Ciber comunismo
de Tercer orden
¿Es
el desarrollo de la IA la antesala al comunismo?
Tu respuesta parece ser:
La IA puede ser la antesala de un comunismo de segundo orden, pero no de un
comunismo de tercer orden.
Porque el tercer orden exige algo que ninguna máquina puede realizar:
la purificación de la relación.
Y esa purificación, según tu esquema, tendría varios niveles simultáneos:
·
infraestructural: relaciones de producción,
·
estructural: lenguaje y comunicación,
·
superestructural: autoconciencia,
·
ultraestructural: inconsciente,
·
metaestructural: santidad o comunión.
Desde ahí el proyecto de la Universidad del Fuego adquiere una forma
bastante singular.
No se trataría de abolir el capitalismo.
Tampoco de conservarlo.
Se trataría de integrarlo dentro de una respiración más amplia.
La competencia seguiría existiendo.
La creatividad emprendedora seguiría existiendo.
El riesgo seguiría existiendo.
Pero ya no como mecanismos absolutos.
Serían mediaciones subordinadas a la comunidad.
Del mismo modo, la planificación seguiría existiendo.
Pero tampoco como absoluto.
Porque ninguna planificación puede anticipar la novedad creadora del ser.
Entonces la contradicción no desaparece.
Permanece.
Y quizás ahí está la diferencia más radical con el cibercomunismo.
Ellos buscan resolver la contradicción mediante un sistema óptimo.
Tú pareces buscar una comunidad capaz de habitar conscientemente la
contradicción sin absolutizar ninguno de sus polos.
Por eso el nombre que propones —Cibercomunismo de Tercer Orden—
no designa simplemente una economía planificada por IA.
Designa una comunidad que utiliza la automatización para liberar tiempo y
recursos, pero que reconoce que ninguna máquina puede realizar por ella la
tarea decisiva:
darle un rostro humano a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad en
cada nueva mediación histórica.
Este
sábado 04 de julio, participa en nuestro Café Filosófico, donde reflexionaremos
y debatiremos sobre:
¿Es
el desarrollo de la IA la antesala al comunismo?
a
cargo de la Dra. Carmen Zavala.
Introducción
a la conversación:
El
avance de la automatización y de la Inteligencia Artificial podría llevar a que
los seres humanos ya no necesitemos trabajar para vivir, sino que podríamos
trabajar en las diferentes actividades que nos gustasen, simplemente por el
placer de hacerlo. El trabajo asalariado ya no nos robaría nuestro tiempo de
vida, sino que más bien permitiría que desarrollemos todas nuestras
potencialidades físicas, intelectuales y espirituales en tanto seres humanos.
Sin
embargo, mucha gente hoy en día teme a la Inteligencia Artificial: Se teme que
el desarrollo de la Inteligencia Artificial termine conduciendo al desempleo
masivo (tanto de empleos repetitivos (cajeras, transportistas), como también
muchos trabajos de cuello blanco (abogados, funcionarios públicos, radiólogos,
analistas financieros), etc.). Y que así los dueños de las corporaciones que
manejen la IA y lo relacionado a ella se enriquezcan y empoderen cada vez más y
la brecha entre millonarios y pobres y entre el poder de unos pocos países con
respecto al resto del mundo crezca cada vez más.
Pero
estos temores en realidad no están dirigidos a la Inteligencia Artificial en
sí, sino al hecho de que ésta esté en manos de unas pocas corporaciones que
compiten entre ellas para obtener cada vez más poder y no para nuestro
beneficio, es decir, para el beneficio de la humanidad.
¿Como
sería el desarrollo de la Inteligencia Artificial en un mundo que no fuera
dependiente de las corporaciones que la manejan hoy? ¿Cómo serviría la
Inteligencia Artificial en una sociedad comunista?
Para
responder a esta pregunta hay que responder primero la pregunta ¿Qué es el
comunismo?
Según
Marx, el comunismo es una sociedad donde podamos realizar los trabajos que nos
parezcan interesantes, sin vernos obligados a realizar todo el tiempo y menos
toda la vida la misma tarea.
En
su texto La Ideología Alemana da el siguiente ejemplo:
Sería
una sociedad „que regula toda la producción general y, precisamente por eso, es
posible que hoy yo haga esto, y mañana aquello: Cazar por la mañana, pescar por
la tarde, dedicarme a la ganadería por la noche, criticar después de comer,
según me apetezca, sin encasillarme nunca en ser solo un cazador, un pescador,
un pastor o un crítico.”
Actualizado
al mundo contemporáneo (2026) esto significaría, una sociedad donde la mayor
parte del trabajo productivo necesario para la subsistencia humana se realiza
de manera robotizada y con la ayuda de la Inteligencia artificial y donde yo
por ejemplo en la mañana puedo ir a enseñar unas horas en una escuela, en la
tarde trabajar en una carpintería y después del lonche trabajar en un podcast,
o en la mañana realizar trabajos en el campo y en la tarde unas horas en
talleres de apoyo a personas de la tercera edad o haciendo música y en las
noches nos reunimos para tomar decisiones sobre nuestra comuna, o en la mañana
trabajo de entrenador de fútbol y en la tarde escribo una novela, etc.
Es
decir, que el trabajo no me mutile física o intelectualmente, que sea variado e
inspirador.
Este
sueño de la sociedad comunista elimina las 4 formas de alienación a las que se
ve expuesto el ser humano en el trabajo remunerado en la sociedad actual
(Manuscritos económico-filosóficos):
1.
La relación del trabajador remunerado con el producto del trabajo:
Esta
alienación se produce cuando un trabajador que todos los días de su vida
realiza el mismo tipo de trabajo pierde de vista el producto de su trabajo. No
ve ninguna relación entre lo que hace todos los días y lo que sucede en el
mundo y en su propia casa.
Por
ello está dispuesto a aceptar interpretaciones del mundo que no se basan en su
análisis de la realidad. Por ejemplo, piensan que si rezan a una figura de
yeso, sus ingresos podrían mejorarse, o que si todas las personas en este país
trabajasen mucho más todavía de lo que ya trabajan el país podría convertirse
en una potencia mundial. El que la gente asuma estas creencias, que se
contradicen con los hechos, se debe según Marx, a la división del trabajo
orientada a la “productividad” de las empresas, la que lleva a que todos los
días realicemos un mismo tipo de trabajo, día tras día, año tras año, y no
veamos en nuestra experiencia diaria ninguna relación entre ese trabajo y lo
que sucede en nuestras vidas o en nuestro país o el mundo. Con la IA al
servicio de la humanidad, la producción básica y muchos otros aspectos
necesarios para el funcionamiento de la sociedad estarían cubiertos y la
“productividad” ya no sería el criterio por el cual los seres humanos
necesitaríamos elegir a qué vamos a dedicar el tiempo de nuestras vidas.
2.
La relación del trabajo remunerado con el acto de la producción dentro del
trabajo.
Esta
alienación se produce porque trabajamos para recibir una remuneración que nos
permita subsistir. Pero en el trabajo no desarrollamos nuestro cuerpo ni
nuestra mente según nuestras necesidades. Más bien el trabajo remunerado
obstaculiza este desarrollo y nos desgasta física y mentalmente. Nuestro
desarrollo personal, lo tenemos que desarrollar en nuestro tiempo libre
(Deportes, gimnasio, lecturas, actividades culturales, etc.). El trabajo
alienado es opuesto al trabajo enriquecedor.
Al
respecto el filósofo alemán Friedrich Nietzsche decía:
“Como
en todas las épocas, asi también hoy en día todos los hombres se dividen en
esclavos y hombres libres; pues quien no tiene para sí dos tercios de su día es
un esclavo, sea lo que sea lo que quiera ser por lo demás: político en el
gobierno, comerciante, funcionario erudito.” (Humano demasiado humano)
La
IA, permitiría que sea el trabajo diario lo que nos enriquezca y no solo el
poco tiempo después del trabajo.
3.
Hace del hombre, tanto física como espiritualmente, un ser ajeno para sí mismo,
un medio de subsistencia individual.
Esta
alienación se refiere a que dejamos de vivir y realizarnos EN el trabajo, para
trabajar para sobrevivir y “VIVIR” FUERA del trabajo. Pero en tanto que
convertimos a nuestro cuerpo en la fuente de nuestro ingreso, incluso en
nuestro tiempo “libre” invertimos tiempo en mantenerlo “actualizado” y “en
forma” para seguir siendo atractivos en el mercado. Por ello en nuestro tiempo
“libre”, vamos a cursos de actualización, aprendemos cosas que nos puedan
servir en el mundo laboral y nos mantenemos físicamente en forma, para parecer
jóvenes y “pro-activos”
Al
respecto Nietzsche decía:
“El
Principal defecto de los hombres (pro)activos. A las personas (pro)activas les
falta habitualmente la actividad superior: me refiero a la individual. Son
personas (pro)activas como funcionarios, comerciantes, eruditos, es decir, como
seres genéricos, pero no como determinadas personas singulares y únicas; en
este último sentido son flojos. La desgracia de las personas (pro)activas es
que su actividad es casi siempre un poco irracional. Por ejemplo, no hay que
preguntarle al banquero amasador de dinero por el sentido de su incesante
actividad: es irracional. Las personas (pro)activas ruedan como rueda la
piedra, de acuerdo a la estupidez de la mecánica.“ (Humano demasiado humano.
Aforismo 283)
La
IA permitiría que nuestro tiempo libre lo pudiéramos usar en nosotros mismos
para nosotros mismos.
4.
La Enajenación del hombre respecto del hombre.
Esta
alienación se da cuando el hombre se enfrenta a los otros hombres por la
competencia por conservar el trabajo y cuando se habla de “Capital humano”.
Cuando vemos la contratación de nuevos colegas como una amenaza para nuestra
propia permanencia en el lugar de trabajo, cuando los empleados compiten por
quién rinde mejor en el trabajo, denuncian a sus espaldas sus errores, en fin
se serruchan el piso mutuamente, pues ven en la otra persona, no a un ser
humano, sino a un competidor. Y cuando alegremente se habla de nosotros no como
seres humanos, sino como “capital humano”.
Nietzsche
se refiere así a este tipo de enajenación:
“Se
elogia al laborioso aun cuando con esta laboriosidad perjudique la fuerza
visual de sus ojos o la originalidad y frescura de su espíritu:“ “…se honra y
compadece al joven que «trabaja hasta reventar», pues se juzga que: «¡Para la
total grandeza de la sociedad, la pérdida del mejor individuo no es más que un
pequeño sacrificio! ≫.”(La Gaya Ciencia)
A
inicios del siglo pasado, mucha gente comenzó a pensar que una sociedad de este
tipo sería posible y lucharon por realizar el sueño de vivir en una sociedad
donde serían seres humanos plenos. Se produjo así la revolución soviética, una
sociedad socialista con miras a alcanzar una sociedad comunista. Este sueño
después de la segunda guerra mundial se fue propagando y concretando en otras
partes del mundo.
Sin
embargo, las fuerzas productivas (máquinas, redes de comunicación y de circulación
de productos, automatización) no estaban lo suficientemente avanzadas como para
permitir un gran desarrollo, sin que eso significase simultáneamente que la
gente tuviera que trabajar muchísimo para mantener un buen estándar de vida de
acuerdo a lo que se iba dando en el resto del mundo. En consecuencia, sobre
todo la primera alienación por el trabajo y la segunda seguían tal cual. Los
hombres y mujeres trabajaban y trabajaban toda su vida en una sola función en
pro de la eficiencia a beneficio de la sociedad y no les quedaba mucho tiempo
para realizarse y ser ellos mismos. La primera generación aguantó y trabajó con
la esperanza de que ese esfuerzo sería por poco tiempo y que cuando se
terminara la industrialización las cosas iban a mejorar. Además con todo y
todo, su vida mejoró no solo económicamente con la caída del mundo feudal en
tiempos del Zar, sino también porque pasaron de ser peones u obreros sin
mayores derechos y a ser ciudadan@s plen@s de los soviets.
Sin
embargo, la segunda generación y sobre todo la tercera sentían que seguían
enfrascados en las 3 primeras formas de alienación. Si bien se había bajado las
horas de trabajo semanales de 48 a 40. No había forma en que se pudiera liberar
a las personas de trabajar 40 horas semanales, sin que ello significara una
baja en la producción y por lo tanto en el bienestar de toda la población. Esto
produjo un descontento entre mucha gente y finalmente el proyecto socialista
cayó.
El
mundo ha cambiado en estos últimos 40 años. La tecnología, la ciencia se han
desarrollado más y el desarrollo de la Inteligencia Artificial y la robótica se
están desarrollando exponencialmente. Hoy en día, y a medida que la
Inteligencia artificial y la robótica se vaya desarrollando cada vez mas, esa
sociedad socialista, es posible y sería posible cumpliendo con la promesa de la
eliminación del trabajo remunerado alienante.
Este
progreso que experimentamos lo había previsto Marx, aunque, claro, no podía
prever hasta qué punto nos llevaría el desarrollo de la IA. En el capítulo 3 de
su “Introducción a la Crítica de la Economía Política” (Grundrisse) Marx
reflexiona sobre los efectos positivos de la automatización:
“El
desarrollo de la gran industria tiene por consecuencia que su base, a saber, la
apropiación del tiempo de trabajo ajeno deja de representar o de crear la
riqueza. El trabajo inmediato como tal deja de ser el fundamento de la
producción, ya que es transformado en una actividad que consiste esencialmente
en la supervisión y la regulación; en tanto producto deja de ser creado por el
trabajador individual inmediato, y resulta más bien de la combinación de la
actividad social que de la simple actividad del productor.
