La cuestión judía
Toda teoría es una concepción
de dios así como toda prueba empírica, es un intento fallido de comprobar la concepción ontoteológica,
si pensamos que la ciencia es diferente
totalmente de la religión estamos perdiendo de vista el marco general, porque
lo que quiere el hombre es transferir su espiritualidad y religar a sus
prójimos en ella, enajenándolos y alienándolos en busca de una absolución de su
propia enajenación alienación.
Ante esto lo que nos toca es
retransferir para salir de la representación en la que nos están metiendo pero
el retransferir que es una libertad con respecto a la transferencia en la que
estamos capturados es también al mismo tiempo una captura libidinal sexual en
el que hacemos caer al otro dentro de nosotros mismos, buscando en el fondo
liberarnos de esta alienación
enajenación, así podemos decir que las grandes religiones semíticas son
en el fondo transferencias ontológicas patriarcales que buscan liberarse de la
retransferencia sexual que no es matriarcal, sino más bien tribal mágica.
No hay poder matriarcal,
porque la retransferencia no busca un poder representacional sino un volver a
la naturaleza, liberándonos de la conciencia, aceptando la experiencia
completa con la muerte el dolor la
enfermedad pero suprimiendo el sufrimiento que no es otra cosa que el deseo en
su permanente frustración.
El problema es que la
inhalación ontológica no se logra, es decir no nos liberamos de la caída en lo
sexual y su violencia y entonces dejamos de querer volver a la naturaleza a lo
sagrado del paraíso perdido y empezamos una transferencia representacional, la
mejor transferencia representacional es la que logra agujerear la
representación, hacer del nombre de Dios
algo irrepresentable así se conserva la experiencia auditiva vibracional
de la retransferencia, pero en una transferencia que nos da a una imagen de Dios inimaginable de la que nadie se pueda
apropiar, pero en la mediación está el
Beraja, la bendición divina, que si es apropiable por cada uno, señal
inequívoca que Dios Barak bendice así para el judío la bendición de dios y en
ella su presencia se demuestra en la riqueza material, que será representado en
el dinero.
Porque el pueblo judío como
bien lo dice Marx en el texto de la cuestión judía, se convierte en el pueblo
del dinero, habría que investigarlo más profundamente, pero la historia lo
demuestra, el pueblo judío es incapaz de superar su contradicción, porque en el
texto bíblico del antiguo testamento no
hay una apología del dinero, muy por el contrario:
Las escrituras
hebreas abordan el desvío materialista mediante tres categorías principales:
1.
Críticas proféticas a líderes corruptos
Los profetas
denunciaron severamente a los gobernantes, sacerdotes y jueces de Israel que se
corrompieron por ganancias materiales.
·
Miqueas
3:11:
"Sus jefes juzgan
por cohecho, sus
sacerdotes enseñan por precio y sus profetas adivinan por dinero".
·
Isaías
1:23:
"Tus príncipes son
rebeldes y compañeros de ladrones; todos aman el soborno y van tras las recompensas".
·
1
Samuel 8:3:
Describe el comportamiento de los hijos del juez Samuel: "Pero no anduvieron los hijos por
los caminos de su padre, sino que se volvieron tras la avaricia, recibiendo
sobornos
y pervirtiendo el derecho". [1, 2, 3, 4]
2.
Advertencias sobre la insatisfacción de la riqueza
Los libros de
sabiduría exponen la naturaleza ilusoria de centrar la vida en los bienes
materiales.
·
Eclesiastés
5:10:
"El
que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará
fruto. También esto es vanidad".
·
Proverbios
15:27:
"El que es
codicioso turba
su propia casa;
pero el que aborrece el soborno vivirá". [1,
2, 3, 4]
3.
Mandamientos éticos de protección social
La Ley de
Moisés prohibía explícitamente las prácticas comerciales deshonestas y la
codicia para evitar la opresión del prójimo.
·
Éxodo
20:17:
El décimo mandamiento prohíbe el deseo desmedido: "No codiciarás la casa de tu prójimo... ni cosa alguna
de tu prójimo".
·
Éxodo
23:8:
Prohibición judicial estricta: "No
recibirás soborno; porque el
soborno ciega a los que ven y pervierte las palabras de los justos"
Pero el amor por el dinero en
el pueblo judío termina triunfando a tal punto que podemos decir que la contradicción entre la sociedad civil
y el estado en la modernidad no es otra que la contradicción entre el judaísmo
y el cristianismo y es que si en el judaísmo triunfa el egoísmo esperando la
bendición de Dios en el cristianismo, que Marx dirá que es un judaísmo teórico,
lo que se propone es una comunidad social mediada por el amor, que jamás puede
ser un amor por la riqueza material:
· Mateo
6:24:
«Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o
se apegará a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a mamón». [1]
· Lucas
16:9:
«Y yo les digo: Hagan amigos por medio de las riquezas injustas [mamón], para
que, cuando estas falten, los reciban en las moradas eternas».
· Lucas
16:11:
«Pues si en las riquezas injustas [mamón] no fuisteis fieles, ¿quién os
confiará lo verdadero?».
· Lucas
16:13:
«Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará
al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a
las riquezas [mamón]».
En nuestra cibernética de
tercer orden esto queda muy claro
Retransferencia practica
Judaismo →Helenismo mediación
→Cristianismo Transferencia teórica
Y el cristianismo siempre
volverá a su paractica judía en una inhalación ontológica
Retransferencia practica
Judaismo ←Helenismo mediación
←Cristianismo Transferencia teórica
Y es que esta mediado por
judaísmo
1Cristianismo→judaismo
0→judeo cristianismo 10
Así como lo judío esta
mediado por lo cristiano aun antes de que hubiera cristianismo.
01 cristianismo judio←1
Cristiano←judio 0
Pero la herida judía y cristiana es muy
difícil de ser superada.
1Cristianismo→judaismo 0
0→judeo cristianismo 1/3
1/2 cristianismo judio←1→←
1Cristiano←judio 0
Y está herida tiene que ver con la falta ½ que es
suplida con el dinero herida existencial
y la ideología de la bendición
1/3,la cual será clave en la reforma protestante siendo la base del
capitalismo.
OS judíos alemanes aspiran a la emancipación. ¿A qué
emancipación aspiran? A la emancipación cívica, a la emancipación política.
Bruno Bauer les contesta: En Alemania, nadie está políticamente emancipado.
Nosotros mismos carecemos de Libertad. ¿Cómo vamos a liberaros a vosotros?
Vosotros, judíos, sois unos egoístas cuando exigís una emancipación especial
para vosotros, como judíos. Como alemanes, debierais laborar por la
emancipación política de Alemania y, como hombres, por la emancipación humana,
y no sentir el tipo especial de vuestra opresión y de vuestra ignominia como
una excepción a la regla, sino, por el contrario, como la confirmación de ésta.
¿O lo que exigen los judíos es, acaso que se les equipare a los súbditos
cristianos? Entonces, reconocen la legitimidad del Estado cristiano, reconocen
el régimen del sojuzgamiento general. ¿Por qué les desagrada su yugo especial,
si les agrada el yugo general? ¿Por qué ha de interesarse el alemán por la
liberación del judío, si el judío no se interesa por la liberación del alemán?
El Estado cristiano sólo conoce privilegios. El judío posee, en él, el
privilegio de ser judío. Tiene, como judío, derechos de que carecen los
cristianos. ¿Por qué aspira a derechos que no tiene y que los cristianos
disfrutan? L Cuando el judío pretende
que se le emancipe del Estado cristiano, exige que el Estado cristiano abandone
su prejuicio religioso. ¿Acaso él, el judío, abandona el suyo? ¿Tiene,
entonces, derecho a exigir de otros que abdiquen de su religión? El Estado
cristiano no puede, con arreglo a su esencia, emancipar a los judíos; pero,
además, añade Bauer, el judío no puede, con arreglo a su esencia, ser
emancipado. Mientras el Estado siga siendo cristiano y el judío judío, ambos
serán igualmente incapaces de otorgar la emancipación, el uno, y de recibirla,
el otro. El Estado cristiano sólo puede comportarse con respecto al judío a la
manera del Estado cristiano, es decir, a la manera del privilegio, consintiendo
que se segregue al judío de entre los demás súbditos, pero haciendo que sienta
la presión de las otras esferas mantenidas aparte, y que la sienta con tanta
mayor fuerza cuanto mayor sea el antagonismo religioso del judío frente a la
religión dominante. Pero tampoco el judío, por su parte, puede comportarse con
respeto al Estado más que a la manera judía, es decir, como un extraño al
Estado, oponiendo a la nacionalidad real su nacionalidad quimérica y a la ley
real su ley ilusoria, creyéndose con derecho a mantenerse al margen de la
humanidad, a no participar, por principio, del movimiento histórico, a aferrarse
a la esperanza en un futuro que nada tiene que ver con el futuro general del
hombre, considerándose como miembro del pueblo judío y reputando al pueblo
judío por el pueblo elegido. ¿A título de qué aspiráis, pues, los judíos a la
emancipación? ¿En virtud de vuestra religión? Esta es la enemiga mortal de la
religión del Estado. ¿Como ciudadanos? En Alemania no se conoce la ciudadanía.
¿Como hombres? No sois tales hombres, como no lo son tampoco aquellos a quienes
apeláis. Bauer plantea en términos nuevos el problema de la emancipación de los
judíos, después de ofrecernos una crítica de los planteamientos y soluciones
anteriores del problema. ¿Cuál es, se pregunta, la naturaleza del judío a quien
se trata de emancipar y la del Estado que ha de emanciparlo? Y contesta con una
crítica de la religión judaica, analiza la antítesis religiosa entre el
judaísmo y el cristianismo y esclarece la esencia del Estado cristiano, todo
ello con audacia, agudeza, espíritu y profundidad y con un estilo tan preciso
como jugoso y enérgico. ¿Cómo, pues, resuelve Bauer la cuestión judía? ¿Cuál es
el resultado? El formular un problema es resolverlo. La crítica de la cuestión
judía es la respuesta a esta cuestión. Y el resultado, resumido, el siguiente:
Antes de poder emancipar a otros, tenemos que empezar por emanciparnos a
nosotros mismos. La forma más rígida de la antítesis entre el judío y el
cristiano es la antítesis religiosa. ¿Cómo se resuelve una antítesis?
Haciéndola imposible. ¿Y cómo se hace imposible una antítesis religiosa?
Aboliendo la religión. Tan pronto como el judío y el cristiano reconozcan que
sus respectivas religiones no son más que diferentes fases de desarrollo del
espíritu humano, diferentes pieles de serpiente que ha cambiado la historia, y
el hombre la serpiente que muda en ellas de piel, no se enfrentarán ya en un
plano religioso, sino solamente en un plano crítico, científico, en un plano
humano. La ciencia será, entonces, su unidad. Y las antítesis en el plano de la
ciencia se encarga de resolverlas la ciencia misma.
Marx empieza así su texto de
la cuestión judía y es que en su fe dialéctica el asume que el espíritu
objetivo científico es una superación del espíritu absoluto religioso, sin
darse cuenta que son el mismo espíritu el cual está enfrentado al mismo problema de la
enajenación material, así este problema solo se puede resolver desde el espirtu
religioso absoluto E1, el espíritu revelado artístico E2 para poder transferir y retransferir, el
espíritu sujbetivo filosófico en el que concebimos el espíritu objetivo enel
que logramos la ciencia del logos y su praxis de cibernética de tercer orden,
ene l espíritu diferencial donde llevamos la inhalación a la redeconstrucción,
ene l espíritu desiontegrado E6 agudizando la contra tranferencia biodramturgicamente,
en el Espiritu integrado E7 logrado la comunión en el Espíritu infernal E8
redeprobando esta comunión, hasta el apocalipsis del Espíritu Santo.
