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lunes, 1 de enero de 2024

Atravesando el espejo de la tierra

 

Atravesando el espejo de la tierra

¿Cuál es la diferencia entre el espíritu el alma y la conciencia?

El alma se entendía como como vegetal, animal, racional así que el alma es una concepción meta física que nos da el arje el principio organizador como esencia de nuestra existencia, conocer tu alma que es conocer tu esencia no es otra cosa que la conciencia y como tal es el fin de la libertad positiva superando la necesidad para dar el salto a la libertad en el conocimiento de ti mismo, pero cuando niegas tu esencia lograste el Espíritu negar tu esencia es la clave de tu libertad negativa ahora cuando vuelves a ella libremente estas en el Espíritu Santo logrando la libertad absoluta en el amor.  

 

 Ya hemos .hablado de cómo e! inga tuvo en estima a Pariacaca y también de cómo se hiZO su huacsa. Se dice que fue también e! inga quien ordenó a treinta hombres de Hanan Yauyo y de Rurin Yauyo servir a Pariacaca durante e! período de la Según esas instrucciones, treinta hombres le servían a partir de! declmo qUinto día de! mes, ofreciéndole comida. . Un día lo adorando con e! sacrificio de una llama nombrada Yaurihuanaca. Cuando los treinta hombres estaban mirando e! hígado y e! corazón de la llama, uno de ellos, un lIacuas llamado Quita Pariasca, dijo: "¡Ay de nosotros! La suerte. no es buena, hermanos .. En e! futuro nuestro padre Pariacaca será abandonado". los demás hombres dijeron: "No es cieno. Dices cosas vanas. Los augunos son buenos. (Qué sabes tú?". de presentes le dijo: "Oye Quita Pariasca, (cómo justificas tu interpretación,? padre Pariacaca nos está señalando cosas muy buenas en corazon . Oir. estas palabras, Quita Pariasca ni siquiera se acercó a el .. de un poco lejos, lo interpretó. Luego habló, refutándolos: Es Pariacaca mismo quien nos lo dice, hermanos". Llenos de odio y le dijeron a Quita Pariasca: "¿Qué puede saber un llacuas,. hombre hedIOndo? Nuestro padre Pariacaca, en todos los confines del Chamchaysuyo tiene hombres a su disposición. ¿Acaso podría él quedar abandonado? ¿Qué puede saber ese hombre malvado?". días después, oyeron decir que los huiracochas ya habían aparecido en CaJarnarca. . Había un checa del ayllu de los cacasica llamado Tamalliuya Cashalliuya que era yana de Pariacaca. Se dice que, en esa época, Cashalliuya Tamalliuya  era e! más anciano de los treinta sacerdote;; presentes en el santuario de Pariacaca. Cuando llegaron los huiracocbas, preguntaron dónde estaban la plata y la ropa de este huaca. Pero ellos no quisieron responder. Por eso, los huiracochas  quemaron a Cashalliuya. Cuando la mitad de la paja se habla quemado, el a soplar. Así, 'aún sufriendo mucho ese hombre sobrevivió. Esta vez pues, dieron las ropas y todas las demás del huaca a los buiracocbas. Entonces los hombres dijeron: "Fue en verdad muy cierto lo que nos contó el llacuas Quita Pariasca hermanos vamos a dispersarnos. Ya la suerte no es más favorable. Y así se dispersaron todas a sus comunidades.

 

El que llamamos Cuniraya Huiracocha existía desde tiempos muy antiguos. Paria caca y los demás huacas lo estimaban más que a cualquier otro. Hay gente que dice que, según la tradición, también Pariacaca era hijo de Cuniraya. Ahora vamos a contar el fin de Cuniraya Huiracocha. Según cuentan, poco antes de la aparición de los huiracochas, Cuniraya se encaminaba hacia el Cusco. Al llegar allí, hablo con el inga Huayna Cápac: "Vamos, hijo, a Ttticaca", le dijo. "Allí voy a iniciarte en mi culto" . Entonces le dijo: "Inga, dales instrucciones a tus hombres para que enviemos a los brujos, a todos los sabios, abajo, a los confines de la tierra". El inga lo hizo enseguida. Unos, hombres dijeron que recibían sus poderes del Cóndor, otros del Halcón. Uno dijo que solía volar por el aire bajo la forma de golondrina. Entonces, Cuniraya les dio las instrucciones siguientes: "Vayan hacia abajo a los confines de la tierra. Allí dirán a mi padre  que su hijo los envía para que les entregue una de sus hermanas". Asi, el hombre que recibía sus poderes de la golondrina  se fue con los otros chamaneslll con la orden de estar de vuelta en sólo en cinco días.