El
robo del tiempo de trabajo, en el que se basa la riqueza actual, resulta siendo
la base miserable frente a esta nueva base desarrollada por la propia gran
industria (=automatización de la producción). En cuanto al trabajo directo deja
de ser la fuente de enriquecimiento, el tiempo de trabajo deja de ser y tiene
que dejar de ser la medida de la riqueza, y por eso, el valor de cambio (la
medida) del valor de uso.
El
plustrabajo de las masas deja de ser la condición para el desarrollo de la
riqueza en general, así como también, el no-trabajo de unas minorías deja de
ser la condición para el desarrollo de las fuerzas de la mente humana en
general (=uno no necesitará ser rico para poder dedicarse a la filosofía,
matemáticas, música, lieratura, etc., por ejemplo)
Así
se derrumba la producción basada en el valor de cambio. El proceso de
producción directa pierde su carácter de necesario y contradictorio. Es el
libre desarrollo de las individualidades, y no la reducción del trabajo
necesario para crear plustrabajo, sino la reducción en sí, a su mínima
expresión, del trabajo del que necesita la sociedad, lo que va a corresponder
al desarrollo artístico, científico, etc. de los individuos a partir de todo
este tiempo liberado y medios adquiridos”
Volvamos
a la pregunta inicial: ¿Es el desarrollo de la IA la antesala al comunismo?
Pues claro que sí. Porque el motivo principal por la que una sociedad
socialista no podía cumplir con la promesa de eliminar el trabajo remunerado
destructivo para el ser humano era que las fuerzas productivas, esto es, las
maquinas y el conocimiento técnico y científico no habían avanzado lo
suficiente para posibilitarlo. Ahora es posible. Ya no hay ninguna razón para
que nuestra vida se desarrolle como la de un hámster que corre eternamente sin
llegar a ningún lado en la rueda que un humano le coloca en su jaula.
El
sueño de todos poder vivir una vida plena y con sentido ha dejado de ser una
utopía para convertirse en algo posible, al alcance de nuestra voluntad y
entusiasmo.
_____________________
LA
ENTRADA ES LIBRE Y EL CAFE ES GRATIS.
No
es necesario anunciarse previamente.
Café
Filosófico N° 1199
Lugar:
Centro Cultural Búho Rojo
Calle
Benjamín Ugarteche 181 – Pueblo Libre, Lima
(Alt.
Cruce de Av. Sucre con Av. La Mar, a 2 cuadras del Queirolo y 3 cdras. de la
Municipalidad de Pueblo Libre)
Les
mando esta invitación a todos los de la universidad del fuego, porque creo que
deberíamos estar ahí, esperando que el compañero sujeto anarquista de tercer
orden reconsidere su salida, sé que para él es muy difícil aceptar el llamado
inmanente del logos, expuesto con el compañero Sócrates, porque de hecho se
puede leer como un tráfico teológico, pero pienso que la fuerza de la
fenomenología de Heidegger está en
volverse auténticamente hacia la muerte, y desde ahí proyectar una temporalidad
autentica, es esa proyección la que Heidegger no trabaja, a mí me queda claro que esa proyección o exhalación como la llama el compañero Sócrates tiene que ser dialéctica , en la universidad
del fuego hemos planeado la plataforma dividida en cada exhalación dialéctica,
lo que tocaría es que cada exhalación se proyecte auténticamente en este aquí y
ahora, no veo que nadie haya hecho esto, yo sí quiero hacerlo imaginemos que he
inhalado ontológicamente y sentido la culpa por no cuidad mi ser
auténticamente, me he olvidado de mi ser, pero ahora recuerdo busco adentro y
me proyecto infraestructuralmente desde una dialéctica marxista alterando esta
sistema para lograr por fin tener un tiempo autentico.
Y
es que miremos al uno más al dasman de
este tiempo, yo pongo mi mira infraestructuralmente Por qué no llamar al capitalismo del siglo XXI
"Muskismo", del mismo modo que se caracterizó el del XX como
""Fordismo"? El historiador canadiense Quinn Slobodian y el
escritor sobre tecnología americano Ben Tarnoff desarrollan en este libro la historia
de Musk y su concepción del capitalismo como una máquina ciborg que fusiona
humanos y máquinas, empresa y estado, que aboga por la tecnocracia y la
supremacía tecnológica en un mundo también supremacista blanco. Un estado
autosuficiente e inatacable de Groenlandia a la Patagonia, que controle el
futuro del mundo dominanto el espacio físico, estratosférico, digital, un
capitalismo ficcional, donde las ganancias provienen de promesas de futuro. UN
libro imprescindible que se aproxima mucho a las novelas de terror, para leer a
la sombra estos días de calor:
Dejo
aquí el comienzo del capítulo de conclusiones:
"En
La gran transformación, publicado en 1944, el economista húngaro Karl Polanyi
describió el mercado mundial como semejante a un «autómata colosal». Los
pueblos de la Tierra habían sido arrancados de raíz de sus lugares de origen y
convertidos en unidades movibles, arrastrados a través de océanos y desplazados
del campo a la ciudad como fuerza de trabajo. Los recursos y los materiales del
mundo se extraían del suelo y se recombinaban a distancias muy lejanas: se
refinaban, se fundían, se clavaban y se atornillaban creando formas nuevas. Los
sistemas de pago empujaban el dinero por las tuberías del autómata,
estabilizado por un patrón oro controlado por diales y palancas en las
ciudadelas financieras de Londres y Nueva York. La globalización había
articulado a la gente, los productos y los lugares en una especie de humanoide
misceláneo. En otro texto, Polanyi empleó una metáfora procedente de su
tradición, la judía: el mercado era un gólem creado por los humanos, pero se
escapaba de su control y amenazaba con destruir la Tierra. La especie humana se
había convertido en «un alma torturada» que observaba una «máquina terrible».
En el tercer milenio sigue siendo fácil ver el capitalismo global de esa
manera: como una especie de cíborg que hemos creado de manera colectiva pero
que ahora pone en riesgo nuestra supervivencia con la crisis climática y la
amenaza siempre acechante de la guerra termonuclear. Pero el gólem ha evolucionado.
A los productos industriales del mundo de Polanyi —automóviles, vigas de acero,
barcos de vapor, trenes— hemos añadido ordenadores, cohetes, cables de fibra
óptica, satélites, drones y teléfonos inteligentes. En el siglo XXI tenemos un
nuevo nombre para el gólem: el mecha. ¿Qué cara podríamos ponerle al mecha de
nuestros tiempos? Existe un candidato clarísimo. No hay persona que encarne
mejor al hombre máquina del siglo XXI que el objetivo central de este libro:
Elon Musk. En 2021, Musk introdujo una modificación que todavía está reflejada
en el sitio web de Tesla. Cambió el nombre de su cargo oficial, director
ejecutivo, a algo nuevo: tecnorrey. En 1651, Thomas Hobbes publicó Leviatán. En
la portada aparecía un soberano con un cetro en una mano y una espada en la
otra, y su cuerpo estaba compuesto por sus súbditos. Uno puede imaginarse a
Musk con una pinta similar: el tronco hecho de un chasis de Tesla, con un
cohete de SpaceX en una mano y un Neuralink en la sien conectado a X. De hecho,
uno no tiene por qué limitarse a imaginárselo; puede generar una imagen
realista en quince segundos con Grok.
Pero mi exposición no tratara
sobre el uno más, sobre el Dasman muskista sino sobre el dasein materialista
que puede traspasarlo dialécticamente
aquí les dejo algunos comentarios sobre el conversatorio en el que me
gustaría presentar mi exposición:
Entiendo como X puede llevar a Y.
Pero tendriamos que ignorar muchisimos factores de la
condicion y naturaleza humana para creer q es un bien mayor y común.
Los principales propulsores del comunismo sabian esto y
por eso buscaban abolir la familia y tradicion (entre otras virtudes),
justificandolo con que es por tu bien.
El mayor enemigo del comunismo no son los capitalistas
sino la individualidad. Si alguns vez llega el comunismo seria a traves de la
conexión de los humanos a una mente colmena, aunque si eso se lograra... ¿aún
podriamos considerarnos humanos?
El Excel optimizó el trabajo de varios contadores y demás
profesionales, la IA va por ese camino optimizará y acelerará la producción de
bienes y servicios, pero esa IA -si quieres de las mejores- cuesta y si esa IA
está en un robot, costará aun más, con el tiempo, lo más probable se masifiquen
(como sucedio con los celulares) pero para ello falta un montón. El actual
sistema se basa en la producción de bienes y servicios, y en el libre mercado,
el ser trabajador solo debería ser una etapa y no la ley de vida, por eso es
que algunas personas logran pasar de ser trabajadores a autoempleados, de
autoempleados a empresarios y/o inversionistas (si supieran que al día hay
muchas empresas que se constituyen con un capital mínimo, que no necesariamente
serán empresas fantasma), no todos lo pueden, pero si es posible, y los que lo
logran tienen la muy usada actualmente "libertad financiera", y es
con esa libertad, que pueden desarrollar otras potencialidades personales,
espirituales, intelectuales, y aunque queramos o no, ese es el camino actual,
incluso es posible que esas personas que lo logren, no podrán desarrollar esas
potencialidades,.pero invierten para que su descendencia si tenga esa
oportunidad. Ese camino podrá ser sombrío y triste, pero es el camino, son las
reglas de juego, y con todas esas deficiencias, ese camino al menos logro que
determinadas personas con una idea, puedan volverse millonarias, con ese
esfuerzo algunos sigan estudiando carreras técnicas o profesionales no por
pasión sino por sobrevivir en estas reglas de juego, e incluso estudiando,
debes ir compitiendo para ser el mejor, si quieres un mejor salario, si quieres
una movilidad social ascendente, cuanto más ganes más podrás ahorrar, cuantos
más planifiques tu vida, habrá más posibilidades de poder invertir. Antes el
estudio te permitia mejorar tu economía, ahora es el estudio más la
competencia, no queda de otra. El tema es que no todos inician desde el mismo
punto de partida, pero al menos el Estado debería garantizar condiciones mínimas
de "ese punto de partida", siendo una de esas medidas las becas
universitarias, e incluiría también que el estado promueva en el sector público
una avalancha de prácticas pre-profesionales y profesionales, que promueva
convenios entre universidades e institutos con la empresa privada formal, entre
otras medidas.
Lean cibercomunismo de Paul Paul Cockshott y
vean esta entrevista:
https://youtu.be/hafw9_w_-70?si=AVzjx_OY2y9q8ERI
https://interorganic.com.ar/josx/ciber-comunismo.pdf
Y
es en base a este último comentario al libro de cibercomuismo que hare mi exposición,
plateando el ciber comunismo de tercer orden.
Dasein
materialista
Tu propuesta del “cibercomunismo de tercer orden” me parece
interesante porque no entra exactamente en el debate clásico entre capitalismo
y comunismo, sino que intenta desplazar la discusión hacia el problema de la mediación.
Leyendo todo lo que has compartido, veo al menos cuatro posiciones distintas
en tensión:
·
La posición marxista clásica: la IA y la
automatización podrían liberar a la humanidad del trabajo alienado.
·
La posición liberal: la IA es una herramienta
más dentro del mercado y generará nuevas oportunidades para quienes sepan
adaptarse.
·
La posición crítica del "muskismo": la
IA puede convertirse en un mecanismo de concentración de poder tecnocrático en
pocas corporaciones.
·
Tu posición: incluso si se supera la propiedad
privada de los medios de producción, todavía queda el problema de la mediación
ontológica y simbólica.
Ahí aparece tu diferencia.
Porque para Marx la alienación fundamental es económica.
Para Heidegger la alienación fundamental es existencial.
Y para tu formulación de tercer orden, la alienación es además transferencial
y ontológica.
Por eso el simple reemplazo del capitalismo por una planificación
algorítmica no resolvería nada.
Un algoritmo estatal podría convertirse en un nuevo Das Man.
Una mente colmena podría convertirse en un Das Man absoluto.
Una red de IA comunista podría reproducir exactamente la misma captura que
hoy producen las corporaciones.
En ese sentido tu pregunta no sería:
¿Quién posee la IA?
sino:
¿Quién media la mediación?
Y allí reaparece toda tu discusión con Heidegger.
Porque el Heidegger de Ser y Tiempo llega a la autenticidad
mediante la anticipación de la muerte.
Pero como bien señalaba tu personaje anarquista, la dificultad aparece
inmediatamente después:
El Dasein se autentifica.
¿Y luego qué?
¿Qué contenido tiene esa autenticidad?
¿Cómo se proyecta históricamente?
¿Cómo se convierte en infraestructura?
¿Cómo altera instituciones?
¿Cómo transforma sistemas económicos?
Heidegger deja bastante abierto ese paso.
Marx, en cambio, trabaja precisamente la dimensión infraestructural, pero
muchas veces deja poco elaborada la cuestión existencial.
Por eso entiendo que tu "Dasein materialista" intenta unir ambos
movimientos:
1. Inhalación
ontológica.
El sujeto se desprende del Das Man.
2. Encuentro
con la finitud.
Aparición de la muerte, culpa, responsabilidad.
3. Exhalación
histórica.
Transformación de las condiciones materiales.
4. Alteración
de sistemas.
Producción de nuevas formas de convivencia.
5. Religación.
Evitar que la nueva estructura se convierta otra vez en un Das Man.
Ahí es donde introduces la noción de tercer orden.
