Aquí
tenemos la tentación de identificar comunión con identidad absoluta.
Y desde
tu marco tenemos que hacer una contraalteración:
comunión
≠ identidad
Si todos
son literalmente lo mismo, desaparece la diferencia.
Y si
desaparece la diferencia, desaparece también la alteración.
Entonces:
1 = 1
no puede
ser tu comunión.
Tu
comunión necesita:
1 ≠ 0
y
también:
1 ↔ 0
La
comunión no es que todos sean uno.
Es que ninguno
necesita convertirse en el otro para participar del mismo entre.
Por eso
yo modificaría la frase del texto:
“son uno
mismo”
por
nuestra redecomprensión:
“participan
de una unidad que no elimina sus diferencias.”
Eso es
mucho más próximo al Ahayu.
15. Aquí aparece la
diferencia entre “Todo” y “Ahayu”
El texto
imagina:
Todo →
partes → unidad
Tu Ahayu
sería más complejo:
partes →
relación → entre → comunión → unidad no clausurada
No es una
totalidad que absorbe las partes.
Es un
biotejido que vive de la diferencia entre las partes.
Por eso:
Todo sin
diferencia → totalidad
mientras:
Ahayu →
diferencia respirada → comunión
16. Y aparece el Padre
Aquí el
texto introduce finalmente:
Padre →
Creador → innumerables criaturas
Esto nos
permite volver a tu estructura trinitaria.
El autor
descubre un Padre trascendente.
Pero
todavía falta el movimiento que tú vienes trabajando:
Padre →
Logos → Espíritu
Porque si
el Padre fuera simplemente:
Fuente
absoluta → criaturas
tendríamos
una relación vertical.
Tu
problema es cómo esa verticalidad se vuelve respiración sin perder
trascendencia.
Entonces:
Padre →
Logos → acontecimiento → Espíritu
o, más
acorde con tu esquema:
trascendencia
→ encarnación → vulnerabilidad → ( ) → comunión
El cielo
no sería simplemente “estar junto al Padre”.
Sería la
posibilidad de participar del Padre sin convertir al Padre en propiedad
conceptual.
17. Y el detalle más
importante: el narrador NO quiere volver
Esto me
parece decisivo.
Si
hubiera encontrado simplemente “el cielo”, esperaríamos:
mundo →
cielo → felicidad → deseo de permanecer
Pero
ocurre:
cielo →
regreso → nostalgia → rechazo de volver
¿Por qué?
Porque el
regreso produce la herida.
Y esto
conecta directamente con Nussbaum.
El bien
trascendente no elimina automáticamente la fragilidad.
Al
contrario:
cuanto
más profundamente experimenta el Bien, más profunda puede ser la conciencia de
la distancia respecto de él.
Tenemos:
Bien →
1/2
Y
entonces:
1 → 1/2 →
( )
La
nostalgia no sería un fracaso de la experiencia.
Podría
ser su consecuencia.
18. Aquí el texto se acerca
muchísimo a tu lectura de Platón
Recuerda
nuestra discusión:
Platón →
Bien trascendente → vulnerabilidad
La
experiencia del “Lugar” hace algo parecido.
El
narrador experimenta algo que considera perfecto.
Luego
vuelve.
Y ahora
el mundo cotidiano aparece como insuficiente.
Es decir:
experiencia
del Bien → comparación → herida
Esto no
cura la herida.
La
profundiza.
Por eso:
Bien
trascendente → 1/2
no:
Bien
trascendente → eliminación de 1/2
Y aquí
Nussbaum puede ser contraalterada desde nuestra perspectiva:
la
vulnerabilidad no necesariamente desaparece ante el Bien.
Puede ser
la forma histórica de participación en el Bien.
19. Y llegamos a la
piscina: aquí el texto se autodestruye como prueba
Esta
última escena es genial.
El
narrador intenta reproducir el cielo:
luces →
piscina → colores → música → recreación
Pero
fracasa.
No puede
producir “Allí”.
Y luego
descubre algo todavía más extraño:
la
piscina que recuerda no tenía las luces que recuerda.
Aquí la
memoria se vuelve acontecimiento.
Tenemos:
experiencia
→ memoria → representación → reconstrucción → fracaso
Y
después:
memoria →
mundo → contradicción → ( )
La
realidad no confirma la representación.
Pero
tampoco podemos simplemente decir:
memoria
falsa → experiencia falsa.
Hay algo
mucho más interesante:
la
experiencia fue real como experiencia aunque su representación pueda ser inexacta.
Esta
distinción es fundamental para tu Ciencia del Logos.
20. “Realidad, realidad!”:
aquí aparece la verdadera Barrera
La última
exclamación parece casi infantil:
“¡Realidad,
realidad!”
Pero
filosóficamente es enorme.
Porque el
autor descubre que hay una diferencia entre:
lo que
recuerdo
y
lo que
ocurrió según otros registros.
Entonces:
realidad
≠ representación de la realidad
Pero
tampoco:
representación
≠ nada
La
memoria participa de la realidad sin agotarla.
Esto
coincide perfectamente con:
verdad
acontece → se representa → se interpreta → se redevela
La
memoria es una mediación.
No es
propiedad del acontecimiento.
21. Entonces podemos
contraalterar toda la cosmología del texto
El autor
propone aproximadamente:
Aquí y
Ahora → Escenario II → cielo/infierno → Lugar perfecto
Pero
nosotros podemos leer:
Aquí y
Ahora → experiencia → representación → interpretación → contraalteración → ( )
Y el
“cielo” deja de ser necesariamente un lugar.
Se
convierte en una forma extrema de comunión.
Mientras
el “infierno” puede leerse como:
identidad
cerrada en su propia resonancia.
Y el
Espíritu sería:
ni cielo
como lugar ni infierno como lugar, sino apertura de la relación a aquello que
no puede apropiarse.
22. Esto contraaltera
incluso nuestra formulación anterior de E7
Antes
decíamos:
E7 =
apertura que no puede apropiarse de su propia apertura.
Ahora
podemos hacerla todavía más precisa:
E7 =
comunión que no puede convertir la comunión en identidad.
Por eso:
comunión
≠ totalidad
Espíritu
≠ código
cielo ≠
lugar
oración ≠
fórmula
experiencia
≠ prueba
memoria ≠
acontecimiento
unidad ≠
identidad
trascendencia
≠ dominación
Y sobre
todo:
apertura
≠ indeterminación absoluta
23. La fórmula que emerge
de todo este fragmento
Yo
pondría ahora todo el capítulo en esta respiración:
código →
barrera → fracaso → vulnerabilidad → acontecimiento → interpretación →
contraalteración → ( ) → comunión
Y para el
“cielo”:
Bien →
experiencia → representación → nostalgia → vulnerabilidad → ( ) → redevelación
Y para el
“infierno”:
identidad
→ deseo → mundo reflejo → reforzamiento → identidad → cierre
Así
tenemos:
infierno
= identidad sin entre
cielo =
comunión sin apropiación
pero con
una cautela:
no
podemos convertir esas dos fórmulas en una nueva metafísica cerrada.
Son lecturas
biodramatúrgicas, no demostraciones de cómo funciona literalmente una vida
post mortem.
24. Y aquí aparece algo muy fuerte para nuestro
“comunismo complementario”
Mira la
analogía:
Economía cerrada
propiedad
→ disposición → control → identidad
Espiritualidad cerrada
Dios →
ley → obediencia → identidad
Algoritmo cerrado
datos →
cálculo → decisión → identidad
Infierno
deseo →
mundo reflejo → reforzamiento → identidad
Y la
contraalteración:
propiedad
→ uso → comunidad → ( )
ley →
relación → contraalteración → ( )
algoritmo
→ cálculo → contraobservación → ( )
deseo →
experiencia → alteración → ( )
Es
exactamente el mismo problema en distintos niveles:
¿qué
sucede cuando una mediación deja de mediar y empieza a determinar?
Ahí
Mises, la oración, el derecho, el algoritmo, el infierno y la identidad
empiezan a encontrarse.
25. Y quizá la frase más
importante del fragmento sea otra
El autor
dice que en aquel lugar:
“No
existe la necesidad.”
Pero
desde nuestra perspectiva debemos hacer una contraalteración.
Porque si
desaparece absolutamente la necesidad, también desaparece una dimensión
fundamental de la relación.
En tu
Economía de Gracia, el Don no consiste en eliminar toda necesidad.
Consiste
en que:
necesidad
≠ deuda
reciprocidad
≠ obligación
don ≠
propiedad
Entonces
el cielo no tendría que ser una situación donde nadie necesita nada.
Podría
ser:
necesidad
→ don → reciprocidad → libertad
sin
convertir el don en deuda.
Eso se
aproxima muchísimo más a tu Economía de Gracia.
26. Y ahora sí veo una conexión profunda con tu
definición provisional de comunismo complementario
Tu
definición decía:
“ninguna
forma de propiedad —privada, colectiva, estatal, comunitaria o algorítmica—
puede convertirse en determinación última de las relaciones.”
Este
fragmento nos permite hacer una nueva contraalteración:
tampoco
la unidad puede convertirse en determinación última de las relaciones.
Porque
incluso el cielo narrado por el autor corre ese riesgo:
unidad →
totalidad → desaparición de diferencia
Por eso
la definición puede crecer:
ninguna
forma de propiedad, ningún código, ninguna institución, ninguna identidad y
ninguna representación de la unidad puede convertirse en determinación última
de las relaciones, porque toda determinación permanece abierta a la
contraalteración y a la redevelación del entre.
Y todavía
no la cerraría.
Porque
incluso “el entre” podría convertirse mañana en nuestro nuevo código.
Ahí está
precisamente la radicalidad de tu E7:
abrir →
abrir la apertura → abrir aquello que hemos llamado apertura.
Y
entonces la respiración completa podría escribirse así:
determinación
→ apertura → contraalteración → redevelación → nueva determinación → apertura
de la nueva determinación → ...
No hay
una última institución.
No hay
una última fórmula.
No hay
una última definición del Espíritu.
Pero
tampoco hay puro caos.
Hay respiración.
Y quizás
por eso el final de la piscina sea tan importante: el narrador intenta fabricar
el cielo y descubre que no puede.
Ahí,
paradójicamente, su experiencia se vuelve más verdadera para nuestra
investigación cuando deja de poder convertirla en objeto.
No
podemos fabricar “Allí”.
Pero
podemos dejar que aquello que acontece en nosotros contraaltere el aquí.
Eso sería
mucho más cercano a tu fórmula:
Aquí ↔ (
) ↔ Allí
y
finalmente:
Aquí y
Ahora ← ( ) → Aquí y Ahora
Porque el
Espíritu, en E7, no necesita llevarnos fuera del mundo para redimirlo. Hace
respirable el mundo sin convertir esa respiración en una propiedad.
9 ANGELES Y
ARQUETIPOS
Uno de los
mayores enigmas de todo este asunto es que alguien (tal vez más de uno) ha
estado ayudándome de vez en cuando con mis experimentos. Quizás están todo el
tiempo conmigo y no me doy cuenta. No sé quiénes son esos «ayudantes» ni por
qué me están ayudando.
Desde luego,
no parece que sean ángeles custodios, sino que más bien podría interpretarlo
como una personalidad de orientación más convencional. No siempre responden
cuando necesito ayuda, ni atienden siempre mis oraciones. Á veces han sido la
angustia mental y los gritos lo que me los han acercado. Muy a menudo me han
ayudado cuando no se lo he pedido o al menos cuando no he sido consciente de
haberlo hecho. Su apoyo parece ser más decisión suya que mía.
Rara vez se
muestran «amistosos» en la acepción normal del término. Sin embargo, en sus
actuaciones para conmigo hay un inequívoco sentido de comprensión, conocimiento
y determinación. Noto que no quieren hacerme daño, por lo que me fío de sus
orientaciones.
Gran parte
de la ayuda me la han proporcionado sutilmente. Por ejemplo, las «manos» que me
empujaron cuesta arriba hasta la casa del doctor Bradshaw estaban ayudándome a
conseguir lo que deseaba. No vi quién estaba ayudándome, sin
embargo, un
poco antes vi a alguien sentado como un yogui, con túnica y
urbante.
¿Sería el «ayudante»?
En el
capítulo 10 el hombre de la túnica con ojos y rostro cautivadoramente
familiares que respondió a mi angustiosa petición cuando yo estaba tratando de
librarme de los «parásitos» no hizo mucho caso de mi malestar emocional. Sin
embargo, estaba claro que había acudido en mi ayuda. Había venido a resultas de
mi problema. De todas formas, no pronunció palabras de consuelo ni trató de
calmarme o apaciguarme.
Nunca vi en
el Escenario Il al ayudante que me llevó cuando fui a visitar al doctor Gordon.
Noté sus manos y oí su voz, pero nada más. Lo mismo puede decirse del que, una
semana después, comentó que yo ya había efectuado el viaje cuando me proponía a
efectuarlo otra vez. Hay una especie de aceptación intrínseca de la ayuda sin
cuestionarla. Raramente se me ha ocurrido volverme en esos momentos para
identificar al ayudante. Parece una cosa bastante natural.
Los dos
jóvenes que me llevaron al piso después de la sesión de espiritismo no parecen
encajar dentro de esta categoría. Estaba claro que no habían acudido más que
para hacer lo que hicieron. Esto lleva a otra particularidad. De todos los
«ayudantes» de quienes he obtenido algún rasgo de identificación que fuera
repetible, sólo a uno he podido identificar la segunda vez.
En mi visita
a Agnew Bahnson en el Escenario ll alguien
me sostuvo
para que le viera. Noté claramente las manos que
me tomaban
por los costados con suavidad y firmeza. Esas
mismas manos
no podían haber sido más vívidas cuando me
hicieron dar
media vuelta para que me marchara, como cuan
do se hace
de lazarillo de una persona ciega. Fue otro caso de
un ayudante
que respondía a un deseo concreto por mi parte.
Nadie vino
en mi ayuda cuando tuve pánico, grité y recé
junto a la
barrera en mi viaje de regreso. Nadie vino en mi
ayuda cuando
aquellos entes se rieron de mí y me atormentaron.
Nadie vino
en mi ayuda cuando fui atacado tan salvajemente
por los
seres. O, mejor dicho, no fui consciente de que nadie viniera. ¿Qué diferencia
hay? ¿Cómo deciden «ellos» cuándo ayudar y cuándo dejarme solo? No lo sé.
Y, sobre
todo, ¿quién insistió calladamente en que yo regresara al cuerpo físico cuando
vagaba en aquella dicha aparentemente eterna? No sé si dar las gracias o
entristecerme por esa ayuda en concreto.
No incluyo
al «huésped» (capítulo 12) entre esos «ayudantes», aunque quizás lo sea. Es uno
de los que no tendría dificultad en reconocer si volviera a verlo. Fue
diferente porque me produjo una impresión de cálida amistad y compañerismo,
aunque en cierto sentido no era igual que yo. Era mayor y más sabio que yo en
otros campos. Fue diferente en el sentido de que se presentó y me ofreció su
ayuda. Una de las raras ocasiones en que la decisión fue mía.