El Chaman de la golondrina llego primero. Cunado comunico el mensaje que le había sido encargado, el padre de Cuniraya le entrego lo que había pedido en una pequeña taquilla, diciéndole que no lo abriera antes que Huayna Cápac mismo  su señor lo hiciese.

 

 Cuando se encontraba a poca distancia del Cusco, ese hombre que había transportado la taquilla   hasta allí, se dijo: "Voy a ver lo que puede ser" y la abrió. En el interior aparecló  una señora muy elegante y muy hermosa. Su cabello era oro crespo; estaba vestida con ropa finísima y su tamaño era minúsculo. En el instante mismo que la vio, la señora desapareció. Así, muy abatido, llégó a Tlticaca en la reglón del Cusco. "Si no hubieras recibido tus poderes de la Golondrina, en este mismo instante ordenaría  para que te matasen. ¡Ve! tu mismo deberás regresar solo a las tlerras baJas. Con estas palabras, Huayna Capac lo envió de vuelta. El chámán de la Golondrina regresó a las tierras bajas y, después de recibir otra vez el mismo ·encargo, lo trajo a Titicaca. En el de vuelta, cada vez que sufría hambre o sed, apenas lo decía, ya estaba tendIda la mesa y también cuando tenía ganas de dormir bastaba que expresara su deseo. Así, llegó con su encargo en sólo cinco días. Cuniraya y el Inga lo recibieron  con gran regocijo. Antes de abrirlo, Cuniraya dijo: "lnga, vamos a trazar una línea aquí en el suelo' yo entraré en la tierra por este lado; por ese Otro lado tú entrarás en la tierra con  mi hermana; tú y yo no nos volveremos a ver". Al decir estas palabras, trazó una raya en el suelo. Luego abrió el cofre. Enseguida aquel lugar se inundó de luz. Entonces, el inga Huayna Cápac dijo: "Ya no voy a regresar; aquí mismo me quedaré con mi ñusra, con mi coya". Dio instrucciones a un hombre, miembro de su ayllu, diciéndole: "Tú vete; vuelve al Cusco y di en lugar mío que eres Huayna Cápac". . En ese instante desapareció con su señora; Cuniraya hizo lo mismo. Así, cuando ese Huayna Cápac de quien acabamos de hablar, murió, unos y otros, al proclamar  la prioridad de sus derechos, lucharon para apoderarse de su señorío • Así estaban las cosas cuando los Huiracochas aparecieron en Cajamarca. Así cerro su ciclo el gran Cuniraya Huiracocha   llevándose  en su reflejo interior al último inga.

La pregunta que se hacen los Llacuas es si este ciclo volverá a abrirse, tan difícil cuestión solo alguien como Quita Pariasca podría comprender. Por eso muchos llacuas han querido encontrar su huaca y leer en ellas las hojas de coca, uno de ellos cuenta que la cuestión se resuelve atravesando el espejo de la tierra.

Cosa complicada relata que del todo no entendemos ya que son palabras de la ciencia de los Huiracochas barbudos.

Según este llacua los ingas miraban hacia el ombligo de la tierra el chaupi de manera sagrada  para encontrar su imagen arquetípica, su imagen primera, en esa imagen se revelaban las huacas, como huacas de fuego, de aire, de agua , de tierra, la huaca que logro dominar todos los elementos fue Cuniraya  Apu Qun Illa Tiqsi Wiraquchan Pachayachachiq Pachakamaq  Gran Señor, resplandor eterno, fuente de vida, conocimiento y hacedor del mundo, en el  los ingas encontraron su imagen, que no es otra imagen que la imagen de la tierra la pacha mama.

 

Así hay que unir cuatro imágenes para atravesar el chaupi

Y la colla que se llevo al inga aparezca

Esa colla es wiracocha

 

El llauca a unido esas imágenes

Como imagen de chaman apóstol Huallallo Carhuincho fuego

Como imagen de guerrero evangelizador Pariacaca agua

Como imagen de profeta Cristo aire Espíritu

Como imagen de tierra Wiracocha  

Para lograr la imagen plasmática de la Matria Wiracochaca como encarnación del chaupi pero ahora de manera profana

https://www.youtube.com/watch?v=pryqTr6Iy0g&t=31s

¿Han visto alguna vez un tablero de ajedrez?   