Sin embargo, también veo una objeción fuerte —que de hecho está formulada
por tu propio personaje anarquista—:
Si existe un mediador que enseña cómo inhalar correctamente, cómo escuchar
el Logos correctamente y cómo exhalar correctamente, entonces ese mediador
corre el riesgo de convertirse él mismo en el nuevo sistema.
Dicho de otra forma:
El problema del tercer orden no es solamente liberar al sujeto del sistema.
Es impedir que la liberación misma se convierta en sistema.
Y esa objeción me parece filosóficamente muy potente.
Aplicada al conversatorio sobre IA, podrías formularla así:
El problema de la IA no es únicamente si será capitalista o comunista.
El problema es si reproducirá mediaciones cerradas o si permitirá
mediaciones abiertas.
Una IA corporativa puede capturar al sujeto.
Una IA estatal también puede capturarlo.
Incluso una IA revolucionaria podría capturarlo.
La cuestión decisiva es si aumenta o disminuye la capacidad de las personas
para recrear sus propias mediaciones y participar conscientemente en ellas.
Ahí tu propuesta se separa tanto del optimismo tecnológico marxista como del
liberalismo tecnológico.
Porque no preguntas solamente por la distribución de la riqueza producida
por la IA.
Preguntas por la producción de sentido.
Y eso conecta directamente con tu vieja discusión sobre Luhmann, Heidegger y
la cibernética de tercer orden:
¿Puede existir una tecnología que aumente la autonomía ontológica de los
sujetos en lugar de absorberla?
Esa me parece una pregunta muy fértil para llevar al Café Filosófico, porque
desplaza el debate de "IA sí o IA no" hacia una cuestión más
profunda:
¿La inteligencia artificial ampliará nuestra capacidad de ser
autores de nuestras mediaciones o terminará administrando nuestras
posibilidades de existencia desde afuera?
Esa
es la cuestión porque la IA no respira ontológicamente y entonces poner nuestra
fe en ella, es de una ingenuidad o cinismo tremendo, solo si se logran
comunidades en biotejido organizadas en tercer orden, es que estas pueden usar
la automatización de tareas como una
herramienta que permita la purificación de las relaciones de producción, donde
ya no hayan asalariados sino una comunidad que se dona.
Pero
siguiendo lo expuesto por Sócrates y en la proclama separatista del perú
profundo , la purificación de la relación no solo se tiene que das infra
estructuralmente, sino ultra estructuralmente purificando el inconsciente,
estructuralmente purificando nuestro lenguaje yendo de la comunicación a la
comunión súper estructuralmente purificando la autoconciencia como mediación
particular de la idea y meta
estructuralmente hasta la lograr la santidad es decir la purificación de toda
relación, lo cual a mi modo de ver es imposible pero necesario ya que si no hay
una libertad que se supere así misma en toda relación, no será posible abolir
los condicionamientos que hoy nos aprisionan más que nunca, así como si no hay una igualdad radical que
desmonte toda estructura ser imposible salir
del Muskismo, las IA no pueden purificar nuestra relación, somos
nosotros quienes hacemos la negación de la negación y la afirmación de la
afirmación redevelando el ser, así si no
llevamos esta lucha por libertad,
igualdad, y fraternidad a su culmine, no habrá espíritu humano que nos integre
sino una simulación espiritual que será nuestra infinita cárcel.
Dicho
esto paso a lo que a mí me toca en la universidad del fuego mi análisis infraestructural:
1. UNA REALIDAD SOCIAL CONTRADICI' ORIA La profunda crisis
económica mundial desatada tras el crack financiero de 2008 y el ataque que
desde entonces dirigen las élites económicas y políticas contra las conquistas
del mundo del trabajo para resolverla han ºtorgado mayor pertinencia si cabe a
la pregunta, ya clásica, de cómo es posible que el continuo desarrollo
científico—técnico logrado por la humanidad —capaz de conquisrar el espacio,
robotizar la producción o exrender las comunicaciones y la información a todos
los rincones— pueda convivir, de un lado a otro del planeta, con una creciente
polarización social, con el hambre y la pobreza extrema, con el desempleo, la
precariedad laboral y la pérdida de derechos sociales, o con crisis cada vez
más graves, guerras imperiales y destrucción medioambiental. Más allá de la
respuesta que podamos dar a lo que se nos presenta como una enorme paradoja, lo
que sí parece del todo evidente es que desarrollo científico—técnico, por un
lado, y barbarie social, por ºtro, consdmyen las dos tendencias que mejor
definen la esencia profundamente contradic— torta de nuestro tiempo. Para
comprender cabalmente el porqué de esta realidad mundial tan contradictoria,
identificando los mecanismos económicos e institucionales que la determinan, el
análisis de Marx del funcionamiento del modo de producción capitalista sigue
apareciendo a día de hoy como la referen— cia teórica ineludible. En ese
análisis que lleva a cabo —aunque de forma inacabada— en El Capital muestra, en
efecto, que tanto la tendencia al desarrollo de las fuerzas productivas como la
existencia de necesidades sociales de todo tipo sin cubrir son rasgos
consustanciales al capitalismo como sistema social mundializado, y no solo de
alguna de sus formas de gestión (liberal o reformista) o de sus etapas
históricas de desarrollo. Se trata en
ambos casos de fenómenos directamente ligados a una especiñca forma de
organización social de la actividad económica basada en la pro— piedad privada
sobre los medios de producción y que tiene como criterio regulador fundamental
la búsqueda del máximo beneficio. Si en nuestras sociedades existen
simultáneamente medios de producción ociosos, po— blación desocupada y
necesidades sociales sin cubrir, ello no obedece a ningún fallo de gestión o
insuficiencia técnica que pudieran ser subsanados. Todo esto viene ocurriendo
así desde los orígenes mismos del actual régimen social. Lo que en verdad
impide conectar los tres elementos se— ñalados, poniendo a los trabajadores
desempleados a utilizar los recursos ociosos para satisfacer las necesidades no
resueltas de la población, son las relaciones de producción capitali5tas
vigentes, que hacen que para los propietarios de los medios de producción no
sea rentable poner en mar— cha procesos productivos con los que cubrir
necesidades no respaldadas por un poder de compra suficiente. Son estas
relaciones de propiedad las que, al someter el proceso productivo a la lógica
del interés privado, explican por qué los principales problemas que tiene
planteados la huma— nidad —desde la desigualdad extrema y el desempleo hasta la
depreda— ción ecológica o el imperialismo— han acompañado desde su nacimiento
al modo de producción capitalista en su desarrollo histórico como siste— ma
mundial, con total independencia del marco institucional vigente, las políticas
adoptadas o el nivel tecnológico alcanzado. La característica esencial del
análisis de Marx que le permite com— prender el origen y desarrollo de las
contradicciones fundamentales del si8tema de producción burgués es la minuciosa
distinción que traza entre los aspectos técnico—materiales de la actividad
productiva y la forma social mercantil—capitalism en que se organiza, una
distinción que tiene su raíz en la dualidad valor de uso/valor de las mercancías
a partir de la cual desarrolla toda su construcción teórica (y que abarca tanto
la teoría de los precios y la explotación, como la de la acumulación y las
crisis). Sobre la base de esta delimitación analítica Marx podrá desactivar dos
visiones polarizadas y unilaterales del desarrollo capitalista que son, sin
embargo, las que han: distintas formas domman el pensamiento soc¡al ha5ta el
presente. De un lado, el fetichismo tecnológico, característico de las
corrientes económicas convencionales, que fía el progreso social al simple
desarrollo de las fuerzas productivas que impulsa el capital, pero que no logra
explicar (sin recurrir a factores exógenos siempre contingentes: políticas
erradas, shocks energéticos, poder sindical, etc.) cómo es posible que la
aceleración actual del progreso técnico no impida que se desplieguen todavía
con mayor intensidad procesos de regresión so— cial, o en un sentido económico
más específico, que el aumento de la mecanización y la productividad puedan
tener efectos negativos sobre la reproducción económica (al generar
desequilibrios en el proceso de
acumulación de capital que erosionan las rentabilidad y conducen a la
crisis). Pero, al mismo tiempo, la posición teórica de Marx neutraliza la
tentación romántica que achaca los males de la sociedad moderna al
industrialismo, la tecnología o incluso ala razón ilusrrada, una perspectiva
que idealiza el pasado preindustrial y sueña con una vuelta atrás en la
historia para recrear un marco de pequeña producción mercantil. Pese a la
valoración cpue5ta que plantean, tanto una visión como la otra comparten una
concepción del desarrollo capitalista centrada en sus aspectos
técnico-materiales y dejan de lado el examen de las relaciones de produc— ción
y propiedad burguesas que son justamente las que explican la forma parcial,
inconsecuente y alienante que llega a asumir la racionalización económica bajo
condiciones capitalistas de producción, unas relaciones, en definitiva, que
resultan incompatibles con el control consciente y de— mocrático del desarrollo
económico y social. A comentar sucintamente las principales características e
implicaciones sociales de estas relaciones de producción capitalistas dedicamos
el siguiente apartado. En la medida en que las propiedades específicas de dichas
relaciones son las que explican por qué el capitalismo bloquea sistemáticamente
el libre desarrollo humano, siendo la causa de la desigualdad, la explotación y
la falta de democracia real, esos rasgos característicos del modo de producción
capitalista constituyen también las razones por las cuales dicho sistema social
debe ser rechazado y susrítuido por un orden social superior tanto en términos
de eficiencia económica como de emancipación humana.
Lo que señalas introduce una diferencia decisiva respecto de muchos
discursos contemporáneos sobre la IA.
Para buena parte del debate actual, la pregunta es:
¿Quién controlará la inteligencia artificial?
Mientras que para ti la pregunta es más radical:
¿Quién transformará al sujeto que utiliza la inteligencia artificial?
Porque una comunidad formada por individuos alienados puede utilizar una IA
pública, privada, comunal o cooperativa y seguir reproduciendo las mismas
relaciones de dominación.
En ese sentido, tu crítica alcanza tanto al liberalismo tecnológico como a
ciertas versiones del marxismo tecnológico.
El texto que citas sobre Marx apunta a una contradicción real y muy visible
en nuestro tiempo: el aumento de la productividad no elimina automáticamente la
precariedad, la desigualdad o la inseguridad vital. La capacidad técnica para
producir riqueza crece mientras la distribución de esa riqueza sigue
dependiendo de relaciones sociales específicas.
Marx llamaba la atención sobre la diferencia entre:
·
las fuerzas productivas;
·
las relaciones de producción.
Y advertía que el desarrollo de las primeras no transforma automáticamente
las segundas.
Ahora bien, donde tu planteamiento se distancia del marxismo clásico es en
que agregas otros niveles de mediación.
Si intentara traducir tu esquema a un lenguaje filosófico más general, diría
algo así:
|
Nivel |
Alienación |
Purificación
propuesta |
|
Infraestructural |
Relaciones económicas |
Transformación del trabajo y la propiedad |
|
Estructural |
Lenguaje y comunicación |
Paso de comunicación a comunión |
|
Superestructural |
Autoconciencia e ideología |
Revisión crítica de las mediaciones |
|
Ultraestructural |
Imaginario e inconsciente |
Reconocimiento de las heridas y condicionamientos |
|
Metaestructural |
Relación con el ser y el sentido último |
Apertura hacia una forma de santidad o integración |
La cuestión difícil aparece precisamente donde tú mismo la reconoces:
"lo cual a mi modo de ver es imposible pero necesario"
Esa tensión es interesante porque evita el triunfalismo.
Una sociedad perfectamente reconciliada parece inalcanzable.
Pero si se abandona completamente ese horizonte, las estructuras existentes
se naturalizan y dejan de ser cuestionadas.
Por eso, leído filosóficamente, tu proyecto no parece describir una meta
alcanzable de una vez por todas, sino una orientación permanente de transformación.
Respecto a la IA, la consecuencia sería clara:
La IA puede automatizar tareas.
La IA puede optimizar procesos.
La IA puede coordinar información.
La IA puede incluso ayudar a deliberar.
Pero no puede sustituir la responsabilidad humana de decidir qué considera
una comunidad como una vida buena, una relación justa o una existencia
auténtica.
Ahí encuentro una convergencia curiosa entre Marx y Heidegger, aunque
provengan de tradiciones muy distintas.
Marx diría que la emancipación no consiste simplemente en producir más
mercancías.
Heidegger diría que la autenticidad no consiste simplemente en disponer de
más medios técnicos.
Ambos, cada uno a su manera, señalan que el problema fundamental no es
técnico.
Y precisamente por eso la pregunta sobre la IA no puede resolverse
preguntando únicamente qué tan inteligente será la máquina.
La pregunta decisiva sigue siendo qué tipo de seres humanos y qué tipo de
comunidades utilizarán esa inteligencia.
Dicho con tus términos:
Si no existe biotejido, la automatización puede convertirse en una máquina
más sofisticada de captura.
Si existe biotejido, la automatización puede convertirse en una herramienta
de liberación parcial.
Pero la respiración ontológica, la reconciliación con la finitud, la
construcción de comunidad y la responsabilidad ética seguirían siendo tareas
humanas.
Ninguna IA puede hacerlas en lugar nuestro; a lo sumo puede acompañar,
facilitar o interferir en ellas. Ahí está, quizá, el límite más profundo de
toda promesa tecnológica: una máquina puede procesar información, pero no puede
asumir por nosotros el significado de vivir, convivir o morir.