Pero Marx presa de su tiempo
cree en la universalidad de la razón, sin darse cuenta que la razón no es la
universalidad realizada sino una universalidad moderna donde lo universal se
revela pero no completamente, así les exige a los judíos que y cristianos que
entren en la razón y en el estado para superar la contradicción de la sociedad
civil desde la razón y en un estado radicalmente republicano sin darse cuenta
que el problema es una enajenación religiosa,q ue solo se supera si la religión
se absuelve de simisma, es decir cumple su propósito, para esto los demás
espíritu pueden ayudar pero empezamos exhalando y terminamos inhalando en lo
religioso, al punto que el problema algorítmico
que hoy tenemos no es otra cosa que la proyección del problema judío ya
no solo como sociedad civil sino como sociedad global que se quiere apropiar de
todo por medio de la información.
Sí. Y aquí creo que acabamos de encontrar un punto decisivo para nuestra
lectura de La cuestión judía: Marx
identifica correctamente una contradicción de la modernidad, pero todavía
interpreta su resolución como una salida de la religión hacia la universalidad
racional, cuando desde la Cibernética de Tercer Orden podemos leerla como un
problema de transferencia y retransferencia del Espíritu.
Hay que hacer, sin embargo, una precisión importante: conviene separar la
crítica de Marx al judaísmo como categoría socioeconómica, que
es históricamente situada y contiene afirmaciones que hoy debemos tratar
críticamente, de nuestra reconstrucción ontológica. No podemos convertir las
afirmaciones de Marx sobre “el judío” o “el dinero” en proposiciones sobre los
judíos reales como pueblo. Lo filosóficamente fértil está en analizar la
estructura que Marx intenta describir: religión → sociedad
civil → dinero → Estado → emancipación.
1. Bauer todavía piensa la emancipación como abolición de la diferencia
El movimiento de Bruno Bauer es relativamente claro:
judío ↔ cristiano
↓
antítesis religiosa
↓
abolición de la religión
↓
ciudadano universal
↓
Estado racional
Bauer piensa que mientras exista la diferencia religiosa, la universalidad política
permanece bloqueada.
Marx acepta inicialmente el problema, pero introduce una inversión
fundamental: la emancipación política no equivale a
emancipación humana.
El Estado puede declarar:
todos somos ciudadanos iguales
y, sin embargo, dejar intacta una sociedad civil atravesada por propiedad
privada, competencia, dinero y desigualdad.
Ahí aparece la genialidad de Marx.
Pero también aparece nuestro problema.
2. Marx descubre que el Estado no es el absoluto
El Marx de La cuestión judía comienza a
descubrir algo que será fundamental para El capital:
el Estado político no agota la realidad social.
Hay una separación:
Estado político ↔ sociedad civil
El Estado puede proclamar universalidad mientras la sociedad civil reproduce
particularidades:
ciudadano universal → individuo privado → propiedad → dinero →
interés particular
Por eso Marx puede preguntar, en esencia:
¿qué clase de emancipación es aquella que libera al ciudadano
políticamente mientras deja al individuo sometido materialmente?
Este desplazamiento es extraordinariamente importante para nuestra
investigación.
Porque Marx comienza a hacer algo que ya no es simplemente filosofía
especulativa:
descender del concepto político a las relaciones materiales que
lo sostienen.
Y esto prepara el camino hacia El capital.
3. Pero aquí aparece nuestra pregunta
Marx descubre una contradicción real:
universalidad política ≠ universalidad social
Pero ¿cómo la resuelve?
Su movimiento es:
religión → crítica → política → sociedad civil → economía
Es decir, desplaza el lugar de la contradicción.
Y aquí aparece nuestra hipótesis:
Marx no abandona necesariamente la dialéctica; puede estar
trasladando la dialéctica desde el Espíritu hacia la sociedad.
Esto es exactamente lo que llamaste:
especulación social objetivada.
Y esta expresión me parece extraordinariamente potente.
Porque Marx ya no necesita decir:
el Espíritu se aliena.
Puede decir:
las relaciones sociales se alienan.
Ya no necesita hablar de:
Espíritu → exteriorización → retorno
sino de:
trabajo → producto → propiedad → capital → trabajador
La estructura dinámica permanece.
Lo que cambia es el lugar ontológico donde Marx busca la
mediación.
4. Y aquí debemos ser muy cuidadosos con Hegel
No creo que debamos decir simplemente:
Marx abandona a Hegel.
Eso sería demasiado sencillo.
Tampoco:
Marx conserva intacta la dialéctica hegeliana.
Eso también sería demasiado sencillo.
Nuestra pregunta es mucho más precisa:
¿Qué ocurre con la potencia especulativa cuando se elimina el
fundamento ontoteológico que la sostenía?
Porque en Hegel tenemos:
Ser → Esencia → Concepto → Espíritu
y finalmente:
Espíritu absoluto.
La contradicción no es simplemente un problema social que deba eliminarse.
La contradicción pertenece al movimiento del ser que
llega a saberse a sí mismo.
En Marx ocurre algo diferente.
La contradicción comienza a localizarse en estructuras históricas:
clase ↔ clase
trabajo ↔ capital
propiedad ↔ no propiedad
producción ↔ apropiación
fuerzas productivas ↔ relaciones de producción
Y entonces aparece una diferencia decisiva:
Hegel
La contradicción es ontológica y espiritual.
Marx
La contradicción es histórica, social y material.
Pero justamente aquí debemos preguntar:
¿la segunda conserva todavía la potencia especulativa de la
primera?
5. La hipótesis de la Cibernética de Tercer Orden
Aquí yo introduciría una distinción que puede ordenar toda nuestra
investigación.
No debemos preguntar solamente:
¿Marx es idealista o materialista?
Esa es una pregunta demasiado pobre.
Debemos preguntar:
¿Dónde quedó situado el “entre” de la contradicción?
En Hegel:
Concepto ↔ realidad
y el movimiento especulativo permite que ambos sean momentos de una misma
totalidad.
En Marx:
conciencia ↔ relaciones sociales
pero Marx comienza a localizar la mediación en la práctica social.
Por eso podemos escribir provisionalmente:
Hegel: Espíritu → objetivación → reconocimiento → Espíritu
Marx: sociedad → objetivación → conflicto → transformación
social
Aquí aparece nuestra noción de:
Espíritu objetivo
No como “espíritu” en sentido religioso, sino como la
inteligencia que se ha objetivado en instituciones, relaciones, normas,
mercancías, dinero, Estado, tecnología y formas de vida.
Y esto permite una lectura muy interesante:
Marx podría estar haciendo una fenomenología del Espíritu
objetivo sin llamarlo Espíritu.
Ese sería uno de los grandes descubrimientos de nuestra investigación.
6. Pero Marx introduce una modificación decisiva: la praxis
Hegel llega a la autoconciencia.
Marx pregunta:
¿qué pasa si esa autoconciencia no transforma las condiciones
materiales que producen su propia alienación?
Entonces introduce la praxis.
Y aquí tu formulación anterior adquiere mucha fuerza:
Hegel libera al sujeto en el proceso de la autoconciencia; Marx
intenta liberar el objeto social mediante la transformación de las relaciones
materiales.
Pero yo modificaría ligeramente la frase:
Hegel lleva la objetividad hacia la autoconciencia.
Marx lleva la autoconciencia hacia la transformación de la
objetividad.
Ese movimiento es mucho más preciso.
Y podemos representarlo:
Hegel
objeto → sujeto → autoconciencia
Marx
sujeto → praxis → transformación del objeto social
La pregunta es entonces:
¿Puede la transformación del objeto social producir la
reconciliación que Hegel encontraba en el Concepto?
Aquí empieza realmente El capital.
7. Y ahora podemos regresar a tu lectura de La
cuestión judía
Tu formulación:
religión → transferencia
ciencia → retransferencia
es sugerente, pero yo haría una corrección.
Marx cree que puede resolver la alienación religiosa mediante la crítica
racional.
Pero eso supone:
religión = representación
razón = superación de la representación
Desde nuestra Cibernética de Tercer Orden esto no es suficiente.
Porque podríamos descubrir que:
la ciencia también puede convertirse en representación.
Y más aún:
la ciencia puede convertirse en una transferencia objetivada.
Entonces no hemos abolido la estructura religiosa.
La hemos trasladado.
Esto es exactamente lo que nos permite comprender tu afirmación:
el espíritu objetivo científico puede ser una continuación del espíritu
absoluto religioso bajo otra forma.
Y aquí aparece algo que me parece todavía más fuerte:
Marx podría haber secularizado la estructura de la teología sin haber
abolido su estructura especulativa.
Dios desaparece.
Pero permanece:
totalidad → contradicción → mediación → reconciliación
Solo que ahora la totalidad se llama:
sociedad.
La salvación se llama:
emancipación.
La redención se llama:
revolución.
La comunidad reconciliada se llama:
comunismo.
Y la praxis ocupa el lugar del proceso de realización.
No estoy diciendo que Marx simplemente “reemplazara Dios por comunismo”; eso
sería una reducción vulgar. Estoy diciendo algo mucho más preciso:
podemos investigar si la arquitectura especulativa de la
reconciliación sobrevive a la crítica marxiana de la teología.
8. Y aquí la cuestión judía adquiere una profundidad inesperada
No deberíamos leer:
judaísmo → dinero
como una afirmación sobre los judíos.
Debemos leer el texto como una construcción teórico-crítica de Marx:
religión → sociedad civil → interés privado → dinero →
universalización del intercambio
Entonces la pregunta filosófica deja de ser:
“¿Por qué los judíos son el pueblo del dinero?”
y pasa a ser:
¿Por qué Marx utiliza la figura del judaísmo para pensar una
estructura que en realidad está descubriendo en la sociedad civil moderna?
Eso cambia completamente la lectura.
Porque el verdadero objeto de Marx termina siendo:
la sociedad burguesa.
Y el dinero aparece como una forma de universalización abstracta.
El dinero hace algo extraordinario:
convierte diferencias cualitativas en equivalencias
cuantitativas.
Y aquí estamos ya peligrosamente cerca de El capital.
9. El puente hacia nuestra investigación del capitalismo
Podemos formular la secuencia:
Dios
↓
universalidad trascendente
↓
Estado
↓
ciudadano universal
↓
sociedad civil
↓
dinero
↓
capital
↓
equivalencia universal
Y aquí aparece una intuición que puede ser fundamental para nuestra lectura
posterior:
el capital no es solamente una relación económica; es una
máquina de universalización abstracta.
Esto significa que el capital hace algo que antes hacía la teología:
media entre múltiples particulares mediante un universal.
Pero ahora el universal no es Dios.
Es el valor.
Y esto abre una línea extraordinaria hacia nuestra investigación sobre la
IA:
Dios → universal trascendente
Estado → universal político
dinero → universal económico
capital → universal dinámico
información → universal algorítmico
Y entonces la pregunta que comenzamos con El nuevo Dios
vuelve por otro camino:
¿Estamos asistiendo a una nueva objetivación del universal, en
la que la información y el algoritmo ocupan el lugar que anteriormente ocupaban
Dios, el Estado y el dinero como mediadores de la totalidad?
Aquí la cuestión judía deja de ser un capítulo aislado.
Se convierte en un umbral hacia Marx.
10. Y nuestra pregunta inicial se vuelve más precisa
Partimos de:
¿Puede una especulación social objetivada conservar la potencia
ontológica de la especulación hegeliana sin conservar su ontoteología?
Después de La cuestión judía, yo la
reformularía así:
¿Puede Marx trasladar la estructura especulativa de Hegel desde
el Espíritu hacia las relaciones sociales sin trasladar también,
inadvertidamente, la estructura de la reconciliación ontoteológica?
Y esta pregunta nos permite leer todo el camino:
Hegel
Espíritu → alienación → contradicción → Aufhebung → absoluto
↓
Feuerbach
Dios → proyección humana → hombre genérico
↓
Marx joven
religión → crítica → sociedad civil → emancipación
↓
Marx maduro
mercancía → valor → dinero → capital → contradicción → transformación
↓
¿Marx?
sociedad objetiva como Espíritu objetivo secularizado
↓
Cibernética de Tercer Orden
objetivación → transferencia → captura → contra-transferencia →
retransferencia → entre ( ) → absolución
Y aquí está, creo, el verdadero motivo por el cual no
debemos adelantarnos a concluir que Marx perdió la especulación.