    Ahora vean un tablero de ajedrez go 

https://www.youtube.com/watch?v=ptJybStBjdQ&t=26s

Cada casilla es un espejo, la Matria debería poder llegar a la octava casilla y ser una reina pero en el ajedrez hay espejos del ser y del no ser más en el go ningún reflejo engaña, así que nos movemos por el intersticio como deconstructores que no afirman ni niegan pero si hacen ataris en red si logran la unidad  mística   en los espejos del tao.  

DESDE luego hay una cosa de la que estamos bien seguros y es que el gatito blanco no tuvo absolutamente nada que ver con todo este enredo... fue enteramente culpa del gatito negro. En efecto, durante el último cuarto de hora, la vieja gata había sometido al minino blanco a una operación de aseo bien rigurosa (y hay que reconocer que la estuvo aguantando bastante bien); así que está bien claro que no pudo éste ocasionar el percance. La manera en que Dina les lavaba la cara a sus mininos sucedía de la siguiente manera: primero sujetaba firmemente a la víctima con un pata y luego le pasaba la otra por toda la cara, sólo que a contrapelo, empezando por la nariz: y en este preciso momento, como antes decía, estaba dedicada a fondo al gatito blanco, que se dejaba hacer casi sin moverse y aún intentando ronronear... sin duda porque pensaba que todo aquello se lo estarían haciendo por su bien. Pero al gatito negro ya lo había despachado Dina antes aquella tarde y así fue como ocurrió que, mientras Alicia estaba acurrucada en el rincón de una gran butacona, hablando consigo misma entre dormida y despierta, aquel minino se había estado desquitando de los sinsabores sufridos, con las delicias de una gran partida de pelota a costa del ovillo de lana que Alicia había estado intentando devanar y que ahora había rodado tanto de un lado para otro que se había deshecho todo y corría, revuelto en nudos y marañas, por toda la alfombra de la chimenea, con el gatito en medio dando carreras tras su propio rabo.

 —¡Ay, pero qué malísima que es esta criatura! —exclamó Alicia agarrando al gatito y dándole un besito para que comprendiera que había caído en desgracia—. ¡Lo que pasa es que Dina debiera de enseñarles mejores modales! ¡Sí señora, debieras haberlos educado mejor, Dina! ¡Y además creo que lo sabes! —añadió dirigiendo una mirada llena de reproches a la vieja gata y hablándole tan severamente como podía... y entonces se encaramó en su butaca llevando consigo al gatito y el cabo del hilo de lana para empezar a devanar el ovillo de nuevo. Pero no avanzaba demasiado de prisa ya que no hacía más que hablar, a veces con el minino y otras consigo misma. El gatito se acomodó, muy comedido, sobre su regazo pretendiendo seguir con atención el progreso del devanado, extendiendo de vez en cuando una patita para tocar muy delicadamente el ovillo; como si quisiera echarle una mano a Alicia en su trabajo.   

—¿Sabes qué día será mañana? —empezó a decirle Alicia—. Lo sabrías si te hubieras asomado a la ventana conmigo... sólo que como Dina te estaba lavando no pudiste hacerlo. Estuve viendo cómo los chicos reunían leña para la fogata... ¡y no sabes la de leña que hace falta, minino! Pero hacía tanto frío y nevaba de tal manera que tuvieron que dejarlo. No te preocupes, gatito, que ya veremos la hoguera mañana! Al llegar a este punto, a Alicia se le ocurrió darle dos o tres vueltas de lana alrededor del cuello al minino, para ver cómo le quedaba, y esto produjo tal enredo que el ovillo se le cayó de las manos y rodó por el suelo dejando tras de sí metros y metros desenrollados.