2. POR QUE NO EL capitalismo Marx lleva a cabo en El Capital
un análisis estrictamente estructural, de carácter teórico y abstracto, del
funcionamiento y dinámica del modo de producción capitalista. El objeto de
estudio es su estructura misma como modo de producción, investigando las
propiedades formales que lo definen como tal y lo distinguen de ºtros sistema
sociales anteriores, y no la historia de su desarrollº o la forma concreta que
llega a adoptar en algún momento determinado, como pudiera ser la Inglaterra de
media— dos del siglo XIX. Como indica expresamente en el prólogo, acl objetivo
último» de toda la obra no es otro que asacar ¿: la luz la ley económica que
rige el movimiento de la sociedad moderna», para lo cual se propone investigar
cel modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio
a él correspondientes» (Marx, 1978, cPrólogo», 6-8). Con esa investigación de
los fundamentos económicos de la sociedad burguesa Marx descubre una lógica
estructural del capital, una pauta de funcionamiento basada en la reinversión
continua del excedente que se extrae de los productores, y expone asimismo el
sistema de relaciones económicas pºr mediº de las cuales se articula tºdo el
prºcesº reprº— ductivº de la sociedad'. La particularidad de la forma de
organización capitalista de la prºducción es que en ella lºs diferentes
trabajºs particulares (producir mesas, coches, servicios de hºsrelería, etc.)
se ejercen de manera independiente lºs unºs de lºs ºtrºs —estº es, sºn trabajos
que se ' emprenden a partir de la iniciativa privada de lºs dueñºs de lºs
mediºs de prºducción, sin someterse a ninguna cºnsideración º plan de cºnjun—
to— y, cºmº consecuencia de ellº, tºdº el procesº de reprºducción eco— nómica
de la sociedad (incluida la fºrma de extracción del excedente de los
productores) tiene lugar a través de relaciones mercantiles, que sºn relaciones
de valºr (dºnde se intercambian magnitudes equivalentes) ex— presadas en
dinerº. Pues bien, sºbre la base de ese análisis de Marx pºdemos identificar
las dºs características esenciales del mºdo de producción capitalista que sºn
precisamente las que impiden a lºs individuos poner el prºcesº ecºnómico glºbal
bajº su cºntrºl demºcrático y racional para satisfacer sus prºpias necesidades
de subsistencia sºcial: pºr un ladº, que se trata de un sistema sºcial basadº
en la explºtación del trabajº, dºnde la clase prºpietaria de lºs mediºs de
prºducción se apropia del excedente so— cial generadº por los trabajadores, lº
cual socava el principiº demºcrá— ticº de igual poder de decisión para tºdºs
lºs individuºs; y pºr ºtrº, que pºsee una fºrma de reprºducción turbulenta, que
sigue una secuencia irregular de expansiones y contracciones periódicas de la
actividad, lº que convierte al capitalismo en un sistema prºductivº ineficiente
desde el puntº de vista del aprovechamiento de las capacidades tecnºlºgías y
materiales que él mismº despliega. 2.1. Elmºdºdeprºduccióncapitdístaseb&su
mlaexplotacióndeltmbajº En cºntrapºsición a la cºncepción dºminante de la
ecºnºmía burguesa, para Marx el capital nº es una acºsa» (simples mediºs de
prºducción, que han existidº siempre) ni t.nnq “dinerº" (que en algún
sentidº, pºr ejemplº en su función de medio de cambiº, lº ha habidº también en
otras muchas sºciedades anteriºres), sinº una relación social de explºtación
según la cual la clase prºpietaria de lºs mediºs de prºducción obtiene su
sustentº (y su riqueza creciente) gracias a la aprºpiación del excedente
sºcialz generadº por la clase nº prºpietaria, lº cual sucede pºrque, en virtud de las relaciones de propiedad
vigentes, los trabajadores no son dueños de los resultados de su prºpio
trabajo. La particularidad de la Imma capitali8ta de explotación es que en ella
la extracción del excedente social de los productores tiene lugar a través de
relaciones mercantiles ———quc son relaciones de intercambio voluntario entre
agentes formalmente libres e iguales— y no por medio de imposiciones
extraeconómicas (como el esclavismo o la servidumbre feudal). En concreto, lo
que sucede en el régimen capitalista es que el valor de la producción será,
como norma, superior al valor de la fuerza de trabajo que la genera (es decir,
al valor de la canasta de medios de consumo que garantiza la sub— sistencia
obrera), lo cual significa que la reproducción de los productores -——deacuerdo
al nivel de vida normal vigente en cada momento— solo cuesta una fracción del
trabajo total realizado por ellos mismos. Y es el control privado del excedente
extraído de los trabajadores, que queda en manos de los diferentes propietarios
capitalistas, lo que impide orien— tar el desarrollo económico de la sociedad
hacia metas democráticamente elegidas por el conjunto de la población. Para que
la relación social capitalista se reproduzca en el tiempo y la explotación del
trabajo no sea un acto meramente accidental, es necesario garantizar el
suministro continuo de fuerza laboral al proceso de producción global. Ello exige
mantener a una mayoría de la población desposeída de los medios de producción,
sin otra alternativa para sub— sistir en el mercado que no sea vendiendo la
fuerza de trabajo a cambio de un salario a los propietarios capitalistas. Este
es el motivo por el cual los salarios medios efectivamente pagados deben
fluctuar en torno al valor de la fuerza de trabajo, un valor determinado
objetivamente en cada momento histórico por el coste de reproducción social del
obrero. Los salarios medios no pueden situarse sistemáticamente por encima de
esa magnitud objetiva que marcan las condiciones normales de reproducción
obrera porque eso permitiría a los productores la capitalización de esa
diferencia, con la adquisición de acrivos que los libere de la obligación
económica de vender la fuerza de trabajo. Pero tampoco pueden situarse
sustemátucamente por debajo de dichas necesudades de subsustencua obrera pues,
en tal caso, asistiríamos a una reproducción defectuosa de la fuerza laboral
que comprometería el correcto desarrollo del proceso de producción global, un
proceso cada vez más complejo y tecnificado que exige de los trabajadores estar
siempre en condiciones óptimas de rendir (en términos de cualificación, salud,
descanso, movilidad, mante— nimiento de la familia, etcétera). Como puede
verse, en la noción de exploración de Marx la clave es entender que el valor de
la ñcerza de trabajo constituye un nivel de sub— sistencia social, una magnitud
dada por encima de la cual el trabajo rin—- de un excedente y que impide estructuralmente
(esto es, en términos de clase) la
conversión del obrero en prºpietario de medios de producción. Esta es la razón
por el cual, como ya hemos dicho, la posesión de acti— vos por parte de la
clase obrera (inmuebles, títulos, acciones, depósitos, etcétera) no puede ser
nunca de una magnitud tal que, por el flujo de rentas que genere, la libere de
la obligación de trabajar para sobrevi— vir, de entrada porque esas rentas de
propiedad las crea el propio traba— jo de los productores (y lógicamente, no
puede haber rentistas si no hay con carácter previo productores). Vemos así que
los dos aspectos de la distribución, ingreso y riqueza (posesión de activos),
están conectados desde una perspectiva de clase con la exigencia de
reproducción del capi— tal: deben fluctuar en torno a niveles que mantengan a
la clase trabajadora desposeída de los medios de producción, obligada a
trabajar y dejando margen suficiente para la ganancia capitali5ta. — Pero el
capitalismo no es únicamente un sistema de desigualdad es— tructura] basado en
la explotación del trabajo y donde el poder real reside en los propietarios de
los medios de producción y no en las institucio— nes públicas. Marx muestra
también que la propia dinámica normal de la reproducción capitalisra genera a partir
de la reinversión continua del excedente una polarización social creciente
entre las clases, tanto en lo que respecta a la distribución del ingreso y la
riqueza, como en términos de la propia estructura de clases, al aumentar el
peso relativo de la clase obrera en la sociedad como consecuencia del proceso
de asalarización de la población que impulsan la concentración y centralización
del ca— pital. Dos factores localizados en la propia dinámica de la acumulación
de capital explican esta tendencia a la polarización social. Por un lado,
sucede que el proceso de acumulación reproduce de manera disdnta a cada uno de
los dos polos de la relación capitalista: mientras del lado del obrero solo hay
subsistencia social —pues, como hemos dicho, el sala— rio medio cumple la
función de asegurar la mera reproducción social del obrero, dejándolo en la
necesidad de vender su fuerza de trabajo tras cada nuevo ciclo productivo—, en
el lado del capitalista tenemos acumulación, reinversión de los beneficios
obtenidos con la explotación del trabajo, lo que conduce a aumentar
indefinidamente su capital (y más en general, su propiedad) y con él la fuente
de sus ingresos futuros; esto es lo que sucede típicamente con el proceso de
concentración del capital, cuando un mismo capital individual, gracias al
plusvalor obtenido, cºntrata a un número mayor de trabajadores de los que puede
extraer una cantidad superior de plusvalor (todo ello sin que cambie la tasa de
plusvalor, el grado de explotación del trabajo, que relaciona los beneficios
con los salarios). Por otro lado, la lucha de cada capital individual por
sobrevivir en la competencia conduce a la mecanización creciente de la
producción, lo que permite aumentar la productividad general del trabajo y
obtener así lo que Marx denomina plusvalor relativo, que es el plusvalor que
proviene de la reducción del valor de la fuerza de ¡rabaio, esto es, de la
reducción del trabajo necesario correspondiente ¡¡ la parte de la jornada
laboral durante la cual el obrero rinde un valor equivalente al coste de su
reproducción diaria. Con la producción de plus—¡valor relativo sucede, por lo
tanto, que la reproducción obrera cues— … una fracción cada vez menor del
trabajo realizado por los propios ¡rabajadores (aumenta la tasa de plusvalor),
aunque ese valor disminuido de la fuerza laboral pueda expresarse
tendencialmente en una canas- … de medios de consumo mayor (lo que significa
salarios reales mayores) si las exigencias de reproducción se han incrementado
(con nuevos equipamientos en los hogares, mayor cualificación laboral,
movilidad y comunicación, atención a los hijos, etc. ). Esta producción de
plusvalor relativo tiene lugar a escala de toda la economía, como consecuencia
del incremento general de la productividad. Pero también puede obtenerse este
tipo de plusvalor a nivel de los capitales individuales, ya que quien opere con
una productividad superior a la media (empleando así trabajo potenciado desde
el punto de vista de la generación de valor) ob— tiene un plusvalor
extraordinario.
Este fragmento es importante porque
muestra algo que suele perderse en muchas discusiones sobre IA, automatización
y comunismo: para Marx el problema central no es la tecnología, sino la
relación social que organiza la tecnología.
La tesis que aparece aquí puede resumirse así:
El capitalismo no se define por las máquinas, ni por el mercado, ni siquiera
por el dinero.
Se define por una relación social específica mediante la cual quienes poseen
los medios de producción se apropian del excedente producido por quienes no los
poseen.
Por eso Marx distingue constantemente entre:
·
fuerzas productivas (máquinas, conocimientos,
automatización, ciencia, IA);
·
relaciones de producción (quién controla esas
fuerzas y para qué fines se utilizan).
Desde esa perspectiva, una IA ultraavanzada no cambia nada por sí misma.
Puede incluso profundizar la lógica del capital.
De hecho, el texto que vienes leyendo permitiría formular una hipótesis muy
actual:
Mientras la IA reduzca la necesidad de trabajo humano pero los medios de
producción sigan concentrados, el resultado no será necesariamente liberación,
sino una mayor concentración de riqueza y poder.
Es decir:
·
menos trabajadores necesarios;
·
más productividad;
·
más excedente;
·
mayor capacidad de apropiación por parte de
quienes controlan la infraestructura tecnológica.
Por eso muchos marxistas contemporáneos ven a la IA no como una refutación
de Marx, sino como una confirmación de algunas de sus intuiciones.
Ahora bien, aquí es donde tu lectura de tercer orden introduce una ruptura
interesante.
Porque Marx supone que modificando las relaciones de producción puede
abrirse el camino para una sociedad emancipada.
Tú pareces sostener algo más radical:
Aunque desaparezca la propiedad privada de los medios de producción, la
captura puede reaparecer en otros niveles.
Ahí vuelven tus capas:
·
inconsciente,
·
lenguaje,
·
imaginario,
·
autoconciencia,
·
espiritualidad,
·
mediación ontológica.
Desde ese punto de vista, una burocracia comunista podría convertirse en un
nuevo Das Man.
Una IA comunal podría convertirse en un nuevo Das Man.
Incluso una comunidad revolucionaria podría convertirse en un nuevo Das Man.
Por eso tu crítica no se dirige solamente al capitalismo.
Se dirige a cualquier sistema que olvide la transformación de las
mediaciones que constituyen al sujeto.
Y ahí aparece una tensión muy fecunda con Marx.
Marx diría:
Cambiemos las relaciones materiales y cambiarán las formas de conciencia.
Tu propuesta parece decir:
Cambiemos las relaciones materiales, sí, pero también transformemos las
formas de conciencia, porque de lo contrario las viejas estructuras
reaparecerán bajo nuevos nombres.
Por eso el concepto de "cibercomunismo de tercer orden" que vienes
elaborando no parece ser simplemente una economía planificada por IA.
Sería más bien una comunidad capaz de utilizar la automatización sin
transferirle la soberanía sobre el sentido.
La IA administraría procesos.
La comunidad deliberaría fines.
Y aun así, la comunidad tendría que permanecer vigilante respecto de sus
propias formas de captura.
Porque la dominación no aparece únicamente en la propiedad.
También aparece en el lenguaje.