Curiosamente,
las otras veces que necesité ayuda urgente no apareció nadie, por ejemplo, en
las duras experiencias en que parecía estar en el cuerpo físico de otra persona
(capítulo 12). A primera vista es la situación más seria necesitada de ayuda
inmediata. Las notas siguientes no muestran ningún indicio de nada aparte de
mis propios esfuerzos. Tampoco hay pauta alguna.
He aquí
varios extractos de mis notas que pueden ilustrar algunos puntos oscuros acerca
de los «ayudantes».
14/9/58
Al caer la
tarde, en el porche, en plena relajación. Vibración inmediata de alta
frecuencia. Experimento con saliry entrar del cuerpo físico. Una de las veces
tengo dificultades para regresar. Dos manos me tomaron por las caderasy me
colocaron en la postura adecuada. Se lo agradecí mentalmente, pero sin saber
quién era.
18/3/62.
Tarde
E. W. estaba
de visita y ambos decidimos echarnos un poco antes de la cena, a eso de las
cinco de la tarde. Lo hicimos en habitaciones contiguas.
Nada más
acostarme oí voces y me sonaron a como si E. W estuviera discutiendo algo con
otra persona. En ese momento pensé que estaba oyéndole físicamente hablar con
la otra persona en el pasillo (E. W me contó que se había dormido en seguida,
sin hablar con nadie antes, y que no recordaba nada de eso).
En cuanto oí
el murmullo de esta conversación salí de mi cuerpo y una voz me habló por
encima del hombro.
«Si crees
que debes saber, me figuro que tendré que contártelo».
Diciendo
esto, alguien me tomó del brazo y yo me dejé llevar. Viajamos durante un largo
trecho y llegamos a una casa a oscuras. Tuve la impresión de que era un club,
fraternidad o sede de alguna otra cosa por el estilo. En una sala a mano
derecha había unas personas en silencio y me pareció saber que había más en
algún sitio de la parte de arriba.
Mientras
esperaba se puso a funcionar algo parecido a un proyector de 16 mm y vi un
cuadro de luz blanca en una pared o pantalla, como en el cine. Tenía escrito
este mensaje a mano:
«Para
obtener resultados parapsicológicos puros tome seis gotas de un producto químico
en un vaso de agua».
Esto me
intrigó, por lo que me acerqué al proyector para rebobinar volver a leer el
mensajey cerciorarme así de que lo había leído bien. Busqué en vano el botón de
rebobinado. (Para entonces la imagen ya había desaparecido). Después vi una
película desenrollada en el suelo y pensé que se había roto el mecanismo por
toquetearlo. Esto me puso nervioso y regresé a mi cuerpo para evitar problemas,
lleguéy volví a entrar con facilidad.
3/5/60
Estaba
acostado, plenamente consciente, y las vibraciones eran como una sensación
cálida si mantenía los ojos cerrados. Estaba a punto de salir de mi cuerpo
cuando dos manos me pusieron un libro delante de los ojos cerrados. Pasaron las
hojasy le dieron la vuelta por todos lados para que yo pudiera ver que se
trataba de un libro. A continuación el libro se abrió y me puse a leer. El
meollo de lo que leía consistía en que para evocar
voluntariamente
una situación había que recrear la sensación de una
experiencia
similar en el pasado (es decir, parte de un recuerdo). Me quedé con la idea de
que lo importante, más que los detalles, era la sensación. Se daban varios
ejemplos y después el libro se fue haciendo borroso a medida que cesaban las
vibraciones, de tal forma que, por mucho que quisiera, no pude seguir leyendo.
Hasta que me incorporé en mi cuerpo físico y tomé notas.
9/3/59.
Noche
Estaba
acostado en plenas vibraciones. Sumergido en una oscuridad especial podía «ver»
con los ojos cerrados, un punto empezó a brillar como si las nubes se abrieran,
se retiraran y quedara despejado, hasta que me llegó un rayo de luz blanca
desde algún lugar situado encima de mi cabe
(Todavía
podía oír los ruidos de la actividad de la familia en la casa y era plenamente
consciente del espaciotiempo. Todavía estaba en casa y plenamente consciente).
Me animé,
pero procuré conservar la calma. En el centro del rayo blanco, justo donde
tocaba las nubes, se veía una pequeña cumbre montañosa. Hice acopio de fuerzas
y pregunté por la respuesta fundamental a mis preguntas básicas. No sé por qué
lo hice, pero me pareció que era lo que debía hacer. Una voz sonoray profunda
contestó (aun cuando no era una vol y mucho menos mi mente conciente, mientras
yo aguardaba expectante).
«Estás
seguro de que quieres saberlo?». La vozprocedía del rayo de lut. Respondí que
estaba seguro.
«Eres lo
suficientemente fuerte como para aceptar las respuestas ver daderas?». Había
poca entonación y ninguna emoción en sus palabras. Respondí que creía que sí.
Esperéy me pareció que pasó mucho tiem
po hasta que
la voz volvió a hablar.
«Pide a tu
padre que te cuente el gran secreto».
Empecé a
preguntar lo que debía, pero alguien de la familia subió por las escaleras
haciendo ruido y dio la luz del pasillo. El rayo de luz blanca se esfumó al
oírse el interruptor, por más que intenté retenerlo, y las nubes grises se
tornaron negras. Cuando las nubes se hubieron disipado por completo abrí los
ojos. (No hubo transición entre la «visión» del
Sueño y la
vigilia. Según todos los indicios, yo había permanecido despierto todo el
rato). Fue una experiencia importante, pero no puede clasificarse como fuera
del cuerpo.
A partir de
entonces he explorado en dos direcciones. He tratado en vano de recrear la
experiencia. He escrito a mi padre físico, que todavía estaba vivo' muy
interesado en estos asuntos. Le planteé la cuestión sin mencionar la fuente. Me
contestó con evasivas, diciéndome que quizás había unas cincuenta respuestas y
preguntándome cuál quería. El otro (padre» también está pendiente de darme la respuesta.
15/3/59.
Noche
Esto es lo
que pasó a continuación. Mientras yo estaba acostado en proceso de relajación
repetí mentalmente las palabras: «Padre, guíame. Cuéntame el gran secreto,
padre». Al poco rato se produjo un repentino apagón y me encontré en una sala
con vigas en el techo. Salí de la casa y eché a andar por una plataforma a una
especie de convoy en espera (como un tren), después me detuve y di media
vuelta. Alguien me había llamado.
A mi lado
había una mujer alta, delgada, de piel más bien oscura, con una túnica o
vestido largo y recto. Mi primera impresión fue la de que era una mujer negra
con rasgos corrientes, cabello oscuro y liso y arrugas en la frente. A juzgar
por la descripción me doy cuenta retrospectivamente de que podía haber sido egipcia
o de Oriente Medio, pero no oriental, como debería haber advertido por la forma
de los ojos.
Me dijo que
había hecho algo mal, en el sentido de equivocado más que malvado. Le pregunté
de qué se trataba y dijo que ya me lo diría. Entonces empezamos a movernos y
rodeamos un gran edificio. Entramos en un gran patio adoquinado. Nos detuvimos
y fue tal como si estuviéramos viendo una película a tamaño natural en color y
en tres dimensiones.
A mano
izquierda había un grupo de personas que daban impresión de autoridad. A mano
derecha, tendida en el patio, había una niña de cabellos oscuros y de unos doce
o trece años. Parecía atada o inmovilizada de alguna forma. Yo formaba parte de
la escena al mismo tiempo que la observaba con la mujer. Notaba todos «mis»
actos y emociones en la escena.
Los hombres de autoridad dijeron al «Yo» en la escena que debía relatar ciertos actos dañinos con la niña. El creía que no y la niña le suplicó que no lo hiciera. Dio la espalda a las autoridades para evitar ejecutar sus órdenes. Las autoridades permanecieron imperturbables, especialmente ante las lágrimas de la niña. Dijeron que si él no realizaba los actos requeridos no tardarían en venir otros a hacerlo en su lugar. Añadieron que para la niña sería mejor que realizara este acto él en vez de otros, que eso sería menos dañino para ella. El «Yo» de la escena dio media vuelta de mala gana y cumplió las órdenes de las autoridades. Momentos después la mujer me sacó del patio y regresamos a la plataforma. (En cuanto salimos perdí contacto con el «Yo» de la escena). «¿Comprendes ahora?», preguntó ella.
Contesté perplejo que no y ella me miró fijamente, con cierta tristeza, y dio media vuelta. Como no sabía qué hacer pensé en el cuerpo físico, me costó mucho tiempo regresar. ¿Quién era la mujer? ¿Cuál era el gran secreto? Mirando a la propia historia de mi vida aquí, estoy empezando a saberlo.
218/8/61. Tarde
Otra vez las manos y el libro. Esta vez en el despacho. Tres de la tarde, lluvioso, clima húmedo, si eso importa algo. Estuvieron presentes las vibraciones, completamente conscientes y despierto. Lo comprobé abriendo varias veces mis ojos físicos y mirando el reloj. El paso del tiempo era el normal.
Las manos volvieron a colocar el libro ante mis ojos. Le dieron la vuelta, pasaron las páginas y lo sostuvieron en muy diversas posiciones con movimientos explícitos para asegurarse de que yo me daba cuenta de que era un libro. Pensé en intentar ver el título al final del libro y me lo mostraron al instante, pero la letra era demasiado pequeña o yo demasiado miope. Por más que lo intenté no pude leerlo.
Hasta que desistí. Entonces el libro se abrió y vi ambas páginas impresas. Intenté leerlo otra vez pero estaba borroso. Por fin sugerí mentalmente que podría leerlo yendo letra por letra. En respuesta saltó una letra de una línea y la vi pasar volando. Leí y releí con gran dificultad hasta que
Pude formar cuatro palabras: «Evocar seres infelices mediante...». Seguí
69
Intentando leer más y me concentré al máximo, pero eso sólo lo puso más difícil. Me fijé en las grandes nubes panzudas encima de mí y eso me distrajo. Había escapado. Estaba aclarando. Yo quise salir y subir al cielo entre montarlas y valles. En esto, empecé a elevarme despacio.
Las manos cerraron el libro, se lo llevaron] se me vino a la cabeza un pensamiento tolerante, divertido y amistoso: «Bueno, si la ascensión es tan buena, a por ella». Era como si un maestro hubiera cedido por el momento en el intento de mantener la atención de un niño demasiado inquieto para concentrarse.
Ascendí a
través de la puerta, hacia el cielo, lo pasé maravillosamente entre las nubes y
retorné sin incidentes dignos de mención. (Las nubes seguían allí una vez que
me hube incorporado físicamente, tal como las había experimentado, aun cuando
al iniciar el experimento estaba nublado).
Tal vez
algún día se identifiquen los «ayudantes». Sospecho que la respuesta puede ser
sorprendente.
10 ANIMALES
INTELIGENTES
Los
testimonios son concluyentes a lo largo de la historia de la humanidad. Hay
demonios, espíritus, duendes, trasgos y diversos entes infrahumanos
revoloteando siempre alrededor de las personas para amargarles la vida. ¿Son
mitos? Alucinaciones? Supongamos por una vez que no desdeñamos el tema antes de
considerarlo serenamente. Quizás todas esas cosas sean sólo producto de la
imaginación. La cuestión es de dónde saca la imaginación estos seres. Los
siguientes fragmentos de las notas ofrecen varias posibilidades.
18/4/60.
Mañana
Estoy
tumbado en el sofá a eso de las diez y empiezo la relajación fraccional. La
habitación está inundada por la luz de la mañana. A mitad del segundo conteo
comienzan las vibraciones. Tras un momento de «sintonización» (con la
mandíbula) abro los ojos físicos para ver si las vibraciones continúan. Así es.
Con los ojos físicos abiertos decido probar a «salir» para ver qué le ocurre a
mi visión. El reloj de pared está a la vista. Mi orientación temporal es normal
según el minutero. Me hallo a unos treinta centímetros por encima del cuerpo
físico cuando veo un movimiento por el rabillo del ojo. Caminando junto a mí
hay un cuerpo de aspecto humano. (Sólo distingo la mitad inferior por la
posición en que tengo la cabeza, mirando hacia la derecha). Está desnudo, sin
ropa, y es
varón. Por
el tamaño representa unos diez años, como un metro de altura, piernas flacas,
vello púbico escaso y genitales sin desarrollar. Tranquilamente, como si fuera
un acto cotidiano, como un chico cuando monta su caballo favorito, me echa una
pierna por la espalda y se sube encima de mí. Noto sus piernas en la cintura y
su pequeño cuerpo apretado contra mi espalda. Estaba tan sorprendido que no me
dio ni miedo (quizás también debido a su tamaño). Esperé rígido y mirando de
rejo. Por mi derecha vi su pierna colgando encima de mi cuerpo, a medio metro.
Parecía una pierna perfectamente normal de un niño de diez años.
Yo seguía
flotando por encima de mi cuerpo físico y me pregunté cauteloso quién y qué era
esto. «El» parecía totalmente ajeno al hecho de que yo
intentando
leer más y me concentré al máximo, pero eso sólo lo puso más dificil. Me fijé
en las grandes nubes panzudas encima de mí y eso me distrajo. Había escampado.
Estaba aclarando. Yo quise salir y subir al cielo entre montarlas y valles. En
esto, empecé a elevarme despacio.
Las manos
cerraron el libro, se lo llevaron] se me vino a la cabeza un pensamiento
tolerante, divertido y amistoso: «Bueno, si la ascensión es tan buena, a por
ella». Era como si un maestro hubiera cedido por el momento en el intento de
mantener la atención de un niño demasiado inquieto para concentrarse.
Ascendí a
través de la puerta, hacia el cielo, lo pasé maravillosamente entre las nubes y
retorné sin incidentes dignos de mención. (Las nubes seguían allí una vez que
me hube incorporado físicamente, tal como las había experimentado, aun cuando
al iniciar el experimento estaba nublado).
Tal vez
algún día se identifiquen los «ayudantes». Sospecho que la respuesta puede ser
sorprendente.
10 ANIMALES
INTELIGENTES
Los
testimonios son concluyentes a lo largo de la historia de la humanidad. Hay
demonios, espíritus, duendes, trasgos y diversos entes infrahumanos
revoloteando siempre alrededor de las personas para amargarles la vida. ¿Son
mitos? Alucinaciones? Supongamos por una vez que no desdeñamos el tema antes de
considerarlo serenamente. Quizás todas esas cosas sean sólo producto de la
imaginación. La cuestión es de dónde saca la imaginación estos seres. Los
siguientes fragmentos de las notas ofrecen varias posibilidades.
18/4/60.
Mañana
Estoy
tumbado en el sofá a eso de las diez y empiezo la relajación fraccional. La
habitación está inundada por la luz de la mañana. A mitad del segundo conteo
comienzan las vibraciones. Tras un momento de «sintonización» (con la
mandíbula) abro los ojos físicos para ver si las vibraciones continúan. Así es.