—¿Sabes que estoy muy enojada contigo, gatito? —continuó Alicia cuando pudo acomodarse de nuevo en la butacona—, cuando vi todas las picardías que habías estado haciendo estuve a punto de abrir la ventana y ponerte fuera de patitas en la nieve! ¡Y bien merecido que te lo tenías, desde luego, amoroso picarón! A ver, ¿qué vas a decir ahora para que no te dé? ¡No me interrumpas! —le atajó en seguida Alicia, amenazándole con el dedo—: ¡voy a enumerarte todas tus faltas! Primera: chillaste dos veces mientras Dina te estaba lavando la cara esta mañana; no pretenderás negarlo, so fresco, que bien que te oí! ¿Qué es eso que estás diciendo? (haciendo como que oía lo que el gatito le decía) ¿que si te metió la pata en un ojo? Bueno, pues eso también fue por tu culpa, por no cerrar bien el ojo... si no te hubieses empeñado en tenerlo abierto no te habría pasado nada, ¡ea! ¡Y basta ya de excusas: escúchame bien! Segunda falta: cuando le puse a Copito de nieve su platito de leche, fuiste y la agarraste por la cola para que no pudiera bebérsela. ¿Cómo?, ¿que tenías mucha sed?, bueno, ¿y acaso ella no? ¡Y ahora va la tercera: desenrollaste todo un ovillo de lana cuando no estaba mirando! —¡Van ya tres faltas y todavía no te han castigado por ninguna! Bien sabes que te estoy reservando todos los castigos para el miércoles de la próxima semana... ¿Y qué pasaría si me acumularan a mí todos mis castigos, —continuó diciendo, hablando más consigo misma que con el minino—, qué no me harían a fin de año? No tendrían más remedio que mandarme a la cárcel supongo, el día que me tocaran todos juntos. O si no, veamos... supongamos que me hubieran castigado cada vez a quedarme sin cenar; entonces cuando llegara el terrible día en que me tocara cumplir todos los castigos ¡me tendría que quedar sin cenar cincuenta comidas! Bueno, no creo que eso me importe tantísimo. ¡Lo prefiero a tener que comérmelas todas de una vez! —¿Oyes la nieve golpeando sobre los cristales de la ventana, gatito? ¡Qué sonido más agradable y más suave! Es como si estuvieran dándole besos al cristal por fuera. Me pregunto si será por amor por lo que la nieve besa tan delicadamente a los árboles y a los campos, cubriéndolos luego, por decirlo así, con su manto blanco; y quizá les diga también «dormid ahora, queridos, hasta que vuelva de nuevo el verano»; y cuando se despiertan al llegar el verano, gatito, se visten todos de verde y danzan ligeros... siempre al vaivén del viento. ¡Ay, qué cosas más bonitas estoy diciendo! —exclamó Alicia, dejando caer el ovillo para batir palmas—. ¡Y cómo me gustaría que fuese así de verdad! ¡Estoy segura de que los bosques tienen aspecto somnoliento en el otoño, cuando las hojas se les ponen doradas! —Gatito ¿sabes jugar al ajedrez go? ¡Vamos, no sonrías, querido, que te lo estoy preguntando en serio! Porque cuando estábamos jugando hace un ratito nos estabas mirando como si de verdad comprendieras el juego; y cuando yo dije «jaque» ¡te pusiste a ronronear! Bueno, después de todo aquel jaque me salió bien bonito... y hasta creo que habría ganado si no hubiera sido por ese perverso alfil que descendió cimbreándose por entre mis piezas. Minino, querido, juguemos a que tú eres... —y al llegar a este punto me gustaría contaros aunque sólo fuera la mitad de todas las cosas que a Alicia se le ocurrían cuando empezaba con esa frase favorita de «juguemos a ser...» Tanto que ayer estuvo discutiendo durante largo rato con su hermana sólo porque Alicia había empezado diciendo «juguemos a que somos reyes y reinas»; y su hermana, a quien le gusta ser siempre muy precisa, le había replicado que cómo iban a hacerlo si entre ambas sólo podían jugar a ser dos, hasta que finalmente Alicia tuvo que zanjar la cuestión diciendo—: Bueno, pues tu puedes ser una de las reinas, y yo seré todas las demás. —Y otra vez, le pegó un susto tremendo a su vieja nodriza cuando le gritó súbitamente al oído —: ¡Aya! ¡Juguemos a que yo soy una hiena hambrienta y tú un jugoso hueso! Pero todo esto nos está distrayendo del discurso de Alicia con su gatito: —¡Juguemos a que tú eres la Reina roja, minino! ¿Sabes?, creo que si te sentaras y cruzaras los brazos te parecerías mucho a ella. ¡Venga, vamos a intentarlo! Así me gusta... —Y Alicia cogió a la Reina roja de encima de la mesa y la colocó delante del gatito para que viera bien el modelo que había de imitar; sin embargo, la cosa no resultó bien, principalmente porque como dijo Alicia, el gatito no quería cruzarse de brazos en la forma apropiada. De manera que, para castigarlo, lo levantó para que se viera en el espejo y se espantara de la cara tan fea que estaba poniendo...— y si no empiezas a portarte bien desde ahora mismo —añadió— te pasaré a través del cristal y te pondré en la casa del espejo! ¿Cómo te gustaría eso? —Ahora que si me prestas atención, en lugar de hablar tanto, gatito, te contaré todas mis ideas sobre la casa del espejo. Primero, ahí está el cuarto que se ve al otro lado del espejo y que es completamente igual a nuestro salón, sólo que con todas las cosas dispuestas a la inversa... todas menos la parte que está justo del otro lado de la chimenea. ¡Ay, cómo me gustaría ver ese rincón! Tengo tantas ganas de saber si también ahí encienden el fuego en el invierno... en realidad, nosotros, desde aquí, nunca podremos saberlo, salvo cuando nuestro fuego empieza a humear, porque entonces también sale humo del otro lado, en ese cuarto... pero eso puede ser sólo un engaño para hacernos creer que también ellos tienen un fuego encendido ahí. Bueno, en todo caso, sus libros se parecen a los nuestros, pero tienen las palabras escritas al revés: y eso lo sé porque una vez levanté uno de los nuestros al espejo y entonces del otro lado me mostraron uno de los suyos