También aparece en los imaginarios.
También aparece en los liderazgos.
También aparece en las instituciones.
Y, según tu propia formulación, incluso puede aparecer en los movimientos
que nacen para combatir la dominación.
Por eso encuentro sugerente que hayas comenzado toda esta reflexión desde
Heidegger y la muerte.
Porque la cuestión que emerge es la siguiente:
Si la automatización reduce la necesidad de trabajo, ¿qué harán los seres
humanos con el tiempo liberado?
Marx responde:
podrán desarrollar libremente sus capacidades.
Pero tu Universidad del Fuego parece introducir una pregunta previa:
¿Estamos preparados para habitar ese tiempo libre sin volver a fabricar
nuevas cadenas?
Esa pregunta, a mi juicio, es uno de los puntos filosóficamente más fuertes
de tu proyecto. Porque desplaza el debate desde la producción hacia la
formación del sujeto que utilizará esa libertad.
Exacto
ese es el proyecto de la universidad del fuego una purificación de la relación
en su totalidad pero yo me abocare a lo
infraestructural:
2.2. El modo de producción capitalista se reproduce de forma
turbulenta y es ineficiente La otra característica fundamental del modo de
producción capitalista que lo hace incompatible con la regulación consciente y
democrática del proceso económico es su funcionamiento espontáneo y la forma de
reproducción turbulenta que posee, la cual sigue una secuencia irregular de
expansiones y contracciones recurrentes de la actividad. Esta pauta cíclica se
genera endógenamente a partir de la relación contradictoria que se establece
entre acumulación (reinversión de las ganancias) y rentabilidad (beneficios
obtenidos sobre el capital total invertido), donde a medida en que la inversión
se acelera se generan desequilibrios en el proceso de valorización del capital
global —un proceso por el cual una inversión dineraria |mc1al se recupera
despues acrecenrada— que eros¡onan la rentabilidad, lo cual frena poco después
la propia inversión y como consecuencia de ello finalmente se desata la crisis.
Más concretamente, este descenso de la rentabilidad durante cada ex— pansión
que está en el origen de las crisis periódicas capitalistas se produce pºrque
el avance de la acumulación, al mecanizar la producción y elevar la fuerza
productiva del trabajo, desestabiliza todo el ciclo de valorización del capital
global, tanto en la esfera de la producción (en relación a la generación de
valor, por el tipo de cambio técnico sustitutivo de fuerza de trabajo, única
fuente de plusvalor, por medios de producción) como en la de la circulación
(por las dificultades en la realización del valor,
debido a la tendencia a la sobreproducción y desprºporción
entre ra— mas, que entorpece la venta de las nuevas mercancias producidas). En
el transcurso de la expansión, los desequilibrios en uno y otro plano se
retroalimenran para acabar erosionando los beneficios empresariales. A un
proceso de sobreinversión en la esfera de la producción que eleva la relación de
medios de producción a fuerza de trabajo (del capital constante respecto al
variable: la composición del capital en términos de Marx) se le suma la
tendencia a la sºbreproducción en la esfera de la circulación, lo cual presiona
a la baja los precios y e3trecha los márgenes de beneficio de las empresas. No
es, por tanto, la contención del consumo inducida por bajos sa— larios (o por
una distribución cada vez más desigual del ingreso entre las clases) lo que
ocasiona la crisis. Como muestra toda la experiencia histórica, antes de cada
recesión los salarios suelen subir, con lo que aumenta el consumo obrero (y
también el del resto de capas de la población). Como norma, el único componente
de la demanda agregada que desciende antes de cada crisis es la inversión (de
hecho es su componente más volátil, y por eso mismo juega un papel clave en la
explicación del ciclo) y lo hace ante una rentabilidad en declive. Además, los
bajos salarios no tienen por qué diñcultar la realización del productº ya que,
como contrapartida, y a nivel agregado, suponen un aumento de igual cuantía de
los beneficios empresariales que pueden dedicarse a la inversión (prºpia o
canalizada a través del si5tema financiero hacia otros agentes) o al consumo
suntuario. La clave es entender que el consumo de los trabajadores no es
autónomo sino que depende del ciclo capitalista de la inversión, de las
decisiones previas que tomen los capitalistas para poner en marcha la
producción. La economia constituye un circuito donde la clase capitalis— ta en
su conjunto no solo vende, en su faceta de propietaria, la totalidad del
producto generado, sino que simultáneamente también lo compra todo, directa o
indirectamente, en su faceta de consumidora: adquiere medios de producción para
reemplazar los desgastados, contrata fuerza de trabajo a la que paga salarios
que se destinan a la adquisición de medios de consumo, y por úlumo, mv¡crte
(amplia capac1dad msralada) y también consume para su propio sustento (Díaz,
2010). En cualquier caso, una vez estalla, la crisis se manifiesta siempre como
sobreproducción de mercancias sin vender, sobrecapacidad instalada (medios de
producción ociosos) y sobrepoblación relativa (aumento del desempleo). Todo
esto que contemplamos cada día con total naturalidad, para el habitante de
cualquier ºtro sismma social —o para un extrate— rrc8tre que llegase de otra
galaxia (no capitalista, por supuesto)— sen— cillamente parecería una absoluta
aberración. Y es que, en efecto, cons— tituye un completo sinsentido desde un
punto de vista racional (y un auténtico crimen en términos humanos) el
sacrificar a todo un sector de l.u
¡mblación en el desempleo y la pobreza habiendo recursos produc— uvus sin usar
y necesidades humanas de todo tipo sin cubrir. Níientras l.is crisis en las
sociedades pre—capitalistas eran ocasionadas por escasez, ¡mr insuficiencia de
la capacidad productiva existente para satisfacer las mºccsidades de la gente
(por ejemplo tras algún desastre natural o una epidemia), en las economías
capitalistas sucede justo al revés y las crisis t-cmstituyen momentos de
despilfarro generalizado en medio de enormes padecimientos humanos. Es la
propia crisis, no obstante, quien debido a su carácter destructivo se encarga
de reconducir los desequilibrios generados durante la expansión, restaurando de
ese modo las condiciones de la rentabilidad gene— ral del capital. Esto lo hace
principalmente por dos vías: 1) por un lado, depurando el aparato productivo
global al eliminar los capitales menos eficientes o que más arriesgaron, lo
cual deja activos a precio de saldo ——tanto en términos físicos (maquinaria y
equipos, inventarios, materias primas, instalaciones, medios de transporte,
etc.) como en su forma juri— dica (títulos y acciones)— y mejora el mercado
para los supervivientes; ¿) por otro lado, la crisis permite aumentar la
explotación del trabajo (la tasa de plusvalor) debido a los recortes salariales
y a la degradación de las condiciones laborales, todo ello en medio de fuertes
presiones ba— jistas que ejerce el aumento del desempleo. En el transcurso de
la espiral recesiva siempre llega un momento en el que para ciertos capitales y
ramas vuelva a ser interesante invertir, actuando así como locomotoras de la
recuperación. De acuerdo con todo lo expuesto es fácil entender que las crisis no
solo son inevitables, debido al carácter anárquico y no pla—— neado de la
producción capitalista, sino también necesarias para restaurar las condiciones
de la rentabilidad y retomar el crecimiento. Las crisis en el capitalismo no
son la manifestación de su colapso o el anuncio de su derrumbe como sistema
sino, justo al contrario, su dispositivo mismo de conservación, el mecanismo
por medio del cual se encauzan violenta— mente los desequilibrios, se recuperan
las ganancias y se reanuda el cre— cimiento-'. Pero precisamente por constituir
el mecanismo regulador de la reproduccxón económica caputahsta, la unica forma
posible en la que purga sus excesos previos, no puede haber nunca una salida
social» a la crisis, sin coste económico y social. Como evidencia toda la
historia del modo de producción capitalista, de las crisis solo se sale por
medio de destrucción económica, empeorando las condiciones de vida y de traba—
jo de la mayoria social trabajadora y aumentando la desigualdad social.
Toda la secuencia cíclica de expansiones y crisis descrita
sigue así una evolución espontánea y, por eso mismo, objetiva, que resulta
ingobernable desde la esfera política. Ciertamente el capitalismo se
autorregula y no colapsa, pero lo hace de manera destructiva, no armónicamente
y acarreando enormes sufrimientos en la población. El modo de producción
capitalista se revela así como un sistema extremadamente flexible y versátil
para reproducirse indefinidamente (porque lo que se sacrifica en ese proceso de
ajuste tendencial son siempre algunos de sus componentes individuales, sin
comprometer nunca su propia supervivencia como sistema) pero absolutamente
rígido e implacable en el so— meti miento de la sociedad entera a sus
exigencias internas de rentabili— dad y expansión ilimitada.
Tu lectura introduce una torsión interesante respecto al texto del
cibercomunismo clásico. Allí el problema central es infraestructural: la
propiedad privada de los medios de producción, la explotación del trabajo y la
anarquía del mercado. La solución propuesta consiste en sustituir el mercado
por una planificación democrática apoyada en computación avanzada e
inteligencia artificial.
Pero tú estás diciendo algo distinto.
Para el cibercomunismo clásico, la cuestión es:
¿Quién controla la máquina?
Para tu cibercomunismo de tercer orden, la cuestión previa es:
¿Quién respira a través de la máquina?
Porque una IA puede coordinar recursos, optimizar cadenas logísticas,
calcular necesidades de producción y distribuir bienes con una eficiencia jamás
vista. Sin embargo, ninguna de esas capacidades responde a la pregunta que
Heidegger abre cuando sitúa al Dasein frente a la muerte.
La IA no muere.
La IA no experimenta angustia.
La IA no se pregunta por el sentido de su existencia.
La IA no siente culpa ontológica.
Por eso, desde tu perspectiva, confiar la emancipación humana a la
automatización sería repetir el error que Marx denunció respecto al mercado:
atribuir a una estructura objetiva la capacidad de producir por sí sola la
libertad.
La técnica puede abolir escaseces.
No puede abolir la caída en el uno.
Puede incluso amplificarla.
Por eso tu crítica al "muskismo" resulta coherente dentro de tu
marco. El problema no es la tecnología misma sino la forma espiritual que la
habita. El Muskismo aparece como una nueva figura del das Man: una
promesa de salvación tecnológica donde la integración entre humano y máquina
sustituye la pregunta por el ser.
En ese sentido, el "mecha" descrito por Quinn Slobodian y Ben
Tarnoff podría interpretarse como una gigantesca exhalación sin inhalación
previa.
Produce.
Acelera.
Conecta.
Coloniza.
Calcula.
Pero nunca se detiene ante la muerte.
Nunca atraviesa la angustia.
Nunca retorna al sí mismo.
Y por eso, desde tu lenguaje, sigue siendo una exhalación impropia.
Lo interesante es que aquí aparece una diferencia profunda entre Marx y
Heidegger.
Marx diría:
Cambiemos las relaciones materiales de producción y aparecerá una nueva
forma de humanidad.
Heidegger respondería:
Aunque cambies las estructuras materiales, seguirás perdido si no
transformas tu relación con el ser.
Y el cibercomunismo de tercer orden intenta sostener ambas cosas
simultáneamente:
·
transformación infraestructural de la
producción;
·
transformación estructural del lenguaje;
·
transformación superestructural de la autoconciencia;
·
transformación ultraestructural del
inconsciente;
·
transformación metaestructural de la relación
total.
Por eso la automatización aparece como condición necesaria pero no
suficiente.
La IA podría liberar tiempo.
Pero el tiempo liberado puede convertirse en contemplación o en distracción
infinita.
Puede abrir espacio para la comunión o para una captura más profunda.
La pregunta decisiva no sería entonces:
¿La IA nos llevará al comunismo?
Sino:
¿Qué harán los seres humanos con el tiempo que la IA les devuelva?
Porque una sociedad perfectamente automatizada podría terminar siendo tanto
la realización de la libertad humana como la prisión más sofisticada jamás
construida.
Ahí se encuentra el núcleo de tu objeción:
Si no existe una purificación de las relaciones humanas, la automatización
no conduce al Reino de la libertad.
Conduce simplemente a una administración más eficiente de la servidumbre.
Y quizá por eso tu Dasein materialista no se conforma con analizar el
capital ni con analizar la conciencia.
Busca pensar ambas cosas juntas.
No sólo quién posee las máquinas.
Sino quién habla cuando las máquinas hablan.
No sólo quién controla los algoritmos.
Sino quién respira a través de ellos.
Y esa es una pregunta que ni Marx ni Heidegger respondieron completamente,
aunque ambos dejaron abiertas las puertas desde las cuales intentas formularla.
Pienso
que queda clara mi mirada fenomenológica dialéctica materialista y mi
noumenologica ontológica del dasein no redundemos centrémonos en porque si el
comunismo:
3. ron QUE EL comumsmo Los dos rasgos básicos del
funcionamiento capitalista que acabamos de examinar ponen claramente de
manifiesto la radical incompatibilidad de este régimen de producción con la
posibilidad de intervención cons— ciente de los individuos sobre sus
condiciones materiales de existencia, y plantean por ello la necesidad de
sustituirlo por un orden social superior capaz de extender el principio moderno
de racionalidad económica des— de el ámbito de cada empresa individual hasta el
del conjunto del apa—- rato productivo, así como de suprimir la servidumbre
salarial para reali— zar de manera efectiva el modelo de república democrática.