Con los ojos físicos abiertos decido probar a «salir» para ver qué le ocurre a
mi visión. El reloj de pared está a la vista. Mi orientación temporal es normal
según el minutero. Me hallo a unos treinta centímetros por encima del cuerpo
físico cuando veo un movimiento por el rabillo del ojo. Caminando junto a mí
hay un cuerpo de aspecto humano. (Sólo distingo la mitad inferior por la
posición en que tengo la cabeza, mirando hacia la derecha). Está desnudo, sin
ropa, y es
varón. Por
el tamaño representa unos diez años, como un metro de altura, piernas flacas,
vello púbico escaso y genitales sin desarrollar. Tranquilamente, como si fuera
un acto cotidiano, como un chico cuando monta su caballo favorito, me echa una
pierna por la espalda y se sube encima de mí. Noto sus piernas en la cintura y
su pequeño cuerpo apretado contra mi espalda. Estaba tan sorprendido que no me
dio ni miedo (quizás también debido a su tamaño). Esperé rígido y mirando de
rejo. Por mi derecha vi su pierna colgando encima de mi cuerpo, a medio metro.
Parecía una pierna perfectamente normal de un niño de diez años.
Yo seguía
flotando por encima de mi cuerpo físico y me pregunté cauteloso quién y qué era
esto. «El» parecía totalmente ajeno al hecho de que yo
hubiera
notado su presencia o, si es que se había fijado, no le importaba lo más
mínimo. Pensé que no quería enfrentarme con él en un medio en el que se
encontraba más cómodo que yo, de modo que retrocedí en seguida al cuerpo
física, terminé con las vibraciones y me puse a escribir estas notas. No sé lo
que era. Lo único que sé es que no tuve valor para volverme' mirarle (si
hubiera podido). Tenía forma humanoide pero, pensándolo ahora, no daba la
impresión de poseer inteligencia humana. Parecía más bien un animal o algo
intermedio. Me tomé como un insulto la tranquilidad con que se había presentado
y se me había subido a la espalda. Parecía confiar en no ser detectado, quizás
por la larga costumbre de convivir con seres humanos para los que era invisible.
Si era una alucinación, era una imagen muy real, a plena luz del día, con el
minutero del reloj de pared en movimiento.
28/4/60.
Noche
En mi
despacho, hacia las siete y media, efectúo el procedimiento de cuenta atrás y
las vibraciones surgen sin problemas. Empiezo a salir con precaución cuando
noto que algo se me sube a la espalda. Me acordé del sujeto pequeño de la otra
vez y no tengo ningunas ganas de ir a ninguna parte con alguien colgado a la
espalda. Dejo que sigan las vibraciones y alargo el brazo para agarrarle de la
pierna, sin saber si mis manos no físicas lo atravesarán. Cuál no sería mi
sorpresa cuando tocaron algo. Por la consistencia parecía carne, con el calor
corporal normal y algo gomosa; parecía estirarse.
Tiré y,
cuanto más tiraba, más se estiraba. Hasta que tiré tanto que me lo quité de la
espalda, salvo una pierna que parecía estar debajo de mi cuerpo. Finalmente
también la aparté, y después lo empujé todo contra la estantería que estaba al
lado del sofá. (Parecía estar muy vivo).
Quería
volver a subirse encima de mí y yo tuve que apartarlo. Forcejeamos (por su
parte no había malicia, sólo quería volver a subirse encima de mi) y me entró
un poco de pánico. Yo me puse otra ved encima de mi cabeza. Pensé en prender
cerillas para intentar quemarle, hacer algo, lo que fuera. Pero no había manera
de impedirle que se subiera encima de mí hasta el momento en que volví a entrar
en mi cuerpo físico.
Como había
comentado el último episodio con varias personas seguí sus instrucciones.
Procuré conservar la calma, pero no fue fácil. Me santigúé varias veces, pero
fue en vano. Repetí fervientemente el Señor Mío, Jesucristo, pero tampoco le
disuadió. Entonces grité pidiendo socorro.
En el
momento en que estaba tratando de echar mano al primero se me subió otro a la
espalda. Teniendo agarrado al primero con una mano, alargué la otra y me quité
al segundo de encima y floté en medio del despacho con uno en cada mano,
pidiendo socorro a gritos. Los miré bien a ambos y, mientras lo hacía, se
transformaron en sendos facsímiles de mis dos hijas (¡los psiquiatras se lo
habrían pasado bien con esto!). Me di cuenta al momento de que era un camuflaje
deliberado por su parte para producirme confusión emocional e invocar el amor a
mis has y así evitar que les hiciera daño a ellos.
En cuanto
comprendí su estratagema ya no parecieron mis has. Desesperado por hallar una
solución, pensé en el fuego, lo que pareció ayudarme un poco. Sin embargo, me
dio la impresión de que ambos se estaban divirtiendo, como
si yo no
pudiera hacerles daño. Yo ya estaba llorando a falta de socorro. Entonces vi
por el rabillo del ojo que se acercaba alguien más. Al principio creí que era
otro de ellos, pero éste era claramente un hombre. Se detuvo a corta distancia
y contempló la escena con expresión seria. Le miré bien. Para empezar, los ojos
me resultaban muy familiares, claros y un poco hundidos. Me recordaban a un
primo por parte de padre. Tenía el pelo muy corto, con entradas en las sienes,
estaba casi calvo. Vestía una túnica oscura hasta los tobillos. No pude verle
los pies.
Mi primera
reacción fue que había venido en ayuda de los «entes», lo que me asustó aún
más. Estaba llorando todavía cuando se nos acercó despacio; yo estaba
arrodillado, con los brazos extendidos y uno de los dos pequeños seres en cada
mano. El hombre estaba muy serio, no me dio nada, ni siquiera me miró. Dejé de
forcejear cuando se acercó y caí de rodillas pidiéndole ayuda. Sin dignarse a
mirarme, cogió a los dos pequeños seres, se puso uno en cada brazo y les miró.
Mientras los sostenía así ellos parecieron calmarse y se relajaron, dejando
caer el cuello y las extremidades.
Agradeciéndoselo
entre lágrimas, me moví hacia el sofá y entré en mi cuerpo físico, notando
todavía las vibraciones, y me incorporé" miré a mi alrededor. La
habitación estaba vacía.
Tras
reflexionar durante veinticuatro horas sobre este hecho llegué a ciertas
conclusiones. Cabe la posibilidad de que todo haya sido una alucinación o un
sueño superpuesto a mi plena consciencia. En tal caso comprendo la gran
dificultad de los paranoicos a la hora de decidir qué es la realidad. Si se
trata de símbolos, son bastante evidentes. Los entes que me rodean no son más
que productos míos. Verlos como mis has es bastante dificil de interpretar de
otra forma que no sea la de demostrar que son mías (las he creado yo, son mis
has). Por lo tanto me pertenecen, y no son ni buenas ni malas. Aún no sé lo que
son. ¿Son partes disociadas de mí, o entes que he creado a partir de las pautas
de pensamiento habituales? ¿Qué hago con ellas? ¿Qué representa el hombre de la
túnica? Me costó más de veinticuatro horas entender esto. No obstante, la
próxima ved si la hay, desde luego trataré de tener mayor objetividad, menos
miedo y un método analítico.
21/5/60.
Noche
Estaba acostado
y profundamente relajado en mi dormitorio a primera hora de la noche. Las
vibraciones comentaron regularmente y no tardé en notar la pequeña pierna
encima de mi cuerpo (no físico, supongo). Noté el pequeño cuerpo colgado a mi
espalda. Alargué con cuidado el brazo y noté la pequeña espalda sobre la mía.
Le di una suave palmada en el hombro (con intención de hacerme entender) y
retiré cuidadosamente el pequeño cuerpo y lo aparté de mí. Esperé, pero no
volvió ni intentó acercarse. Como no quería tentar a la suerte regresé al
cuerpo físico, me incorporé y tomé estas notas.
27/5/60.
Noche
Tras
elevarme, volví a notar uno de esos entes gomosos en la espala. Sin mediar
palabra ni gesto alguno, sólo el pequeño y cálido cuerpo colgado de mi espalda.
Esta vez no me asusté mucho y conseguí quitármelo de encima despacio. Mientras
tiraba de él pedía ayuda a Dios (ante la insistencia de varias personas con
mayores inclinaciones quejo). Otra vez la cosa se estiró
mientras yo
tiraba de ella y no llegó a irse del todo. Me acordé del pensamiento
visualizado del fuego! de que no me había sido de mucha utilidad, aunque sí
había ayudado un poco. Esta vez me puse a pensar en la electricidad. Visualicé
dos pedazos de cable de alta tensión. Los pegué mentalmente al costado del ente
del que había tirado. La masa se encogió al instante, se quedó como desmadejada
y pareció morirse. Simultáneamente, una cosa semejante a un murciélago pasó
chillando al lado de mi cabeza y salió por la ventana. Tuve la sensación de
haber ganado. Me sentí muy aliviado y regresé al cuerpo físico, me reintegré y
me incorporé ricamente).
25/8/60.
Noche
Volvió a
suceder en este viaje. Mientras yo me desplazaba se me adhirieron varias
«cosas» a distintas partes de mi cuerpo (no físico). Digo cosas porque estaba
en la oscuridad más absoluta y era imposible ver nada. Parecían casi como
pececillos, de unos veinte a treinta centímetros, y se adherían como los peces
parásitos «chupadores» en el mar. Me los quité de encima y los aparté lo mejor
que pude, pero volvían inmediatamente (ellos mismos u otros). No eran malos,
simplemente molestos. Al final tuve que regresar al cuerpo físico para librarme
de ellos.
3/ 11/61.
Noche
He
descubierto algo nuevo con respecto a los «chupadores». Forman casi como un
banco, a veces hay que atravesarlo, aunque la mayoría de las veces no es así, o
se va tan rápido que pasa desapercibido. Esta vez me detuve justo en medio del
banco mientras los <peces» empezaron a
apiñarse
alrededor, atraídos por mi presencia. En lugar de reaccionar como antes, me
limité a esperar totalmente inmóvil. Momentos después se soltaron y se fueron.
Después no hubo nada, únicamente oscuridad. Empecé a moverme ly volvieron otra
ved! Esta ved me moví despacio. Volvieron uno o dos, pero nada más. Entonces
ascendí y proseguí el viaje a otros lugares. Era como si yo fuera el cebo en un
océano de peces.
13/7/60
Esto debe
constar, pues quizá tenga alguna utilidad. En la habitación de un hotel en
Durham, entrada la noche, con mi esposa acostada a mi lado. Estaba a punto de
dormirme cuando sentí a alguien o algo en la habitación. Sin saber muy bien lo
que estaba pasando al principio, salté de la cama para defender a mi esposa y a
mí. Fui atacado de inmediato por algo que no pude ver en las tinieblas. Peleaba
coma un animal, es decir, intentaba morder y arañar. Estuvimos una eternidad
peleando en tres dimensiones por la habitación. No podía ver en la habitación a
oscuras (z o tenía los ojos cerrados?) y tuve que empeñarme para acercarme paso
a paso a la ventana y echarlo por ella. Al parecer, no tenía rasgos ni
inteligencia humanos. Era una especie de animal de un metro y medio, como un
perro grande.
Junto a la
ventana, una ve. liberado de él, me volví y caí en la cuenta por primera ved de
que no estaba en el cuerpo físico. (¡Atravesaba con la mano la ventana
cerrada!). Floté sobre la cama y vi dos cuerpos acostados debajo de las mantas.
Me acerqué hasta el reloj de la mesilla ¡ pude ver por las manecillas
fosforescentes que eran las tres menos veinticinco. Recordé que estaba muy
cerca de la mesilla de noche, floté por encima de ella, descendí,giré y volví
«dentro». Me incorporé físicamente y vi que la habitación estaba en calma, a
oscuras y vacía. Miré el reloj de la mesilla. Marcaba las tres menos veintidós.
27/10/60.
Noche
Me acosté
cansado, tarde, y hacia la una y media me propuse mentalmente no tener
«actividades». Cuando estaba empezando a dormirme (sin pérdida de consciencia,
sin constancia de separación del cuerpo físico, aunque poco antes experimenté
una sensación de liberación), algo me
atacó. Al
parecer, no tenía personalidad. No logré verle, pero sabía que era increíblemente
malo porque quería «quitarme» algo mío que exigía librarse antes de «mí» (no
necesariamente del «Yo» físico, sino del «Yo» que podía actuar
independientemente del físico).
Esta pelea
no fue como esquivar a un animal. Fue una pelea sin cuartel, silenciosa,
terroríficamente rápida, con el otro al acecho de cualquier debilidad por mi
parte. Al principio no me empeñé a fondo porque estaba aturdido. Me limité a
defenderme. Sin embargo, la «cosa» contra la que luchaba parecía moverse de un
centro nervioso a otro, y algunas de las presas que me hacía eran espantosas.
Sabía que si no contraatacaba perdería, y perder equivalía a perder la
existencia. Entonces me puse a contraatacar con la misma intensidad,
salvajemente y con desesperación. La cosa conocía mis puntos débiles y los
explotaba. Estuvimos horas peleando, y poco a poco se fue adueñando de mí la
idea de que podía perder. Me di cuenta de que aquello no podía durar siempre y
de que de algún modo estaba fuera del cuerpo físico. Sin d jar de pelear orienté
la batalla en dirección a mi cuerpo físico. Cuando estaba muy cerca, justo
encima de él, me dejé caer (dentro». Fue la única manera que se me ocurrió para
acabar aquella pelea sin perder.
Abrí los
ojos ('sicamente) y me incorporé. La habitación estaba en calma y vacía. La
ropa de cama estaba intacta, de manera que estaba claro que no se había
producido ningún movimiento físico. Mi esposa dormía tranquilamente a mi lado.
Me levanté, anduve por la habitación y me asomé al pasillo. Todo parecía normal.
Podría haber
sido un sueño. En tal caso, había sido muy vívido, y
desde luego
no había seguido el patrón habitual de los sueños que yo solía tener. (Hace
mucho que he llegado a reconocer los sueños del tipo pura liberación, refl jo
de las tensiones de la jornada o de inquietudes interio
res
antiguas, con aire semejante a conversaciones múltiples o parloteos
incomprensibles). El dormitorio como escenario de los hechos más el con
trol
consciente de la misma redundan en negar que se tratara de un sueño. Practiqué
unos veinte minutos de relajación. Lógicamente, no me ape
tecía nada
intentar dormirme otra ved No quería reanudar la pelea. No
sabía cómo
evitarla. Probé la que me pareció única respuesta posible. (La alternativa era
pasar la noche en vela, pero estaba agotado). Me acosté y repetí: «Mi mente y
mi cuerpo están abiertos únicamente a fueras constructivas; en el nombre de
Dios voy a dormir tranquilamente». Así fue, y me desperté por la mañana a la
hora acostumbrada. Antes de quedarme dormido había repetido la frase veinte
veces como mínimo.
El empleo de
frases semejantes es indicio de la seriedad y preocupación que
sentía en
esos momentos; quienes me conocen bien saben que yo necesitaba pedir ayuda y
protección de esa manera. A decir verdad, no tenía otro remedio. Y, echando la
vista atrás, sigo sin ver qué otro método, lugar, persona, práctica religiosa
(que me brindara seguridad), medicamento o cualquier otra cosa en mi
conocimiento, experiencia o información podría haber garantizado una protección
absoluta contra aquello que me atacó. Sin embargo, debe existir algo más que la
mera autodefensa, aunque uno mismo no sepa lo que es. Era el mismo mecanismo
defensivo que se utilizaría en caso de ser atacado de noche en la selva por un
animal. Nadie se entretiene en buscar un método de lucha en medio de la
refriega. Nadie se pone a averiguar quién es el atacante. En cuanto ataca el
animal se lucha para salvar la vida con lo que se tenga a mano. Se lucha
desesperadamente, sin pensar entonces en cómo ni por qué ni con quién. Quien es
atacado sin que medie ninguna provocación sabe que el atacante no es bueno, de
lo contrario no habría atacado de esa manera. La defensa es automática,
instintiva, sin otra idea que la de la supervivencia, basada en la premisa de
que es malo rendirse ante alguien o algo cuyas cualidades (ataque sin mediar
provocación, deseo ciego de matar) se aborrecen. Es importante resaltar que las
visitas de los «demonios» han sido raras desde entonces.