—¿Te gustaría vivir en la casa del espejo, gatito? Me pregunto si te darían leche allí; pero a lo mejor la leche del espejo no es buena para beber... pero ¡ay, gatito, ahí está ya el corredor! Apenas si puede verse un poquito del corredor de la casa del espejo, si se deja la puerta de nuestro salón abierta de par en par: y por lo que se alcanza a ver desde aquí se parece mucho al nuestro sólo que, ya se sabe, puede que sea muy diferente más allá. ¡Ay, gatito, qué bonito sería si pudiéramos penetrar en la casa del espejo! ¡Estoy segura que ha de tener la mar de cosas bellas! Juguemos a que existe alguna manera de atravesar el espejo; juguemos a que el cristal se hace blando como si fuera una gasa de forma que pudiéramos pasar a través. ¡¿Pero, cómo?! ¡¡Si parece que se está empañando ahora mismo y convirtiéndose en una especie de niebla!! ¡Apuesto a que ahora me sería muy fácil pasar a través! —Mientras decía esto, Alicia se encontró con que estaba encaramada sobre la repisa de la chimenea, aunque no podía acordarse de cómo había llegado hasta ahí. Y en efecto, el cristal del espejo se estaba disolviendo, deshaciéndose entre las manos de Alicia, como si fuera una bruma plateada y brillante Un instante más y Alicia había pasado a través del cristal y saltaba con ligereza dentro del cuarto del espejo. Lo primero que hizo fue ver si había un fuego encendido en su chimenea y con gran satisfacción comprobó que, efectivamente, había allí uno, ardiendo tan brillantemente como el que había dejado tras de sí. —De forma que estaré aquí tan calentita como en el otro cuarto —pensó Alicia— más caliente aún, en realidad, porque aquí no habrá quien me regañe por acercar me demasiado al fuego. ¡Ay, qué gracioso va a ser cuando me vean a través del espejo y no puedan alcanzarme! Entonces empezó a mirar atentamente a su alrededor y se percató de que todo lo que podía verse desde el antiguo salón era bastante corriente y de poco interés, pero que todo lo demás era sumamente distinto. Así, por ejemplo, los cuadros que estaban a uno y otro lado de la chimenea parecían estar llenos de vida y el mismo reloj que estaba sobre la repisa (precisamente aquel al que en el espejo sólo se le puede ver la parte de atrás) tenía en la esfera la cara de un viejecillo que la miraba sonriendo con picardía. —Este salón no lo tienen tan bien arreglado como el otro —pensó Alicia, al ver que varias piezas del ajedrez yacían desperdigadas entre las cenizas del hogar; pero al momento siguiente, y con un «¡ah!» de sorpresa, Alicia se agachó y a cuatro patas se puso a contemplarlas: ¡las piezas del ajedrez se estaban paseando por ahí de dos en dos! —Ahí están el Rey negro y la Reina negra —dijo Alicia muy bajito por miedo de asustarlos, —y allá están el Rey blanco y la Reina blanca sentados sobre el borde de la pala de la chimenea... y por ahí van dos torres caminando del brazo... No creo que me puedan oír —continuó Alicia— y estoy casi segura de que no me pueden ver. Siento como si en cierto modo me estuviera volviendo invisible. En ese momento algo que estaba sobre la mesa detrás de Alicia empezó a dar unos agudos chillidos; Alicia volvió la cabeza justo a tiempo para ver como uno de los peones blancos rodaba sobre la tapa e iniciaba una notable pataleta: lo observó con gran curiosidad para ver qué iba a suceder luego. —¡Es la voz de mi niña! —gritó la Reina blanca, mientras se abalanzaba hacia donde estaba su criatura, dándole al Rey un empellón tan violento que lo lanzó rodando por entre las cenizas—. ¡Mi precioso lirio! ¡Mi imperial minina! —y empezó a trepar como podía por el guardafuegos de la chimenea. —¡Necedades imperiales! —bufó el Rey, frotándose la nariz que se había herido al caer y, desde luego, tenía derecho a estar algo irritado con la Reina pues estaba cubierto de cenizas de pies a cabeza. Alicia estaba muy ansiosa por ser de alguna utilidad y como veía que a la pobre pequeña que llamaban Lirio estaba a punto de darle un ataque a fuerza de vociferar, se apresuró a auxiliar a la Reina; cogiéndola con la mano y levantándola por los aires la situó sobre la mesa al lado de su ruidosa hijita. La Reina se quedó pasmada del susto: la súbita trayectoria por los aires la había dejado sin aliento y durante uno o dos minutos no pudo hacer otra cosa que abrazar silenciosamente a su pequeño Lirio. Tan pronto hubo recobrado el habla le gritó al Rey, que seguía sentado, muy enfurruñado, entre las cenizas: —¡Cuidado con el volcán!