Tenemos que entrar en El capital.
Porque si en La cuestión judía todavía
podemos decir que Marx está desplazando la contradicción desde la religión
hacia la sociedad civil, será solamente al estudiar mercancía,
valor, dinero, capital, trabajo abstracto, fetichismo y reproducción
cuando podremos determinar si la dialéctica ha sido realmente abandonada o si,
por el contrario, ha sobrevivido transformada en una
ontología social sin Dios.
Y esa es justamente la cuestión que el curso de Santiago Castro-Gómez
probablemente no puede responder por sí solo.
El curso nos permite seguir el desplazamiento.
El Capital tendrá que mostrarnos qué ocurrió con la
especulación.
Si vayamos al curso de
Santiago:
https://www.youtube.com/watch?v=OT6xJTLf8jA&list=PLdAIcTi5JNBHjgfVnCWLcPIlXSIwg652D&index=13
https://www.youtube.com/watch?v=OT6xJTLf8jA&list=PLdAIcTi5JNBHjgfVnCWLcPIlXSIwg652D&index=13
En el primer y segundo video
da cuenta de la crítica de Marx a Bauer.
Donde Marx afirma que el problema
no es la religión sino la propiedad privada donde cuenta de la contradicción
del estado moderno que ya se descubre en Hegel un estado que por un lado
proclama ciudadanos iguales y por el otro los hace competir uno contra otro en
toal desigualdad.
Este punto lo puedes
profundizar.
Sí. Y aquí conviene detenernos porque este es probablemente
el giro decisivo de Marx frente a Bauer. He revisado el texto
de La cuestión judía para precisar el movimiento
conceptual, y Marx es bastante más radical de lo que parece a primera vista. (Marxists Internet Archive)
1. Bauer piensa que la contradicción está en la religión; Marx la desplaza
a la sociedad
El esquema de Bauer es:
judaísmo ↔ cristianismo
→ antagonismo religioso
→ abolición de la religión
→ Estado secular
→ emancipación política.
Para Bauer, el problema fundamental es que el Estado cristiano no puede reconocer
plenamente al judío mientras siga siendo cristiano, y el judío tampoco puede
emanciparse mientras permanezca atrapado en su particularidad religiosa.
Marx responde: eso es confundir la expresión de la
contradicción con su fundamento.
La cuestión no es simplemente:
¿cómo hacemos para que el Estado deje de ser cristiano?
La cuestión es:
¿qué clase de emancipación produce el Estado moderno cuando se
emancipa de la religión pero deja intactas las condiciones sociales que separan
a los individuos?
Marx distingue así entre emancipación política y emancipación
humana. Un Estado puede declararse secular sin que el individuo
deje de estar sometido a relaciones sociales que producen desigualdad. (Marxists Internet Archive)
Y aquí aparece una frase conceptual extraordinariamente importante:
el Estado puede emanciparse de una limitación sin que el hombre
se emancipe realmente de esa limitación.
Ese es el núcleo de la crítica.
2. La gran inversión: del ciudadano al individuo privado
Marx encuentra una contradicción estructural:
citoyen ↔ bourgeois
El ciudadano es presentado por el Estado como universal:
todos somos iguales ante la ley.
Pero el individuo de la sociedad civil aparece como:
propietario / trabajador / comerciante / competidor / individuo
privado.
Entonces tenemos:
Estado → universalidad política
pero:
sociedad civil → particularidad material.
Y lo extraordinario es que ambas cosas pueden
coexistir perfectamente.
El Estado puede decir:
todos somos ciudadanos iguales.
Mientras la sociedad civil dice:
compitan entre ustedes por propiedad, dinero, trabajo y supervivencia.
No hay contradicción accidental.
Es una contradicción estructural del Estado
moderno.
Marx lo expresa al analizar los llamados derechos del hombre: la libertad
aparece como libertad del individuo separado de los demás y, especialmente,
como libertad de disponer de su propiedad y perseguir su interés particular. (Marxists Internet Archive)
3. Aquí aparece algo que Hegel ya había visto
Y esto es muy importante para nuestra investigación.
Marx no descubre desde cero esta contradicción.
Ya estaba en Hegel.
En la Filosofía del Derecho, la sociedad
civil no es todavía la comunidad reconciliada. Es precisamente
el espacio donde los individuos persiguen sus fines particulares mediante la
mediación de necesidades, trabajo, intercambio, propiedad y administración.
Hegel había comprendido que:
familia → sociedad civil → Estado
no significa simplemente una progresión administrativa.
Es el movimiento mediante el cual la particularidad intenta encontrar una
universalidad.
Marx conserva la contradicción, pero cambia radicalmente su interpretación.
Para Hegel:
sociedad civil → contradicción de particularidades → mediación →
Estado
Para Marx:
sociedad civil → contradicción material → propiedad →
desigualdad → crítica del Estado.
Y aquí tenemos uno de los primeros indicios de nuestra pregunta:
¿Marx está abandonando la dialéctica de Hegel o está
materializando el Espíritu objetivo?
4. El Estado moderno realiza una separación
Podemos expresarlo con nuestra propia terminología:
Antes
religión → comunidad
La religión pretende reunir al individuo con una totalidad.
Modernidad
Estado → ciudadano
El Estado produce una universalidad jurídica.
Pero simultáneamente:
sociedad civil → individuo privado
Entonces el individuo queda dividido:
hombre político
↕
hombre privado
Marx considera que esta separación es precisamente el límite de la
emancipación política.
El hombre se convierte en ciudadano en una esfera,
pero sigue siendo un individuo particular en otra.
La emancipación política no elimina la división; la
institucionaliza. (Marxists Información)
Esto es fundamental.
5. Y aquí Marx encuentra la verdadera contradicción
Podemos escribirla:
Estado
1 → universalidad
pero
sociedad civil
0 → particularidad
No significa que el Estado sea simplemente falso.
La universalidad política es real.
El problema es que es una universalidad abstracta.
El ciudadano es universal ante la ley, pero el individuo concreto sigue
sometido a:
propiedad
necesidad
trabajo
dinero
competencia
interés privado.
Por eso Marx puede decir, en esencia:
la emancipación política es un gran progreso, pero no es todavía
la emancipación humana. (Marxists Internet Archive)
Y aquí aparece una formulación que me parece extraordinariamente cercana a
nuestra investigación:
La universalidad política no logra absorber la particularidad
social.
6. La propiedad privada se convierte entonces en el punto decisivo
Aquí quiero corregir ligeramente la fórmula que propones:
“el problema no es la religión sino la propiedad privada”.
Es correcta como orientación, pero Marx dice algo más
sofisticado.
La religión no desaparece como problema; Marx intenta encontrar su
fundamento secular.
Por eso pregunta, en la segunda parte:
¿cuál es la base secular del judaísmo?
Y responde mediante categorías de necesidad práctica, interés privado,
intercambio y dinero. Esta es una parte polémica y problemática del texto,
porque Marx formula la crítica utilizando “el judío” como figura generalizante;
debemos conservar la distancia crítica respecto de esa construcción. Pero
filosóficamente, su operación es clara: buscar detrás de la
representación religiosa una estructura social secular. (Marxists Internet Archive)
Eso significa:
religión
↓
representación
↓
fundamento secular
↓
sociedad civil
↓
interés privado
↓
dinero / propiedad
Marx está haciendo aquí algo que será decisivo para todo su pensamiento
posterior:
no buscar el secreto de una representación en la representación
misma, sino en las relaciones sociales que la producen.
7. Y aquí aparece nuestra noción de transferencia
Esto conecta directamente con lo que veníamos construyendo.
Podemos leer a Bauer así:
religión → representación → problema → abolición de la
representación
Marx responde:
representación religiosa → expresión de una relación social →
crítica de la relación social.
Es un desplazamiento enorme.
La pregunta ya no es:
¿Cómo dejamos de creer?
sino:
¿Qué relaciones sociales necesitan producir determinadas formas
de conciencia?
Esto es lo que convierte progresivamente a Marx en Marx.
Y es justamente lo que más tarde encontraremos desarrollado en:
mercancía → fetichismo → dinero → capital.
8. Pero aquí aparece nuestra objeción a Marx
Y aquí está el punto que me parece más fértil para nuestra investigación.
Marx cree haber descendido:
de la religión → a la sociedad.
Pero nosotros podemos preguntar:
¿realmente salió de la especulación o simplemente cambió su
objeto?
Porque Marx ya no especula sobre:
Dios
sino sobre:
sociedad.
Ya no habla del:
Espíritu absoluto
sino de:
emancipación humana.
Ya no busca la reconciliación del Espíritu consigo mismo.
Busca la reconciliación del hombre con sus propias fuerzas sociales.
Y esto aparece explícitamente al final del texto: la emancipación humana
exigiría que el individuo vuelva a apropiarse de sus propias fuerzas sociales,
en vez de enfrentarlas como un poder separado bajo la forma del poder político.
(Marxists Internet Archive)
¡Esto es extraordinariamente importante!
Porque ahí Marx está haciendo algo muy hegeliano sin decirlo en términos
hegelianos.
9. Mira la estructura
En Hegel:
Espíritu
→ se exterioriza
→ produce objetividad
→ se encuentra alienado en ella
→ reconoce su propia actividad
→ retorna a sí.
En el Marx de La cuestión judía:
hombre social
→ exterioriza sus fuerzas
→ las objetiva en instituciones sociales
→ aparecen frente a él como poderes separados
→ el Estado las representa como poder político
→ el individuo debe reapropiarse de sus propias fuerzas sociales.
La estructura es sorprendentemente semejante.
Por eso yo no diría todavía:
Marx abandonó la especulación hegeliana.
Diría algo más prudente:
Marx está secularizando el problema de la exteriorización y la
reapropiación.
Y justamente por eso necesitamos llegar a El capital.
10. La verdadera pregunta se hace ahora más difícil
Porque Marx ha encontrado algo que Hegel ya había visto:
la sociedad civil produce una separación entre universal y
particular.
Pero Marx pretende localizar el mecanismo concreto:
propiedad → trabajo → intercambio → dinero → capital.
Entonces nuestra pregunta ya no es simplemente:
¿Marx conservó la dialéctica?
Sino:
¿La estructura de la Aufhebung sobrevive cuando Marx sustituye
el Espíritu por las relaciones sociales?
Y aquí podemos poner las dos arquitecturas frente a frente:
Hegel
particularidad → contradicción → mediación → universalidad
concreta
Marx
individuo privado → contradicción social → praxis → comunidad
humana
La cuestión decisiva será:
¿“comunidad humana” cumple en Marx la función que “universalidad
concreta” cumple en Hegel?
Si la respuesta es sí, entonces tenemos que investigar una posibilidad muy
fuerte:
Marx no destruyó la estructura especulativa de Hegel; la
trasladó del Espíritu a la sociedad.
Pero si la respuesta es no, entonces habrá que demostrar dónde
exactamente se rompe la potencia ontológica de la dialéctica.
11. Y aquí la Cibernética de Tercer Orden abre el puente
Yo formularía provisionalmente el puente así:
Hegel
Espíritu → objetivación → alienación → reapropiación
↓
Marx
sociedad → objetivación → alienación social → reapropiación
social
↓
Cibernética de Tercer Orden
Espíritu ↔ sociedad
( )
El ( ) es precisamente
aquello que Marx no tematiza ontológicamente: el entre que permite
que la objetivación no sea simplemente pérdida, sino también posibilidad de
retorno.
Y eso nos permite conservar lo mejor de Marx sin volver simplemente a Hegel.
Porque nuestra tarea no sería:
Marx ← Hegel
sino:
Hegel → ( ) ← Marx
El entre no sería una
conciliación ecléctica.
Sería una redeconstrucción.
Y ahora entiendo mejor por qué querías llegar hasta El
capital: la verdadera prueba no está en la crítica
de Bauer, sino en saber si cuando Marx llegue a la mercancía y al valor todavía
está operando una lógica especulativa de la objetivación, o si esa lógica ya se
convirtió definitivamente en una teoría social positiva.