Al descubrir una lógica del capital basada en la explotación del trabajo y la
reinver— sión compulsiva del plusvalor, imposible de corregir o gobernar desde
la acción política institucional, el análisis de Marx del funcionamiento ca—
pitalista revela también los límites infranqueable5 del reformismo —de
cualquier propuesta 0 esrrategia de transformación social que pretenda acabar
con los males de la sociedad capitalista sin cuestionar la propiedad del
capital— y proporciona las bases para una politica comunista de transformación
rexuluc¡mtaría de la sociedad. Este ) no Utl'u es el mºtivo de fondo por el
cual siempre se ha acusado al marxismo, especialmente desde la izquierda
académica, de aabstracto», “determini3tan, (como si tales calificativos, por
cierto, su— pusiesen por si mismos algún tipo de desacreditación teórica o
cargo del que hubiese que retractarse). En su definición más esencial y
concisa, el comunismo representa para Marx un proyecto de emancipación humana
entendido como autogobierno dela sociedad que se eiercería sobre la base del
control colecúvo del pro— ceso productivo global. Se trataría de establecer un
marco social y político de individuos libres e iguales, sin servidumbres ni
opresiones de ningún |||… y donde nadie disponga de mayor capacidad de decisión
que ningún mm, todo ello en contraposición al reinado omnímodo de los poderes
privados que hacen del capitalismo un régimen plutocrático con independencia de
la forma jurídico—política que adºpte su Estado. La clave ins— ¡imeional de
este proyecto liberador es la propiedad social —entendida umm propiedad del
conjunto de la sociedad— sobre los medios de producción, pues solo sobre la
base de una producción altamente socializada tºs posible dominar el mecanismo
económico de asignación —en vez de ser dominados por él como por un poder
ciego» (Marx)—- así como dispo— ner colectivamente del excedente social, todo
lo cual ha de permitir regu— lar de manera consciente el proceso económico
global mediante un plan.
Lejos de ser el reverso jurídico—politico natural de la
economia capi-— mlista, como afirma la doctrina liberal, la democracia para
Marx solo es posible en referencia a un marco de propiedad social de las
condiciones materiales de producción donde se hayan extinguido las divisio— nes
de clase. En este sentido, el comunismo no representaría en Marx una opción
política más, sino la condición social e institucional de toda ella, el
presupuesto socioeconómico del autogobierno ciudadano. Esto sería así por
cuanto el principio democrático solo puede regir de manera efectiva en la
medida en que la sociedad no se encuentre sometida al imperio de poderes
privados como los que representan los distintos grupos comerciales,
industriales y financieros. Tal y como
comprobamos a diario, la propiedad privada sobre los medios de producción im—
plica que los aspectos decisivos de la vida económica y social —desde el rumbo
del desarrollo y el destino de la inversión hasta la distribución de los
recursos y el acceso a los medios materiales para llevar una vida digna— quedan
sistemáticamente al margen de decisión democrática. El autogobierno ciudadano
solo podrá alcanzarse, por consiguiente, a través del control social y
consciente del proceso económico global, lo cual exi— ge acabar con la
explotación del trabajo y disponer colectivamente del excedente social. Es en
este control social del excedente donde reside precisamente la posibilidad de
orientar democráticamente el desarrollo económico y soc¡a|, concentrando los
prmcupa|es recursos en aquellas áreas y objetivos que se estime oportuno en
cada momento, algo impo— sible en cualquier régimen económico donde las empresas
dispongan individualmente del excedente y puedan decidir autónomamente a qué
dedicar sus recursos, como también sucede en las aeconomías mixtas» o en las
propuestas de socialismo de mercado. El análisis de Marx muestra, en
definitiva, que sin cuesrionar la prºpiedad privada de las condiciones
materiales de producción sobre la cual se asienta la explota— ción del trabajo
no hay verdadera alternativa emancipadora, pues solo se recrea la misma lógica
mercantil del beneñcio y la competencia bajo nuevas formas.
Si
seguimos el hilo del texto que estás trabajando, la defensa del comunismo no se
apoya primero en una cuestión moral ("el capitalismo es malo"), sino
en una cuestión estructural.
El
argumento es más fuerte:
si
la producción es social, la decisión sobre la producción también debería ser
social.
Marx
observa que millones de personas producen conjuntamente la riqueza, pero el
excedente resultante queda bajo control privado. Ahí aparece la contradicción
fundamental.
Por
eso el autor insiste en que la democracia política encuentra un límite en la
propiedad privada de los grandes medios de producción. Puedes votar cada cinco
años, pero no decides qué se produce, dónde se invierte, qué tecnologías se
desarrollan, qué territorios se abandonan o qué necesidades humanas quedan sin
satisfacer.
Desde
esta perspectiva, el comunismo aparece como una ampliación del principio
democrático hacia la esfera económica.
Sin
embargo, aquí es donde tu lectura comienza a separarse del texto.
Porque
para el autor, una vez socializado el excedente, aparece la posibilidad de una
planificación racional.
Tú
probablemente responderías:
todavía
no.
Porque
una comunidad puede poseer colectivamente los medios de producción y seguir
reproduciendo relaciones alienadas.
La
experiencia soviética es precisamente el problema que recorre todo el siglo XX.
Se
abolió gran parte de la propiedad privada.
No
se abolió necesariamente la mediación burocrática.
No
se abolió necesariamente el lenguaje del mando.
No
se abolió necesariamente la producción de subjetividades obedientes.
No
se abolió necesariamente el Das Man.
Y
aquí tu propuesta de tercer orden introduce una ampliación del problema
marxista.
Podríamos
expresarlo así:
|
Nivel |
Pregunta |
|
Marx clásico |
¿Quién posee los medios de producción? |
|
Lenin |
¿Quién controla el Estado? |
|
Cibercomunismo |
¿Quién controla la información y la planificación? |
|
Tercer orden |
¿Quién media la relación misma? |
Ahí
aparece tu noción de purificación de la relación.
Porque
incluso una planificación perfecta podría convertirse en una nueva forma de
captura.
Una
IA estatal omnisciente podría eliminar la anarquía del mercado y, al mismo
tiempo, construir una forma inédita de dominación.
Por
eso tu crítica al "muskismo" y también al tecnocomunismo convergen
parcialmente.
Ambos
podrían terminar confiando excesivamente en la máquina.
Unos
para maximizar ganancias.
Otros
para maximizar igualdad.
Pero
la pregunta fenomenológica permanece abierta:
¿qué
tipo de ser humano habitará ese sistema?
Dicho
esto, hay un punto del texto que parece especialmente fértil para tu exposición
en la Universidad del Fuego.
Cuando
afirma que:
"el
comunismo representa un proyecto de autogobierno de la sociedad."
Porque
ahí puedes establecer un puente entre Marx y Heidegger.
La
pregunta marxista sería:
¿cómo
gobernamos colectivamente la producción?
La
pregunta heideggeriana sería:
¿quiénes
somos nosotros cuando gobernamos?
Y
la pregunta del tercer orden sería:
¿cómo
impedir que la mediación que nos libera se convierta nuevamente en una
mediación que nos capture?
Por
eso tu exposición no parece orientarse a defender simplemente el comunismo
clásico ni a rechazarlo.
Más
bien intenta mostrar que la automatización y la IA hacen técnicamente
imaginable una planificación económica mucho más amplia que en tiempos de la
Unión Soviética, pero que ninguna tecnología puede reemplazar la tarea humana
de transformar las relaciones.
La
IA puede coordinar.
La
IA puede calcular.
La
IA puede optimizar.
Pero
no puede decidir qué significa vivir bien.
No
puede decidir qué significa libertad.
No
puede decidir qué significa fraternidad.
Y
tampoco puede decidir qué significa enfrentar la muerte y asumir una existencia
propia.
Ahí
es donde tu "Dasein materialista" intenta intervenir: no para negar
el problema infraestructural que Marx señala, sino para recordar que ninguna
reorganización económica, por avanzada que sea, elimina automáticamente la
cuestión del ser, de la mediación y de la comunidad humana concreta.
En
ese sentido, tu "¿por qué el comunismo?" no parece responderse
únicamente con la socialización de la propiedad. Se responde con una exigencia
más radical: que la apropiación colectiva de la producción sea acompañada por
una transformación continua de las relaciones humanas, porque de otro modo la
dominación reaparece bajo nuevas formas, incluso cuando cambia de nombre.
4. LA EXPERIENCIA ECONÓMICA sovn?ncm ENTRE LA mom DE MERCADO
Y LA mmmcaaóu CIBERNE11CA Hablar de comunismo obliga inevitablemente a
referirse a las experien— cias de transformación social que en el pasado siglo
se reclamaron de este ideal y en especial a la trayectoria y desrino de la
Unión Soviética. Fue en la atrasada Rusia zarista, hace ahora cien años, donde
los trabajadores lograron por primera vez en la historia tomar el poder e
iniciar en me— dio de todas las adversidades imaginables la construcción de una
nueva sociedad sin clases. Este acontecimiento transcendental marcó un antes y
un después en la historia de la humanidad, al abrir definitivamente un
horizonte de emancipación social para los explotados que, pese a los re—
trºcesos sufridos por las fuerzas revolucionarias en las últimas décadas, se
proyecra hasta el presente y define la disyuntiva civilizatoria, entre
asocialismo o barbarie», a la que sigue enfrentada la humanidad.
El balance riguroso, exhaustivo y ponderado de la
experiencia soviética, evaluando sus circun5tancias, evolución y tentativas de
reforma, así como sus extraordinarios logros e innegables errores, está todavía
en muy buena medida por hacer. Con independencia de la caracterización que ha—
gamos del si5tema soviético, lo cierto es que transformó en pocas déca— das un
país semifeudal de dimensiones continentales, devastado por las dos guerras
mundiales (la primera de ellas seguida de una invasión imperialista en medio de
una guerra civil), en la segunda ponencia económica e industrial del planeta…
No solo demostró así que era perfectamente posible una vía de desarrollo social
sobre bases no mercantiles sino también que, partiendo de una posición de
absoluta postración material y en medio del cerco imperialista, era capaz de
disputar en un breve período de tiempo el liderazgo tecnológico e industrial a
las principales potencias capitalistas.
Un efecto colateral de semejante pujanza económica fue el
papel disuaso— rio desempeñado en el plano geopolítico, que obligó durante
décadas a las burguesías occidentales a realizar todo tipo de concesiones
sociales y laborales a los trabajadores en aras de mantener la paz social.
Aunque el ritmo del crecimiento se ralenrizó claramente en las décadas de los
setema y ochenta, connnuó siendo nºtable y, en todo caso, comparado con los
estándares occidentales actuales, ofrecía registros nada desdeñablesº. En el
terreno social los logros fueron igualmente impresionantes: el nivel ¡le vida de la pºblación se elevó
ininterrumpidamente desde la segunda ¡m.—¡guerra y exi5tía una gran movilidad
social; todo el mundº tenia accesº .| la educación gratuita, desde la guardería
hasta la universidad, lo rnismº que a la atención sanitaria; el empleº, las
pensiones y la vivienda estaban gnmntizadºs; los trabajadores pºdían cambiar
libremente de puestº de trabajº (algo que se hacía con bastante frecuencia)
para buscar mejores cºndiciºnes o por cualquier otra razón y las plantillas
ejercían fuertes cºn— |mlcs sobre las gerencias; existían infinidad de
pre3taciones sociales, como las bajas de maternidad º las vacaciones pagadas en
complejos turisricos y balnearios; tºdo ellº dentro de un marco de gran
igualdad comparado um cualquier otro país capitalista y favoreciendo el rápidº
desarrºllº de las regiones tradicionalmente más atrasadas. El nivel de vida
podía ser mº— dcsto comparado cºn el de los EEUU u ºtras pºtencias
imperialistas, pero durante buena parte de su historia hubo una tendencia
convergente. Todo estº eran conquistas sºciales de enorme trascendencia que
nadie puede ne— gar y que han de tenerse muy presentes a la hora de emitir
cualquier juicio global y comparar con la situación actual, no solo de Rusia,
por cierto.
Tratar de explicar pºr qué acabó esa experiencia, º lº que
es lo mismo, por qué hubo restauración capitalista y desintegración de la URSS
entre finales de los ochenta y principios de los noventa —sin que mediase en
ellº injerencia extranjera abierta ni un levantamiento pºpular con ese programa—,
nºs lleva a adentrarnos en los graves problemas y contradic— ciones que
aquejaban al conjuntº del sistema sºviético. A un nivel más de superficie, pºr
ser lo más fácilmente reconºcible, estaban, por supuestº, los problemas de
arbitrariedad en el ejerciciº del poder, la corrupción y el arribismo. Durante
lºs añºs treinta, en medio de las enconadas luchas de poder entre las diversas
facciones del partido, y cºn el trasfºndº de la psicºsis pºr la amena nazi,
infinidad de cuadros y militantes cºmunistas, así cºmº de simples trabajadores,
fueron injustamente cºndenados y ejecuta— dos, un crimen imperdºnable desde
cualquier puntº de vista que además minº la autoridad de lºs cºmunistas en el
restº del mundo. A todº esto se sumaban carencias v dificultades materiales de
distinto tipo (vivienda. calidad de muchºs bienes y serwc1os, etc.) que no
lºgraron ser mm¡mamente resueltas ha5ta bien entrados los años cincuenta A un nivel más prºfundo, y determinando tºdº
lo anterior, ºperaban dºs tipºs de ºbstrucciones al genuinº desarrºllº
cºmunista que se alimentaban mutuamente y condu— cian a un callejón sin salida:
¡) pºr un ladº, existía un claro prºblema de insuficiencia tecnºlógica
—fundamentalmente en la capacidad informática y de las telecomunicaciºnes— para
planear de fºrma eficiente una econº— mía cada vez más cºmpleja que exigía el
manejo de volúmenes crecientes de infºrmación, una circunstancia a la que se
añadían las perniciºsas iner— cias generadas por el mantenimiento de los
rudimentariºs esquemas y mé— todos de planificación iniciales que hubierºn de
ser imprºvisados sºbre la marcha en
condiciones muy adversas; todo ello generaba desequilibrios, desorganización,
incoherencias entre los distintos Ministerios y cuellos de botella en los
flujos de información; ix) por ºtro lado, existía un evidente bloqueo
político-in5titucional que impedía un verdadero control de la población sobre
la economía y los órganos de poder estatal, donde los cuadros dirigentes fueron
abandonando paulatinamente el ideal comunista, ejercían el poder de manera
autoritaria y llegaron a gozar de privilegios; bajo la formalidad soviética», y
pese a las numerosas conqui3tas sociales, los trabajadores no tenían realmente
el poder.