 

—¿Qué volcán? —preguntó el Rey mirando con ansiedad hacia el fuego de la chimenea, como si pensara que aquel fuese el lugar más indicado para encontrar uno. —Me... lanzó... por... los aires — jadeó la Reina, que aún no había recobrado del todo el aliento—. Procura subir aquí arriba... por el camino de costumbre... ten cuidado... ¡No dejes que una explosión te haga volar por los aires! Alicia observó al Rey blanco mientras éste trepaba trabajosamente de barra en barra por el guardafuegos, hasta que por fin le dijo: —¡Hombre! A ese paso vas a tardar horas y horas en llegar encima de la mesa. ¿No sería mejor que te ayudase un poco? —pero el Rey siguió adelante sin prestarle la menor atención: era evidente que no podía ni oírla ni verla. Así pues, Alicia lo cogió muy delicadamente y lo levantó por el aire llevándolo hacia la mesa mucho más despacio de lo que había hecho con la Reina, para no sobresaltarlo; pero antes de depositarlo en ella quiso aprovechar para limpiarlo un poco pues estaba realmente cubierto de cenizas Más tarde Alicia diría que nunca en toda su vida había visto una cara como la que puso el Rey entonces, cuando se encontró suspendido en el aire por una mano invisible que además le estaba quitando el polvo: estaba demasiado atónito para emitir sonido alguno, pero se le desorbitaban los ojos y se le iban poniendo cada vez más redondos mientras la boca se le abría más y más; a Alicia empezó a temblarle la mano de la risa que le estaba entrando de verlo así y estuvo a punto de dejarlo caer al suelo. —¡Ay, por Dios, no pongas esa cara, amigo! —exclamó olvidándose por completo de que el Rey no podía oírla. —¡Me estás haciendo reír de tal manera que apenas si puedo sostenerte con la mano! ¡Y no abras tanto la boca que se te va a llenar de cenizas!... ¡Vaya! Ya parece que está bastante limpio —añadió mientras le alisaba los cabellos y lo depositaba al lado de la Reina. El Rey se dejó caer inmediatamente de espaldas y se quedó tan quieto como pudo; Alicia se alarmó entonces un poco al ver las consecuencias de lo que había hecho y se puso a dar vueltas por el cuarto para ver si encontraba un poco de agua para rociársela. Lo único que pudo encontrar, sin embargo, fue una botella de tinta y cuando volvió con ella a donde estaba el Rey se encontró con que ya se había recobrado y estaba hablando con la Reina; ambos susurraban atemorizados y tan quedamente que Alicia apenas si pudo oír lo que se decían. El Rey estaba entonces diciéndole a la Reina: —¡Te aseguro, querida, que se me helaron hasta las puntas de los bigotes! A lo que la Reina le replicó: —¡Pero si no tienes ningún bigote! —¡No me olvidaré jamás, jamás —continuó el Rey— del horror de aquel momento espantoso! —Ya verás como sí lo olvidas —convino la Reina— si no redactas pronto un memorándum del suceso.