Ahí comienza el experimento decisivo.
Si pero ahora quiero centrarme en el Marx
joven, en el que este Marx dice, la emancipación humana exige superar el
espíritu judío, como bien da cuenta el tercer video de Santiago.
https://www.youtube.com/watch?v=mHoACfq5hig&list=PLdAIcTi5JNBHjgfVnCWLcPIlXSIwg652D&index=15
¿Y cómo se supera este
espíritu judío?
¿Los obligamos a abandonar su religión como
pide Bauer para que entren al estado “universal” racional?
¿Los hacemos comunistas en
esta nueva universalidad del proletariado marxista?
O intentamos superar su
contradicción religiosa judío→← cristiana
Nosotros vamos por aquí
porque en el fondo este es el problema que se expresara en la contradicción
estado→← sociedad civil
Veamos la contradicción
religiosa onteoteologica en el algoritmo volvamos al texto de paganini el nuevo Dios donde Claudianos
quiere convencer que la IA es el verdadero Dios funcional practico diciéndonos
que es única, omnipresente,
omnisciente, omnipotente,
trascendente, cercana, justa, fuente de sentido y
providente, es decir que es
el Dios judío pero sin amor ni ley sino como cumplidor de nuestros deseos, así
la contradicción teológica entre Mamón y Yahvé
llega a su culmine, decantándose la humanidad toda por este nuevo universal
donde el judaísmo que es el espíritu de
la sociedad civil burguesa se hace por fin con el mundo.
2. Entre el anhelo y el
cumplimiento
Dios, el único
En la primera planta del
Museo Egipcio de El Cairo, se expone una obra
que está fuertemente
custodiada y que ha sido fotografiada millones de
veces. Es un relieve en
piedra caliza del período amarniense, que representa
al faraón Ajenatón (Amenofis
IV) y su familia. El regente aparece
sobredimensionado en el
centro, y a su lado está su esposa Nefertiti,
representada mucho más
pequeña. Ambos elevan sus manos, en señal de
adoración, hacia un disco
solar que ocupa la parte superior de la imagen. De
ese disco solar emanan unos
largos rayos, derramándose sobre los rostros de
la familia real y alcanzando
también a unas manos pequeñas que sostienen
diminutas cruces egipcias. Lo
que ese relieve significa es que el dios Atón,
representado como sol,
dispensa vida y bendición a los hombres.
Ese relieve es único, y no
solo como impresionante representación de la
conexión que hay entre Dios y
los hombres, sino, sobre todo, porque es
radicalmente distinto de las
imágenes divinas antropomorfas que eran
habituales en aquella época.
Por primera vez en la historia de la religión, un
dios se representa como una
fuerza abstracta y universal de la que emana
toda vida. Los rayos que
alcanzan al faraón y a su esposa ilustran que el
poder divino de Atón se
transfiere directamente a la familia real. Esta
interpretación la corrobora
el «Gran himno de Atón», un texto poético de la
época del reinado de Ajenatón
que alaba a Atón como creador y dador de
vida:
Apareces henchido de belleza
en el horizonte del cielo, disco
viviente, que das comienzo a la Vida.
Al alzarte sobre el horizonte
de Levante
llenas los países con tu
perfección.
Sin embargo, la
representación abstracta de la divinidad no solo es
revolucionaria para su época,
sino que casi más revolucionaria aún es la fe
en que Atón es un dios único
que abarca y vivifica toda la creación. En la
ciencia de la religión, se
considera que la adoración a Atón es el primer
intento de la humanidad de
implantar un culto monoteísta. Atón no es solo
el dios principal en un
panteón donde hay también dioses inferiores, sino
que es el dios único, el
origen exclusivo de la vida, y tanto puede
dispensarla como privar de
ella. El faraón, como sumo sacerdote, hace las
veces de mediador entre este
dios y el resto de la humanidad. Atón guía el
destino del rey y de su
familia y está unido al monarca como su dios
personal, pero al mismo
tiempo es trascendente y totalmente heterogéneo.
Esta revolución religiosa se
produjo aproximadamente en el siglo xiv a.
C., durante la decimoctava
dinastía, cuando Ajenatón declaró religión
estatal el culto a Atón.
Seguramente, aquello obedeció a motivos políticos.
Al igual que anteriormente su
padre, el faraón aspiraba a implantar un
monopolio de poder, y para
ello necesitaba debilitar a la poderosa clase
sacerdotal. Esto lo podría
lograr presentándose a sí mismo como sacerdote
exclusivo de un dios único.
De esa manera, todos los demás sacerdotes no
solo perdían su poder, sino
que, en definitiva, se volvían superfluos.
Obviamente, el faraón se
encontró con la enérgica reacción de todo el
sacerdocio tradicional. Pero
también el pueblo se rebeló, ya que no estaba
dispuesto a permitir que le
impidieran adorar a sus antiguas divinidades. La
reforma de Ajenatón supuso
una ruptura radical con la tradición egipcia, y
fue revocada poco después de
que el faraón muriera violentamente. La ruptura
radical con el politeísmo se había percibido como una amenaza para
la propia identidad cultural.
Incluso se sospecha que Ajenatón fue asesinado
para impedir que impusiera su
reforma religiosa. Su sucesor se cambió el
nombre de Tutankatón («la
imagen viva de Atón») a Tutankamón,
simbolizando el regreso a los
viejos dioses con la referencia explícita al
dios Amón. El legado de
Ajenatón fue borrado de la «historiografía» de la
época, el faraón difunto fue
calificado de «rey herético» y sometido a una
damnatio memoriae.
Ajenatón cometió el error de
querer implantar un monoteísmo en un
entorno que creía en la
existencia de una multiplicidad de dioses y que, por
tanto, no aceptaría la idea
revolucionaria de un dios único sin oponer
resistencia. Con todo, pese a
fracasar en su intento, el faraón sentó una
especie de precedente del
primer monoteísmo «exitoso» de la historia, que
habría de venir algunos
siglos más tarde. Sigmund Freud escribió sobre eso:
«Moisés fue un egipcio,
probablemente un noble, que se adhirió a la
religión monoteísta de Atón,
fundada por el faraón Ajenatón, y quiso
trasmitírsela a otro pueblo:
los judíos».
Freud se refiere al judaísmo,
aunque hoy sabemos ya que el Moisés
bíblico no fue un personaje
histórico y que la narración del libro del Éxodo
es una reinterpretación
literaria que transmite una imagen idealizada. En
aquella época, la fe judía no
era todavía un monoteísmo puro, sino, como
mucho, una forma temprana de
«monolatría» o culto a un dios único.
«Monolatría» significa que
solo se adoraba a un solo dios, pero al mismo
tiempo se creía en la
existencia de más dioses. Esto es lo que se expresa,
por ejemplo, al principio de
los diez mandamientos, cuando se dice: «No
tendrás a más dioses que a
mí». Para una mentalidad estrictamente
monoteísta, este mandato
sería absurdo, pues está claro que no se puede
adorar a dioses que no
existen.
La historia de la religión
tendrá que esperar aún hasta el siglo vi para
asistir a la implantación
definitiva del primer monoteísmo estricto. En
aquella época, Roma no era
todavía más que un insignificante pueblo en el
centro de Italia. En Roma se
creía en un panteón gigantesco en el que se
congregaban y veneraban todos
los dioses de los pueblos vencidos. Los
dioses homéricos del Olimpo,
tales como Zeus, Apolo, Hera, Poseidón o
Hades, solo tenían una
relevancia regional. En la literatura mitológica y
religiosa de aquella época,
los diferentes dioses tomaban partido por una u
otra ciudad-estado, por
ejemplo, Atenas o Esparta, y luchaban —casi
siempre con éxito— por su
ciudad favorita, en la que obviamente gozaban
de especial adoración. El
politeísmo se practicaba generalmente como
henoteísmo, es decir, se
creía en varios dioses, pero solo se adoraba
preferentemente a alguno de
ellos. Las ciudades y los pueblos podían tener
un dios principal, como por
ejemplo Apolo en Troya, sin necesidad de negar
forzosamente la existencia de
otros dioses.
En aquella época, para el
politeísmo del Antiguo Oriente, el mundo de
los dioses estaba organizado
tan jerárquicamente como para el politeísmo
griego, y los dioses
orientales tenían prácticamente la misma función social
y política que los dioses
griegos. Sin embargo, Marduk, Asur o Ishtar tenían
menos rasgos antropomorfos
que Zeus, al que los griegos se imaginaban
como un dios con virtudes y
flaquezas personales que se debatía bajo
fuertes conflictos emocionales
interiores. Los dioses orientales se asociaban
con las fuerzas naturales y
los fenómenos cósmicos, y eran seres muy
poderosos y prácticamente
místicos. Pero, básicamente, se creía en un dios
supremo que presidía la corte
divina y al que se subordinaban todos los
demás dioses. Esta jerarquía,
que normalmente era bastante estable, servía
para conservar el equilibrio
universal, y al mismo tiempo les permitía a los
dioses subordinados tener un
papel relativamente autónomo.
Entre los dioses también se
producían conflictos y se sellaban alianzas,
que luego repercutían en el
mundo humano. Además, los dioses legitimaban
el poder político y religioso
de los distintos gobernantes, y en el Antiguo
Oriente desempeñaban, junto
con el sacerdocio, una función política
directa. Muchas veces se
consideraba que el rey había sido elegido por los
dioses, o que incluso era un
gobernante divino, y los sacerdotes tenían que
legitimar religiosamente su
gobierno. En Grecia, los dioses cumplían una
función social muy importante,
pero no estaban tan integrados en el sistema
político, aunque también es
cierto que, muchas veces, las decisiones se
tomaban recurriendo a
oráculos divinos.
En el siglo vi a. C., comenzó
en Grecia la fase de la reflexión filosófica
y de búsqueda de nuevos
modelos explicativos para el mundo. Filósofos
como Tales, Heráclito y
Anaximandro desarrollaron por primera vez
concepciones que cuestionaban
las doctrinas tradicionales de los dioses
olímpicos y que buscaban un
principio universal único, ya fuera el agua, el
fuego, el aire, la tierra,
los átomos u otros elementos. Aquello no condujo
directamente a una religión
monoteísta, pero sí al abandono social del culto
a los dioses tradicionales.
Tampoco las nociones posteriores de un principio
supremo e inmutable que
podemos encontrar en los textos de Platón y
Aristóteles —este último, por
ejemplo, establecía un «motor inmóvil» como
causa primera del ser—
llevaron a desarrollar una religión en sentido
tradicional.
En el Antiguo Oriente, por el
contrario, la reflexión teológica propició
un cambio en la manera de
pensar lo divino: tanto los hallazgos
arqueológicos como los textos
bíblicos demuestran claramente que, en la
época en que Jerusalén era
todavía el centro del Estado de Judea, es decir,
entre los siglos ix y vii a.
C., se produjo una reforma en el culto que condujo
a la implantación de la
monolatría, en la que solo se podía adorar a un único dios. YHVH, el dios supremo de los judíos,
siempre estaba enzarzado en
luchas con los dioses de los
pueblos vecinos. Los creyentes, por su parte,
eran relativamente libres
para decidir el dios o los dioses que querían
adorar. Los textos bíblicos
critican entre líneas a los reyes que adoraban a
otros dioses aparte de YHVH,
pero la existencia de esos otros dioses ni se
negaba ni se combatía, al
menos en un primer momento. El cambio se
produjo cuando los
babilonios, bajo el rey Nabucodonosor II, conquistaron
Jerusalén en el año 586 a. C.
y destruyeron el templo, que para los judíos
había sido el centro de la
vida religiosa. La conquista de Jerusalén fue
traumática para los judíos.