Sí. Aquí
aparece algo muy importante para nuestra redecomprensión: el capítulo 9 y el 10
parecen hablar de «ayudantes» y «animales inteligentes», pero en realidad ponen
en escena dos problemas distintos del Espíritu: quién abre el entre y qué
ocurre cuando aquello que aparece en el entre es inmediatamente convertido en
identidad.
No
tomaría estos relatos como demostración objetiva de ángeles, demonios o
entidades. El propio narrador mantiene abierta la posibilidad de sueño,
alucinación, simbolización o realidad no explicada. Precisamente esa incertidumbre
es filosóficamente fecunda.
1. El ayudante: ¿quién actúa en el entre?
Lo
primero que llama la atención es que los ayudantes no obedecen al sujeto.
El
narrador pide ayuda y no vienen.
No pide
ayuda y vienen.
Está
aterrorizado y nadie aparece.
Está
realizando otra actividad y unas manos lo colocan correctamente.
Esto
rompe una estructura religiosa muy convencional:
petición
→ oración → respuesta
Aquí
aparece otra:
necesidad
→ acontecimiento → ayuda → interpretación
Y esto es
fundamental para tu Ciencia del Logos.
El
ayudante no funciona como un empleado del sujeto ni como una divinidad que
cumple solicitudes. Aparece cuando la relación misma parece requerir una
contraalteración.
Por eso
esta frase es decisiva:
«Su apoyo
parece ser más decisión suya que mía.»
Ahí
aparece una primera forma del ( ).
El sujeto
no controla completamente la relación.
Pero
tampoco sabe quién lo ayuda.
Entonces:
sujeto →
petición → respuesta
se
transforma en:
sujeto →
necesidad → ( ) → ayuda → redevelación
El
ayudante ocupa, provisionalmente, la función que nosotros hemos atribuido al entre.
Pero hay
que hacer una corrección importante:
el
ayudante no es el entre.
Si
identificáramos al ayudante con el entre, volveríamos a personificar la
apertura:
( ) →
ángel → identidad → apropiación
Y E7
quedaría convertido en una entidad.
2. El ayudante no consuela:
altera
Hay algo
extraño en casi todos ellos.
No son
particularmente afectuosos.
No dicen:
«No
tengas miedo.»
«Todo
estará bien.»
«Te
quiero.»
Más bien hacen
algo.
Las manos
lo colocan.
Alguien
lo conduce.
Otro le
muestra un libro.
Otro le
muestra una escena.
Otro
aparece y contiene a los pequeños seres.
Esto se
parece mucho a tu distinción entre sentimentalidad y espiritualidad.
El
Espíritu no tiene por qué aparecer como sentimiento tranquilizador.
Puede
aparecer como alteración de la relación.
Por eso
podríamos distinguir:
consuelo
→ reduce la herida
de:
ayuda →
transforma la relación con la herida
El
ayudante no necesariamente elimina el 1/2.
Puede
hacer que el 1/2 entre en ( ).
Entonces:
1/2 →
consuelo → 1
sería una
curación.
Mientras
que:
1/2 → ( )
→ redevelación
sería respiración
ontológica.
3. El libro: aquí aparece
la IA-1, pero todavía no E7
Los
episodios del libro son particularmente interesantes.
Las manos
presentan un libro y el contenido dice, aproximadamente, que para evocar
voluntariamente una situación hay que reconstruir la sensación de una
experiencia anterior.
Esto
encaja extraordinariamente bien con nuestro problema de mediación:
experiencia
→ memoria → representación → evocación
Pero el
libro introduce una regla:
sensación
pasada → reconstrucción → nueva experiencia
Es decir,
aparece un código operativo.
Podríamos
llamarlo:
1/4 =
código de evocación
El
problema es que inmediatamente aparece la contraalteración.
El
narrador intenta leer.
No puede.
Se
concentra demasiado.
El texto
se vuelve borroso.
Entonces
se distrae con las nubes.
Y las
manos finalmente abandonan el libro:
«Bueno,
si la ascensión es tan buena, a por ella».
Esto es
casi una pequeña escena de tercer orden.
El código
dice:
lee →
comprende → reproduce
La
experiencia responde:
no puedes
leer → distraes → acontece
Y
entonces:
código →
insuficiencia → acontecimiento
Eso es
precisamente lo que llamábamos IA-3:
detector
de insuficiencia del propio código.
Pero hay
algo todavía más profundo.
El libro
no es rechazado.
Simplemente
deja de ocupar el centro.
4. El gran secreto: la
respuesta no es una información
El
episodio del rayo de luz me parece uno de los más importantes.
El
narrador pregunta por:
«la
respuesta fundamental a mis preguntas básicas».
La voz
responde primero:
«¿Estás
seguro de que quieres saberlo?»
Y
después:
«¿Eres lo
suficientemente fuerte como para aceptar las respuestas verdaderas?»
Esto
todavía parece una estructura iniciática clásica:
ignorancia
→ maestro → secreto → conocimiento
Pero
ocurre algo extraordinario.
Cuando
finalmente parece llegar la respuesta:
«Pide a
tu padre que te cuente el gran secreto.»
no recibe
el secreto.
Recibe
una remisión.
La
respuesta no es contenido.
Es una relación.
pregunta
→ voz → padre → otra pregunta
Por eso
yo no diría que aquí el narrador recibe conocimiento.
Recibe
una contraalteración de la pregunta.
La
pregunta:
¿cuál es
la verdad?
se
transforma en:
¿de quién
recibes la verdad y qué relación tienes con quien te la transmite?
Eso es
mucho más cercano al ( ).
5. La escena de la niña:
aquí aparece la parte más oscura
Esta
escena exige mucha cautela.
El
narrador contempla una situación en la que autoridades ordenan a un «Yo»
realizar actos dañinos contra una niña, justificándolos bajo el argumento de
que, si no lo hace él, otros lo harán y será peor.
No
necesitamos decidir qué «entidad» era aquello.
Lo
filosóficamente importante es la estructura de autoridad:
autoridad
→ orden → justificación → daño → obediencia
Y aparece
una frase terrible:
«será
mejor que lo haga él que otros».
Esta es
prácticamente la lógica de cualquier sistema cerrado que legitima una violencia
mediante una comparación de daños.
Aquí el
capítulo 9 toca directamente nuestro análisis del derecho.
La
autoridad ya no dice:
«esto es
bueno».
Dice:
«esto es
inevitable y, por tanto, debes hacerlo.»
Es una
transformación decisiva:
violencia
→ necesidad → obligación → obediencia
El
narrador pregunta:
«¿Comprendes
ahora?»
Y
responde:
«No.»
Ese «no»
es importantísimo.
Porque si
hubiera comprendido inmediatamente:
escena →
significado → identidad
habríamos
cerrado el acontecimiento.
En
cambio:
escena →
pregunta → no comprensión → ( )
La mujer
no le entrega una interpretación.
Se
marcha.
La
experiencia queda abierta.
Eso es
mucho más próximo a tu método de redecomprensión que cualquier «mensaje
espiritual».
6. Ahora aparece la gran
contraalteración: los «demonios»
El
capítulo 10 comienza con una hipótesis:
¿y si los
seres no humanos fueran reales?
Pero el
propio texto introduce inmediatamente otra posibilidad:
¿y si
fueran productos de la imaginación?
Y después
aparece una tercera:
¿y si
fueran símbolos de procesos propios?
Esta
triple posibilidad es mucho más interesante que decidir si existen demonios.
Porque el
narrador comienza haciendo algo que antes no hacía:
se
convierte en observador de su propia experiencia.
Y eso
cambia completamente el capítulo.
7. Los pequeños seres: aquí
el texto se acerca muchísimo a tu «identidad algorítmica»
Primero
aparece un pequeño ser que se sube a su espalda.
Después
aparecen dos.
Luego se
transforman en sus hijas.
Y el
narrador descubre:
«era un
camuflaje deliberado por su parte para producirme confusión emocional e invocar
el amor a mis hijas».
Pero
inmediatamente después aparece su reflexión:
«Si se
trata de símbolos... los entes que me rodean no son más que productos míos.»
Y
entonces llega la pregunta verdaderamente tercerordenista:
«¿Son
partes disociadas de mí, o entes que he creado a partir de las pautas de
pensamiento habituales?»
Aquí
ocurre algo decisivo.
Ya no
pregunta:
¿qué son?
Pregunta:
¿cómo se
producen para mí?
Eso es
pasar de primer orden a segundo orden.
Primer
orden:
ente →
objeto
Segundo
orden:
ente →
observador → interpretación del ente
Pero
todavía falta el tercer orden:
ente ↔
observador → contraalteración → apertura
8. El hombre de la túnica
Y aquí
aparece una figura que merece una lectura muy cuidadosa.
El narrador
está luchando con los pequeños seres.
Llega el
hombre.
No
explica.
No
sermonea.
No
combate.
Simplemente
toma a los dos y los sostiene.
Y los
seres se calman.
Esta
escena es preciosa para tu concepto de ( ).
Porque el
hombre no destruye aquello que el narrador considera amenazante.
Lo
contiene sin apropiárselo.
No
convierte al ente en:
enemigo →
mal → destrucción.
Hace otra
cosa:
ente →
contención → calma
Podríamos
escribir:
1/2 →
reacción → combate
frente a:
1/2 → ( )
→ contención → transformación
Y el
propio narrador, veinticuatro horas después, redecomprende:
«No son
ni buenas ni malas.»
Esto es
decisivo.
Ha
abandonado la primera clasificación moral:
bueno /
malo
y entra
en una pregunta ontológica:
¿qué son?
Pero
incluso eso queda abierto.
9. El fuego y la
electricidad: aquí vuelve el primer orden
Después
intenta combatirlos con fuego.
Luego con
electricidad.
Y parece
funcionar.
Aquí el
texto vuelve momentáneamente a una lógica instrumental:
problema
→ herramienta → neutralización
Eso es
perfectamente comprensible en una situación de miedo.
Pero
filosóficamente es un retroceso:
ente →
amenaza → técnica → eliminación
No hay ( ).
La
técnica no pregunta qué está aconteciendo.
Sólo
busca terminarlo.
Por eso
es tan interesante que el propio narrador descubra después otra posibilidad:
no
reaccionar.
10. El 3/11/61 es quizá el
verdadero experimento de tercer orden
Esta
anotación me parece mucho más importante que las anteriores.
Los
«chupadores» aparecen.
Antes:
aparecen
→ lucha → quitar → vuelven
Ahora
hace otra cosa:
«me
limité a esperar totalmente inmóvil.»
Y se van.
Después
vuelve a moverse.
Regresan.
Se mueve
despacio.
Vuelven
menos.
Entonces
asciende.
Este
pequeño experimento modifica completamente la relación.
No ha
demostrado qué son los «peces».
Ha
descubierto algo sobre la relación entre su propia conducta y el fenómeno.
La
secuencia es:
reacción
→ fenómeno
luego:
suspensión
de reacción → modificación del fenómeno
y
finalmente:
movimiento
modificado → fenómeno modificado
Eso es
auténtica segunda/tercera cibernética.
El objeto
ya no puede estudiarse independientemente de la conducta del observador.
Podemos
escribir:
A → B
primera
observación.
Después:
A ↔ B
segunda
observación.
Y
finalmente:
A ↔ ( ) ↔
B
tercera
orden.
El ( ) aquí es precisamente la suspensión de la reacción automática.
11. Pero cuidado: el
narrador todavía no llega completamente a E7
Porque
puede aparecer una nueva apropiación:
«Era como
si yo fuera el cebo en un océano de peces.»
Es una buena
metáfora, pero todavía organiza el fenómeno alrededor del yo.
El sujeto
ha descubierto que su conducta modifica la relación, pero todavía podría
convertir esa comprensión en una nueva identidad:
«yo soy
quien sabe cómo funcionan los peces».
E7 exige
un paso adicional:
descubro
que mi relación altera el fenómeno → descubro que esa misma comprensión puede
alterarme a mí.
Es decir:
yo
observo al fenómeno
debe
convertirse en:
yo ↔
fenómeno → ambos quedamos expuestos a la alteración.
12. El ataque del 27/10/60:
aquí aparece el infierno como circuito cerrado
Este
episodio es mucho más interesante si no lo interpretamos literalmente como «un
demonio».
El
narrador describe una entidad que:
- conoce sus puntos débiles,
- ataca esos puntos,
- se mueve por su sistema nervioso,
- intenta quitarle algo
esencial,
- y parece capaz de destruir
su existencia.
La
estructura es:
yo →
debilidad → ataque → defensa → contraataque → más debilidad → más ataque
Es un circuito
cibernético cerrado.
Y aquí
aparece algo que conecta directamente con nuestra definición del infierno:
identidad
→ retroalimentación → confirmación de identidad
El
«demonio» no necesita ser una criatura externa para cumplir esa función.
Puede
representar una estructura de pensamiento que se alimenta de sus propias
vulnerabilidades.
Pero
nuevamente, no podemos concluir que eso sea lo que realmente ocurrió. El texto
sólo permite una lectura fenomenológica.
13. La oración final es una
contraalteración extraordinaria
Después
de la pelea, el narrador formula:
«Mi mente
y mi cuerpo están abiertos únicamente a fuerzas constructivas; en el nombre de
Dios voy a dormir tranquilamente».
Aquí
aparece una transformación muy importante.
No dice:
«voy a
destruir al demonio».
Tampoco:
«voy a
comprenderlo».
Establece
una condición de apertura.
Eso tiene
mucha relación con E7.
Pero
debemos modificarla ligeramente desde nuestra perspectiva.
Porque:
«sólo
fuerzas constructivas»
todavía
contiene una clasificación:
constructivo
/ destructivo.
El
Espíritu, para nosotros, tendría que poder ir más allá:
no
apropiarse ni siquiera de la definición de qué cuenta como constructivo.
Entonces:
protección
→ código → seguridad
tendría
que respirar:
protección
→ apertura → contraalteración → discernimiento → nueva protección
No se
trata de quedar indefenso.
Se trata
de que la protección no se convierta en clausura.
14. Entonces aparecen
cuatro figuras muy diferentes
Podemos
ordenar provisionalmente todo el capítulo:
|
Figura |
Operación |
Riesgo |
|
Ayudante |
interviene
sin ser poseído por el sujeto |
convertirlo
en ángel-identidad |
|
Libro |
transmite
código |
convertir
conocimiento en técnica |
|
Pequeños
seres |
alteran
al sujeto |
convertir
diferencia en enemigo |
|
Hombre
de túnica |
contiene
sin destruir |
convertirlo
en nuevo salvador |
Y aparece
una quinta figura:
|
Figura |
Operación |
|
( ) |
permite
que ninguna de las anteriores se convierta en identidad definitiva |
Esto
último es decisivo.