Alicia observó con mucho interés cómo el Rey sacaba un enorme cuaderno de notas del bolsillo y empezaba a escribir en él. Se le ocurrió entonces una idea irresistible y cediendo a la tentación se hizo con el extremo del lápiz, que se extendía bastante más allá por encima del hombro del Rey, y empezó a obligarle a escribir lo que ella quería. El pobre Rey, poniendo cara de considerable desconcierto y contrariedad, intentó luchar con el lápiz durante algún tiempo sin decir nada; pero Alicia era demasiado fuerte para él y al final jadeó: —¡Querida! Me parece que no voy a tener más remedio que conseguir un lápiz menos grueso. No acabo de arreglármelas con éste, que se pone a escribir toda clase de cosas que no responden a mi intención... —¿Qué clase de cosas! —interrumpió la Reina, examinando por encima el cuaderno (en el que Alicia había anotado el caballo blanco se está deslizando por el hierro de la chimenea. Su equilibrio deja mucho que desear)—. ¡Eso no responde en absoluto a tus sentimientos!

Un libro yacía sobre la mesa, cerca de donde estaba Alicia, y mientras ésta seguía observando de cerca al Rey (pues aún estaba un poco preocupada por él y tenía la tinta bien a mano para echársela encima caso de que volviera a darle otro soponcio) comenzó a hojearlo para ver  si encontraba algún párrafo que pudiera leer pues en realidad parece estar escrito en un idioma que no conozco se dijo así misma y efecto decía así:

Ozatamilag

Los le orgen odnaemurb  aballirB

Senozamil sol nabacsorig  sosocsiliga

; sanajel sarapáv  sal rop odnarrenab

Soibogorob sol naicnurf es sosomin

Abalfigrum satnar oimon le sartneim  

 

Durante algún tiempo estuvo intentando descifrar este pasaje, hasta que al final se le ocurrio una idea luminosa.

 

Claro como que es un libro del espejo

Por tanto si lo coloco delante del espejo las palabras se podrán del derecho

Y este fue el poema que Alicia leyó entonces:

 

Jabberwocky

Brillaba brumenado negro el sol

Agiliscosos giroscaban los limazones

Banerrando por las váparas lejanas

Mimosos se fruncían los borogobios

Mientras el momio rantas murgiflaba

Cuídate del Jabberwocky hija mía

Guárdate de los dientes que trituran  

Y de las zarpas que desgarran 

Cuídate del pájaro Jubo Jubo

Y que no te agarre el frumioso Zamarrajo

Valiente empuño el gladio vorpal

A la hueste manzona acometió sin descanso

Luego, reposose bajo el árbol del tántamo

Y quedóse sesudo contemplando

Y así mientras cavilaba firsuto

Hete el Jabberwocky, fuego en los ojos

Que surge hedoroso del bosque turgal

Y se acerca raudo y borguejeando!!!

Zis Zas una y otra vez  

Zarandeo tijereteando el gladio vorpal!

Bien muerto dejo al monstruo, y con su testa

Volviese triunfante galompando   

¿Y hazlo muerto? Al Jabberwocky

Ven a mis brazos hija mía  wiracochita 

Que fragante día ¡jujurujú , Jay, jay!!

Carcajeó anegado de alegría.

 

Pero brumeaba ya negro el sol 

Agiliscosos giroscaban los limazones 

Banerreando por las vaporas lejanas

Mimosos se fruncían los borogobios

Mientras el momio rantas necrofaba

 

Ahora puedes flotar descubre la levedad del ser

Y ¿Puedo caminar?

Por supuesto puedes crearte un cuerpo, un ego, cuanto tú quieras

Solo mírate al espejo

¿Quién eres?

La que venció al Jabberwocky

No aun no tienes el poder de la espada vorpal

Pero en el espejo has descubierto tu destino

¿Cómo podré  salir del espejo?

Un alma no puede

Una conciencia tampoco

Un espíritu va de un cuadro a otro

El santo camina por los bordes de la red espectral

El Jabberwocky también

¿A que juegas a capturar o a liberar?

 

Liberando capturas y capturando te liberas  

Más el juego se decide dentro de los espejos en el ajedrez.

Allí  decidirás de quien es el sueño tuyo o del Jabberwocky

Mío dentro del sueño del Jabberwocky suyo dentro del mío

Es claro nunca venceré a mi sombra 

Es obscuro si ella va delante de ti determinando tu mundo  

Y si no se trata de ir delante ni atrás no viene a despertar a Wiracocha

Para iniciar un nuevo ciclo de progresión

Ni para regresar al ciclo de regresión  

Yo vine a unir los dos ciclos

En un árbol de vida.

Que tu padre pues te de las cartas

El Jabberwocky nunca lucho contra tu padre

Sino contra el rey que el eligió y contra ti su reina

Y entonces solo siendo en el Padre el Jabberwocky no podrá tocarte

Y la vorpal no será una espada sino una cruz

La cabeza que tiene que rodar es la mía.