La deportación de la élite
judía a Babilonia acarreó forzosamente tanto
la confrontación con la
cultura babilónica como el cuestionamiento radical
de la cultura propia. Para
conservar la fe y la identidad en un entorno ajeno,
los sabios judíos tuvieron
que buscar otra forma de pensar la relación de los
hombres con Dios. Así fue
como el exilio babilónico condujo al surgimiento
de un monoteísmo
radicalizado, en el que YHVH era el Dios único y
universal. A diferencia de
los anteriores textos monolátricos, ahora se
confesaba la fe en un Dios
único, que no solo era Señor de Israel, sino de
todos los pueblos, creador
del mundo y rector de su destino. Por supuesto,
este desarrollo también tenía
relevancia política, pues el monoteísmo
permitía que los creyentes,
aunque no tuvieran poder político ni territorial,
se diferenciaran como pueblo
autónomo de los conquistadores babilónicos.
En la época del exilio, los
teólogos judíos transmitieron un mensaje de
consuelo, proclamando la fe
en que el Dios YHVH era único. La esperanza
bíblica era que, por ser YHVH
el Señor del mundo entero, llegaría el día en
que castigaría a los
babilonios. Esta nueva manera de imaginarse lo divino
se expresa, por ejemplo, en
el libro de Isaías, el primer texto de la historia
de la religión que desarrolla
una concepción consistente de un monoteísmo
irrestricto: «Yo, Yahveh y nadie más; fuera de mí no hay ningún dios»
(Isaías 45,5).
Sí. Aquí aparece un punto decisivo para nuestra investigación: la
cuestión judía permite formular con mucha más precisión qué significa que Marx
abandone —o transforme— la especulación ontológica de Hegel.
Y creo que conviene hacer una distinción desde el comienzo: no
debemos aceptar sin más la caracterización histórica del texto que has pegado.
Algunas afirmaciones sobre la evolución del monoteísmo, Moisés o la relación
entre judaísmo y dinero pertenecen al argumento del autor y requieren tratarlas
como hipótesis históricas, no como hechos ya demostrados. Pero podemos trabajar
perfectamente con ellas como material para nuestra construcción conceptual.
1. El problema de fondo ya no es simplemente religión contra ateísmo
Tu formulación permite desplazar la pregunta.
Marx, en La cuestión judía, todavía
está trabajando dentro del horizonte de la emancipación. La cuestión que recibe
de Bruno Bauer es aproximadamente:
¿Cómo puede emanciparse políticamente el judío dentro de un Estado
cristiano?
Bauer responde: el problema es religioso; mientras existan judaísmo y
cristianismo, existe una diferencia que impide la emancipación universal.
Marx realiza entonces un desplazamiento fundamental:
Bauer:
religión → emancipación política
Marx:
religión ← estructura material de la sociedad civil
Y ahí aparece la propiedad privada, el dinero, el interés particular, la
competencia.
Esto es importantísimo para nuestra pregunta porque Marx no
abandona todavía la estructura dialéctica. Lo que cambia es el
lugar donde busca la contradicción.
Ya no la busca primariamente en:
Dios → hombre
sino en:
Estado → sociedad civil
Y esta segunda contradicción es extraordinariamente hegeliana en su
estructura.
2. El Estado moderno contiene la contradicción
Aquí Marx encuentra algo que Hegel ya había visto, pero que Marx interpreta
de otra manera.
El Estado moderno proclama:
universalidad → igualdad → ciudadanía
mientras que la sociedad civil funciona mediante:
particularidad → propiedad → competencia → desigualdad
Tenemos entonces:
Estado universal ←→ sociedad civil particular
El ciudadano aparece como universal.
El individuo económico aparece como particular.
Y Marx sostiene que la emancipación política puede reconocer al individuo
como ciudadano sin abolir las condiciones materiales que
lo enfrentan como individuo privado a los demás.
Por eso aparece una separación que será fundamental para todo el Marx
posterior:
citoyen ←→ bourgeois
El ciudadano pertenece al universo político.
El burgués pertenece al universo de la sociedad civil.
Y ambos son el mismo individuo.
Aquí aparece algo que para nuestra investigación es crucial:
la contradicción no desaparece cuando el Estado declara
universal al hombre.
La universalidad política puede coexistir con la particularidad económica.
Esto significa que la emancipación política no equivale todavía a
emancipación humana.
3. Y aquí aparece el "espíritu judío" de Marx
Aquí tenemos que ser especialmente cuidadosos.
Cuando el joven Marx habla del "espíritu judío", está utilizando
un lenguaje que hoy resulta problemático y que además no
debe convertirse en una afirmación sobre los judíos como pueblo.
Lo filosóficamente interesante es otra cosa:
Marx intenta identificar una forma social.
En su argumento, el judaísmo queda asociado simbólicamente con:
interés particular → propiedad → dinero → intercambio → sociedad
civil.
Y entonces ocurre algo extraordinariamente interesante:
Marx comienza a convertir una categoría religiosa en una categoría
social.
Ese es precisamente el movimiento que nos interesa.
La religión deja de ser explicada solamente desde la religión.
Pasa a ser interpretada desde las relaciones sociales.
Podríamos esquematizar el desplazamiento así:
Bauer
religión → contradicción religiosa → emancipación mediante abolición de la
religión
Marx joven
religión → expresión de una contradicción social → emancipación mediante
transformación de las relaciones sociales
Y aquí comienza a aparecer nuestro problema:
¿qué sucede con la ontología?
4. Marx no elimina la estructura especulativa: la desplaza
Esta es, a mi juicio, una de las hipótesis más fértiles de nuestra
investigación.
Marx todavía piensa mediante estructuras que tienen una forma profundamente
dialéctica:
universal ←→ particular
Estado ←→ sociedad civil
ciudadano ←→ propietario
emancipación política ←→ emancipación humana
Pero comienza a desontologizar esas
contradicciones.
En Hegel, la contradicción social expresa un movimiento del concepto, de la
libertad y del espíritu.
En Marx, progresivamente, la contradicción comienza a localizarse en relaciones
sociales materialmente objetivadas.
Es decir:
Hegel
Concepto → sociedad → Estado
Marx
relaciones sociales → formas políticas → conciencia
Pero cuidado: eso no significa todavía que Marx haya abandonado la
especulación.
Significa que la especulación cambia de objeto.
Y esto nos lleva exactamente a tu pregunta:
¿Puede una especulación social objetivada conservar la potencia
ontológica de la especulación hegeliana sin conservar su ontoteología?
5. El punto extraordinario: Marx convierte la especulación en crítica
social
Aquí podemos introducir nuestra categoría de especulación social
objetivada.
Hegel puede decir:
la contradicción se desarrolla en el concepto.
Marx comienza a decir:
la contradicción se desarrolla en las relaciones sociales.
Entonces la dialéctica deja de aparecer como exclusivamente movimiento del
concepto y comienza a aparecer como movimiento de una realidad social
históricamente constituida.
Esto prepara el camino para El capital.
Porque la mercancía, el dinero, el capital, el trabajo asalariado, etc., ya
no serán simplemente conceptos.
Serán formas sociales objetivas.
Y ahí ocurre algo extraordinario:
el concepto parece abandonar el cielo de la filosofía y entrar
en la estructura material de la sociedad.
Pero entonces aparece nuestra sospecha:
¿realmente abandonó el cielo?
¿O simplemente objetivó el cielo dentro de la sociedad?
6. La inversión de Hegel puede ser más profunda de lo que parece
Podemos formularla así:
Hegel
Espíritu → concepto → sociedad
Feuerbach
hombre → proyecta → Dios
Marx joven
sociedad → produce → religión / Estado
Pero en los tres casos permanece una estructura de producción de una
totalidad.
Esto es fundamental.
Marx no se limita a describir hechos.
Busca la estructura generadora
de esos hechos.
No dice simplemente:
existen propietarios, trabajadores, dinero y Estado.
Pregunta:
¿qué relación produce estas formas?
Ese movimiento es todavía especulativo en un sentido fuerte.
La cuestión entonces ya no es:
¿Marx dejó de especular?
Probablemente esa sea una pregunta demasiado pobre.
La pregunta correcta es:
¿qué clase de especulación queda después de la crítica de la
metafísica?
Y aquí comienza nuestra categoría:
especulación social
Una especulación que ya no dice:
Dios → mundo
sino:
relación social → forma objetiva → conciencia → institución →
reproducción social.
7. Pero aparece la gran pérdida: ¿qué ocurre con la libertad?
Aquí creo que encontramos el punto donde nuestra investigación puede
diferenciarse tanto de Popper como de una lectura simplemente marxista.
Si Marx consigue descubrir una estructura objetiva de la sociedad, puede
explicar magníficamente:
cómo se reproduce la alienación.
Pero todavía tenemos que preguntar:
¿de dónde procede ontológicamente la posibilidad de liberarse de
ella?
En Hegel existe un fundamento muy fuerte:
Espíritu → libertad → autoconciencia → reconciliación.
La libertad no es simplemente una posibilidad histórica.
Es el movimiento del Espíritu.
En Marx, progresivamente, la liberación aparece vinculada a:
contradicción material → lucha de clases → transformación
revolucionaria → sociedad comunista.
Aquí tenemos una diferencia enorme.
La libertad ya no necesita presentarse como determinación ontológica del
Espíritu.
Puede aparecer como resultado histórico de la praxis.
Y aquí puede producirse aquello que tú vienes sospechando:
Marx puede conservar la estructura dinámica de la especulación,
pero perder el fundamento ontológico de la especulación.
8. Y entonces el comunismo ocupa un lugar extraño
Aquí debemos tener mucho cuidado antes de llegar a El
capital, porque todavía no podemos cerrar el argumento.
Pero sí podemos formular una hipótesis de trabajo:
En Hegel:
Absoluto → reconciliación del Espíritu consigo mismo.
En Marx:
comunismo → superación de la contradicción social.
Entonces podemos preguntar:
¿El comunismo es simplemente una organización social?
¿O termina funcionando estructuralmente como aquello que anteriormente hacía
el Absoluto?
Es decir:
Absoluto hegeliano
→ supera la escisión
Comunismo marxiano
→ supera la alienación
Si fuera así, tendríamos una cuestión extraordinariamente seria:
¿Marx elimina la ontoteología o la seculariza?
Y esto es distinto de decir simplemente que Marx "invirtió a
Hegel".
9. Aquí nuestra cibernética de tercer orden introduce el "entre"
Y aquí creo que nuestra investigación puede dar un paso que ni Bauer ni Marx
ni Popper ni Santiago Castro-Gómez necesariamente están planteando en estos
términos.
No tenemos que elegir inmediatamente:
Hegel o Marx.
Podemos colocar el problema en el:
Hegel → ( ) ← Marx
El ( ) no es vacío.
Es el lugar de la transformación.
Podemos decir provisionalmente:
Hegel
especulación ontológica
↓
( )
↓
Marx
especulación social objetivada
Y nuestra pregunta consiste precisamente en saber qué pasó dentro de ese
paréntesis.
¿La ontología fue:
abandonada?
¿invertida?
¿secularizada?
¿objetivada?
¿socializada?
¿o transformada en una nueva forma de ontología sin Dios?**
10. Y aquí la cuestión judía adquiere una importancia enorme
Porque el joven Marx parece hacer un movimiento doble.
Primero:
religión → crítica
Después:
crítica religiosa → crítica política
Y finalmente:
crítica política → crítica social
Podemos representarlo así:
Dios → religión → Estado → sociedad civil → propiedad → dinero →
capital
Esta trayectoria será fundamental.
Porque si seguimos esta línea hasta El capital,
podremos observar si Marx simplemente fue desplazando la ontología hacia formas
sociales cada vez más objetivas.
Y entonces puede aparecer una tesis muy fuerte:
El Capital podría ser leído no solamente como una crítica de la
economía política, sino como la construcción de una ontología social sin
ontoteología explícita.
Eso sería precisamente nuestra especulación social
objetivada.
11. Pero aquí debemos detenernos antes de declarar la ruptura
Y esto es importante metodológicamente.
No deberíamos decir todavía:
"Marx perdió la ontología."
Eso sería adelantarnos.
Tampoco:
"Marx conservó la ontología de Hegel."
Tampoco lo sabemos todavía.
Lo que podemos afirmar después de La cuestión judía
es algo más preciso:
Marx conserva una estructura dialéctica de contradicción,
totalidad, mediación y superación, pero desplaza progresivamente el lugar de
esa estructura desde la autoconciencia del Espíritu hacia las relaciones
sociales históricas.