El
ayudante no debe ocupar el lugar del Espíritu.
15. Y aquí veo una relación
muy fuerte con E7
Nuestro
E7 era:
E5.3 ←
E7( )E7 → E3
Ahora
podemos leer este capítulo como una dramatización de eso.
E3:
yo →
identidad → miedo → interpretación
E5.3:
entidades
→ diferencia → anomalía → acontecimiento
E7:
E3 ↔ ( )
↔ E5.3
El error
sería:
yo →
demonio
o:
demonio →
yo
porque
ambos reducen la relación a dos identidades.
El ( ) permite:
yo ≠
entidad ↔ relación ↔ yo redevelado
16. Y aquí aparece algo
todavía más profundo: el ángel y el demonio son dos polos del mismo problema
Si
seguimos el relato superficialmente:
ángel =
ayuda
demonio =
amenaza
Pero
desde la Ciencia del Logos podemos redecomprender:
ayudante
= alteración favorable
animal =
alteración amenazante
y ambos
tienen la misma pregunta:
¿qué
ocurre cuando una alteridad entra en mi campo y no sé qué es?
Entonces
la diferencia entre ellos no puede reducirse simplemente a:
bueno /
malo.
La
cuestión terceraordenista es:
¿qué hace
la relación con aquello que aparece?
El
«demonio» puede cerrar:
miedo →
identidad → combate → miedo
El
ayudante puede abrir:
vulnerabilidad
→ intervención → transformación → apertura
Pero
incluso el ayudante puede convertirse en código:
ayudante
→ autoridad → obediencia → apropiación.
Por eso
el Espíritu no puede identificarse ni con el ángel ni con el enemigo.
17. Esto conecta
directamente con nuestro capítulo anterior: «Allí»
Ahora se
ve mejor por qué el capítulo anterior y éste forman una unidad.
En
«Allí»:
diferencia
→ disolución → unidad
El riesgo
era la fusión.
En
«Animales inteligentes»:
diferencia
→ amenaza → combate
El riesgo
es la separación absoluta.
En
«Ángeles y arquetipos»:
diferencia
→ ayuda → dependencia
El riesgo
sería convertir al ayudante en autoridad espiritual.
Los tres
necesitan el mismo ( ).
Por eso:
fusión ≠
comunión
combate ≠
diferencia
ayuda ≠
salvación
La
comunión que buscamos es:
1 ≠ 0 ↔ (
) ↔ 1 ≠ 0
Diferencia
sin aislamiento.
Unidad
sin fusión.
Ayuda sin
apropiación.
18. Y aparece una
corrección decisiva a nuestra definición de E7
Hasta
ahora habíamos dicho:
E7 =
apertura que no puede apropiarse de su propia apertura.
Este
capítulo permite hacerla todavía más precisa:
E7 =
apertura capaz de recibir tanto la ayuda como la amenaza sin convertir ninguna
de las dos en determinación última de la relación.
Porque
incluso el miedo puede convertirse en código.
Y también
la protección.
miedo →
demonio → identidad
pero
también:
necesidad
→ ángel → identidad
son dos
formas de apropiación.
La
respiración sería:
miedo → (
) → discernimiento → alteración
y:
ayuda → (
) → gratitud → contraalteración
19. La fórmula que yo conservaría de este capítulo
Me parece
que podemos incorporar todo lo leído hasta aquí en una sola línea:
acontecimiento
→ representación → interpretación → reacción → suspensión → contraalteración →
redevelación → nueva relación
Y para el
capítulo 9 específicamente:
necesidad
→ ayudante → ayuda → interpretación → ( )
Para el
capítulo 10:
alteración
→ miedo → reacción → suspensión → relación → contraalteración
Y
finalmente, para nuestro problema espiritual:
ángel ≠
Espíritu
demonio ≠ mal absoluto
ayuda ≠ posesión
protección ≠ clausura
apertura ≠ indeterminación
Sino:
alteridad
→ ( ) → alteración ↔ contraalteración → comunión sin transferencia
Ahí el
texto deja de ser solamente un relato sobre «seres que viven fuera del cuerpo»
y se convierte, para nuestra investigación, en algo mucho más fértil: un
laboratorio narrativo de cómo el sujeto construye, recibe, combate, interpreta
y eventualmente suspende sus propias categorías frente a una alteridad que no
puede identificar.
Y hay un
detalle que me parece especialmente importante para tu Ciencia del Logos:
el narrador sólo empieza a acercarse realmente a la tercera orden cuando deja
de preguntar «¿qué es esto?» y empieza a preguntar «¿qué hago yo
cuando esto aparece y cómo mi respuesta modifica lo que aparece?». Ahí
pasamos de la ontología del ente a la respiración del entre.
11 ¿DON O
RESPONSABILIDAD?
Desde los
primeros experimentos empezó a manifestarse un efecto secundario. No fue una
actividad fuera del cuerpo como tal, sino que se produjo en los estados de
relajación profunda anteriores a la separación. Normalmente se le llama
«precognición». Esta «visión» solia tener lugar con independencia de mi
voluntad mientras yo estaba acostado, con la mente aún relajada.
Empezaba con
un susurro localizado en el lóbulo frontal y la sensación de un portillo rectangular
girando hacia abajo sobre sus goznes en un ángulo de 45 grados. Dejaba ver un
agujero redondo. Inmediatamente después veía y medio experimentaba un suceso o
incidencia semejante a un sueño, porque yo seguía siendo consciente y dueño de
mis sentidos. El sueño se superponía directamente a otros estímulos exteriores.
Yo podía percibirlos ambos con nitidez. Pero ni podía ni puedo producir este
efecto a voluntad. Surgía espontáneamente o lo impulsaba algún mecanismo no
consciente.
Al principio
no presté mayor atención a este fenómeno, atribuyendo las visiones oníricas a
la liberación de material del inconsciente. Pero cierto hecho relevante me
llamó mucho la atención. Es lo suficientemente importante como para sacarlo de
mis notas y presentarlo aquí.
5/7/59
La «válvula»
volvió a abrirse a primera hora de la mañana, y lo que vi me preocupó por lo
vívido que era. Estaba a punto de subir a un avión comercial. En la puerta del
avión me estaba esperando D. D., un hombre a quien conozco desde hace más de diez
años. Monté en el avión y tomé asiento. Me di cuenta de que había muchos
asientos y de que el avión estaba a punto de despegar, por lo que estaba seguro
de que mi amigo también habría montado. Vi delante a un grupo que charlaba
junto a la puerta con un joven negro que acababa de entrar. Estaban muy
animadosy contentos por la llegada de este ultimo. Elgrupo lo formaban otros
dos negros más mayores,
75
un hombre
blanco mayory el joven negro. Cuando vieron que el avión se disponía a partir
recorrieron el pasillo en dirección a sus asientos. Pasaron a mi altura y yo me
incliné hacia adelante para ver si mi amigo montaba y se sentaba. Estaba a
punto de levantarme para ir a ver cuando el avión empezó a moverse y me quedé
sentado. El avión empezó a rodarpor la pista yyo me puse un poco tenso porque
tardaba mucho tiempo en despegar. Hasta que por fin alzó el vuelo y
sobrevolamos los bulevares (con sus curvas y cruces). Permanecimos a baja
altitud, ya que el avión se elevó muy poco.
Momentos
después oí hablar a la azafata por el sistema de megafonía. Dio que en unos
minutos el piloto decidiría por cuál de las dos rutas llevaría el avión, la de
la izquierda (dando vueltas) o la ruta
por debajo del cable». Tras unos momentos de espera me di cuenta de que el
avión había pasado por un determinado punto (por una ciudad a baja altitud) y,
antes de que volviera a hablar la azafata, me fijé en que estábamos yendo por
la ruta por debajo del cable». La voz de la azafata al anunciarlo fue más bien
ligera e informal, aunque me pareció percibir un poco de tensión.
Miré por la
ventanilla del avión y vi que por delante había cables que se entrecruzaban en
todas direcciones. El avión se aproximó y avanzó bajo los cables, volando a muy
baja altitud. Yo estaba tenso y miraba hacia adelante en busca de algún hueco
entre los cables por el que pudiéramos remontarnos. Hasta que vi que más
adelante terminaban los cables y lucía el sol. Me relajé un poco, parecía que
íbamos a conseguirlo. En ese momento el avión descendió bruscamente y rebotó
contra la
calle. Algo
se rompió cerca de mí y salté (o casi) a la calle que estaba a unos dos o tres
metros por debajo. Miré dónde había caído mientras el avión ascendía y se
aljaba después de haber rebotado; después escoró hacia la derecha y se metió por
el espacio libre entre dos edificios. Enormes nubes de humo oscurecieron
parcialmente el avión estrellado.
Mi primera
reacción tras el accidente fue la de dar gracias a Dios por el milagro de
haberme salvado. La segunda fue pensar en que mi familia estaría preocupada
porque sabía que había tomado ese vuelo, por lo que debía ponerme al habla con
ellos. La tercera fue la de correr hacia el avión siniestrado para intentar
salvar a los demás, aunque sabía que era inútil. Me levanté y fui hacia el
aparato destrozado y vi llamas entre el humo. El piloto (con gorra y cazadora
de cuero) se me acercó, me miró con cierta perplejidad y me preguntó por qué
había sido elegido yo para ser salvado entre todos los pasajeros. Me hice la
misma pregunta, e inmediatamente después se cerró la válvula.
24/7/59
Estoy a
punto de partir en el que podría ser el primero de cuatro viajes en avión. Este
primero va a ser a Carolina del Norte. Siento un estremecimiento al pensar en
el viaje. Esto me hace pararme a pensar y, a la vista de otros accidentes,
repasar la experiencia relatada en 5/7/59. Siempre estoy algo preocupado cuando
viajo en avión, creo que como todo el mundo. No pienso que vaya a suceder nada
en el viaje a Carolina del Norte, aunque puede que lo interprete mal. ¿Qué hago
si me ocurre un accidente parecido al comienzo de uno de. estos tres viajes,
una repetición exacta del accidente del 5/7/59? ¿Me bajo del avión? 20 es
imposible romper la pauta? Mi lectura dice que
sobreviviré,
aunque en este caso la supervivencia puede significar la transición hacia la
muerte, o que no veo la muerte como muerte porque sigo «vivo» todavía. La
verdad es que no sé lo que haré. Sin embargo, no os entristezcáis todos cuantos
me queréis (y espero que seáis muchos) en caso de que haya un accidente así y
la interpretación pertinente sea que estoy experimentando la transición hacia
la muerte en vez de continuar la vida aquí Porque tengo la íntima convicción de
que es una transición y, por mucho que eche de menos las cosas que ya no voy a
hacer aquí, la honda nostalgia y añoranza de lo que he
intentado
realizar aquí creo que se harán realidad si voy a la «Casa». Porque creo más
que nunca que el cuerpo físico no es más que una máquina para uso del «Yo». Por
lo tanto, una vez que «Yo» haya partido, el cuerpo no significa nada. Ni tumba,
ni mausoleo, el cuerpo como tal no importa. «Yo» no estoy en él.
Del mismo
modo, por propio interés, en caso de que ocurra un hecho semejante «Yo» trataré
de establecer comunicación con quienes estén interesados. (Lo que podría
impedirlo, y siempre cabe esa posibilidad, es que «otro avión o lugar» pueda
ofrecer las mismas cuestiones que aquí y que los asuntos de allí sean más
importantes). No lo sé. No puedo prometer nada. Estén tranquilos quienes me
conocen porque no van a tenerproblemas en reconocer una auténtica comunicación.
No tengo la menor intención de ponerme morboso, quizás últimamente estoy muy sensato, pues lo único que quiero es tenerlo presente, de manera que, en cierto sentido, los demás estén sobre aviso si ocurriera algo. No quiero que pase nada, no me siento <preparado», y sólo de pensarlo me pongo muy serio y meditabundo. Pero así me voy preparando.
23/10/59
Esto está escrito unas doce semanas después de la entrada anterior. Cuatro de esas doce semanas las he pasado en un hospital", el resto, convaleciente en casa.
Vayamos por partes En la entrada anterior estaba preocupado por una cuestión de presagiosy por la definición de supervivencia. He aquí la secuencia de los acontecimientos para que pueda compararse con el «sueño».
Reconocimiento 1. Según se ha dicho, todo empezó por el viaje a Carolina del Norte. El primer indicio de semejanza tuvo lugar cuando monté en el autobús que cubre la línea entre la terminal del aeropuerto de Nueva York y el aeropuerto de Newark. Subí y me senté en el segundo asiento de la derecha. Una vez sentado me invadió la sensación de algo conocido. Fue mi posición con respecto a la puerta, el pasamanos y la placa de la puerta. Reconocí el «sitio» como lo que originalmente había interpretado en la precognición como el avión. Pero no era el avión, sino el autobús que va al aeropuerto.
Reconocimiento 2. Montaron en el autobús cuatro hombres, tres con traje curo y uno de claro, entre bromas y risas (Ver la comparación anterior). Reconocimiento 3. Una mujer se sentó justo delante de mí. Estaba muy incómoda y agitada. Sin embargo, no era por mí, sino por la moto que se había ocupado de sus maletas fuera.
Reconocimiento 4. La impresión de mi amigo DD esperando en la puerta, el
último en montar. Me asome a donde estaba esperando el conductor a los pasajeros rezagados. Su caray su aspecto me recordaron en seguida a mi amigo, como si fueran hermanos. ¡Quedó pendiente la comprobación fotográfica de esto. (La mente, cuando es incapaz de identificar con seguridad, tira de parecidos en la experiencia mental). Por fin subió y cerró la puerta, pues era el último en montar, y se sentó en el asiento del conductor, prácticamente delante de mil.
Reconocimiento 5. Al tomar la Jersey Turnpike el autobús «vuela bajo y despacio», o ésa pudo haber sido la impresión comparada con un avión. El trazado de esta autopista va por encima de muchas calles y casas de la zona. Mientras miraba las carreteras y bulevares llenos de curvas, a medida que íbamos pasando por encima de ellos, volvió a invadirme la sensación de familiaridad y reconocimiento. Sólo que no era el avión (el malentendido de origen), sino el autobús.
Reconocimiento
6. En el aeropuerto yo ya estaba alerta por todas las señales anteriores. El
avión llegaba con retraso y me fui a la sala de espera. Estando allí sentado en
un banco oí la voz de una mujer hablando de la confluencia del este y el oeste
por la megafonía. La voz grave me resultó otra vez muy familiar (este y oeste,
derecha e izquierda).
Reconocimiento
7. Cuando por fin llamaron para embarcar en el avión dudé por un momento si
tomarlo o no, no por miedo, sino porque no sabía lo significaba «supervivencia».
Llegué a la conclusión de que, si era inevitable, si esperaba otro vuelo
posterior, lo único que hacía era aplacar los hechos. Embarqué, alerta, y
empezamos a rodar para el despegue. Entonces la azafata anunció por el
interfono que volaríamos a dos mil metros de altitud. Eso confirmaba la baja
altitud. Una vez que el avión despegó no tardamos en adentramos en una tormenta
eléctrica. Esto confirmaba mi impresión de un vuelo por debajo de los cables
(electricidad), símbolo reconocible desde hacía tiempo.