Ante la manifiesta incapacidad de las autoridades planificadoras
de reunir y procesar la información necesaria para el cálculo exhaustivo de
precios y poder mantener una coherente coordinación económica general —en
ausencia, por lo tanto, de una verdadera contabilidad económica sociali5ta
basada en los tiempos de trabajo y la optimización matemática— se desarrollaron
inevitablemente prácticas y relaciones amermnúles» más o menos encubiertas
entre las empresas, entre estas y los distintos centros de decisión estatal y,
por extensión, en el conjunto de la economía. La situación era ciertamente
particular: ni regía plenamente el principio de planificación (no solo por la
insuficiencia técnica señalada sino también por la falta de participación real
de los trabajadores), ni lo hacía tampo— co, evidentemente, el principiº
mercantil, dada la ausencia de propiedad privada sobre los medios de
producción.
La respuesta política oficial al déficit tecnológico para la
conducción eficaz y coherente del proceso eco— nómico fue una contradictoria
combinación de reformas de “mercado» (como la de los años sesenta en la URSS y
resto de países del Ese), que otorgaban autonomía creciente a las empresas, y
de multiplicación de la reglamentación administrativa y aumento de la
burocracia, basculand0 en un sentido u otro la orientación final de la política
económica en fun-— ción de los vaivenes dentro de la propia dirigencia
soviética. En cualquier caso, el protagonismo cada vez mayor de las prácticas
mercantiles, ligado también al crecimiento de lo que se ha denominado asegunda
economía» (0 economía informal de carácter privado5 ), definió una tendencia de
fon—- do firme y objetiva hacia la restauracion capntahsta que acabo vmculando
los intereses de la gerencia empresarial con los de la burocracia dirigente.
ESta fue la base material para la perestroika de Gorbachov a mediados de los
ochenta y, en última instancia también, el factor fundamental que determinó su
suerte.
Este capítulo es crucial para tu exposición porque aquí el autor del
cibercomunismo realiza una interpretación muy concreta del fracaso soviético.
La tesis central no es la habitual.
No dice que la URSS fracasó porque la planificación fuera imposible.
Tampoco porque la naturaleza humana sea inevitablemente egoísta.
Ni porque el comunismo sea intrínsecamente inviable.
Su tesis es otra:
la planificación socialista chocó contra límites tecnológicos e
institucionales.
Es decir, la economía soviética habría intentado resolver mediante
burocracias humanas un problema de procesamiento de información que excedía las
capacidades disponibles en su época.
Por eso la propuesta cibercomunista es:
donde la URSS tuvo ministerios, formularios y burócratas, nosotros
tendríamos redes digitales, bases de datos, algoritmos y capacidad de cálculo
masivo.
La IA aparecería entonces como la solución técnica a un problema histórico.
Pero aquí emerge exactamente el punto donde tu lectura de tercer orden se
separa.
Porque incluso aceptando el diagnóstico tecnológico, queda intacta una
pregunta más profunda.
Supongamos que mañana existe una inteligencia artificial capaz de coordinar
perfectamente toda la producción mundial.
Supongamos que calcula necesidades, asigna recursos, elimina desperdicios,
reduce la jornada laboral a diez horas semanales y garantiza vivienda, salud y
educación para todos.
Entonces la pregunta sería:
¿quién controla la IA?
Y más profundamente todavía:
¿desde qué comprensión del ser se la controla?
Porque el texto identifica dos obstáculos soviéticos:
1. insuficiencia
tecnológica;
2. bloqueo
político institucional.
Pero tú añadirías probablemente un tercero:
3. bloqueo
ontológico.
Es decir, la reproducción de formas de dominación dentro de los propios
sujetos.
La burocracia no aparece solamente porque falten computadoras.
Aparece porque aparecen mediadores.
Aparecen élites.
Aparecen guardianes de la verdad.
Aparecen intérpretes autorizados.
Aparecen nuevos "unos".
Y aquí tu diálogo imaginario entre el Anarquista y Sócrates vuelve a
adquirir relevancia.
Porque el Anarquista sospecha precisamente de eso:
que toda mediación acaba convirtiéndose en una nueva captura.
Mientras que Sócrates responde que alguna mediación es inevitable para
romper la captura anterior.
Ese es el nudo.
El cibercomunismo clásico resuelve el problema económico mediante cálculo.
El tercer orden intenta preguntarse por el problema del mediador.
Podríamos formularlo así:
·
El capitalismo delega la coordinación en el
mercado.
·
El socialismo clásico la delega en la
burocracia.
·
El cibercomunismo la delega en sistemas de
información.
·
Tu pregunta es: ¿cómo impedir que cualquiera de
esas mediaciones se absolutice?
Porque una IA capaz de planificar perfectamente también podría convertirse
en el administrador perfecto de una prisión perfecta.
No por maldad de la máquina.
Sino porque ninguna optimización matemática contiene por sí misma criterios
de libertad, dignidad o sentido.
Sin embargo, hay algo del texto que probablemente te interese rescatar.
Cuando describe la restauración capitalista como resultado del crecimiento
de relaciones mercantiles dentro del propio sistema soviético.
Desde una mirada dialéctica, esto podría interpretarse como una
contradicción interna no resuelta.
La forma comunista intentaba imponerse sobre una subjetividad, unas
prácticas y unas mediaciones que seguían reproduciendo lógicas mercantiles.
En tu lenguaje quizá dirías:
La infraestructura fue parcialmente transformada.
Pero la respiración ontológica continuó siendo la misma.
O dicho de otra manera:
La exhalación revolucionaria no estuvo acompañada por una inhalación
suficientemente profunda.
Por eso reaparecieron formas de acumulación, privilegio y separación.
Lo interesante para tu exposición es que esta crítica no te obliga a
abandonar el proyecto comunista.
Al contrario.
Te permite plantear que la automatización y la IA hacen hoy imaginable una
planificación económica mucho más sofisticada que la soviética, pero que el
problema humano sigue abierto.
Y entonces tu pregunta deja de ser simplemente:
¿Puede la IA hacer posible el comunismo?
para transformarse en otra más radical:
¿Puede existir un comunismo capaz de aprovechar la IA sin convertirse en una
nueva forma de mediación total?
Ahí es donde aparece tu idea de "cibercomunismo de tercer orden":
no como mera planificación computacional, sino como intento de que la técnica
permanezca subordinada a comunidades vivas capaces de cuestionar continuamente
sus propias mediaciones, sus propios lenguajes y sus propias estructuras de
poder.
Oh si y hay una cuestión más
compleja, de qué tipo de planificación
estamos hablando, porque si acabamos con la libertad capitalista no estaríamos
acabando la exhalación dialéctica de la producción, un tercer orden no va por
ahí queremos desmontar el capital y la producción misma hasta recuperar el
valor de uso y la inutilidad del objeto como pura contemplación pero luego queremos
exhalar la producción no para encargarla a una IA en su totalidad el riesgo del
emprendimiento debe ser aun humano, solo que no puede depender de un individuo
que este desgarrado de su comunidad, por lo mismo el capital no es el final de
la exhalación productiva sino una mediación que realice en su potencialidad
productiva a la comunidad así el mercado
no desaparece como mediación pero ya no
es la mediación central de la productividad porque en el centro del intercambio no
está la oferta ni la demanda sino
la donación que se realiza espiritualmente y la recepción de esa donación que
media esa realización espiritual de la comunidad.
Pero para esto los medios y
el capital debe de socializarce en una inhalación infraestructural que le
permita a todo llevar sus proyectos adelante, lo cul no implica que no haya
enajemiento, pero este es decido para realizar espiritualmente en su
productividad a la comunidad.
Aquí
aparece una diferencia importante entre el cibercomunismo clásico que estás
leyendo y lo que tú llamas cibercomunismo de tercer orden.
El
texto de Cockshott y compañía sigue moviéndose dentro de una lógica donde el
problema fundamental es la asignación eficiente de recursos. La pregunta
central es:
¿Cómo
sustituimos el mercado por una planificación racional?
Tú
estás desplazando la pregunta.
La
cuestión pasa a ser:
¿Cómo
transformamos el sentido mismo de producir?
Porque
si el objetivo fuese simplemente reemplazar empresarios por algoritmos,
seguiríamos atrapados dentro de la misma metafísica de la producción ilimitada.
Cambiaría
el gestor.
No
cambiaría el mundo.
Desde
tu perspectiva, el problema del capitalismo no es solamente la apropiación
privada del excedente.
Es
que toda la realidad termina subordinada a la lógica productiva.
Todo
debe justificar su existencia por su utilidad.
Todo
debe producir valor.
Todo
debe generar rendimiento.
Todo
debe optimizarse.
Y
precisamente ahí desaparece la contemplación, el juego, el arte, la fiesta, el
rito, el amor, la amistad y hasta la propia experiencia del ser.
Por
eso dices algo muy interesante:
no
queremos únicamente desmontar el capital; queremos desmontar la centralidad de
la producción.
No
para dejar de producir.
Sino
para devolver la producción a su lugar.
La
producción deja de ser el fin.
Se
convierte en una mediación.
Y
ahí tu planteamiento se aleja tanto del capitalismo como de ciertas versiones
del socialismo industrial.
Porque
tampoco imaginas una sociedad donde una superinteligencia central determine
todas las actividades humanas.
Eso
sería, desde tu lenguaje, una hipertrofia de la inhalación.
Una
absorción total de la exhalación creadora.
Una
comunidad incapaz de riesgo.
Incapaz
de innovación.
Incapaz
de aventura.
Incapaz
de sorpresa.
Por
eso introduces algo que Marx apenas desarrolló y que Heidegger tampoco pensó en
términos económicos:
la
necesidad ontológica de la exhalación.
La
comunidad no existe solamente para repartir bienes.
Existe
también para producir mundo.
Para
crear.
Para
experimentar.
Para
equivocarse.
Para
inaugurar posibilidades.
Y
esa dimensión exige libertad.
Pero
tampoco la libertad liberal clásica.
Porque
el emprendedor aislado del capitalismo aparece precisamente como un individuo
desgarrado de la comunidad.
Asume
riesgos privados mientras socializa consecuencias.
Acumula
éxitos individualmente mientras depende de infraestructuras colectivas.
Por
eso tu idea parece apuntar hacia otra cosa.
La
iniciativa sigue existiendo.
La
creatividad sigue existiendo.
La
producción sigue existiendo.
El
riesgo sigue existiendo.
Pero
ninguno de ellos se encuentra separado del biotejido comunitario.
La
comunidad proporciona los medios.
El
individuo realiza una posibilidad.
La
realización retorna a la comunidad.
Y
la comunidad vuelve a habilitar nuevas realizaciones.
En
ese movimiento, el mercado podría seguir existiendo, pero ya no como principio
organizador de la totalidad social.
Sería
una mediación secundaria.
Una
herramienta.
No
un dios.
Porque
el centro ya no estaría ocupado por la oferta y la demanda.
Ni
por el plan.
Ni
por el algoritmo.
Sino
por la circulación de la donación.
Ahora
bien, aquí aparece una cuestión filosófica difícil que probablemente tendrás
que abordar en tu exposición.
Si
colocas la donación en el centro, surge inmediatamente la pregunta:
¿cómo
evitar que la donación vuelva a convertirse en obligación?
Porque
históricamente muchas comunidades han terminado transformando el don en deuda.
La
gratuidad en obediencia.
La
fraternidad en control moral.
La
comunidad en vigilancia.
Quizá
ahí es donde tu noción de respiración ontológica adquiere relevancia.
Porque
la donación tendría que permanecer siempre respirando.
Nunca
cristalizar completamente.
Nunca
convertirse en institución absoluta.
Nunca
convertirse en nueva captura.
Tal
vez por eso insistes tanto en que la santidad total es imposible y, sin
embargo, necesaria.
No
porque creas que la purificación completa pueda alcanzarse.
Sino
porque solamente la búsqueda permanente de esa purificación impide que
cualquier mediación —el mercado, el Estado, el partido, la IA, la comunidad o
incluso el propio logos— se absolutice y se transforme nuevamente en una
cárcel.
Vista
así, tu cibercomunismo de tercer orden no parece orientado hacia una sociedad
perfectamente planificada.
Parece
orientado hacia una sociedad donde la planificación, la producción, el
intercambio y la técnica permanecen subordinados a algo más fundamental: la
capacidad de la comunidad para recrear continuamente sus relaciones sin
convertir ninguna de sus mediaciones en un fin último.
Si por lo mismo no se trata
de abolir el capitalismo sino de integrarlo en un comunismo complementario.