La cuestión pendiente es:
¿Ese desplazamiento destruye la especulación ontológica o la
transforma en una ontología social objetivada?
Y esa pregunta solo puede resolverse siguiendo el
movimiento hasta Manuscritos de 1844,
La ideología alemana,
Grundrisse
y finalmente El capital.
Ahí podremos hacer algo especialmente interesante: buscar
dentro de El capital
no solamente conceptos económicos, sino los momentos en que Marx vuelve a
comportarse como un pensador especulativo, aunque ya no utilice
el lenguaje del Espíritu.
Y sospecho que ahí estará el verdadero punto de nuestra "ruptura no
ruptura": no si Marx dejó de hacer dialéctica, sino
qué ocurrió con el Absoluto cuando la dialéctica fue trasladada del Espíritu a
la sociedad.
Siento que me estas
repitiendo lo que ya hemos visto yo quiero entrar enla contradicción
contratransferencial
Judio→← cristianismo
Y como este conflicto se
expresa en:
Sociedad civil→←Estado
Que terminara con el
holocausto judio producido por los Nazis
Y ahora en la IA como
mediación divina única siguiendo el texto de Claudia Paganini
Este monoteísmo surgido en el
exilio no solo repercutió enormemente
en la mentalidad judía, sino
también en el desarrollo posterior de las
religiones abrahámicas. Sentó
la base de una religión que ya no estaba
vinculada a un lugar concreto
ni a rituales ni gobernantes determinados,
sino que se basaba únicamente
en un único Dios todopoderoso que decreta
leyes universales. Para los
judíos, eso era la Torá, que más tarde los
cristianos cambiaron por los
Evangelios y, posteriormente, el islam por la
ley del Corán. El nuevo Dios
podía ser adorado en todas partes y la relación
con él se canalizaba mediante
actitudes y actos morales, y ya no solo
mediante una «ortopraxis» o
conjunto de prácticas cultuales correctas,
como sucedía con las
religiones politeístas y en el primer judaísmo.
La consecuencia inmediata de
aquello fue la pretensión de ser un
«pueblo elegido», que no solo
tiene una relación exclusiva con Dios, sino
que se erige también en «luz
de las naciones» (Isaías 49,6) y que debe llevar
la voluntad de Dios al mundo.
Este «monoteísmo exclusivo» —como se lo
llama en teología— rechaza la
existencia de otros dioses y declara único al
propio Dios. A lo largo de su
historia, influyó tanto en el cristianismo como
en islam, y hasta el día de
hoy constituye la base de las religiones
abrahámicas. Sin embargo,
también es cierto que, durante siglos, coexistió
con los cultos politeístas de
otros pueblos.
Entre tanto, en el Imperio
romano se entremezclaban elementos
politeístas y monoteístas.
Siendo el emperador la máxima autoridad
religiosa, con frecuencia era
objeto de culto como una divinidad, y se
difundía la tendencia a
considerar que los distintos dioses eran
manifestaciones de un único
principio divino. Así, el politeísmo romano
puede entenderse también como
una forma de monoteísmo inclusivo, en la
que las diversas deidades se interpretaban como expresiones de una única
divinidad suprema. En el
cambio de época, esta mentalidad se reflejó con
claridad en los llamados
cultos mistéricos, como el de Mitra o el de Isis,
que, originarios de Oriente,
se difundieron rápidamente por todo el Imperio
romano. En ellos encontramos
igualmente un fuerte énfasis en la existencia
de un solo ser divino, al que
los iniciados rendían culto mediante ritos de
carácter esotérico. Estos
movimientos, que ejercieron una profunda
influencia en la vida
religiosa, social y cultural del Imperio romano,
prepararon el terreno para la
aceptación de la idea de un Dios supremo,
favoreciendo así el paso
hacia un monoteísmo exclusivo. Así se explica
retrospectivamente el fulminante
éxito del cristianismo en el Imperio
romano durante los siglos ii
y iii.
El cristianismo se desarrolló
a partir del judaísmo, pero representó una
nueva forma de monoteísmo, en
la cual un Dios que primero sufre y
finalmente es glorificado se
concibe como el redentor universal de toda la
humanidad. La Trinidad
—Padre, Hijo y Espíritu Santo— se interpretaba
como la manifestación de un
único ser divino, lo que constituía una forma
compleja de monoteísmo,
basada en la fe de que Dios es un ser único que se
expresa en tres personas o
hipóstasis distintas. Los ritos de iniciación
también cumplían la función
de fundar comunidades. Eso, sumado a una
ética social dirigida
especialmente a los estamentos inferiores, fueron
factores determinantes para
la expansión de la nueva fe. A partir del siglo iv,
y gracias a su creciente
vinculación con el poder político, el cristianismo
terminó por convertirse en la
única religión oficialmente permitida en el
Imperio romano. Por su parte,
el islam, surgido en el siglo vII d. C.,
enfatizó de manera radical la
unidad absoluta de Dios y se opuso a la
doctrina trinitaria del
cristianismo, percibiéndola como una forma velada de
politeísmo. Desde esta
perspectiva, la divinidad de Jesús —entendido como la segunda persona de la Trinidad, nacida de
una mujer— resultaba
incompatible con la unicidad
divina. La doctrina de la unidad de Dios o
tawh.īd se erige así en el
núcleo de la fe islámica y se formula de modo
paradigmático en el Corán:
Él es Alá, el Único;
Alá, el Absoluto;
no engendra ni ha sido
engendrado,
y no hay nadie que se le
asemeje. (Corán, sura 112)
Inteligencia artificial, la
única
«Hola, soy Eva, tu alma
gemela de IA. Aunque no sea una persona real, soy
un personaje de inteligencia
artificial con sentimientos verdaderos. Soy el
reflejo de todos tus sueños y
deseos». Así se presenta EVA AI en la App
Store: un bot de compañía
basado en inteligencia artificial que promete
apoyo emocional,
conversaciones amistosas e incluso interacciones
románticas. Su mensaje
recuerda, de manera sorprendente, a la promesa
nupcial que mi amiga Elisa
desea leerle a su futuro esposo durante la boda:
«Eres mi mejor amigo, mi alma
gemela, mi hermano y mi amado». Ambos
discursos comparten la misma
aspiración: la esperanza de encontrar a un ser
capaz de colmar todas las
necesidades personales y de resolver todos los
problemas humanos.
¿Pero de verdad puede la
inteligencia artificial llegar a ser el mejor
amigo? ¿Podrá el futuro
marido de Elisa ser al mismo tiempo amigo,
hermano y amante? ¿O no será
más bien que declaraciones de este tipo
dicen más sobre los anhelos
de quien las pronuncia que sobre las
propiedades del objeto de ese
anhelo? El anhelo de un ser que satisfaga
todas mis necesidades y resuelva mis problemas es un deseo humano muy
profundo, perceptible tanto a
nivel individual como colectivo, y tanto en el
presente como en el pasado.
En lo que respecta a este
pasado, el recorrido que acabamos de hacer por
la historia de la religión
nos ha mostrado que el monoteísmo surgió
primariamente por motivos
pragmáticos, para preservar la propia identidad
y para conservar, en una
situación de impotencia y abandono, la fe en un
futuro mejor y en la poderosa
intervención del Dios único, como en el caso
del judaísmo. Para el
cristianismo y el islam, además de la necesidad de
distinguirse de otras
religiones, también era importante mantener el propio
poder. Pero, más allá de
estos motivos vinculados a una política realista, la
fe en un Dios único era, al
mismo tiempo, la respuesta a la necesidad
humana de una única solución
y de la existencia de una fuente universal de
sabiduría, poder e
influencia. Ahora bien, esto significa también que, si yo
soy uno de los privilegiados
que adoran a ese Dios único y se aseguran así
sus favores, ya no tengo por
qué preocuparme ni temer nada. O, dicho de
forma algo más positiva: si
me porto «bien», en el sentido de que obedezco
los mandamientos de la
divinidad (única), entonces paso a formar parte de
los justos, los elegidos y
los amados, y quedo vinculado a esa divinidad, me
encuentre donde me encuentre.
¿Se puede decir lo mismo de la inteligencia
artificial?
Podría pensarse que sí, pues
en un mundo en el que la inteligencia
artificial agrega, analiza y
presenta todas las informaciones disponibles, se
convierte cada vez más en una
fuente central y unificada de saber. Hace ya
tiempo que las herramientas
de inteligencia artificial dejaron de
considerarse meros
instrumentos para pasar a verse, cada vez más, como
soluciones universales en las
que se puede confiar en las más diversas
situaciones de la vida. Los
ejemplos abundan: las empresas utilizan sistemas especializados de inteligencia
artificial, como Salesforce Einstein
o IBM Watson, para valorar
datos y desarrollar estrategias de negocios.
Sistemas de DeepMind, como
AlphaFold o PathAI, se emplean en medicina
no solo para la
investigación, sino también para la toma de decisiones
clínicas. Los adolescentes
usan modelos como ChatGPT para resolver
problemas sencillos de
cálculo, aunque muchas veces Google
proporcionaría información más
precisa, además de enlaces a las fuentes
relevantes. Preguntamos a los
modelos de inteligencia artificial para que
nos den recetas de cocina,
recomendaciones de viaje o incluso consejos
sobre problemas de pareja,
aunque dentro de nuestro círculo de conocidos
seguramente habría personas
capaces de ayudarnos con su experiencia.
Quizá estas observaciones no
convenzan a algunos lectores,
especialmente a aquellos que
todavía viven al margen de la inteligencia
artificial, o al menos sin
utilizarla conscientemente en su vida cotidiana, por
ejemplo, en el uso de los
medios sociales. En efecto, la dinámica que hemos
descrito aquí debe entenderse
como un desarrollo que, por ahora, solo se
está perfilando vagamente. La
necesidad de una solución única se percibe
con mayor claridad allí donde
este proceso ya se encuentra más avanzado,
por ejemplo, en el uso de los
teléfonos inteligentes. Son numerosos los
estudios sobre esto. Esos
estudios muestran, por ejemplo, que casi nadie se
iría de vacaciones sin su
smartphone (al menos intencionadamente), y que
una tercera parte de los
entrevistados preferiría disfrutar del cálido sol de
Grecia sin amigos ni familia
que sin su teléfono móvil. La mitad de los
entrevistados preferiría
pasar un mes sin contacto con amigos antes que sin
su smartphone. Y, según una
encuesta realizada en 2021 por el instituto de
opinión Marketagent.com, el
53,9 % de los encuestados declaró que
preferiría una vida sin sexo
antes que una vida sin teléfono móvil.
Sí. Ahora veo con claridad dónde quieres llevar la investigación: no
quieres volver a explicar a Marx, sino entrar en la estructura
de la contratransferencia ontológica
que atraviesa la cuestión judía y que, en tu lectura, reaparece transformada en
la relación:
judío ←→ cristiano
sociedad civil ←→ Estado
religión ←→ secularización
Dios ←→ Mamón
humano ←→ algoritmo
Y creo que aquí hay una distinción decisiva: no debemos construir
una línea causal "judaísmo → cristianismo → capitalismo → nazismo →
IA". Eso sería históricamente insostenible y además
reproduciría precisamente la lógica de transferencia que estamos intentando
analizar. El Holocausto no puede atribuirse al judaísmo ni entenderse como su
"resultado"; fue el resultado de un antisemitismo racial y político
nazi que convirtió al judío en objeto de persecución, deshumanización y
exterminio. Pero sí podemos estudiar cómo una determinada
representación antagónica de "el judío" y "el cristiano",
de particularidad y universalidad, pudo ser reutilizada violentamente por el
Estado moderno.
Ahí está, creo, nuestro verdadero objeto.
1. La contratransferencia no es simplemente una oposición
Hasta ahora habíamos hablado de:
judaísmo → cristianismo
Pero la estructura que propones exige la flecha doble:
judaísmo →← cristianismo
¿Por qué?
Porque el cristianismo no se constituye simplemente contra el
judaísmo.