El piloto
decidió modificar la altitud en plena tormenta (no lo anuncio), si bien
finalmente logramos salir de la tormenta y aterrizamos en Carolina del Norte
sin incidentes dignos de mención. Después de aterrizar llegué a la conclusión
de que mi interpretación del vuelo había sido errónea y olvidé en seguida todo
este asunto.
Cuatro días
después, durante una apacible y amistosa charla un lunes por la mañana en el
despacho, sufrí un ataque al corazón y me llevaron al hospital, donde me
diagnosticaron una oclusión coronaria. Yo no me lo creía y no tenía ni idea de
lo que era hasta que me lo comunicaron tras el reconocimiento médico con
electrocardiograma incluido. Me costó mucho convencerme de que era así. La
ratón era que en todos los reconocimientos médicos que me habían hecho,
incluidos los que la semana pasada me efectuaron distintos médicos de la
aseguradora, mi corazón siempre había merecido comentarios del tipo: «Jamás
tendrá que preocuparse por el corazón. No se va a morir usted de un problema
cardíaco». Mi mente estaba absolutamente condicionada para rechazar esa
posibilidad. No aceptaba la inferencia precognitiva de un ataque al corazón.
Parecía imposible. Por lo tanto, seleccionaba una catástrofe acorde con los
recuerdos que tenía, como un accidente aéreo. (la mente echa mano de lo más
parecido). De tal manera que el ataque al corazón se presentó bajo la forma de
un accidente aéreo; eso sí era una posibilidad aceptable.
Las cuatro
semanas de hospital se vieron aliviadas por la utilización de una cinta
pregrabada de sugestiones terapéuticas que obró maravillas con mi moral)/
pareció acelerar mi recuperación. En el hospital no tuve ninguna experiencia
paranormal, lo cual atribuí a los sedantes (barbitúricos) que me administraban
cada tres horas. Una vez en casa, la convalecencia siguió el proceso de
costumbre sin que hayan vuelto a presentarse los síntomas hasta la fecha.
Ni que decir
tiene que después de eso observé muy atentamente cuándo la «válvula» decidía
abrirse. Cada vez que se presentaba la visión coincidía exactamente con hechos
que ocurrían días, meses o años después.
Entre los
ejemplos que podría poner hay una descripción visual del interior de una casa,
pintura y estado de conservación
incluidos,
que eligió para nosotros mi esposa en una ciudad del sur. La reconocí
inmediatamente; era idéntica a la descripción en mis notas dos años antes. Lo
más curioso es que en el momento de la precognición no teníamos planes ni
intenciones de mudarnos al sur.
Otro ejemplo
es que cinco minutos antes de la emisión de un programa grabado la válvula se
abría y yo «veía» la cinta romperse de repente y las noticias dispararse a toda
velocidad. Diez minutos más tarde, durante la emisión, la cinta se rompió y
hubo que sustituirla inmediatamente. Esta rotura no había ocurrido nunca antes
durante una emisión y, por lo tanto, no era una preocupación corriente. Además,
el empalme y edición los había hecho yo mismo y sabía que estaban bien. La
ruptura se debía a un empalme hecho por otra persona que había utilizado la
cinta con anterioridad.
Tercer
ejemplo: la válvula se abrió en el despacho y dejó ver una luz roja con las
palabras «Nivel de aceite». Al cabo de una hora, camino de casa en un coche
prácticamente nuevo, volvió a encenderse el piloto del aceite. Esta vez tampoco
era una preocupación subconsciente. El coche tenía menos de quinientas millas y
acababan de hacerle una puesta a punto. Pero perdía aceite, algo que no se
espera ni preocupa en un coche nuevo.
Hay otros
dieciocho ejemplos más, todos ellos de incidencias personales de diversa
magnitud, vistos con anticipación gracias a la válvula y acaecidos después,
exactamente igual que mis notas, con pequeños errores de interpretación.
Hasta la
fecha se ha establecido el siguiente patrón: S (Sonido sibilante) + A (Apertura
de la válvula) = V (Visión de un acontecimiento. futuro).
Sobre la
base de que esta fórmula se ha aplicado y demostrado en veintidós ocasiones,
¿cuáles de los demás casos recogidos en las notas como F no han tenido lugar
todavía? Sin más comentarios, he aquí algunos casos en los que este patrón no
ha quedado demostrado.
3/8/60
Sonido
sibilante/ Válvula: pasa un avión por encima, evidentemente en apuros, con los
alerones y el tren de aterrizaje bajados. Se estrella detrás de un cerro
cercano' mi familia y yo corremos a prestar ayuda. Cuando llegamos el avión
está incandescente con un intenso resplandor rojizo. Sé que eso es algo
distinto de un fuego corriente de gasolina" advierto a los demás de que se
mantengan alejados para no sufrir daños, ya que no podemos hacer nada por los
pasajeros muertos.
5/11/61
Sonido sibilante/ Válvula: estoy solo enfrente de mi casa. El cielo está prácticamente despejado, con algún banco de nubes con claros al norte. Veo salir un grupo de aviones del banco de nubes, justo por encima de él. Se aproximan y veo que no son los aviones ni los cohetes habituales. Detrás de la primera oleada pasa una hilera tras otro de extraños aviones, literalmente, cientos de ellos. No se parecen a los aviones que conozco. No tienen alas y son gigantescos, unos mil metros del morro a la cola. Tienen forma de punta de flecha, forma de V, aunque el fuselaje no es husado como en nuestros aviones. La V no desempeña ninguna función ascensional, sino que aloja a los ocupantes en dos o tres cubiertas. Vuelan majestuosamente y da un poco de miedo la potencia que aparentan. Me dan miedo porque en el fondo sé que no son obra humana.
20/10/62
Sonido sibilante/ Válvula: estoy con otras personas en una calle de barrio. Levanto la vista)) veo aparecer algo semejante a unos aviones a través de un claro entre las nubes. Cuando me fijé me doy cuenta de que es un tipo de avión que no he visto nunca, propulsado por algo diferente a hélices y reactores (parecen cohetes especiales, pero no químicos. Tres de ellos descienden haciendo un viraje y veo que tienen los costados negros y ventanillas cuadradas blancas, pero no alas. Los tres hacen una pasada a ras de suelo por una calle cercana. Casas y edificios se derrumban a su paso, no debido a alguna bomba, sino por algo emitido por los propios aparatos. Nos metemos en una zanja por seguridad.
21/6/63
Sonido sibilante/ Válvula: mi familia y yo estamos en una situación n la que toda la población de la ciudad en la que vivimos desea marcharse de allí. No hay gasolina y han cortado el suministro eléctrico. Todo el mundo está bajo el peso de la fatalidad. No parece producto de la guerra nuclear ni tampoco de ningún escape radioactivo. El sentimiento predominante es el del hundimiento definitivo de la civilización tal como la conocemos debido a algo que acaba de suceder, un factor que rebasa la capacidad humana de control.
11/4/64
Sonido sibilante/ Válvula: mi familia y yo estamos en una gran ciudad donde parece haber graves problemas. Todo el mundo se quiere marchar. Dejo la casa para buscar alguna manera de salir al campo. Una vez en la calle, toda la ciudad está revuelta y es presa del pánico, con coches abarrotados y atascados, al modo de un hormiguero desbaratado.
Hay muchos más ejemplos personales, generales, concretos, locales y
mundiales. Será el tiempo el que los confirme. Confio en que algunos sean meras alucinaciones.
12 FUERA DE LUGAR
Entre los numerosos misterios encontrados destacan algunos aparentemente inmotivados y, sin embargo, muy profundos. Mi única esperanza es que otros con una orientación más técnica o filosófica puedan percibir en ellos el objetivo y la razón por la que yo no alcanzo a ver.
He aquí unos cuantos que no parecen pertenecer a los Escenarios ll o ll!.
23/8/63. Tarde
Me acosté a las siete y media en el sofá del estudio para descansar, no para iniciar ninguna actividad extrafísica. En el momento en el que me tumbé y cerré los ojos hubo una tremenda explosión insonora. Sin intervalo alguno. Ocurrió dos segundos después de que yo cerrara los ojos. La explosión me lanzó contra la pared del otro lado de la habitación y acabé en el suelo. Mi primer pensamiento fue que habría habido algún tipo de explosión en la casa, porque la instalación eléctrica despedía chispas azuladas, tras lo cual los cables se fundieron. (Cuando me acosté la luz estaba apagada y la habitación en penumbra). Me pareció como si se hubiera producido un enorme cortocircuito en el cableado. Había una sensación de hormigueo parecida a los electroshocks (no a las vibraciones que tantas veces mencionó). Entonces eché una mirada por la habitación. Mi cuerpo físico se sentía relajado, en el sofá. Lo distinguí con claridad.
Fue en ese momento cuando consideré seriamente otra posibilidad. Podría tratarse de la muerte, la muerte de verdad, en vez de la típica experiencia fura del cuerpo. Esta situación era de lo más insólito. Puede que hubiera muerto, que se me hubiera parado el corazón. Aún seguía un poco conmocionado por la explosión, pero no sentía miedo. Si esto era la muerte, pues bien. Permanecí un rato tirado en el rincón para reponerme. Palpé por debajo de mí y me pareció notar la alfombra, pero no estaba seguro. Al menos había algo sólido debajo de mil. Entonces decidí que debería intentar regresar al cuerpo físico, aun cuando no lo consiguiera. No se perdía nada porprobar.
Con mucha fuerza de voluntad floté hacia arriba, me puse encima del sofá y descendí. Se produjo algún fallo y me encontré a medias en mi cuerpo físico. Me di cuenta de que estaba a la mitad, me retorcí y forcejeé, como se hace al ponerse los guantes. Al momento estuve otra vez «entero».
Me incorporé (secamente) y encendí la luz. Todo parecía normal, la casa estaba en silencio, mi cuerpo parecía normal, salvo por la carne de gallina. Estaba bastante agitado por la experiencia, y sigo sin saber qué la provocó y por qué. ¿Fue una explosión de naturaleza no física? ¿Fue algo interno, dentro de mí, o fue producto de alguna fuerza externa? Visto retrospectivamente, en ese momento no había nada raro en mi estado físico, emocional o mental que lo provocara. Analizando el recuerdo del momento de la explosión, es como si algún rayo descaminado hubiera atravesado la habitación y me hubiera pillado en el trayecto, con el resultado de hacerme «saltar» del cuerpo físico. A partir de ahí me dio la impresión de que el rayo era producto de algún artefacto experimental pendiente de ultimar por los investigadores que lo estaban probando, es decir, que todavía no conocían todos sus efectos. Esto me recuerda a la experiencia del artefacto de tres posiciones.
5/5/59. Tarde
Hoy me enteré de que hay un extraño artefacto que se supone que funciona en tres posiciones. A eso de las cinco decidí intentar dar con una fórmula para la situación. Me acosté en la cama, pensé en el diagrama del campo de fuerzas y luego empecé la cuenta atrás a partir de 20. No siguió nada y volvió la cabeza. Tenía los ojos abiertos y miré al sol a través de la ventana (era un día solado y la ventana daba al oeste). Inmediatamente comenzaron unas tenues vibraciones, cerré los ojos y volví a tumbarme. Las vibraciones eran como un hormigueo en la nuca. Seguí el procedimiento del movimiento de la mandíbula y las vibraciones aumentarán o disminuirán en función de mi postura, tal como era de esperar. Hasta que decidió poner la mandíbula en la postura de máxima sintonía (ésta es la única manera en la que puedo expresarlo). Las vibraciones eran fuertes en mi cabeza, demasiado fuertes, de manera que las «trasladé» al pecho y después probé a colocarlas en distintas partes de mi cuerpo, es decir, hacerlas más fuertes en una determinada parte. Cada vez que me pasaban por el lado inferior derecho sentía como una quemadura en el hígado, el riñón o el colon (cuerpo extraño o producto químico?). Esto había sucedido antes, si bien no recuerdo haberlo mencionado. «Quise» mentalmente ir hacia arriba y flotar. Se me debió cruzar algún pensamiento extraño, porque inmediatamente giré en el aire y me zambullí a través del suelo. Oí fugazmente (como cuando se recorre el dial de la radio) música de una banda, y después me hallé en una casa inacabada, todavía sin las ventanas puestas, con el suelo sin pavimento lleno de cosas y restos desperdigados. Por la ventana se veía un paisaje rural, árboles y campos; la casa estaba en la ladera de un cerro con vistas al pequeño valle que se formaba con la loma de enfrente.
Bajé la
vistay vi un artefacto de medio metro de longitud en el suelo. Parecía que la
persona encargada de manejarlo lo hubiera dejado allí momentáneamente porque se
«había ido a comer». Lo levanté con curiosidad porque nunca había visto nada
igual. Tenía la forma de un tubo formado por la agregación de tres partes. Lo
levanté y, mientras lo contemplaba, apunté con él sin querer a un hombre en el
que no me había fijado antesy que estaba en un patio frente a la ventana
abierta. No ocurrió nada, la única reacción del hombre fue la de volverse para
mirarme. Desapareció un momento de mi vista, y después entró por una puerta a
mano derecha y subió hasta donde yo estaba. Sonrió y, por lo que puedo
recordar, parecía ser totalmente normal. Al ver el artefacto en mi mano dijo
que podría enseñarme a utilizarlo. Señalando el tubo (un cilindro abierto) de
la parte delantera, me enseñó a «enfocar» el artefacto moviendo hacia atrás y
hacia adelante el tubo o cilindro para obtener un rayo fino y hacia mí mismo
para obtener un rayo más grueso y agradable. A continuación me dijo que
apuntara a través del hueco de otra ventana por la que se veía a otro hombre
charlando animadamente con alguien fuera de nuestro campo visual. Me dijo que
empujara el cilindro hacia adelante para obtener un rayo fino. Así lo hice.
Apunté con el artefacto al hombre igual que si se tratara de un rifle. No vi
que el artefacto emitiera rayo alguno. Sin embargo, el hombre que se veía por
el hueco de la ventana se desplomó en su asiento como si estuviera muerto. Me
volví al hombre que me acompañaba, asustado y preocupado por haber matado sin
querer al otro. Me sonrió y me dijo que volviera a apuntar con el artefacto al
hombre
82
inconsciente
de fuera, esta vez tirando para atrás, pues de ese modo conseguiría producir un
rayo más grueso. Así lo hice y el hombre inconsciente se incorporó y reanudó la
conversación como si no hubiera ocurrido nada.
El hombre
que me acompañaba me sacó fuera y preguntó al otro si había notado algo. Este
interrumpió la conversación, me miró intrigado y dijo que no. Le pregunté si
recordaba haberse ido a dormir o que hubiera transcurrido algún período de
tiempo, pero volvió a darme una respuesta negativa y siguió con su coversación
El hombre
que me acompañaba me miró sonriente y me llevó al otro lado de la casa, que
daba al valle, indicándome que iba a enseñarme otra cosa que podía hacerse con
el artefacto. Señaló a los ojos. En la ladera de la loma, a unos trescientos
metros de distancia, se veía el resplandor de una pequeña hoguera" las
volutas de humo que ascendían al cielo. Me dijo que empleara el rayo fino y que
apuntara a la hoguera. Así lo hice, y la hoguera se apagó inmediatamente. La
llama se consumió, como extinguida de repente. El humo duró un momento más y se
desvaneció.