 

     El sol, inclinado al Occidente, se alejaba ya del Mediodía, las apacibles brisas se despertaban a la hora señalada para dirigir su soplo a la tierra, e introducían en ella la tranquila frescura de la tarde. En tal momento llegó el Intercesor y dulce Juez, con una cólera más tranquila, para pronunciar la sentencia del hombre. La voz de Dios, que discurría por el jardín fue llevada por las suaves brisas a oídos de Adán y Eva, a la caída de la tarde; la oyeron y se ocultaron entre los árboles más frondosos. Pero Dios, avanzando, llamó a Adán en alta voz: - Adán, ¿dónde estás, tú, que siempre salías gozoso a mi encuentro, apenas me divisabas desde lejos? No me place tu ausencia. ¿Por qué te entretienes en la soledad, cuando antes te presentabas solícito a mi vista sin necesidad de ser buscado? ¿Vengo ahora, por ventura, con menos esplendor? ¿Qué cambio causa tu ausencia? ¿Qué es lo que te detiene? Se presentó Adán, y Eva con él, pero titubeando al hacerlo, por más que hubiera sido la primera en ofenderle. Los dos se aproximaron abatidos, inmutados, en sus miradas no brillaba ya ni el amor hacia Dios, ni su mutuo amor; sólo se veía en ellas el crimen, la vergüenza, la turbación, la desesperación, la cólera, la obstinación, el odio y la falacia. Adán largo tiempo balbuciente, respondió con estas lacónicas palabras: "Te he oído en el jardín y he tenido miedo a tu voz, porque estaba desnudo: ésa es la razón que he tenido para ocultarme. Su misericordioso Juez le replicó sin reconvenirle: "Muchas veces has oído mi voz, y no te ha causado miedo, sino que, por el contrario, te ha regocijado siempre. ¿Cómo es qué hoy se ha convertido en tan terrible para ti? ¿Quién te ha dicho que estás denudo? ¿Has comido el fruto del árbol que yo te había prohibido tocar? Adán abrumado de tormentos, contestó: "¡Oh cielo! ¡En cuán estrecha senda me encuentro hoy ante mi Juez, ya sea que tome sobre mí todo el crimen, o bien acuse de él a mi otro yo, a la compañera de mi vida! Yo debería ocultar su falta, en tanto que me queda su fidelidad, y no exponerla a la censura por mi queja, pero una rigurosa necesidad, un lamentable deber me obligan a hablar, no sea que refluyan a la vez sobre mi cabeza el pecado y su castigo, ambos insoportables. Aun cuando guardara silencio, descubrirías lo que yo te ocultara. Esta mujer que creaste para que me ayudara, y que me habías ofrecido como el más perfecto de tus dones; esta mujer tan buena, tan llena de gracia, tan encantadora, tan divina, a quien no podía suponer capaz de mal alguno y que, por la nobleza de sus acciones parecía justificar todo cuanto hacía, esta mujer me ha presentado el fruto del árbol y yo lo he comido". La soberana Presencia replicó de este modo: ¿Era ella por ventura, tu Dios para prestarle más obediencia que a la voz de tu Creador? ¿Había sido hecha acaso para ser tu guía, tu superior ni aun tu igual, para que ante ella depusieses tu virilidad y la categoría superior a la suya de que Dios te había dotado; ante ella, que fue formada de ti y para ti, cuando tus perfecciones excedían en tan alto grado a las suyas en verdadera dignidad?. Es cierto que estaba rodeada de gracias y encantos para atraerse tu amor; pero no tu dependencia. Sus cualidades eran tales, que si bien parecían buenas para ser gobernadas, no lo eran para dominar: la autoridad te pertenecía como un atributo de tu persona, si hubieras sabido comprenderlo bien. Habiendo Dios hablado así, dirigió a Eva estas pocas palabras: - Di mujer. ¿Por qué has hecho eso? La triste Eva casi anonadada por la vergüenza y pronta a confesar su falta, sin ser locuaz ni atrevida en presencia de su Juez, respondió confusa: - Porque quise dominar el ajedrez go

  ¿Y aun lo quieres?

 

No, ya no, he visto mi reflejo entero en las red de  espejos tomad mi señor la espada vorpal y cortadme la cabeza, haced digno tu reflejo en toda la tierra.

- Cesaran  tus dolores durante tu preñez, con gozo  engendraras  los hijos y no más estarás bajo la potestad de tu marido  porque yo seré tu esposo  y entre nosotros  no habrá  dominio.   

   

 

    


  

 

 

   

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