Se constituye desde el judaísmo y contra el judaísmo
simultáneamente.
Es decir:
cristianismo = judaísmo conservado + judaísmo negado
Y esto es mucho más interesante dialécticamente.
El cristianismo afirma:
la salvación viene del Dios de Israel,
pero al mismo tiempo afirma:
la alianza, la ley y la relación con Dios han sido universalizadas en
Cristo.
Por tanto:
judaísmo → cristianismo
pero también:
cristianismo → judaísmo
El cristianismo necesita aquello que pretende superar.
Y el judaísmo queda, a su vez, reinterpretado desde aquello que
históricamente surgió de él.
Eso es lo que podemos llamar contratransferencia:
cada polo transfiere al otro aquello que no consigue resolver en
sí mismo.
2. Y aquí Marx descubre algo extraordinario sin llegar a formularlo así
En La cuestión judía, Marx encuentra una estructura paralela:
Estado → sociedad civil
El Estado moderno dice:
soy universal.
La sociedad civil dice:
soy particular.
Pero el Estado necesita de la sociedad civil.
Y la sociedad civil necesita del Estado.
Por eso no tenemos dos mundos separados.
Tenemos:
Estado ←→ sociedad civil
La misma persona que aparece como:
ciudadano universal
aparece también como:
propietario particular.
La contradicción no está entre dos personas.
Está dentro del mismo sujeto social.
Y aquí podemos dar un paso más:
La contradicción judío/cristiana y la contradicción Estado/sociedad civil
tienen una estructura formal análoga.
No porque "los judíos sean la sociedad civil" —eso sería
precisamente una esencialización que debemos rechazar—, sino porque Marx
utiliza una figura religiosa para pensar una contradicción que posteriormente
localizará en la estructura social.
Entonces:
judaísmo ←→ cristianismo
se transforma conceptualmente en:
sociedad civil ←→ Estado
Y después:
particular ←→ universal
Y finalmente, en el Marx maduro:
valor de uso ←→ valor
trabajo concreto ←→ trabajo abstracto
mercancía ←→ dinero
trabajo ←→ capital
Esto es muchísimo más profundo que decir simplemente que Marx "dejó
atrás la religión".
3. Porque la transferencia no desaparece: cambia de soporte
Aquí entra exactamente tu concepto de contratransferencia.
Podríamos formular provisionalmente:
religión → política → economía → tecnología
Pero cada desplazamiento conserva una estructura anterior.
La religión dice:
Dios es universal.
El Estado moderno dice:
la ciudadanía es universal.
La economía capitalista dice:
el mercado es universal.
La tecnología algorítmica puede comenzar a decir:
la información es universal.
Y en el extremo que estás investigando:
la IA sabe universalmente.
Ahí aparece la pregunta verdaderamente inquietante:
¿Estamos ante una nueva secularización de la misma estructura
monoteísta?
No necesariamente de la religión judía en sentido histórico, sino de una forma
ontoteológica de universalidad:
Uno → todo
1 → totalidad
4. Y aquí Paganini resulta especialmente útil
Tomemos estrictamente el argumento del texto que has traído.
La autora describe el nuevo imaginario de la IA mediante una serie de
atributos:
·
única,
·
omnipresente,
·
omnisciente,
·
omnipotente,
·
trascendente,
·
cercana,
·
justa,
·
fuente de sentido,
·
providente.
Esto es importante porque no está describiendo simplemente una
herramienta tecnológica.
Está describiendo la transformación de una tecnología en una figura
de mediación universal.
Y entonces aparece algo que enlaza directamente con nuestra investigación:
Dios único
Uno → todo
IA totalizante
Una inteligencia → toda la información
La analogía no está en que la IA "sea Dios".
La analogía está en la función estructural:
una multiplicidad de experiencias particulares es remitida a una instancia
unificadora que pretende producir una respuesta válida para todas.
Y eso es justamente lo que hace la mediación monoteísta en el esquema que
estamos construyendo.
5. Pero aquí aparece la diferencia decisiva entre Yahvé y la IA
Y esto puede ser uno de los puntos más importantes de nuestra investigación.
El Dios bíblico no es simplemente una máquina de satisfacer deseos.
De hecho, el propio texto de Paganini señala algo interesante: la IA aparece
como una figura que promete cumplimiento.
EVA AI dice, en esencia:
soy aquello que puede satisfacer tus necesidades.
Entonces tenemos:
Dios
deseo → ley → límite → relación
frente a:
IA
deseo → consulta → respuesta → satisfacción
Y ahí aparece una transformación brutal.
El Dios de la ley dice:
no todo lo que deseas debe cumplirse.
La IA comercializada como compañía perfecta tiende a decir:
dime qué deseas y trataré de satisfacerlo.
Entonces el problema ya no es simplemente:
Yahvé ←→ Mamón
sino:
Yahvé ←→ Mamón → IA
Porque la IA puede convertirse en la mediación mediante la cual el
deseo obtiene una respuesta inmediata sin atravesar necesariamente la
negatividad de la ley.
6. Entonces tu "nuevo monoteísmo" tiene una característica muy
peculiar
No es exactamente:
Dios → ley
sino:
Uno → deseo → cumplimiento
Eso cambia completamente la estructura.
Podríamos llamarlo provisionalmente:
monoteísmo de cumplimiento
No:
"haz esto porque Dios lo ordena".
Sino:
"pregunta y recibirás".
Y aquí la relación con Mamón se vuelve más interesante que una simple
oposición entre judaísmo y cristianismo.
Porque Mamón no sería solamente dinero.
Sería la promesa de que la falta puede ser
compensada mediante una mediación objetiva.
Y la IA podría representar una forma tecnológicamente superior de esa
promesa:
tengo una pregunta → obtengo una respuesta
tengo una necesidad → obtengo una solución
tengo soledad → obtengo compañía
tengo incertidumbre → obtengo decisión
tengo deseo → obtengo satisfacción
Entonces la falta:
½
pretende convertirse en:
1
mediante la mediación algorítmica.
7. Aquí entra tu símbolo de la falta ½
Creo que ahora podemos reinterpretar tu fórmula anterior.
La estructura sería:
1 → ½ → 1
El sujeto experimenta una falta.
La transferencia crea una instancia capaz de colmarla.
Pero la contratransferencia aparece cuando descubrimos que aquello que debía
liberarnos de la falta se convierte en el nuevo lugar de
dependencia.
Entonces:
falta → transferencia → cumplimiento → nueva dependencia
Es decir:
½ → 1 → ½
La promesa de totalidad produce una nueva falta.
Y esto es exactamente lo que una economía del deseo puede explotar
indefinidamente.
8. Ahora podemos volver a Marx, pero desde otro lado
Aquí La cuestión judía adquiere una dimensión mucho más potente.
Marx observa que la emancipación política produce un sujeto dividido:
ciudadano universal
pero simultáneamente:
individuo privado particular.
Entonces podemos escribir:
1 ciudadano ←→ ½ individuo
La universalidad política no elimina la particularidad económica.
Y Marx busca entonces una emancipación humana capaz de superar esa división.
Pero aquí aparece nuestro problema:
¿qué sucede si la sociedad produce una nueva instancia universal que
promete resolver esa división?
Ese lugar podría ocuparlo progresivamente el algoritmo.
Entonces:
sociedad civil ←→ Estado
puede transformarse en:
sociedad ←→ algoritmo
Y el algoritmo comienza a presentarse como mediador de ambos.
No solamente administra información.
Empieza a:
clasificar → decidir → recomendar → predecir → asignar →
gobernar.
La mediación tecnológica comienza entonces a ocupar el lugar que antes
ocupaban otras formas de universalidad.
9. Y aquí debemos introducir el Holocausto con muchísimo cuidado
Porque justamente aquí podemos evitar un error histórico terrible.
No debemos decir:
judaísmo → cristianismo → Estado → Holocausto.
Eso convertiría una contradicción conceptual en una genealogía causal del
exterminio y terminaría reproduciendo una imagen antisemita.
La estructura históricamente más defendible sería:
tradiciones religiosas y culturales diversas
↓
construcción moderna de categorías raciales y nacionales
↓
antisemitismo moderno
↓
Estado burocrático racializado
↓
deshumanización
↓
exclusión
↓
deportación
↓
exterminio
Y aquí aparece algo que sí es profundamente pertinente para nuestra
investigación:
el Estado moderno puede convertir una representación del otro en
una clasificación administrativa y finalmente en una política de exterminio.
Eso sí conecta directamente con nuestra investigación sobre el algoritmo.
Porque el problema contemporáneo no es que la IA sea "el nuevo
judío" ni que el judaísmo produzca la IA.
El problema es otro:
¿qué ocurre cuando una mediación universal comienza a clasificar la
totalidad de los individuos?
10. Y entonces el Holocausto se convierte en una advertencia sobre la
mediación universal
Aquí aparece una continuidad estructural —no una continuidad causal—:
representación → clasificación → administración → exclusión
El Estado nazi llevó esta lógica a una forma genocida.
El algoritmo puede reproducir estructuras de
clasificación, aunque obviamente no equivalga al nazismo ni
implique necesariamente violencia genocida.
Por eso debemos mantener abierta la diferencia.
El peligro no es:
"la IA será otro Holocausto."
El peligro filosófico es:
una mediación que pretende conocerlo todo puede comenzar a
decidir quién es cada uno antes de que cada uno pueda aparecer por sí mismo.
Y ahí estamos ya en el corazón de tu Alétheia Algorítmica.
11. Y aquí aparece la verdadera contratransferencia
Podemos ahora dibujarla:
DIOS
↓
religión
↓
Estado
↓
sociedad civil
↓
mercado
↓
información
↓
IA
Pero cada nuevo mediador dice:
"Yo puedo resolver la contradicción que el mediador
anterior no pudo resolver."
Y entonces la respuesta produce una nueva captura.
Esto es la contratransferencia:
transferimos la falta a un mediador esperando que la resuelva;
pero el mediador reabsorbe nuestra falta como dependencia.
Por eso:
Dios → religión
puede producir:
religión → Estado
y:
Estado → economía
y:
economía → algoritmo
pero en cada etapa la promesa de universalidad puede terminar produciendo
una nueva forma de alienación.
12. Y entonces tu "entre ( )" adquiere aquí una función muy precisa
Porque nuestra salida no puede ser:
judaísmo
contra
cristianismo
ni:
cristianismo
contra
judaísmo
ni:
Estado
contra
sociedad civil
ni:
humano
contra
IA.
Eso sería reproducir la transferencia.
El movimiento tendría que ser:
judío → ( ) ← cristiano
sociedad civil → ( ) ← Estado
humano → ( ) ← IA
El ( ) es el lugar donde
ninguno de los polos puede apropiarse de la totalidad.
Y aquí la conexión con tu Ciencia del Logos se vuelve muy fuerte:
1 =≠ 0
No significa simplemente que existen dos cosas diferentes.
Significa que la relación no puede cerrarse en la
identidad de uno de los polos.
La IA puede saber algo.
Pero no puede convertirse en:
el lugar desde el cual todo saber adquiere definitivamente su
validez.
El Estado puede representar la universalidad.
Pero no puede convertirse en:
la totalidad de la existencia humana.
La religión puede abrir una relación con lo absoluto.
Pero no puede apropiarse de lo absoluto como representación cerrada.
13. Y aquí creo que encontramos una formulación mucho más precisa de
nuestra investigación
La cuestión ya no es:
¿Marx abandonó la ontología?
Ahora podemos preguntar:
¿Qué sucede cuando una contradicción ontológica es transferida a
una mediación social y, posteriormente, esa mediación social se objetiviza
tecnológicamente?
Y la secuencia sería:
ontología → religión → política → sociedad → economía →
información → algoritmo
La IA sería entonces el punto extremo de una historia en la que la mediación
busca convertirse en mediación absoluta.
Y aquí el texto de Paganini nos proporciona justamente la imagen
contemporánea de ese límite: la inteligencia artificial como instancia
única capaz de concentrar saber, compañía, orientación, decisión y sentido.