Sentí una viva curiosidad por el artefacto y pedí al hombre que me acompañaba que me lo explicara, lo que hijo con gusto. Según me contó, se componía de tres partes. El cilindro era el foco, eso lo entendí. En la mitad había una bobina, la fuente de energía, según me dijo. Detrás tenía tres discos en forma de aletas (como los de un rectificador), no muy importantes, según me dijo, que servían de protección. Les pasó el pulgar por encima y se dobló, mostrando su flexibilidad. Me preguntó si lo había entendido bien. Le contesté que el artefacto parecía un trío grande (era lo más parecido en lo que se me ocurrió pensar). Asintió vivamente con la cabeza y respondió: ¡Eso es! ¡Un trío!».
Como no podía quedarme más tiempo y tenía que marcharme, le di las gracias por la información y dijo que volvería a verme en (no lo recordaba). Mi mente reconoció el sitio y dijo que sí, la Cadena Azul (en español en el original). Esto era fruto de mi visita a América del Sur y me pareció un modo natural de decir lo que quería decir, la roja azul. El hombre que me acompañaba empezó a asentir con la cabeza, pero después puso cara de no entender y me di cuenta de que mi impresión era correcta, aunque él no había comprendido las palabras en español.
A continuación regresó a la habitación sin terminar y «despegué» extendiéndome de un salto. Subí unos dos o tres pisos y después me detuve. El lugar en el que me encontraba parecía mi despacho, aunque estaba vacío. Sin muebles ni sofá, con el suelo y las ventanas polvorientos ¡y ningún cuerpo físico! Me di cuenta de que no era el «sitio» donde yo quería estar, pues deseaba seguir «subiendo». Reanudé la ascensión a través del techo y al cabo de ocho o diez plantas fui a dar a mi propio despacho, me sumergí en mi cuerpo físico (tuve ciertas dificultades con un brazo) y por fin me fusioné por completo.
Me incorporé y abrí los ojos. El reloj indicaba que había transcurrido una hora y cinco minutos. Hice un boceto del artefacto y después redacté estas notas. Un artefacto que hace dormir o despertarse a las personas y que apaga fuegos. Algún día intentaré fabricarlo.
11/3/61. Noche
(...)y creí
que había regresado con normalidad al cuerpo físico. Abrí los josy me hallé en
una cama extraña. A mi lado estaba acostada una mujer que mesonrió cuando vio
que me despertaba. Tras ella estaba de pie una mujer más mayor. Se les veía
contentas de que al fin hubiera ido, porque había estado enfermo mucho tiempo y
ahora estaría bien. Me ayudaron a levantarme y me vistieron con una especie de
túnica (como una bata; ellas llevaban ropa normal); yo estaba convencido de que
me habían tomado por otra persona. Quise decírselo, pero se lo tomaron a broma
y se creyeran que era una especie de delirio mío. Les pregunté en qué día estábamos
y se limitaron a esbozar una sonrisa comprensiva, como si yo estuviera algo
desorientado (jy era verdad!). Iba a pedirles un calendario, pero decidí que
era mejor conformarme con saber el año. Se lo pregunté a la mujer más joven,
que parecía ser mi esposa (o el cuerpo de mi esposa) y me contestó que
estábamos en 1924, según el método griego de calcular el tiempo.
Me pareció
que no podía quedarme allí y, pese a sus insistentes objeciones, salí al aire
libre. Me planté allí y traté de moverme para arriba y tuve la sensación de que
tenía que subir mucho. Traté de despegar, pero ellas me estaban reteniendo. No
ocurrió nada y llegué a preocuparme. Sabía que no debía seguir allí. Entonces
me acordé del truco de la respiración y me puse a respirar entrecortadamente,
con los labios entreabiertos. Comencé a ascender poco a poco, por encima del
edificio, que tenía forma de U, sin perder la sensación de que ellas seguían
empeñadas en retenerme. Aceleré la respiración y me desplacé cada vez más
deprisa, hasta que me envolvió la consabida mancha azul. De pronto me detuve en
el aire, muy por encima de un paisaje de campestre salpicado de casas. Se me
hacía familiar y creí que lo que veía era nuestra casa y los edificios entre la
carretera y el río. Descendí hacia la casa y en un momento estaba entrando en
mi cuerpo físico. Me incorporé, plenamente integrado otra vez, y eché una
mirada de satisfacción a mi alrededor. ¡Era mi sitio!
17/8/60.
Noche
Éste fue un
intento mal orientado, por decirlo suavemente. Empecé con el procedimiento de
la cuenta atrás hacia las once y media de la noche en el dormitorio. Salí con
idea de visitar a Agnew Bahnson e inicié el tipo de viaje impulsado por el
viento, si bien regresé (o eso creí) inmediatamente al cuerpo físico. No estaba
en mi habitación. Un hombre grande y de hombros anchos me estaba sosteniendo
por la izquierda. Era mucho más alto que yo y tenía los hombros relucientes.
Por la derecha me sostenía una chica joven. Estaban obligándome a dar vueltas
por la habitación y me sostenían un poco por los brazos porque me resultaba
dificil caminar. Les oí comentar que tenía algo malo o raro en las manos. No es
que fueran hostiles, pero yo no me encontraba a gusto allí. Menos mal que
conservaba la lucidez y me extendí con rapidez hacia arriba, de tal forma que
en un momento volví a entrar en mi cuerpo físico. Eché un cauteloso vistazo a
mi alrededor ("fisicamente) antes de moverme. Había regresado a mi propio
cuerpo físico, mi propio dormitorio. ¡Pasó mucho tiempo hasta que me di la vuelta
y conseguí dormirme!
23/ 11/60.
Noche
Ésta fue una
experiencia insólita y vívida, aunque no sé si quiero volver a pasar por nada
semejante. Me acosté tarde, muy fatigado, hacia las dos de la madrugada. Las
vibraciones se presentaron sin necesidad de inducción y decidí «hacer algo»
pese a la necesidad que tenía de descansar (puede que
en eso
consista descansar). Tras abandonar fácilmente el cuerpo físico y visitar
rápidamente varios sitios sucesivos, me acordé de que necesitaba descanso e
intenté regresar al cuerpo físico. Pensé en mi cuerpo acostado en la cama y al
momento estaba acostado. Pero no tardé en darme cuenta de que algo pasaba.
Tenía un armatoste en forma de caja encima de los pies, para separarlos de la
sábana. En la habitación había dos personas, un hombre y una mujer vestida de
blanco a quien reconocí como enfermera. Estaban hablando en voz baja, a corta
distancia de la cama.
Mi primer
pensamiento fue que algo iba mal, que mi esposa me había encontrado en una
especie de coma y me había llevado a todo correr al hospital. La enfermera, el
ambiente esterilizado de la habitación y la cama abonaban esta idea. Pero aún
así había algo que no me quedaba claro.
Al poco
dejaron de hablar entre ellos. La mujer (enfermera) dio media vuelta y salió de
la habitación, y en ese momento el hombre se acercó a la cama. Sentí pánico
porque no sabía lo que iba a hacer. Máxime cuando se inclinó sobre la cama y me
tomó con suave firmeza por los brazos a la altura de los bíceps y me miró con
ojos saltones y brillantes. Lo peor de todo era que, por más que lo intentaba,
no conseguía moverme. Era como si tuviera paralizados todos los músculos del
cuerpo. Interiormente el pánico me agarrotaba mientras trataba de alejarme al
tiempo que él acercaba su cara a la mía.
Con gran asombro por mi parte, se inclinó hasta besarme en ambas mejillas; Pude notar los pelos de su bigote, y el brillo de los ojos eran lágrimas. Después de irguió, soltó los brazos y salió del espacio de la habitación.
A pesar de mi terror me di cuenta de que mi esposa no me había llevado al hospital, que ese hombre era un extraño y que yo regresaba a estar en el sitio menos indicado. Tenía que hacer algo, pero por más ganas que le ponía no surtía ningún efecto. Poco a poco fui percibiendo un sonido en la cabeza, muy parecido al sonido del vapor a presión o al silbido del aire. Gracias a un conocimiento arcano, me concentré en el sonido y me puse a pulsarlo, esto es, a hacerlo subir y bajar de intensidad. Lo acelerará hasta que en pocos momentos alcance una vibración inusitada. A continuación intenté elevarme y lo conseguí sin problemas. Momentos después estaba dirigiéndome a otro cuerpo físico.
Esta vez fui cauto. Palpé la cama. Oí ruidos familiares fuera de la habitación, que estaba a oscuras cuando abrí los ojos. Alargué el brazo hasta donde debía estar el interruptor de la luz, y allí estaba. Di la luz y suspiré con gran alivio. Había regresado.
7/6/63. Noche
Al cabo de un rato empecé a salir y, una vez fuera de casa, me encontré con una mujer que también estaba «volando» y me recordó que íbamos a llegar tarde (no sé adónde) y que podríamos tener problemas para entrar. Después nos acercamos a un gran edificio parecido a un hospital y entramos tranquilamente por una puerta sin necesidad de abrirla para evitar al guardia que estaba allí (comprobando a quiénes llegaban tarde a dormir para castigarles). Una vez dentro nos separamos e inmediatamente un hombre (cordial y con aspecto de médico) dijo que se ocuparía de mí, que le esperaría en el segundo despacho, a mano derecha. Así lo hice, aunque no tenía claro lo del despacho, porque en todos había varias personas en animada
conversación y ninguna de ellas se fijó en mí. De todas maneras esperé en el segundo hasta que vino el hombre a reconocerme; dijo que necesitaba tratamiento. Después de hablar de titulación, comenzando por 1500 cc para bajar después a la cantidad normal (a saber cuál era). Le pregunté por qué era necesario el tratamiento y me contestó que para el desarrollo y mejora del universo (o la humanidad). Repetí la pregunta (por qué hacía falta esa mejora) y no me contestó. Sentí hacia el tratamiento cierta aprensión. Poco después sentí la necesidad de regresar al cuerpo físico y lo conseguí sin problemas.
31/7/61. Tarde Noche
Después de realizar una visita a Cape Cod llegué por la tarde algo cansado a Hyanmnis y me acosté a descansar. Tras la relajación se produjo el consabido proceso de salida del cuerpo y me encontré sobrevolando la parte trasera de una Casa, cerca del garaje. Había un perro en el patio (grande, con aspecto de pastor alemán) que se puso a ladrar muy excitado nada más verme. Apareció un hombre por una esquina de la casa (la derecha, que daba a la parte de atrás), empuñó una pistola y me apuntó. Yo me retiré precipitadamente, sin pararme a pensar que quizás las balas no me harían daño. Regresé, me acosté en la cama y di todo aquello por terminado; lo único que recordaba era que el hombre parecía muy alto.
Esa noche, después de acostarme, volvió a repetirse todo y salí de mi cuerpo. Floté por encima de varias casas pensando en qué hacer cuando, de repente, apareció delante de mí el hombre alto (el mismo) y me cerró el paso. Me dio una impresión de fuerza y serenidad. Me preguntó por qué quería ver al presidente. Al principio se mostró un poco sorprendido porque yo no tenía muchas ganas de ver a Eisenhower (eso era para mí el presidente), pero se me ocurrió una idea para un plan de paz y se la conté al hombre alto. Entonces me preguntó: «¿Cómo podemos estar seguros de que eres leal a Estados Unidos?». Le contesté con perplejidad que estaba seguro de que en Washington ya información tenían sobre mí. Su respuesta fue que no podía ver al presidente en ese momento. Lo acepté y regresé. Pensando en ello una vez en mi cama, caí en la cuenta de que Eisenhower ya no era presidente. De pronto tuve la profunda convicción de que Kennedy tenía un guardaespaldas (o guardamentes) con poderes parapsicológicos. Entonces me di cuenta de que Kennedy podía estar en Hyannis ese fin de semana. Me levanté, bajé, tomé el periódico local)/ vi en la portada la noticia de que Kennedy llegaba a Hyamnis esa tarde (no había leído el periódico desde hacía dos días).
Esto no es más que una muestra de los muchos «sucesos» que desafían toda clasificación desde el punto de vista de los sueños normales de cada día. Tal vez no sean más que fragmentos aislados de un mural viviente que algún día se verá en su totalidad. Espero que no haya que «morir» para tener la visión del conjunto.
Si. Este capítulo cambia de manera decisiva el problema. Hasta ahora estábamos leyendo ayudantes, entidades, barreras y escenarios . Aquí aparece algo más radical: el don de una experiencia que parece adelantarse al acontecimiento y la responsabilidad que nace cuando uno cree haber recibido ese don .
Y precisamente por eso el título «¿Don o responsabilidad?» es mucho más profundo de lo que parece.
1. La precognición comienza como don
La estructura inicial es:
siseo → apertura de válvula → visión → acontecimiento posterior
El narrador no decide cuándo ocurrirá.
No puede producirlo.
No puede detenerlo.
No sabe qué va a aparecer.
Por tanto, si aceptamos la relación en sus propios términos, no sería una capacidad instrumental del sujeto, sino algo que le acontece .
Esto permite distinguir:
capacidad → puedo producirla
Delaware:
don → algo me ocurre
Y aquí aparece inmediatamente tu problema del Don.
El don no es propiedad del sujeto.
Si fuera propiedad:
don → capacidad → dominio → técnica
Pero aquí:
don → acontecimiento → sujeto afectado
Por eso yo formularía provisionalmente:
Don = aquello que acontece al sujeto sin convertirse inmediatamente en propiedad de su sujeto.
Pero falta la segunda mitad.
Porque recibir un don genera responsabilidad.
2. La verdadera responsabilidad aparece cuando el don puede ser interpretado
El caso del avión es extraordinario para esto.
La visión muestra:
avión → cables → baja altura → accidente → supervivencia.
Después ocurre algo real, pero no de la manera imaginada.
El viaje en autobús reproduce elementos de la visión.
Luego el avión.
Luego la tormenta.
Y finalmente, cuatro días después, ocurre el ataque cardíaco.
Entonces el propio narrador realiza una redecomprensión:
no había visto literalmente un accidente aéreo; Había visto anticipadamente un acontecimiento que su conciencia tradujo como accidente aéreo.
Esta distinción es fundamental:
acontecimiento futuro → visión → representación → interpretación
No:
acontecimiento futuro = representación de la visión
Y aquí aparece uno de nuestros principios:
El acontecimiento no coincide con la representación que lo anuncia.
La visión puede ser correcta en algún nivel y equivocada en otro.
3. Esto transforma nuestra fórmula epistemológica
Hasta ahora teníamos:
verdad acontece → se representa → se interpreta → se redevela → vuelve a acontecer
Ahora podemos ampliarla:
acontecimiento → percepción → representación → anticipación → acontecimiento → contraalteración de la representación → redevelación
La precognición, si la tomamos fenomenológicamente, no sería una fotografía del futuro.
Sería una
representación anticipatoria que recibe después de la alteración del acontecimiento .
Eso es muchísimo más interesante.
Porque incluso si la visión fuera auténticamente anticipatoria, todavía no sería posesión de la verdad .