Veamos el ciber comunismo nos
dice:
Entendemos que para ser viable, una economía socialista ha
de reunir dos requisitos fundamentales que conforman sus condiciones de posibilidad
como orden social alternativo. En primer lugar, ha de ser teóricamente
consistente, es decir, lógicamen— te coherente y no contradictoria en los
elementos que la definen, tanto en lo relativo a sus principios de organización
como a los dispositivos insútucionales que los pueden hacer efectivos.
Para nosotros esto sería
negar el principio dialectico nada es coherente porque ontológicamente no lo
somos de lo se trata es de tratar de superar la contradicción en tanto las
nuevas mediaciónes logren cierta coherencia hay un margen de consistencia que
hace viables a los sistemas.
Pero justamente porque no se
logra una coherencia total al menos que resucitemos y el tempo deje de
devenir y sea eterno es que es
importante que los dos sistemas capitalista y comunista permanezcan en tensión
así el individuo no es del todo capturado por la comunidad ni la comunidad
saqueada por el individuo.
En segundo lugar, es
necesario contar con las condiciones tecnológicas necesarias para su ma—
terialización. Una propuesta puede estar formalmente bien fundada, ser
internamente consistente, pero si su realización depende de condiciones
materiales que no e5tán disponibles, el resultado será necesariamente
insatisfactorio. Este es típicamente el caso de la capacidad de computación
para determinar costes y balancear una economía socializada. En tiempos de la
URSS, como ya dijimos, esto no era posible, lo cual constituye una constricción
objetiva, de carácter científico-técnico, que no admite discusión. La eventual
implantación del proyecto de planificación ciber— nética de Kitov y Glushkov en
los años sesenta pudo haber cambiando la historia, pero desafortunadamente no
ocurrió.
Si pero redecomprendiendo que nunca hay lo
necesario materialmente, creer que el avance tecnológico actual ya nos da lo
necesario para el comunismo es ingenuo, como el ser no coincide consigo mismo
siempre hay una falta, lo que implica un llamado a la creación de nuevos
medios.
Lo cual no quiere decir que
ahora no hayán medios óptimos para
avanzar en el socialismo y una distribución más justa, más cada tiempo tuvo los
suyos y no los utilizaron para una mejor
distribución, sino para imponerse a su prójimo ¿Por una necesidad material? No
lo creemos, para nostros el problema es ontológico alguien que no ha encontrado
el cuidado de sí mismo no puede encontrar el cuidado del otro, porque es claro
que solo te puedes cuidar a ti mismo si cuidas a los demás porque ellos son tu
ser mismo , tu ahayu diría Sócrates de la plaza San Martín.
Asi el cibercomunismo
pretende reemplazar el dinero por una contabilidad directa del tiempo de
trabajo y a nosotros esto nos parece
bien en su límite relativo, y es que el tiempo no puede ser contabilizado ya
que también cualitativo no se trata de las horas del trabajo sino del tiempo
autentico y nadie puede dar cuenta del tiempo autentico de alguien al menos que
tenga una relación profunda con el otro de un dasein a otro, este poder
contemplar la belleza de un trabajo “artístico”
no puede ser contabilizado ni por el dinero ni por el tiempo de trabajo,
ser la comunidad quien con el tiempo premie este trabajo autentico,
encontrándose o perdiéndose en él, pudiendo brindar más bonos o pagar más
dinero, por esto la contabilidad no puede ser regida sino que debe de cambiar dialécticamente
según la cualidad madure.
En el contexto histórico del triunfo de la revolución rusa,
Nlises pri-— mero y Hayek después desafiaron a los marxistas al plantear que la
única forma posible de cálculo económico racional es la que proporciona es—
pontáneamente el mercado a través del dinero y la formación competitiva de
precios, por lo que en ausencia de estos, el socialismo sería un si5tcma económico
inherentemente ineficiente. En su seminal artículo de 192.0 ¡El cálculo
económico en el sistema socialista» Mises señalaba que sin el cál— culo en
dinero sería como avanzar en la oscuridad» y sentenciaba: El problema del
cálculo económico es el problema fundamental del socialis— mo. […] Probar que
el cálculo económico sería imposible dentro de la comu—- nidad socialista es
probar también que el socialismo es impracticable.
Hayek, por su parte, su célebre artículo ¡El uso del
conocimiento en la sociedad» de 1945, dirigido a los partidarios del
socialismo, escribía:
Debemos considerar el sistema de precios como un mecanismo
que transmite información para que entendamos su función real […] En forma
abreviada, uwdiante algún tipo de símbolos solo se transmite la información
esencial y únicamente a los interesadºs. Es más que una metáfora describir el
sistema de precios como una maquinaria que registra los cambios o como un
siste— ma de telecomunicaciones que permite que los productores individuales
ob— serven únicamente el movimiento de unos pocos indicadores —-asi como un
ingeniero solo debe observar unos pocos diales—- para ajustar sus actividades a
cambios de los que nunca saben más que aquello que se refleja en los movi—
mientos de precios (Hayek, 1945, 340—341).
Esta caracterización del sistema de precios como un sistema
de te— lecomunicaciones» es particularmente relevante por sus implicaciones.
.Supon'e reconocer que los precios no son propiamente información, sino um solo
un mecanismo por medio del cual se transmite. Y la infor— mación relevante que
sumini3tran es de dos órdenes distintos: las preferencias individuales sobre
los bienes ofrecidos (los deseos) y de las condiciones técnicas de la
producción (los costes), siendo a partir de esas señales de los precios como
los capitalistas deciden la inversión. Pero si el mecanismo para la
interconexión económica general que representa el sistema de precios funciona
ccomo un sistema de telecomunicaciones» " como auna máquina», entonces es
obvio que puede ser efectivamente reemplazado por una de ellas. Nada impide que
otro mecanismo distin— m, esta vez automatizado, reemplace al mercantil y sea
capaz de captar, trasmitir y procesar de
un modo más eficiente y en tiempo real toda esa información básica relativa a las
preferencias individuales de consumo y a las condiciones tecnológicas de la
producción (expresadas en los valores— lrnbajo: costes laborales directos e
indirectos requeridos para obtener cada producto). Y esta fue precisamente la
respuesta de Oskar Lange en 1965 —enmendando así su propia solución anterior,
por “ensayo y error», al problema del cálculo económico en el socialismo .
Así los ciber comunistas de segundo orden proponen una
cuantificación que de paso a un socialismo planificado, nosotros más bien
queremos una permanente alteración y contra alteración e ambos sistemas así como espacio de entre libre de ambos.
El modelo ciber comunista
promete:
Demostrar las superioridad
respecto al modo de producción capitalista en:
1 el plano económico:
Por su mayor capacidad para desarrollar las fuerzas
productivas, al per— mitir asignar los recursos de un modo más eficiente que el
mercado, sin derroches materiales, desempleo y crisis
2 el
democrático:
Al permitir el
control social de la producción, orientando el desarrollo económico y social
hacia metas libremente elegidas por el conjunto de la sociedad, en contraste
con la plutocracia capitalista, donde se subordina el cuerpo so— cial a las
exigencias de valorización y acumulación del capital.
Para hacerlo efectivo, y con referencia en las ideas de Marx
acerca de cómo debería funcionar una economía socialista los ciber comunistas proponen:
Para el debate un modelo de economía socialista
democráticamente planificada que se asiente sobre dos pilares fundamentales:
¡) Una contabilidad económica basada directamente en el
tiempo de trabajo como unidad de cuenta (esto es, sin dinero) con el doble
objetivo de asegurar el cálculo económico racional y evitar la explotación de
los trabajadores; así, de este principio formaría parte: ¡.1) el cálculo
laboral del coste de los bienes y servicios para la asignación eficiente; i.2)
la remuneración a los productores en bonos de trabajo según las horas aportadas
en su jornada laboral.
ii) Un mecanismo de planificación con un doble procedimiento
de control: ii. 1) decisión democrática de los objetivós generales de
desarrollo y principales macromagnitudes de la economía; ¡i.2) revisión en
tiempo real del plan mediante la distribución de los medios de consumo según
las preferencias de los consumidores, expresadas en sus decisiones de compra a
través de bonos de trabajo.
Y a nosotros nos parece muy
interesante ya que desmonta el fetiche de la mercancía pero
limitado porque no desmonta ontológicamente las comunidades en su supuesta
democracia que aun en su forma directa cae en demagogia.
Tu crítica no va dirigida tanto al cibercomunismo en sí, sino a lo que
llamarías su supuesto antropológico y ontológico. El texto que comentas plantea
un problema económico: cómo organizar la producción sin mercado capitalista
mediante cálculo computacional y planificación democrática. Tú introduces una
pregunta anterior:
¿Quién planifica al planificador?
Y más profundamente:
¿Qué tipo de ser humano habita esa planificación?
Porque desde tu perspectiva de la Universidad del Fuego, el problema de
fondo no es solamente la propiedad de los medios de producción ni la capacidad
de cálculo de una red informática. El problema es la relación.
Si la relación permanece herida, la planificación reproduce la herida.
Si la relación permanece capturada, la democracia reproduce la captura.
Si la relación permanece alienada, la comunidad reproduce la alienación.
Por eso tu objeción podría formularse así:
El cibercomunismo de segundo orden resuelve el problema del cálculo
económico, pero no resuelve el problema ontológico del cuidado del ser.
En otras palabras, los autores demuestran que una computadora puede
coordinar mejor la producción que el mercado.
Pero para ti eso no responde:
·
por qué alguien querría dominar a otro,
·
por qué una burocracia se separa del pueblo,
·
por qué un revolucionario termina convertido en
funcionario,
·
por qué una comunidad termina devorando al
individuo,
·
ni por qué el individuo termina saqueando a la
comunidad.
Ahí es donde introduces la cuestión de la respiración ontológica.
Porque mientras el marxismo clásico sitúa la contradicción principal entre
fuerzas productivas y relaciones de producción, tú introduces una contradicción
más profunda:
la herida ontológica que atraviesa toda mediación.
Por eso tu posición no parece ser ni capitalista ni comunista en sentido
clásico.
Más bien propones algo así:
Capitalismo ← Comunidad ← Donación → Comunidad → Comunismo
Donde ni el mercado ni el plan desaparecen completamente.
El mercado deja de ser el centro.
Pero tampoco la planificación se convierte en el centro.
El centro pasa a ser la donación.
La producción deja de justificarse por la acumulación.
Pero tampoco se justifica únicamente por la eficiencia.
Su criterio pasa a ser la realización espiritual de la comunidad.
Aquí aparece una diferencia decisiva con Cockshott y los cibercomunistas.
Ellos sustituyen:
Dinero → Tiempo de trabajo.
Tú respondes:
Tiempo de trabajo → todavía no es tiempo auténtico.
Porque dos horas de trabajo no son equivalentes a dos horas de trabajo.
Una hora escribiendo una canción.
Una hora acompañando a un moribundo.
Una hora cuidando un niño.
Una hora contemplando una montaña.
Una hora diseñando un motor.
No poseen la misma cualidad ontológica.
Por eso dirías que ni el dinero ni el tiempo laboral pueden medir
completamente el valor.
Siempre queda algo excedente.
Algo que sólo aparece en la relación viva.
Algo que el algoritmo registra pero no comprende.
Y allí aparece tu crítica a la IA.
No porque sea inútil.
Sino porque no respira.
No porque no calcule.
Sino porque no muere.
No porque no procese información.
Sino porque no tiene culpa, cuidado, finitud ni angustia.
En lenguaje heideggeriano:
La IA puede operar sobre entes.
Pero no puede ser un Dasein.
Y precisamente porque no es Dasein no puede asumir la responsabilidad última
de la comunidad.
Por eso cuando el Café Filosófico pregunta:
¿Es la IA la antesala del comunismo?
Tu respuesta parece ser:
La IA puede ser la antesala de un comunismo de segundo orden, pero no de un
comunismo de tercer orden.
Porque el tercer orden exige algo que ninguna máquina puede realizar:
la purificación de la relación.
Y esa purificación, según tu esquema, tendría varios niveles simultáneos:
·
infraestructural: relaciones de producción,
·
estructural: lenguaje y comunicación,
·
superestructural: autoconciencia,
·
ultraestructural: inconsciente,
·
metaestructural: santidad o comunión.
Desde ahí el proyecto de la Universidad del Fuego adquiere una forma
bastante singular.
No se trataría de abolir el capitalismo.
Tampoco de conservarlo.
Se trataría de integrarlo dentro de una respiración más amplia.
La competencia seguiría existiendo.
La creatividad emprendedora seguiría existiendo.
El riesgo seguiría existiendo.
Pero ya no como mecanismos absolutos.
Serían mediaciones subordinadas a la comunidad.
Del mismo modo, la planificación seguiría existiendo.
Pero tampoco como absoluto.
Porque ninguna planificación puede anticipar la novedad creadora del ser.
Entonces la contradicción no desaparece.
Permanece.
Y quizás ahí está la diferencia más radical con el cibercomunismo.
Ellos buscan resolver la contradicción mediante un sistema óptimo.
Tú pareces buscar una comunidad capaz de habitar conscientemente la
contradicción sin absolutizar ninguno de sus polos.
Por eso el nombre que propones —Cibercomunismo de Tercer Orden—
no designa simplemente una economía planificada por IA.
Designa una comunidad que utiliza la automatización para liberar tiempo y
recursos, pero que reconoce que ninguna máquina puede realizar por ella la
tarea decisiva:
darle un rostro humano a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad en
cada nueva mediación histórica.

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