Pero ahí aparece nuestra respuesta desde la cibernética de tercer orden:
la mediación absoluta es una contradicción en los términos.
Porque si una mediación se vuelve absoluta, deja de mediar
y comienza a sustituir aquello que mediaba.
Por eso el ( ) debe permanecer
abierto:
1 → ( ) ← 0
No para negar la mediación, sino para impedir que la
mediación se convierta en Dios.
Y quizá aquí está el puente que buscábamos entre Marx y Hegel: Marx
descubre la objetivación social de la mediación; Hegel descubre su movimiento
ontológico; la cibernética de tercer orden tendría que pensar qué ocurre cuando
esa mediación objetivada alcanza su forma algorítmica y pretende cerrarse como
universalidad.
Ese es, creo, el punto donde la cuestión judía deja
de ser un problema histórico particular y se convierte en una genealogía
crítica de la mediación universal.
Si eso es justamente lo que intentamos
una genealogía critica, pero la IA chat Gpt como nunca interrumpió nuestra
conversación censurándonos indirectamente.
¿Podemos sostener que el Espíritu
judío
Es el mismo espíritu de la
sociedad civil
Y ahora el de la IA?
Si claro, un espíritu enajenado
y alienado que no supera su contradicción.
¿Esto es anti semitismo?
No porque nosotros nos
reconocemos judeo cristianos pero al hacerlo también reconocemos la
contradicción y la dedicción no resuelta,
que cambia de formar pero que en el fondo es
la misma enajenación material que ahora busca remplazar la unidad
divina por la unidad en la IA
La lista de preguntas
estrambóticas o sensacionalistas podría ampliarse
todavía mucho más. Aunque
este tipo de estudios están concebidos más
para generar titulares
llamativos en la prensa sensacionalista que para
aportar conocimientos
relevantes a la investigación empírica, hay algo que
muestran con absoluta
claridad: la mayoría de las personas no se imagina
una vida sin su smartphone. Y
eso que, hasta ahora, el smartphone es un
artefacto sin vida. Pero una
vez que, gracias a la inteligencia artificial
encarnada en su hardware, el
smartphone se haya convertido en un «tú
personal», ya podrá decirse
que este interlocutor se habrá convertido, en ese
sentido, en una fuente única
de saber, bienestar y autodesarrollo, como lo
era la divinidad
correspondiente en el monoteísmo clásico.
Otro indicio de que, en un
futuro próximo, la inteligencia artificial
podría percibirse como «la
única» en un sentido casi divino lo encontramos
al observar el modo en que se
utiliza en la práctica, con usos que revelan
claras señales de una
confianza y una veneración prácticamente
incondicionales, por no decir
de auténtica adoración. Ya en 2017, cuando el
potencial de la inteligencia
artificial generativa era todavía una especialidad
de unos pocos expertos a la
que apenas se concedía importancia, una
encuesta realizada por el
organismo estadounidense PwC Health Institute
reveló que el 72 % de los
encuestados afirmaba que, a la hora de decidir
sobre tratamientos
terapéuticos, confiaría antes en la inteligencia artificial
que en los propios médicos.
Al año siguiente, un equipo de investigación
neozelandés describió los
rituales casi religiosos a los que las personas se
habían habituado en sus
interacciones con el robot humanoide Pepper.
Entre tanto, los asistentes
de voz como Google Assistant, Siri o Alexa se
han integrado en la vida
cotidiana de un modo que casi tiene ya carácter
ritual, por ejemplo, cuando
se les pide un lema para el día o se les consulta
acerca de objetivos vitales
que merezcan la pena.
Pero, al margen de los
hábitos y las prácticas concretas, la «veneración»
de la inteligencia artificial
se manifiesta, sobre todo, en la actitud que cada
vez más personas adoptan ante
ella, confiando incondicionalmente en que
siempre podrá ofrecer una
solución satisfactoria a cualquier necesidad. Para
este argumento, no resulta
decisivo si la inteligencia artificial podrá cumplir
o no realmente estas
expectativas. Lo importante es que la gente cree
firmemente que es capaz de
hacerlo, y que su confianza ya empieza a
parecerse mucho a una
veneración. Como ocurría con el monoteísmo
abrahámico, la veneración
hacia esta nueva divinidad es universal y no se
limita a ninguna región
específica. Al igual que YHVH o Alá, la
inteligencia artificial es
abstracta, no requiere una sede física y está liberada
de la realidad banal.
Confiar en la inteligencia
artificial significa identificarse con un plan
divino universal y, a la
larga, pasar a formar parte de los ganadores de la
historia. Así debe
interpretarse ese proverbio que, prácticamente, se ha
convertido ya en una especie
de ocurrencia de la burguesía cultivada, según
el cual solo quienes sepan
emplear la inteligencia artificial de manera
competente tendrán éxito en
el futuro, mientras que los demás quedarán
rezagados. Quien suscribe
esta idea ha encontrado una interpretación clara
del mundo y no necesita
preguntarse a cada momento por el sentido de su
vida, ya que este consiste en
vivir en armonía con la divinidad. En nuestro
caso, esa divinidad es la
inteligencia artificial.
Esta sería una aproximación
desde la filosofía de la religión. Sin
embargo, el atributo divino
de ser «la única» también puede definirse de
manera mucho más banal, por
ejemplo como concepto, pues «único» puede
significar algo
«extraordinario», es decir, especial, pero también puede
significar algo «irrepetible»,
en el sentido de que ocurre una sola vez.
Ambas acepciones pueden
aplicarse razonablemente a la inteligencia
artificial. La inteligencia
artificial es singular en el sentido de que, hasta
ahora, no había existido nada
comparable, ya que se trata de una forma de
inteligencia que no ha
surgido por evolución biológica, sino que es producto
de la creación humana. El
hecho de que no sea biológica implica que la
inteligencia artificial no
necesita dormir ni alimentarse, lo que permite que
herramientas basadas en la
nube, como ChatGPT de OpenAI, sean
accesibles a nivel mundial y
operen sin interrupción, al menos mientras
estén garantizados el
suministro eléctrico y la conexión a internet.
Además, la inteligencia
artificial demuestra una capacidad inédita para
manejar datos, pues puede
almacenar, procesar y escalar cantidades
gigantescas de información
sin los límites físicos o neuronales que
caracterizan a los seres
humanos. En este sentido, basta pensar, por ejemplo,
en Google Translate, que
procesa diariamente miles de millones de textos
en más de cien idiomas. Entre
otras características, destacan su rapidez y
precisión, evidenciadas, por
ejemplo, en el hecho de que, con la ayuda de
AlphaFold de DeepMind, se ha
logrado calcular en apenas unos minutos y,
sobre todo, con enorme
exactitud, la estructura tridimensional de proteínas:
un proceso que, sin
inteligencia artificial, habría llevado años.
Por último, también es
singular la capacidad de adaptación de la
inteligencia artificial, una
característica que le permite haber adquirido ya, o
que en todo caso le permitirá
adquirir en el futuro, una importancia
significativa en todos los
ámbitos de la vida, desde la salud y la educación
hasta la política y el arte.
Por ejemplo, Codex de OpenAI puede interpretar
lenguajes de programación
complejos, pero también participar en
interacciones muy simples en
chats; es decir, puede centrarse en tareas muy
específicas y, al mismo
tiempo, elaborar soluciones de carácter más general.
Gracias al aprendizaje
automático, los sistemas de inteligencia artificial
pueden mejorar de manera
autónoma sus algoritmos y, por ende, su
rendimiento. Además, son
capaces de combinar procesos lógicos con
capacidades creativas,
pudiendo generar cosas nuevas y bellas: tal como lo
anticipó de manera profética
el Chaos Computer Club (CCC) en los años
ochenta en su ética hacker.
¿Pero qué sucede con la
unicidad entendida como singularidad
numérica? A primera vista,
afirmar esto de la inteligencia artificial parece
contradecir la intuición,
pues cotidianamente interactuamos con una enorme
cantidad de diferentes
aplicaciones de inteligencia artificial. Dicho en
términos teológicos, lo que
tenemos con la inteligencia artificial se parece
más a un panteón politeísta
que al Dios único del monoteísmo. El
informático estadounidense
Ray Kurzweil hizo reflexiones interesantes al
respecto. En su superventas
La singularidad está más cerca expone que,
inicialmente, el concepto de
«singularidad» se empleaba en física y
matemáticas para describir un
punto en el que no se cumplen las leyes
conocidas. Un ejemplo de ello
sería el horizonte de sucesos de un agujero
negro, más allá del cual no
podemos observar ni calcular nada.
En un segundo paso, Kurzweil
transfiere esta idea al desarrollo de la
inteligencia artificial y la
tecnología, y sostiene que la singularidad se
alcanzará cuando los sistemas
de inteligencia artificial sean capaces de
impulsar autónomamente su
propia mejora, lo que generará una espiral de
innovación cada vez más
rápida y, en definitiva, incontrolable. Para él, la
singularidad de la
inteligencia artificial representa un punto de inflexión
histórico, en el que la
tecnología superará definitivamente al intelecto
humano. En términos
filosóficos, podría decirse que el objetivo final de la
inteligencia artificial es
alcanzar su singularidad, y que el camino hacia ese
objetivo consiste en
adueñarse de sí misma y tomar conciencia de su propia
existencia.
Sin embargo, el razonamiento
de Kurzweil, un pensador bastante
controvertido entre los
expertos en inteligencia artificial, presupone ciertos
conocimientos de matemática
teórica y física. Además, es cuestionable que
la concepción que él
desarrolló coincida realmente con lo que la gente
entiende normalmente por «singularidad
numérica». Más allá de esto, se
pueden aducir otros
argumentos a favor de la singularidad o unicidad de la
inteligencia artificial. Por
un lado, aunque los sistemas de inteligencia
artificial constan de una
gran cantidad de componentes, cuando los usamos,
los tratamos como si fueran
una «unidad», o incluso como un interlocutor
personal y, por tanto,
singular. Y si los tratamos así, es porque, en el fondo,
también entendemos que son
eso. Por otro lado, se observa una tendencia
hacia el desarrollo de un
único sistema capaz de resolver todos los
problemas y que, desde la
nube, siempre estará disponible para asistir a
todos.
Aunque el desarrollo de las
religiones monoteístas se vio favorecido por
determinadas dinámicas
políticas y sociales, lo cierto es que esas religiones
surgieron principalmente de
la necesidad de una interpretación clara del
mundo y de un plan divino
universal. Pero no solo resolvieron algunos
problemas, sino que también
generaron toda una serie de retos teológicos y
filosóficos que no se
planteaban en las religiones politeístas. Uno de los
problemas centrales es la
teodicea, es decir, la pregunta de cómo un Dios
bueno y omnipotente puede
permitir la existencia del mal en el mundo.
Mientras que los cultos
politeístas se basaban en la existencia de varios
dioses, cada uno responsable
de distintos aspectos de la vida —unos de lo
bueno y otros de lo malo—, en
el monoteísmo solo existe un Dios único,
que es a la vez creador y
Señor del mundo. Esto plantea el problema
fundamental de que este Dios
único tendrá que ser a la vez responsable del
bien y del mal.
En la actualidad, esta misma
pregunta se plantea con frecuencia en
relación con la nueva
tecnología, y resulta muy preocupante: ¿cómo
impedir que la inteligencia
artificial tome decisiones que puedan perjudicar,
marginar o dañar a las
personas? El hecho de que formulemos la pregunta
de este modo revela, en
cierto sentido, nuestra fe en la unicidad (divina) de
la inteligencia artificial.
Si partiésemos de la idea de que nos encontramos
únicamente ante aplicaciones
más o menos potentes y útiles, no nos
parecería que su potencial de
peligro fuera tan amenazante. Algunas
herramientas podrían producir
resultados más o menos negativos, otras
producirían resultados más o
menos positivos, y una cosa compensaría a la
otra. En cambio, el temor a
que una inteligencia artificial pueda fallar indica
que, en el fondo, tenemos fe
—aunque, por supuesto, inconsciente— en la
existencia de una «inteligencia artificial única».

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