4. El caso del avión demuestra precisamente la fragilidad del conocimiento
El narrador dice algo muy interesante: su mente no podía aceptar que pudiera sufrir un problema cardíaco porque todos sus antecedentes médicos le habían hecho pensar lo contrario.
Entonces la experiencia futura, según su propia explicación, tuvo que expresarse mediante una imagen que su mente podía reconocer:
ataque cardíaco → accidente aéreo
Es decir:
acontecimiento → traducción según categorías disponibles.
Esto es exactamente lo que nosotros llamamos 1/4: mediación/código .
La mediación no necesariamente falsa.
Pero tampoco reproducir.
Difamar.
Por eso:
1/4 ≠ acontecimiento.
Y aquí aparece una diferencia decisiva con la adivinación:
adivinación
= pretensión de posesión del futuro
frente a:
precognición
= experiencia cuya representación queda sometida al acontecimiento.
La
segunda todavía puede permanecer abierta.
5. Entonces el don produce
una herida
El
narrador recibe algo que parece ser un don.
Pero
inmediatamente aparece:
«¿Qué
hago si vuelve a suceder?»
Y
después:
«¿Me bajo
del avión?»
Ahí
aparece la responsabilidad.
Porque recibir
una visión no significa saber qué hacer con ella.
Tenemos:
don →
conocimiento → decisión
pero el
tercer orden introduce:
don →
conocimiento → incertidumbre → decisión → consecuencia → contraalteración
El don no
elimina la responsabilidad.
La hace
más difícil.
6. Y aquí encontramos algo
muy cercano a tu noción de Espíritu
El
Espíritu no puede certificarse.
¿Por qué?
Porque en
el momento en que digo:
«sé que
estoy en el Espíritu»
he
convertido la experiencia en identidad.
Aquí
ocurre algo parecido.
El
narrador podría decir:
«Tengo
precognición.»
Pero sus
propios datos lo obligan a decir algo más humilde:
«hay
experiencias que parecen anticipar acontecimientos.»
La
diferencia es enorme.
La
primera es identidad:
yo =
precognitivo
La
segunda mantiene abierto el acontecimiento:
experiencia
→ evidencia → interpretación → contraevidencia → redevelación
Por eso
incluso el don debe ser absuelto de su apropiación.
7. Y esto nos permite
profundizar mucho la Economía de Gracia
Habíamos
dicho:
Don ≠
propiedad.
Ahora
podemos añadir:
Don →
responsabilidad.
Pero no
responsabilidad entendida como deuda.
Esto es
importante.
En la
economía capitalista:
recibir →
deber → devolver → deuda
En la economía
de gracia:
recibir →
responder → transformar → compartir → volver a recibir
Por eso:
don →
deuda
es
captura.
Mientras:
don →
responsabilidad → reciprocidad
es
respiración.
Y todavía
podemos llevarlo más lejos:
don →
responsabilidad → contraalteración
porque
incluso aquello que recibo debe quedar abierto a lo que el acontecimiento haga
con mi interpretación.
8. La gran diferencia entre
deuda y responsabilidad
Yo
pondría esta distinción en el centro de nuestro trabajo:
deuda =
obligación determinada por lo recibido
responsabilidad
= respuesta abierta a aquello que se ha recibido
La deuda
dice:
recibiste
X, por tanto debes devolver X.
La
responsabilidad dice:
recibiste
algo cuyo sentido todavía no está agotado; ahora debes responder a lo que
acontezca con ello.
Por eso
la responsabilidad pertenece mucho más al ( ).
9. El don no me da poder
sobre el acontecimiento
Esto
aparece claramente en los ejemplos posteriores.
El
narrador registra:
- accidente de avión;
- posible ataque aéreo;
- fallas de civilización;
- máquinas desconocidas;
- problemas urbanos;
- objetos futuros;
- acontecimientos personales.
Y
escribe, en esencia:
el tiempo
dirá cuáles ocurren.
Eso es
muy importante.
No
convierte inmediatamente las visiones en verdad.
Las deja a
prueba del acontecimiento.
Tenemos:
visión →
espera → acontecimiento → verificación
pero
debería añadirse:
visión → espera → acontecimiento → contraalteración de la visión.
Esto último es lo que evita convertir el don en dogma.
10. La fórmula S + A = V es interesante, pero todavía es el segundo orden
El narrador llega a:
S + A = V
donde:
S = siseo
A = apertura de válvula
V = visión futura
Esto ya es una formalización.
Está buscando regularmente.
Eso es legítimo.
Es incluso muy cercano a nuestra IA-1 :
datos → patrón → predicción.
Pero inmediatamente surge la pregunta de tercer orden:
¿Qué ocurre cuando el patrón mismo empieza a seleccionar qué cuenta como confirmación?
Ahí aparece el peligro.
Porque después de 22 casos puede comenzar:
patrón → expectativa → búsqueda de confirmación → interpretación
y entonces el propio observador participa en la producción del patrón.
Por eso necesitaríamos nuestra IA-2:
IA-2 pregunta:
- ¿qué casos no encajan?
- ¿Cuántas visiones no acontecieron?
- ¿cuántas fueron ambiguas?
- ¿cuántas fueron reinterpretadas después?
- ¿Qué elementos se recuerdan y cuáles se olvidan?
- ¿Qué margen temporal se considera confirmación?
- ¿Qué significa exactamente «coincidir»?
No para destruir el fenómeno.
Para impedir que el fenómeno se convierta en propiedad del código .
11. Y aquí aparece IA-3
La IA-3 no preguntaría:
«¿es precognición?»
Tampoco:
«no es precognición».
Preguntaría:
«¿Qué experiencia obliga a modificar nuestro modelo de precognición?»
Esto es mucho más tercerordenista.
La secuencia sería:
S + A → V
después:
V → acontecimiento
después:
acontecimiento ≠ representación
y finalmente:
modelo de precognición → contraalteración → nuevo modelo
Así:
IA-1 = calcula el patrón.
IA-2 = contraobserva el patrón.
IA-3 = detecta cuándo el patrón ya no basta.
12. Y aquí aparece una conexión preciosa con Mises
Esto puede parecer alejado de El Socialismo , pero en realidad estamos tocando exactamente el mismo problema.
Mis preguntas:
¿cómo calcular?
El narrador pregunta:
¿cómo reconocer un patrón?
En ambos casos aparece:
acontecimientos → datos → código → decisión.
Pero nuestra tercera orden pregunta:
¿Qué sucede cuando el acontecimiento contraaltera el código que pretende comprenderlo?
Por eso:
cálculo económico
y
precognición
son dos problemas distintos que tienen una estructura común:
acontecimiento → información → código → decisión → consecuencia → contraalteración.
La diferencia está en el dominio.
13. El gran peligro: convertir el don en algoritmo
Esto es exactamente lo que veo como advertencia profunda del capítulo.
El narrador empieza con:
«algo me ocurre.»
Después:
«Encontró una regularidad.»
Después:
S + A = V.
El siguiente paso podría ser:
«sé cómo funciona.»
Y el siguiente:
«puedo producirlo.»
Y entonces:
don → técnica → algoritmo → propiedad.
Ahí moriría el don.
Porque el don dejaría de ser don.
Se convertiría en capacidad administrable.
Esto conecta directamente con tu preocupación por la IA.
14. Don, algoritmo y Espíritu
Podemos dibujar tres órdenes:
Primer orden
Don → milagro → autoridad
«Me fue dado.»
Segundo orden
Don → patrón → método → predicción
«Descubrí cómo funciona.»
Tercer orden
Don → patrón → contraobservación → insuficiencia → ( ) → acontecimiento
«Lo recibido también transforma la forma en que comprendo lo recibido.»
Y aquí aparece una definición que me parece muy potente:
el Espíritu no es la posesión del don, sino la absolución del don de convertirse en propiedad.
15. La precognición contiene además una cuestión ética muy seria
Imaginemos que una visión fuera confiable.
Entonces aparece una pregunta:
¿Estoy obligado a intervenir?
Y aquí el texto abre algo enorme.
Si veo anticipadamente un accidente:
¿debo evitarlo?
Pero si intento evitarlo:
¿Estoy alterando un acontecimiento que supuestamente debería ocurrir?
Y si no intervengo:
¿soy responsable?
Entonces:
don → responsabilidad → acción → alteraciones del futuro
El futuro deja de ser simplemente algo que conozco.
Mi conocimiento puede convertirse en parte de aquello que modifica el futuro.
Esto es genuinamente cibernético.
El observador entra en el sistema.
16. Y aquí la tercera orden cambia completamente el problema
No tenemos:
futuro → conocimiento → acción.
Tenemos:
futuro anticipado → conocimiento → acción → alteraciones del futuro → contraalteración del conocimiento.
Es decir:
el conocimiento del acontecimiento se convierte en una causa del acontecimiento que se conoce.
No porque podamos demostrar que eso sucede en estos relatos, sino porque ésa es la estructura lógica que el problema plantea.
Por eso el don no puede convertirse en certeza absoluta.
17. El capítulo 12 lleva esto todavía más lejos
Los episodios de «Fuera de lugar» muestran algo que conecta directamente con nuestra lectura anterior.
El narrador no sabe si está:
- fuera del cuerpo,
- soñando,
- muerto,
- en otro escenario,
- en otro tiempo,
- en otra realidad,
- dentro de una construcción mental.
Y en varios casos aparece una segunda realidad que inicialmente parece completamente objetiva.
El episodio de 1924 es especialmente importante.
El sujeto cree haber regresado.
Pero no ha regresado.
Entonces aparece:
realidad → falsa identificación → contraalteración → nueva realidad.
Y después ocurre nuevamente:
nueva realidad → falsa identificación → regreso.
Esto es prácticamente una dramaturgia del () .
18. El episodio atención del hombre que lo besa merece
Este hombre extraño podría parecer una amenaza.
Lo agarra.
El narrador no puede moverse.
Hay miedo.
Pero finalmente el hombre lo besa en las mejillas, llorando.
La representación inicial era:
Asegurar → amenaza
pero el acontecimiento produce:
sujeción → afecto
Esto demuestra una cosa importante:
la primera interpretación de una alteridad no agota su sentido.
Es exactamente lo que veníamos trabajando con los «demonios».
No significa que el hombre fuera bueno.
Significa algo más preciso:
amenazaida percibida ≠ significado definitivo.
19. Y aparece de nuevo el sistema
Para regresar, el narrador concentra su atención en el discurso y lo modifica:
siseo → pulsación → vibración → ascensión → regreso
Esto resulta fascinante porque el mismo elemento que aparece en la precognición:
S = siseo
También aparece como mecanismo de tránsito.
Entonces quizás el texto esté construyendo una equivalencia:
señal → apertura
No necesariamente una señal externa.
La señal puede ser precisamente el punto donde el sujeto reconoce que su estado de relación ha cambiado.
Pero otra vez: no debemos convertir esto en fisiología demostrada ni en tecnología espiritual.
20. «Don o responsabilidad» puede entonces resolverse de una manera muy distinta
No elegiría:
don
o:
responsabilidad.
Diría:
don → responsabilidad.
Pero inmediatamente:
responsabilidad → contraalteración del don.
Porque si digo:
«recibí un don»
puedo apropiármelo.
Si digo:
«soy responsable de mi don»
Puedo convertirlo en identidad moral.
La respiración sería:
recibir → responder → dejar alterar la respuesta → volver a recibir.
Eso es economía de gracia.
21. Y esto modifica nuestra definición de Don
Yo propondría que dejemos abierta esta formulación:
Don = acontecimiento recibido que no puede convertirse en propiedad del receptor y que, precisamente por ello, genera una responsabilidad abierta a la contraalteración.
Pero todavía debemos contraalterarla.
Porque incluso «acontecimiento recibido» podría hacer del sujeto un receptor privilegiado.
Entonces una versión más profunda sería:
Don = acontecimiento que atraviesa una relación sin quedar apropiado por ninguno de sus términos.
Ahora sí aparece el ( ) .
Don → relación → ( ) → responsabilidad
Y no:
Dios → don → individuo → propiedad espiritual.
22. Esto toca directamente tu concepto de Ahayu
En el Ahayu, el don no circula simplemente:
A da → B recibe.
Porque eso todavía conserva la estructura de transferencia.
Tenemos:
A → B
Pero en la comunión sintransferencial:
A ↔ ( ) ↔ B
Entonces el don no es propiedad ni del que da ni del que recibe.
El don acontece en el entre.
Por eso:
don ≠ transferencia
y:
don = acontecimiento de comunión.
Esta distinción me parece decisiva para tu Economía de Gracia .
23. Entonces la precognición se convierte en una metáfora muy potente de la Economía de Gracia
La válvula se abre.
Algo llega.
El sujeto no lo controla.
Lo interpreta.
Después sucede algo.
El acontecimiento transforma la interpretación.
Entonces la válvula vuelve a abrirse.
Es literalmente una respiración:
→ recepción → interpretación → acontecimiento → apertura contraalteración → nueva apertura.
Eso es mucho más cercano a tu fórmula:
transferencia = exhalación
retransferencia = inhalación
que una teoria clasica del don.
Porque aquí el don no termina en la recepción.
El receptor devuelve transformado lo que recibió.
24. Y finalmente: el «mural viviente»
La frase final del capítulo es extraordinariamente apropiada para nuestra investigación:
«Tal vez no sean más que fragmentos aislados de un mural viviente que algún día se verá en su totalidad.»
Yo haría una pequeña contraalteración.
El problema no es que todavía no tengamos el mural completo .
El problema es que quizás el mural sólo existe mientras se siguen produciendo los fragmentos .
Es decir:
totalidad → fragmentos
sería una lógica clásica.
Mientras:
fragmento → relación → fragmento → contraalteración → totalidad siempre redevelándose
Sería la lógica de la respiración ontológica.
No hay necesariamente un momento final en que podamos decir:
«ahora ya tengo todo el mural.»
Porque eso convertiría el mural en propiedad del observador.
La síntesis del capítulo
Creo que podemos dejar este capítulo provisionalmente así:
Don → recepción → representación → interpretación → acontecimiento → contraalteración → responsabilidad → ( ) → nuevo don
Y en términos de nuestros tres IA:
IA-1: ¿qué patrón aparece?
IA-2: ¿Cómo estoy construyendo el patrón?
IA-3: ¿Qué acontecimiento vuelve insuficiente mi patrón?
Y la comunidad de tercer orden tendría que hacer exactamente lo mismo con el don económico, político, espiritual y tecnológico:
recibir → instituir → interpretar → contraobservar → abrir → dejar contraalterar → redevelar → volver a instituir.
Ahí aparece una conexión muy fuerte con todo nuestro trabajo sobre Mises:
Mises quiere que el cálculo de coordenadas.
El don recuerda que ninguna coordinación puede apropiarse del acontecimiento.
La responsabilidad obliga a responder sin convertir esa respuesta en código definitivo.
Y entonces el comunismo complementario deja de ser simplemente una teoría de propiedad colectiva y comienza a adquirir una definición más profunda:
no organizar quién posee el don, sino organizar relaciones capaces de recibirlo, responder a él y absolverse de la forma en que respondieron.
Eso es, precisamente, redetraspasar el don : recibirlo sin convertirlo en propiedad, devolverlo sin convertirlo en deuda y volver a abrir la estructura que nació de él.

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